Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina

jueves, 22 de julio de 2010

La globalización y la búsqueda de una nueva identidad (XI)


Un estudio reciente realizado por Stanley Tambiah se centraba en la relación entre la globalización y la violencia religiosa. El trabajo de Tambiah, Leveling Crowds (1996), es un estudio de los conflictos étnicos que han desembocado en violencia colectiva. La mayor parte del libro abarca un detallado análisis de enfrentamientos específicos en Sri Lanka, Pakistán e India. Tambiah intenta comprender porqué las personas se enfrentan en momentos y lugares particulares. Afirma que estos conflictos son el resultado de la propagación global del capitalismo y de los ineficientes esfuerzos para crear naciones-estado por encima de poblaciones étnicamente diferentes. En un ambiente globalizado, el sentido de identidad y pertenencia de las personas se obnubila y esto conduce a un intento de encontrar la afirmación colectiva.
Tambiah también descubre que en el sur de Asia, en Europa oriental y muchas otras regiones, donde los conflictos han resultado intensos y extendidos, los grupos étnicos buscaban una afirmación colectiva. Se trata generalmente de un grupo mayoritario que propone una acción afirmativa en beneficio propio. En el contexto de la globalización y de intentos grupales de afirmación, muchos comienzan a sentirse privados de una manera u otra: política, financiera o psicológicamente. Sienten que falta algo en sus vidas, pero que otros tienen. Los activistas suelen ser »jóvenes educados o semi-educados, que buscan empleo en economías de crecimiento lento que no pueden acomodarlos«. Aunque el elemento relevante en esta situación parecer ser la clase social, en el sur de Asia y el resto de las regiones el conflicto religioso o étnico resulta más significativo que la lucha de clases, dado que diversos grupos pertenecientes a la clase más acomodada manipulan las diferencias religiosas y étnicas en beneficio de su ganancia económica o del poder político. Según Tambiah, la religión es sólo un jugador suplente en un drama donde los factores relevantes son los económicos y políticos.
El análisis de Tambiah recuerda al análisis de Sardesai sobre la situación en India. Afirma que la actual situación de globalización, en la que los lazos comunitarios se encuentran bajo presión, la gente busca forjarse una nueva identidad reforzando la identidad religiosa o étnica. La búsqueda de una identidad religiosa o étnica se ve apoyada por el sentimiento de inseguridad que se proyecta sobre la comunidad. La búsqueda de una nueva identidad puede usarse de manera creativa o destructiva. Gandhi la empleó creativamente como una herramienta movilizadota contra el dominio británico, a la vez que nutría la noción de sarva dharma samabhava. Los grupos de la Jihad, tales como Sangh Parivar, utilizan la búsqueda de identidad de forma destructiva para crear nociones de »hermandad religiosa«, identificando como el enemigo a comunidades como la musulmana o la cristiana. Entonces, tanto para Tambiah como para Sardesai, la violencia religiosa es una manifestación de los males de la economía globalizada, de la búsqueda de identidad por parte de los pueblos y de la manipulación de estos por parte de líderes que sólo buscan su propio beneficio.
Tambiah remarca que durante los enfrentamientos se mutila gente y se viola a las mujeres. Todo esto se lleva a cabo sin remordimientos e, incluso peor, se glorifica más tarde. Lo que justifica los enfrentamientos, las violaciones y los incendios es la etiqueta que la elite adjudica a las masas. Las personas se sienten frustradas porque no logran satisfacer su necesidad de afirmación y buscan el gobierno en masa. La percepción de una amenaza también conduce a las personas a buscar la seguridad en masa. Por ejemplo, cuando la escalada de la retórica anti-musulmana alcanzó su punto máximo desde la década de los noventa, los musulmanes en India se aferraron aún más a su identidad religiosa (Larmer 2002, 27). Cuando se producen estos agrupamientos, la elite, incluyendo a los líderes políticos y religiosos, comienzan a definir las etiquetas colectivas para cada grupo. Dichas etiquetas posicionan a un grupo contra otro, ya que identifican al contrario como la causa de la propia privación, frustración o fuente de inseguridad. Aunque los conflictos y la consecuente violencia colectiva son provocados por la frustración de las búsquedas sociales y económicas insatisfechas, la religión termina por jugar un papel importante en el proceso que desemboca en la violencia a gran escala.
La conclusión es que no existe la violencia puramente religiosa. Gran parte de la violencia aparentemente religiosa no es más que una máscara que esconde conflictos políticos, económicos y sociales más profundos provocados por la avaricia de ciertos sectores de la sociedad frente al dominio, así como de una sensación (real o imaginaria) de privación, agravio, injusticia e inseguridad de las masas. Cualquier intento de intentar resolver la violencia religiosa deberá primero enfrentarse a estos tres aspectos de la vida social y buscar la separación entre nacionalidad y creencia religiosa, un »ethos« nacional por sobre la identidad religiosa.

Augustine Perumalil

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