Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina
Mostrando entradas con la etiqueta LIBERALISMO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LIBERALISMO. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de marzo de 2021

Los extremos se hermanan

 

Los extremos se hermanan

Manuel Suárez-Mier indica que tanto la extrema derecha como la extrema izquierda rechazan al liberalismo surgido de la Ilustración.

La extrema derecha y la extrema izquierda tienen más en común de lo que se suele pensar: ambas rechazan el liberalismo surgido de la Ilustración que sustenta que el respeto a la ley es crítico para crear instituciones que permiten crear entidades de “suma positiva” que generan confianza y futuros predecibles.

Los extremos se encierran en cofradías de “suma cero” en las que, por fuerza, lo que alguien gana es lo que pierde otro, a diferencia de la cooperación y la competencia simultáneas que florecen en sociedades liberales, que engendran la economía de mercado que crea riqueza y aprovecha las ventajas comparativas.

Por ello, las sociedades liberales profesan el libre comercio entre individuos y naciones en donde todos pueden prosperar sin arruinar a nadie, frente al dogma de los extremos ideológicos que niega el potencial de la libertad de los mercados y supone un orden social en permanente conflicto, en el que prevalece la desconfianza, constreñida sólo por el autoritarismo del grupo en el poder.

Dado que la relación de suma cero ve la moral como un engaño o como el disfraz para ocultar el egoísmo inherente al liberalismo, no reconoce el vital vínculo entre educación, probidad e integridad del líder, o su aptitud para desempeñar sus funciones –gobernar no tiene ciencia–, y sólo le importa conservar el poder y priorizar sus intereses personales y de grupo.

Cuando se ve con detenimiento a los extremos de derecha e izquierda, se percibe la gran degradación del propósito liberal de institucionalizar las relaciones de suma positiva que le dan dignidad a la acción política y cimentan los enormes beneficios de una economía de mercado y un orden espontáneo y consensual de individuos libres cooperando y compitiendo entre sí.

En el pensamiento de suma cero el consentimiento de los gobernados es una ficción para hacer demagogia –el pueblo bueno manda– porque la legitimidad se la apropia el grupo que establece su dominio, y como lo revela la práctica política actual, no hay diálogo posible pues prevalece un entorno exterminador.

En el pensamiento de suma cero la política es un refrito de marxismo superficial –sólo el conflicto es real y ubicuo–, de cripto-teología, incluyendo secularizar el pecado original –la ultimación de los pueblos originarios–, y el martirologio cristiano reciclado en reclamos de victimización de grupo y clase.

Cada vez más los mensajes políticos recurren a personajes de caricatura con vocabularios infantiloides porque los relatos deben ser simples para las mentes primarias, con historias de “nosotros contra ellos”, mucho más fáciles de digerir que la complejas relaciones que caracterizan el mundo de suma positiva.

Esta polarización se exacerba por las redes sociales que sin filtro alguno ventilan exabruptos, lo mismo de líderes ignorantes que de sus incultos adeptos, repetidos exponencialmente por robots electrónicos que remachan los mensajes de la sociedad de suma cero hasta el hartazgo. 

¿Suena parecido a lo que pasa hoy en muchos países?

Este artículo fue publicado originalmente en Asuntos Capitales (México) el 8 de febrero de 2021.

lunes, 24 de febrero de 2020

Cuadro sinóptico de las principales reformas llevadas a cabo por los liberales españoles entre 1812 y 1929






PD: pertenece al libro "Viva la Pepa" de Felipe josé de Vicente Algueró 

domingo, 4 de junio de 2017

Axel Kaiser: “La igualdad conseguida aplastando la libertad jamás es buena”

Pocas cosas tienen tan mala prensa desde la gran crisis que el mercado, el liberalismo, el capitalismo, la globalización, Europa…, ¡hasta la tecnología! Parece que son los causantes de todos nuestros males y suelen estar en un mismo saco. En cambio, esto es peligroso, sobre todo, porque está dando pie a personajes que tratando de querer defender ‘a la gente’, en realidad, usan ese trampolín para segar libertades, hacer promesas que nunca podrán cumplir, dividir y restar en el mundo.
En las próximas semanas vamos a entrevistar a referencias intelectuales en campos que no están, precisamente, muy de moda, con el objetivo de escuchar argumentos y tratar de contribuir al debate existente. Hoy tenemos a Axel Kaiser (@AxelKaiser) un abogado chileno-alemán considerado como uno de los intelectuales liberales más influyentes de la nueva generación en Hispanoamérica. Analista político, escritor y columnista.
Axel se doctoró en Filosofía por la Universidad de Heidelberg (Alemania), es director de la cátedra Friedrich von Hayek de la Universidad Adolfo Ibáñez en Santiago de Chile. Es también el director ejecutivo de la Fundación para el Progreso, un think tank chileno de inspiración liberal clásica que fundó con empresarios locales y que ha marcado el debate público en su país.
Ganador de diversos premios internacionales por sus escritos, en España es conocido por El engaño populista, junto con Gloria Álvarez, y por La tiraría de la Igualdad.
:: ¿Cómo se convierte la igualdad en una tiranía?
Lo que se convierte en tiranía es la búsqueda de la igualdad material si se hace de manera sistemática. Esto por la sencilla razón de que al ser todos los humanos diferentes los resultados de nuestras actividades serán distintos. Igualarnos requeriría aplicar una coacción de tal grado que terminaría por destruir totalmente la libertad. ¿Cómo podemos igualar a Messi con el resto de los jugadores de fútbol si no es con violencia? Si lo dejas en libertad Messi va a ser mejor y le va a ir mejor. Ahora bien, esto no significa que no puedan mejorarse condiciones para los desaventajados, pero eso es distinto que hacernos a todos iguales. La gente tiende a confundir las dos cosas.
:: Axel, tu motivación a la hora de escribir era luchar contra los mitos y las falacias que están en el trasfondo de los que defienden “la igualdad material”. Dos cuestiones:
—> ¿Cuáles son los 3 mitos más peligrosos?
Mito 1: la desigualdad material es inmoral o injusta. ¿Por qué es inmoral que Messi gane más dinero que otros jugadores de fútbol o que nosotros? Lo mismo se aplica a cualquier empresario honesto.
Mito 2: el Estado puede, si quiere, corregir la desigualdad sin generar costes aún mayores. ¿Acaso los políticos que controlan el Estado no son muchas veces corruptos y reparten las rentas que redistribuyen entre sus amigos y grupos de interés que los apoyan? La evidencia no apoya la tesis de la igualación a través del Estado.
Mito 3: la gente que busca la igualdad, y quiere liderar el proyecto igualitario, son seres moralmente superiores que velan por los más pobres y rezagados y no tienen intereses ni agendas personales. La verdad es que las tienen y utilizan el discurso igualitario para  llegar al poder y vivir como nobles a expensas del resto. ¿Has visto a algún líder socialista pobre alguna vez? Ellos que denuncian a la casta cuando llegan al poder se convierten en una casta peor que la que derrocaron. La historia del socialismo y del populismo latinoamericano prueba esto sin ninguna excepción. 
—> ¿En qué sentido, de las muchas aristas que tiene, consideras que la igualdad es positiva?
La igualdad positiva es la igualdad ante la ley. De ahí puede seguirse una sociedad igual materialmente o desigual dependiendo de muchos factores. Lo importante es que sea el producto de la interacción libre de personas. La igualdad conseguida aplastando la libertad jamás es buena.
:: La desigualdad suele tener buena venta porque, como dices en el libro, es prometer más a los que menos tienen para igualar ‘por arriba’.
1.- ¿Es esta la principal bandera del populismo?
El factor distintivo del populismo es la crítica a la élite abusadora, y en ese sentido el reclamo por igualdad es de su esencia. Sobre todo en populismos de izquierda la igualdad es una bandera central y un engaño que se utiliza para hacer creer a la gente que estará mejor con el régimen que implante el líder populista. Al final este líder y su grupo terminan arruinando al país mientras ellos se llenan los bolsillos.
2.-  Cuando estas promesas se constatan como algo casi imposible de lograr,… ¿se acaba el populismo?
El populismo se acaba temporalmente cuando se le agotan los recursos como en la Argentina de Kirchner o cuando destruye totalmente el país como en la Venezuela de Maduro que subsiste solo porque se ha convertido en una brutal dictadura. También se acaba cuando las mayorías se cansan del engaño y estancamiento económico generado por la política populista como está pasando en Chile con Bachelet o por su desatada corrupción y malos resultados. Normalmente es una combinación de todas las anteriores. Pero sólo se acaba de manera sostenible cuando la población ha superado la mentalidad y cultura populista que está latente esperando para ser explotada por el demagogo. Parte esencial de esa mentalidad es la creencia de que el Estado es como un dios que debe proveernos en todas nuestras necesidades fundamentales. Mientras eso persista la amenaza populista será latente.
:: Con la crisis internacional, estarás conmigo que la socialización de pérdidas (después de una acumulación de beneficios privados previos), la perdida masiva de desempleo (la mayoría de rentas medias medias y bajas) y la dificultad para volver a re-introducirse en el mercado laboral, ha llevado a un incremento de desigualdad. Y estarás conmigo que esta desigualdad pueda ‘enfadar’ a la gente y ser un gran caldo de cultivo para las promesas populistas. ¿Qué opinión tienes al respecto?
Cierto, pero lo que hay que entender es que esa crisis financiera fue esencialmente el resultado del intervencionismo estatal con el fin de cumplir con un propósito populista, como fue el que todos los americanos tuvieran su casa propia. Desde Clinton a Bush los gobiernos americanos impusieron normas obligando a los bancos a otorgar créditos hipotecarios a personas sin ingresos suficientes. Además Fannie Mae y Freddie Mac, las dos agencias semiestatales, compraban esas hipotecas a Wall Street creando un boom insostenible que era inflado por las bajas tasas de la Reserva Federal, otro órgano creado por el Estado. Entonces la gente debería estar furiosa con sus gobiernos que luego encima rescataron a los bancos que habían facilitado y abusado de toda la estructura creada por los políticos. Lamentablemente, poca gente sabe estas cosas y cree que más Estado es la solución cuando es totalmente al revés, porque el Estado suele estar al servicio de grupos de interés, entre ellos Wall Street.
:: Una cuestión que siempre me sorprende en el debate de la desigualdad son los ataques masivos hacia aquellos que han logrado crear negocios o empresas de cierto éxito (en España tenemos a Amancio Ortega o Juan Roig, por ejemplo), el Bill Gates de turno. Uno no sabe si lo que atacan es su fortuna, que hayan creado negocios y que hayan ido bien o el qué. ¿El igualitarismo mata el espíritu empresarial?
El igualitarismo crudo es incompatible con la prosperidad porque ella implica una ética y discurso público que celebra el éxito ajeno. El igualitarismo lo menosprecia y ataca. Lamentablemente buena parte del discurso igualitario se centra en un impulso muy primitivo y humano que es la envidia y su contención requiere de un profundo cambio cultural. Nada más atractivo que prometer mejorar a los muchos atacando a los pocos.
:: ¿Es igual la desigualad que se genera en una sociedad donde los ricos lo son por herencias centenarias (sin aportar nada más) que donde lo que hay son muchos Bill Gates?
En una economía de mercado no se puede ser rico por generaciones si no se hace trabajar al capital heredado para seguir produciendo. Es imposible. Las empresas que no innovan desaparecen y los herederos que despilfarran se quedan sin nada. Ahora bien, si logran hacer que sus empresas creen valor entonces están haciendo un bien a la sociedad al proveer bienes y servicios que esta requiere. Además genera puestos de trabajo, paga impuestos, etc. En todo caso la herencia es totalmente legitima como institución. Todos tenemos derecho a disponer de lo que logramos con nuestro esfuerzo y se decidimos dejárselo a nuestros hijos, que es lo más razonable y muy humano, nadie puede objetarlo con una justificación razonable.
:: ¿Qué tipo de sociedad sueñas? ¿Existe, es decir, tienes un modelo de referencia?  ¿Y en ella, qué papel juega el Estado?
Una donde la gente no quiera vivir todo el tiempo esperando que otro se haga responsable por su existencia. En otras palabras, una donde se respete al prójimo y se tenga el coraje de pararse sobre los propios pies sin mirar a papá Estado para que le arregle la vida y lo financie o quiera quitarle a otro lo que se ganó porque le da rabia que le vaya mejor. Creo que Estados Unidos de principios del siglo 20 representó ese espíritu y por cierto Suiza se acerca a ello.
:: ¿Por qué tiene tan mala prensa ‘el mercado’? ¿Por qué el mercado es más humano que un Estado, supuestamente benefactor?
Porque la cultura, las élites intelectuales y artísticas, todas por cierto ricas gracias al mercado, lo atacan a modo de verse y sentirse moralmente superiores. Además el mercado es difícil de entender conceptualmente. La gente cree que es algo aparte, pero el mercado somos todos nosotros tomando decisiones libres de intercambio todos los días. El Estado es coacción, es fuerza aplicada sobre personas. Ése es su elemento distintivo, como bien reconoció Max Weber. Entonces ¿por qué va a ser más moral que el mercado? Yo diría que es al revés.
:: Empresario, élite, rico,… pero ¿Tiene algo Trump de liberal? ¿Es un mito asumir directamente derecha, empresario y mercado?
Ser empresario, de derechas o cualquiera de esas cosas no te hace ni creer en el mercado ni ser liberal. Es más, la mayoría de los empresarios grandes no quieren mercado libre porque no quieren competencia. Prefieren un Estado que regule mucho para que sea muy difícil que les entren a competir. Esto ya lo decía Adam Smith y los liberales lo hemos repetido mil veces. Es mucho más fácil como empresario buscar la protección del Estado que competir en el mercado.  ¿Por qué creen que los empresarios grandes financian a tantos políticos? No es para hacerse la vida más difícil a sí mismos.
::  Te cito: “Un liberal también acepta la redistribución cuando se justifica desde el punto de vista de la utilidad social”, ¿Nos puedes poner algunos ejemplos?
Milton Friedman por ejemplo aceptaba y proponía un sistema de educación escolar totalmente financiado por los contribuyentes. También propuso un impuesto negativo a la renta en reemplazo del estado benefactor. Todas esas ideas son redistributivas y mucho más efectivas en ayudar a la gente que lo que proponen los social demócratas, sin hablar de los socialistas cuyas propuestas son ruinosas como se ha podido ver sin excepción en la historia.
:: Te vuelvo a citar: “pensar que la igualdad en la riqueza es equivalente a la libertad es un sinsentido”. ¿Nos puede ampliar esta reflexión?
La riqueza y la libertad son cosas distintas. Se puede ser esclavo de un multimillonario y vivir en una mansión con comida, salud, educación y todo lo que se quiera pero se sigue siendo un esclavo porque no se puede decidir perseguir los fines propios. Del mismo modo, se puede ser un campesino muy modesto y ser libre porque todos los días puedes decidir perseguir el fin que se quiere con los escasos medios de que se dispone. En la izquierda, sin embargo, se confunden las dos ideas y se cree que la riqueza es condición de libertad y que, por tanto, el estado al redistribuir riqueza redistribuye libertad. Pero esto es un sinsentido que sólo muestra una confusión total del que ha bebido del manantial socialista. Porque si los pobres no fueran libres realmente entonces ¿de dónde salió toda la riqueza que tenemos hoy? Alguien la tuvo que comenzar a  crear en algún minuto de la historia donde todos éramos pobres pero resulta que sin libertad no se puede crear nada. Los pobres, contrario a lo que piensa la izquierda, pueden salir a adelante si las instituciones son las adecuadas. Pero además, si no tuvieran libertad según no serían responsables de sus decisiones, y entonces ¿cómo podrían tener derecho a voto? Es interesante ver cómo el socialismo, en el fondo, no cree a los pobres capaces de participar en el proceso político y en la democracia, pero al mismo tiempo los sube al proceso prometiéndoles cosas gratis.
:: La democracia no está exenta de ser “capturada por grupos de interés”, ¿Cómo se lucha ante esto y cómo crear mejores democracias?
Se requiere de una cultura de la libertad que sea defendida día a día por empresarios, ciudadanos, medios de prensa y otros. De lo contrario la democracia termina siendo una pantalla para el saqueo y control que grupos de interés bien organizados realizan al resto de la sociedad. Siempre va a existir un poco de eso, pero debe mantenerse dentro de ciertos límites si la democracia ha de perdurar en el largo plazo. Después de todo ¿qué sentido tiene poder elegir a las autoridades si son todas corruptas y el país se sumerge en la decadencia económica, la inseguridad y la crisis social? La democracia es un medio y no un fin, por es es necesario cuidarla.

Fuente: http://www.sintetia.com/axel-kaiser-la-igualdad-conseguida-aplastando-la-libertad-jamas-es-buena/

domingo, 19 de febrero de 2017

EL LIBERALISMO PROGRESISTA EN ESPAÑA: DESDE SUS ORÍGENES REVOLUCIONARIOS HASTA HOY, por Anna-Clara Martínez

 |

 Podemos afirmar que a raíz de la guerra de la Independencia (1808-1814) nace el liberalismo español. La situación grave que se deriva de la misma y los remedios militares y políticos que son necesarios para solventarla se convierten en el escenario más propicio e ideal para la aparición de un nuevo ideal: el liberalismo.
A medida que se fue extendiendo la insurrección surgieron las denominadas “Juntas” en las distintas ciudades y/o pueblos, cuya misión inicial era la organización de la resistencia, así como ocuparse de la conducción de la guerra, garantizar la administración y mantener el orden público. No obstante, al haber sido constituidas voluntariamente desde el pueblo, y no proceder de una imposición por parte de la Corona, su misión de trasfondo era controlar las masas populares mediante el ejercicio de la soberanía de facto, es decir, procurar que la población tuviese acceso a todas sus necesidades básicas y asegurarles una cierta calidad de vida.
El deseo y la necesidad de una unificación política del país se hacen palpables y es en 1808 cuando se crea la Junta Central que se encargará de alcanzar la unificación mencionada.
Constitución Española de 1812.
Y es precisamente ese mismo año cuando varios ciudadanos reivindican la convocatoria de Cortes que, finalmente, en 1810 es la Junta Central quien las convoca. La revolución política había comenzado: la asamblea que se constituye adopta ciertas modernidades entre las cuales destaca la prohibición de participación de aquellos que están vinculados con el rey José I Bonaparte y el sistema de votación pasa a ser “un diputado, un voto”; y no “un voto, un estamento”. Las Cortes progresaran en distintos aspectos: declaración de la libertad de expresión, 1810; abolición de los señoríos, 1811; promulgación de la Constitución de Cádiz, 1812; abolición de la Inquisición, 1813.
Sin embargo, todos los avances obtenidos quedan en vano pues la Constitución de Cádiz nunca llegará a cumplirse y, en 1814, regresará el rey Fernando VII al trono mediante un golpe de estado. Ello supondrá el retorno al absolutismo.
No será hasta el periodo del Trienio Liberal, de 1820 a 1823, durante el cual debido al pronunciamiento militar de Riego que se restaurará la Constitución de 1812 y se producirá una división de los liberales en las Cortes: doceañistas o moderados y veinteañistas o exaltados.
Por el momento, en ninguno de ambos periodos, de 1812 a 1814 y de 1820 a 1823, se había producido una Revolución liberal completa ya que no se había logrado todavía la consolidación del régimen liberal.
Durante el reinado de Isabel II, proliferaron dos escuelas liberales distintas en relación a la solución de los problemas que provocaban la latiente estabilidad constitucional.
Por un lado, los liberales conservadores culpaban la inexistencia de un sistema de partidos de gobierno como causa principal de la inestabilidad política. Proponían en respuesta a ello la creación de una alianza de la Corona con los liberales y así culminar el proceso de Revolución con la creación de una monarquía constitucional. De esta manera, ello facilitaría a la Corona el ejercicio de las prerrogativas constitucionales.
Por otro lado, los liberales progresistas, herederos de los “exaltados” del Trienio Liberal, discrepaban con los conservadores en la medida en que el pacto Corona-Estado debía resultar de un acuerdo entre ambos en el que la nación recuperara sus libertades y la Corona viese disminuidas sus prerrogativas. El proceso de Revolución debería culminar con la creación de un gobierno representativo en el que el binomio nación-representantes se encargaran de la vigilancia de las instituciones y de desempeñar los poderes del Estado y llegaría a su fin con la instauración de un régimen que se sustentara en la soberanía nacional.
Juan Álvarez Mendizabal.
Los liberales progresistas durante esta etapa ya afirmaban que el individuo poseería más derechos a medida que fuese reduciéndose la participación de la Corona en la política. Además, en la soberanía nacional defendida, debía permanecer una clara separación entre el Poder Legislativo (las Cortes) del Ejecutivo y de la Corona.
De aquí deriva, precisamente, la constitución del Partido Progresista en 1834, como principal opositor liberal al régimen instaurado por María Cristina de Borbón, que perduraría hasta la Restauración en 1874, y que defendía las reformas que había puesto en marcha el gobierno del “exaltado” Juan Álvarez Mendizábal.
Asimismo, los liberales progresistas lograron acceder al gobierno en determinadas ocasiones, derivadas todas ellas de pronunciamientos militares: Motín de la Granja de San Idelfonso (1836), durante la Regencia de Espartero (1840-1843) y durante el bienio progresista (1854-1856).
En 1868, fruto de la ausencia de libertad a causa de la corrupción y violación de las leyes y a raíz de la tergiversación de las instituciones por parte de los moderados, el país se hallaba en una situación de estancamiento. López de Ayala, Prim, Sagasta, Figuerola y Ruiz Zorrilla condujeron la revolución de 1868, expulsando a la reina del poder e instaurando un gobierno provisional formado por una coalición de partidos con el objetivo de que todos pudiesen identificarse y reivindicar libremente los deseos la de la opinión pública. Esta revolución supuso el inicio del Sexenio Democrático, entre 1868 y 1874, hasta su fracaso y la posterior vuelta al poder de los moderados.
Durante la Restauración española de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX (1874-1931), los únicos brotes de liberalismo progresista los hallamos en el Partido Liberal, creado por Sagasta, y que constituyó la alternancia al Partido Conservador (Cánovas) en el marco del sistema bipartidista existente.
José Ortega y Gasset.
A lo largo del siglo XX, en España, parece ser que el liberalismo progresista fue perdiendo fuerza pues, durante la I República se autodenominan progresistas liberales tanto a partidos dinásticos como a partidos no dinásticos. Aún así, la Agrupación al Servicio de la República (que al final terminó constituyendo un partido político) fue creada por tres liberales progresistas: José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y  Ramón Pérez de Ayala, con el objetivo de construir un nuevo estado. Contrariamente a la I República, en la II República ningún partido político se define como tal.
Durante la dictadura franquista, el liberalismo estuvo mal visto y el vocablo liberal se emplea despectivamente para designar a aquellos contrarios al régimen. Por su parte, el vocablo progresismo adoptó un significado que distaba del que tenía hasta entonces.
Durante la transición y la etapa posterior destacan pocos personajes liberales progresistas. Aún así, cabe destacar la figura de Eduard Punset, que formó parte de UCD y más tarde pasó a integrarse en el CDS. Asimismo, durante la transición también se constituyó el Partido Progresista Liberal, en 1977. Sin embargo, en 1978 terminó fusionándose con Acción Ciudadana Liberal.
Actualmente, podemos enmarcar a UPyD como partido que se nutre del liberalismo-progresista, fundado por Rosa Díez, Fernando Savater y Carlos M. Gorriarán, y a Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, presidido por Albert Rivera, que apela a “los liberales de Cádiz” para presentarse como alternativa de gobierno en España.
En el resto de Europa y también fuera de ella, las políticas liberales progresistas o socio liberales han sido adoptadas por un importante número de países, sobre todo tras la II Guerra Mundial. Los partidos políticos que han seguido este tipo de ideologías han tendido a ser considerados de centro o centro-izquierda.
Un ejemplo de ello, a nivel Europeo, lo encontramos en la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa, constituida tras las elecciones europeas de 2004, mediante la coalición del Partido Europeo Liberal Demócrata Reformista y el Partido Demócrata Europeo.
En Reino Unido, por su parte, tenemos el Partido Liberal Demócrata, el cual defiende las ideas de John Stuart Mill, así como la descentralización y el estado del bienestar.
Otros partidos liberales progresistas europeos son: Radicales Italianos (Italia), Partido del Centro (Finlandia), Partido Popular Liberal (Suecia), Partido Social Liberal Danés (Dinamarca), Partido del Centro (Estonia), Demócratas 66 (Países Bajos) y Movimiento Demócrata (Francia), entre otros.
Finalmente, fuera de Europa encontramos el Partido Demócrata de Estados Unidos, el Partido Democrático de Japón y el Partido Liberal de Canadá.

Bibliografía
GIL, A.: Guerra, revolución y liberalismo en los orígenes de la España contemporánea. Capítulo correspondiente al libro de ROBLEDO, R., CASTELLS, I., ROMERO, M.C.: Orígenes del liberalismo. Universidad, política, economía. Ediciones Universidad de Salamanca, 2003. Salamanca. Páginas 223 y siguientes.
VILCHES, J.: Progreso y libertad. El partido progresista en la revolución liberal española. Alianza Editorial, 2001. Madrid. Páginas 24 y 25.



lunes, 16 de enero de 2017

EL LIBERALISMO PROGRESISTA: SUS IDEAS FUERZA, por ANNA-CLARA MARTÍNEZ

 El socioliberalismo o social liberalismo o liberalismo radical o liberalismo progresista, liberalismo democrático o moderno –aunque en el presente artículo emplearé la denominación de liberalismo radical o progresista- es una versión del tronco común del liberalismo clásico cuyo origen lo encontramos a finales del siglo XVIII con la escisión del mismo liberalismo clásico en dos ramas: liberalismo radical y liberalismo conservador. Los motivos de dicha separación radican en la percepción que tenía cada uno de ellos acerca de la Revolución Francesa; siendo los liberales radicales los que la veían como algo positivo.
A grandes rasgos, los liberales radicales se caracterizan por una gran predisposición a las reformas sociales, por poseer un planteamiento muy racionalista (se consideran los herederos de las ideas-fuerza de la Ilustración) y se basan en el pacto social, es decir, una comunidad de seres racionales, libres y autónomos que deciden dotarse de los instrumentos adecuados para poder ser libres. Asimismo, consideran que el papel del Estado es primordial para garantizar el bienestar de los ciudadanos, ya que es el único que posee la fuerza suficiente para introducir transformaciones sociales.
Admiten en su discurso la libertad; elemento adoptado de la Revolución Francesa. Entienden que los individuos deben ser libres y para lograrlo hay que llegar a una igualdad; conseguir una igualdad de oportunidades que es lo único que legitimará las desigualdades injustas. Es por ello que las reformas sociales y las políticas deben ir encaminadas hacia la consecución de este objetivo.
Además, los liberales radicales comienzan a plantearse la existencia de derechos colectivos, siempre y cuando estos respeten a los individuales: conciencia, reunión, asociación, entre otros. Ello derivará en la introducción de elementos de reforma, tanto socio-económicos como legislativos.
John Stuart Mill.
John Stuart Mill.
El liberalismo radical o progresista defendido por autores federalistas norteamericanos como John Dewey, Alexix de Tocqueville o John Stuart Mill, proviene de Kant y de la Ilustración y de autores como Thomas Paine[1].
Uno de los máximos representantes del liberalismo progresista fue John Stuart Mill.
En su obra “On liberty” and other writings expuso las características y elementos que deberían conformar este liberalismo progresista, (social liberalism o new liberalism). La libertad individual debe ser el ingrediente principal para garantizar el éxito de la humanidad[2].
Su concepción del liberalismo progresista está basada en la combinación de elementos del liberalismo clásico para adaptarlos a las dificultades latentes en la sociedad. Los problemas existentes sólo podrán solucionarse mediante el aumento de la intervención del Estado y es para ello que propone una regulación y una intervención parcial del Estado en la economía. La libertad del individuo no es solamente asegurar que los individuos no interfieran físicamente entre sí, sino que debe garantizarse que cada individuo tenga las mismas posibilidades de éxito.
En este marco ideológico del liberalismo progresista introduce, además, la justicia social y la democracia radical, basadas en el naturalismo racionalista y el humanismo renacentista.
Herbert Henry Asquith.
Herbert Henry Asquith.
Por otro lado, en palabras de H.H. Asquith[3] el liberalismo progresista se concibe como una ideología política cuyo objetivo es alcanzar la libertad individual real, para que de este modo todos los individuos puedan hacer uso de sus facultades, oportunidades, energía y vida. Es decir, se entiende la libertad como una meta-valor, ya que cualquier otro valor necesita de ella para acabar de tener todo su esplendor[4].
Y es justamente en esta visión de la libertad en la que debe encontrar su impulso el gobierno para desarrollar este tipo de liberalismo; mediante la mejora de la educación, el derecho a la una vivienda digna, el entorno social e industrial; de manera que todo ello revierta en una mejora de la eficacia personal.
Otro autor a destacar es John Dewey. Fue un liberal progresista que formó parte del denominado pragmatismo[5]. Sus teorías tuvieron una gran importancia en Estados Unidos; sin embargo, en Europa no fue muy conocido. Defendió la igualdad de la mujer y su derecho al voto; de ahí que lo podamos catalogar como progresista, al enlazar claramente con las ideas de John Stuart Mill.
John Dewey.
John Dewey.
Siguiendo esta línea progresista, apoyó el sindicalismo docente y defendió la idea de la historicidad de las creencias sociales, es decir, que las creencias sociales son fruto de un contexto histórico determinado y que pueden ser avaluadas y cambiarse siguiendo el criterio de la experiencia, la prueba y el error.
Concebía a los hombres como autónomos, libres e iguales. Para llegar a ello la formación del individuo era uno de los pilares más importantes. Dewey afirmaba que el sistema educativo de la época no proporcionaba una preparación adecuada a los ciudadanos; era un sistema que no formaba y no incrementaba la cultura cívica. El papel del maestro debía cambiar y limitarse a enseñar al alumno a resolver problemas, no puede tratarse de una autoridad, y, su objetivo básico más importante debe ser  aumentar la capacidad de reflexión del alumno.
Además, criticaba el comportamiento ostentoso que exhibían las clases acomodadas, caracterizándolo de ofensa al conjunto de la sociedad. Defendía que una adecuada educación de la sociedad comportaría que incluso las clases acomodadas no hicieran ostentación de su riqueza.
Dentro de esta óptica, el liberalismo progresista español se ha venido configurando, como una aspiración a una vida digna y civilizada, sujeta a normas, en la que se respeten los derechos humanos.
Por tanto, podemos afirmar que las ideas-fuerza del liberalismo progresista o liberalismo radical son la garantía de libertad individual a través de la igualdad de oportunidades, el mantenimiento del bienestar de la sociedad en todos los campos (sanidad, educación…) garantizado por la intervención política del Estado y la ampliación de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos.

[1] MELLÓN, J.: El liberalismo. Capítulo correspondiente al manual de CAMINAL, M. (editor): Manual de ciencia política. Tecnos, 2006. Madrid. Página 115.
[2] STUART MILL, J.: On liberty and other essays. Oxford University Press, 1992. Oxford. Página XXV.
[3] EATWELL, R., WRIGHT, A.: Contemporary political ideologies. Pinter editorial, 1996. London. Página 32.
[4] QUINTANA, M.: Liberalismo progresista (o por qué no es del todo aconsejable apellidar “liberal” a cualquiera que ansíe titularse como tal. 2009. [En línea].http://www.miguelangelquintana.com/liberalismo_progresista.pdf
[5] A grandes rasgos: el pragmatismo se opone a la mera especulación. Toda especulación filosófica que no tiene una aplicación práctica es absurda. En última instancia, el pragmatismo reduce lo verdadero a lo útil, por lo tanto, estaríamos frente una variante del utilitarismo.
Fuente: http://debate21.es/2016/02/22/liberalismo-progresista-sus-ideas/

miércoles, 12 de octubre de 2016

Breve historia del liberalismo clásico, por Ralph Raico

classical-lib1“Liberalismo clásico” es como se designa a la ideología que promueve la propiedad privada, una economía de mercado sin trabas, el estado de derecho, garantías constitucionales de libertad de religión y prensa, y la paz internacional basada en el libre comercio. Hasta principios del siglo XX a esta ideología se la llamaba simplemente liberalismo. Sin embargo, hoy en día es necesario añadir el calificativo “clásico” (al menos en los países de habla inglesa, pero no, por ejemplo, en Francia), ya que la palabra liberalismo ha sido asociada a todo tipo de intervenciones que, en nombre de la igualdad, obliteran la propiedad privada y el mercado. Esta versión del liberalismo, si es que queremos llamarlo así, se conoce a veces como liberalismo “social”, o (erróneamente) liberalismo “moderno” o “nuevo”. Aquí hablaremos de liberalismo para referirnos a la variedad clásica.
Picture_of_John_Dalberg-Acton,_1st_Baron_ActonAunque sus principios son de carácter universal, el liberalismo debe ser entendido como una doctrina y movimiento surgido de circunstancias culturales e históricas particulares. El liberalismo, tal y como apreció Lord Acton mejor que nadie, nace de la civilización occidental, de la Europa que estaba o había estado en comunión con el Obispo de Roma. En otras palabras, la cuna del liberalismo no fue otra que la sociedad humana que vivió “el milagro europeo” (según la expresión de E. L. Jones). Las circunstancias históricas fueron la confrontación entre, por una parte, los valores e instituciones libres heredados de la Edad Media y, por otra, las pretensiones del estado absolutista de los siglos XVI y XVII.
De la lucha de los holandeses contra el absolutismo de los Austrias españoles surgió un sistema de gobierno con rasgos esencialmente liberales: estado de derecho (incluyendo especialmente una firme adhesión a los derechos de propiedad), tolerancia religiosa real, considerable libertad de expresión, y un gobierno central de poderes severamente limitados. El impresionante éxito del experimento holandés ejerció un “efecto de demostración” sobre el pensamiento social europeo y, gradualmente, sobre su práctica política. Esto fue aún más así en el ejemplo posterior de Inglaterra. A lo largo de la historia del liberalismo se produjo una interacción entre teoría y realidad social: observaciones prácticas estimularon y refinaron la teoría, cuyos desarrollos informaron a su vez nuevas reformas prácticas.
En las luchas constitucionales inglesas del siglo XVII numerosos individuos y grupos mostraron importantes rasgos liberales. Uno de estos grupos destaca por ser el primer partido político liberal reconocible en la historia europea: los Niveladores. Dirigido por John Lilburne y Richard Overton, este movimiento de radicales de clase media exigía libertad de comercio, el fin de los monopolios estatales, separación de Iglesia y Estado, representación popular, y límites estrictos a la autoridad, incluso la parlamentaria. Su énfasis en la propiedad, empezando por que cada individuo es amo de sí mismo, y su hostilidad frente al poder estatal demuestran que la asimilación entre los Niveladores y los Cavadores presocialistas no era más que propaganda enemiga. Aunque fracasaron en su época, los Niveladores se convirtieron en el prototipo de un liberalismo radical de clase media que desde entonces ha caracterizado la política de los pueblos anglosajones. Más tarde ese mismo siglo, John Locke establece la doctrina de los derechos naturales a la vida, libertad y posesiones, a las que llama colectivamente “propiedad”. Esta doctrina será transmitida, a través de los verdaderos Whigsdel siglo XVIII, a la generación de la revolución americana.
América se convirtió en una nación liberal modelo y, después de Inglaterra, en el ejemplo de liberalismo para el resto del mundo. Durante buena parte del siglo XIX apenas podía decirse que existía el Estado en muchos ámbitos de la sociedad americana, tal y como notaron asombrados varios observadores europeos. Ideas liberales radicales fueron expresadas y puestas en práctica por grupos tales como los jeffersonianos, jacksonianos, abolicionistas y los antiimperialistas de fines del siglo XIX.
Sin embargo, hasta bien entrado el siglo XX, la teoría liberal más destacable continuó procediendo de Europa. El siglo XVIII fue particularmente rico en este sentido. Un hito importante fue la Ilustración escocesa, cuyos representantes más destacados fueron David Hume, Adam Smith, Adam Ferguson y Dugald Stewart. Estos pensadores desarrollaron un análisis que explicaba “el origen de estructuras sociales complejas sin necesidad de apelar a una inteligencia directora” (según el resumen de Ronald Hamowy).
herbert spencerLa teoría escocesa del orden espontáneo fue una contribución crucial para el modelo de una sociedad civil autogenerada y autoregulada, que requiere de la acción del Estado sólo para defenderse contra intrusiones violentas en la esfera protegida de los derechos del individuo. Tal como menciona Dugald Steward en su Memoria biográfica de Adam Smith (1811): “Para llevar a un país desde el barbarismo más bajo hasta la mayor de las riquezas se precisa poco más que paz, impuestos bajos y una tolerable administración de justicia: todo lo demás viene dado por el curso natural de las cosas”. La máxima de los fisiócratas: “laissez-faire, laissez-passer, le monde va de lui-même” (“dejar hacer, dejar pasar, el mundo va por si solo”), sugiere tanto el programa liberal como su filosofía social subyacente. La teoría del orden espontáneo fue elaborada por pensadores liberales posteriores, especialmente Herbert Spencer y Carl Menger en el siglo XIX, y F. A. Hayek y Michael Polanyi en el siglo XX.
friedrich hayekEsta concepción liberal central es un foco de debate entre liberales y conservadores Burkeanos (y otros tipos de conservadores cuyas ideas se asemejan al liberalismo en varios aspectos importantes). Mientras que los liberales típicamente esperan que el mercado en su sentido más amplio, es decir la red de intercambios voluntarios, origine un sistema de instituciones y costumbres que garanticen la continuidad de la sociedad, por contra los conservadores insisten en que el soporte indispensable debe ser proporcionado por el Estado más allá de la simple protección de vida, libertad y propiedad, siendo especialmente necesario el apoyo estatal a la religión.
Con la industrialización se abrió un amplio frente de conflicto entre liberalismo y conservadurismo. Las élites conservadoras y sus portavoces, especialmente en Gran Bretaña, a menudo explotaron las circunstancias de la industrialización temprana para manchar la reputación liberal de sus adversarios dentro de la clase media y del Inconformismo anglicano. Con perspectiva histórica, está claro que la revolución industrial fue la solución dada por Europa (y por América) a una explosión poblacional intratable de cualquier otro modo. Ciertos conservadores forjaron una crítica del sistema de mercado alegando que éste es materialista, desalmado y anárquico.
frederic bastiatEn la medida en que los liberales asociaron conservadurismo con militarismo e imperialismo, surgió otra fuente de conflicto. A pesar de que una rama del liberalismo Whig no se oponía a las guerras con fines liberales (más allá de la autodefensa), y aunque las guerras de unificación nacional constituyeron una gran excepción a la regla, por lo general el liberalismo se asoció con la causa de la paz. El ideal de liberalismo antibélico y antiimperialista fue encarnado por la Escuela de Manchester y sus líderes Richard Cobden y John Bright. Cobden, sobre todo, desarrolló un sofisticado análisis de los motivos y maquinaciones que empujan a los Estados a la guerra. La panacea propuesta por los Manchesteritas fue el libre comercio internacional. Desarrollando estas ideas, Frédéric Bastiat propuso una forma especialmente pura de la doctrina liberal que disfrutó de cierto atractivo en el Continente y, más tarde, en los Estados Unidos.
Los partidarios del liberalismo no siempre fueron consistentes. Este fue el caso cuando recurrieron al Estado para promover sus propios valores. En Francia, por ejemplo, los liberales utilizaron las escuelas e institutos estatales para promover el secularismo bajo el Directorio, y apoyaron legislación anticlerical durante la Tercera República. En la Alemania de Bismarck los liberales encabezaron la Kulturkampf contra la Iglesia Católica. Sin embargo, estos actos pueden ser vistos como traiciones a los principios liberales y de hecho aquellas personas reconocidas como las más consistentes y doctrinales en su liberalismo se abstuvieron de participar en ellos.
Benjamin ConstantLa base para una posible reconciliación entre el liberalismo y el conservadurismo antiestatista surgió después de la experiencia de la Revolución Francesa y de Napoleón. Su mayor exponente fue Benjamin Constant, quien puede ser visto como la figura más representativa del liberalismo maduro. Ante la amenaza del poder ilimitado del Estado que manipula las masas democráticas, Constant buscó amortiguadores sociales y aliados ideológicos dondequiera que se encontraran. La fe religiosa, el localismo y las tradiciones voluntarias de los pueblos fueron valoradas como fuentes de resistencia frente al Estado. En la siguiente generación, Alexis de Tocqueville elaboró este enfoque Constantiano, convirtiéndose en el gran analista y enemigo del Estado burocrático omnipresente y expansivo.
alexis de tocquevilleEn los países anglosajones la hostilidad de los conservadores antiestatistas se ha visto exacerbada por el enorme énfasis dado al papel de Jeremy Bentham y los Radicales Filosóficos (como John Stuart Mill) en la historia del liberalismo. En realidad, en Sobre la libertad(1859), John Suart Mill se desvió de la línea central del pensamiento liberal al contraponer el individuo y su libertad no sólo al Estado sino también a la “sociedad”. Mientras que el liberalismo de, por ejemplo, Wilhelm von Humboldt y Benjamin Constant vio las asociaciones voluntarias intermedias como el resultado natural de la acción individual y como barreras deseables frente a la expansión del Estado, Mill se propuso despojar al individuo de cualquier conexión con tradiciones sociales generadas espontáneamente o con cualquier autoridad libremente aceptada, como ejemplifica su afirmación, en Sobre la libertad, de que el Jesuíta es un “esclavo” de su Orden.
ludwig von misesEs el estado socialista al que el liberalismo clásico se ha opuesto con mayor vigor. El Austríaco-Americano Ludwig von Mises, por ejemplo, demostró la imposibilidad de la planificación central racional. Prolífico durante más de cincuenta años, Mises reafirmó la filosofía social liberal después de su eclipse de varias décadas; se convirtió en el representante más reconocido de la ideología liberal en el siglo XX. Uno de los muchos estudiantes sobre los que Mises ejerció una fuerte influencia fue Murray N. Rothbard, quien fusionó la teoría económica austríaca con la doctrina de los derechos naturales para producir una forma de anarquismo individualista, el también llamado “anarcocapitalismo”. Al ampliar el ámbito de la sociedad civil hasta el punto de extinguir el Estado, la visión de Rothbard emerge como el caso límite del liberalismo verdadero.
murray rothbardEl liberalismo clásico es a menudo contrastado con unnuevo liberalismo social, que supuestamente se desarrolló a partir de la variedad clásica alrededor de 1900. Pero el liberalismo social se desvía fundamentalmente de su homónimo clásico desde su raíz teórica, ya que niega la capacidad autoreguladora de la sociedad: el Estado es llamado a corregir desequilibrios sociales de formas cada vez más ramificadas. El pretexto de que se intenta preservar el fin de la libertad individual, modificando sólo los medios, les suena vacío a los liberales clásicos, ya que lo mismo podría decirse de casi cualquier variedad de socialismo. De hecho, el liberalismo social apenas se distingue, teórica y prácticamente, del socialismo revisionista. Por otra parte, cabe argumentar que esta escuela de pensamiento no se desarrolló a partir del liberalismo clásico en torno al cambio de siglo (cuando, por ejemplo, se dice que se descubrió la presunta fraudulencia de la libertad de contratación en el mercado laboral). El liberalismo social existía en toda regla al menos desde la época de Sismondi, y elementos del mismo (asistencialismo) pueden encontrarse incluso en grandes autores liberales clásicos como Condorcet y Thomas Paine.
Con el final del proyecto socialista-clásico (comunista), liberales clásicos y conservadores antiestatistas pueden coincidir en que es el liberalismo social contemporáneo el que se erige hoy como el gran enemigo de la sociedad civil. La preocupación política de los liberales clásicos es, por necesidad, oponerse a la corriente que arrastra el mundo actual hacia lo que Macaulay llamaba “el Estado devóralo-todo”: la pesadilla que perseguía a Burke no menos que a Constant, Tocqueville y Herbert Spencer. A medida que las viejas disputas se quedan cada vez más obsoletas, los liberales y los conservadores antiestatistas quizá descubran que tienen más en común que lo que sus antepasados nunca llegaron a entender.


“Liberalismo clásico” es como se designa a la ideología que promueve la propiedad privada, una economía de mercado sin trabas, el estado de derecho, garantías constitucionales de libertad de religión y prensa, y la paz internacional basada en el libre comercio. Hasta principios del siglo XX a esta ideología se la llamaba simplemente liberalismo. Sin embargo, hoy en día es necesario añadir el calificativo “clásico” (al menos en los países de habla inglesa, pero no, por ejemplo, en Francia), ya que la palabra liberalismo ha sido asociada a todo tipo de intervenciones que, en nombre de la igualdad, obliteran la propiedad privada y el mercado. Esta versión del liberalismo, si es que queremos llamarlo así, se conoce a veces como liberalismo “social”, o (erróneamente) liberalismo “moderno” o “nuevo”. Aquí hablaremos de liberalismo para referirnos a la variedad clásica.

Publicado por Ralph Raico en The Dollar Vigilante, traducido por Francesc Garcia-Gonzalo (original inglés aquí)