Juan J. Molina

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lunes, 10 de noviembre de 2014

La caída del Muro de Berlín y la estafa democratica del socialismo


Los responsables de la caída del Muro de Berlín fueron cuatro periodistas, tres de ellos conocidos y uno anónimo, que acribillaron a preguntas a Günter Schabowski, un miembro del Politburó comunista de la RDA encargado de anunciar a la prensa el nuevo decreto que facilitaba la salida de los alemanes del Este fuera del país. Schabowski expuso el decreto y tras someterse a las preguntas de los periodistas, tuvo que responder a otra cuyo autor permanece anónimo: “¿Y cuándo entra en vigor?” “De inmediato”, contestó el comunista.
A las siete de la tarde, Associated Press recogió la noticia y anunció: “La RDA abre sus fronteras”. Dos horas después había mil personas en un puesto fronterizo del Muro y a las once y media, con la situación fuera de control, se dio paso a todo el mundo. El ejército no recibió órdenes, los alemanes occidentales recibieron a sus compatriotas con los brazos abiertos y el Muro se desplomó a los cuarenta años exactos de la creación de la República Democrática Alemana.
La fe y la mentira
El derrumbamiento del Muro de Berlín cogió por sorpresa a mucha gente, en particular a las élites políticas e intelectuales de Occidente. En la República Federal Alemana era una posibilidad descartada. La derecha consideraba la Alemania Oriental como una zona de seguridad frente a los soviéticos e incluso aceptaba el chantaje de comprar la liberación de disidentes, un incentivo perverso para el régimen comunista. Para la izquierda alemana, era lo que Cuba es para la izquierda española: el lugar donde la utopía se había cumplido… a pesar de todo. La política de los países europeos daba por descontado la práctica eternidad del comunismo. Mitterrand, presidente de la República Francesa, dijo en octubre de 1989 que “la única respuesta al desafío del Este es reforzar y acelerar la unión y la cohesión de la Comunidad Europea”. Un genio.
Afortunadamente para los berlineses, los alemanes y todos los sometidos a la esclavitud comunista, hubo líderes occidentales que no pensaban igual. Ronald Reagan había exigido a Gorbachov que tirara abajo el muro, y con su anticomunismo de fondo, había fortalecido los movimientos de disidencia en los países del socialismo real. Lo había secundado Margaret Thatcher, desde Gran Bretaña, y Juan Pablo II, el Papa polaco. Reagan se inventó la “guerra de las galaxias” como un desafío que la tecnología soviética no podría superar, y con sus aliados exigió una y otra vez el cumplimiento de los Acuerdos de Helsinki, firmados por la RDA en 1975 en pro del respeto de los derechos humanos. La política de intransigencia ante el comunismo, y la convicción de que el comunismo podía ser derrotado fueron la primera causa de la caída del Muro de Berlín.
La repercusión de aquella actitud fue gigantesca. La primera ola vino en 1980, con las huelgas de Solidaridad en Polonia. Luego, a finales de los años 80, llegaron las elecciones en Polonia, las protestas en los Países Bálticos, las reformas democráticas en Hungría. Antes había cambiado el liderazgo en la Unión Soviética. La llegada de Gorbachov al poder trajo las políticas de transparencia y reforma económica. No todo eran signos de cambio. En agosto de 1989, el gobierno comunista chino segó en la plaza de Tiananmen cualquier posible renovación política. Y la RDA no era un país comunista más. Era el escaparate del comunismo ante el Occidente corrupto, el país guardián –gracias al Muro, precisamente- de las esencias del socialismo.
Una economía entrampada
Algunas de las zonas más prósperas e industriosas de Alemania, es decir del mundo, habían quedado del lado comunista. Sin embargo, a lo largo de la posguerra fue constante no ya la huida de ciudadanos al Occidente, sino la huida de empresas, contadas por miles, algunas tan conocidas como Zeiss (óptica) y Wella (cosmética). En los años 80 era evidente que el socialismo no podría competir nunca con el capitalismo. Entre las reformas impulsadas por Gorbachov, estuvo la congelación de créditos a los países satélites, entre ellos la RDA. Para disimular el desastre, las autoridades se lanzaron a una operación de especulación y maquillaje financiero que no resolvió nada. En octubre de 1989, un informe oficial reconocía que la RDA estaba en quiebra técnica, con una deuda galopante y una productividad bajo mínimos. A unos tecnócratas comunistas se les ocurrió que después de haber exprimido a los alemanes del Oeste durante décadas, ahora podían venderles el Muro de Berlín y unificar las dos Alemanias a cambio de inversiones. El comunismo demostraba su total ineficiencia y su incapacidad esencial para la reforma.
La propuesta de los tecnócratas no salió adelante. La clase política de la RDA era, precisamente por la posición simbólica del país, una de las más esclerotizadas de todo el comunismo, parecida a la oligarquía castrista. Erich Honecker, que llevaba gobernando desde 1971, se negaba a cualquier reforma. Los nuevos aires en la Unión Soviética no le hicieron cambiar, y Gorbachov, por su parte, tenía las manos atadas por su política de dejar vía libre a los países del bloque soviético. La situación llegó a ser tan delirante que en la RDA prohibieron en 1989 varias publicaciones soviéticas. Así que sustituyeron a Honecker desde dentro, con un golpe de mano encabezado por Egon Krenz, el nuevo caudillo. Excepto su prominente dentadura, no tenía ningún rasgo acusado de personalidad. Ni reprimió el movimiento de protesta, ni lo canalizó ni se puso al frente de éste. Durante 46 días, haría como que gobernaba. El régimen quedó descabezado, sin apoyo soviético, y se demostró que ni siquiera sus dirigentes creían en él.
El descontento político
Como es natural, el descrédito del gobierno entre la población era completo. Lo demostraban las últimas elecciones locales, falsificadas, como siempre, y más aún que eso, el movimiento popular. La Iglesia, en particular las iglesias protestantes evangélicas, habían servido desde los años 80 de aglutinante de los descontentos y los disidentes. En Leipzig, que se convirtió en el centro de la protesta durante el verano, se empezaron a reunir participantes en las concentraciones semanales de oración. En mayo de 1989 eran unos 2.000. El 7 de octubre eran 70.000 y el 23 de octubre 400.000 personas se manifestaron por las calles de Leipzig para pedir la dimisión de Krenz.
Al frente político, como diría un marxista, se añadía otro, el del voto con los pies. Para evitar eso se había levantado el Muro en 1961. Desde entonces la RDA era una cárcel. Las fugas por el Muro habían disminuido en los 80, aunque en febrero de 1989 cuatro guardias mataron a tiros a Chris Gueffroy, de veinte años. El informe oficial sobre la muerte de la última persona asesinada en el Muro omite cualquier referencia al tiroteo. El régimen comunista ya no podía disparar sobre sus ciudadanos.
El voto con los pies
A cambio, venían aumentando las peticiones de permisos para salir a Alemania Occidental. Alcanzaron 112.000 en 1987. Los alemanes le habían perdido el respeto al régimen, como se demostró cuando empezaron a tambalearse las fronteras de los países comunistas. Ya en el verano de 1989 se podía cruzar libremente la frontera entre Hungría y Austria. En un día pasaron 600 alemanes. En septiembre, en tres días, salieron 22.000. Las embajadas de Alemania Occidental se vieron asaltadas por personas que querían marcharse. La de Praga llegó a albergar a 4.000 personas, a las que se dejó salir hasta Alemania Occidental, cruzando la RDA, en un tren especial. Querían que aparecieran como cobardes renegados, y fueron ovacionados a lo largo de todo el trayecto…
Así se llegó al 9 de noviembre, al decreto del gobierno autorizando la salida, a las preguntas de los periodistas y a la declaración que hizo saltar el Muro por los aires. La caída del Muro se explica por muchos factores: la convicción de algunos dirigentes demócratas, la desastrosa situación económica, la ficción en la que vivía la clase dirigente, la mentira del socialismo.
Fuente:http://laverdadofende.wordpress.com/2014/11/09/la-caida-del-muro-de-berlin-y-la-estafa-democratica-del-socialismo/

domingo, 9 de noviembre de 2014

La RDA, el paraíso del burócrata policial – Pedro Fernández Barbadillo

El escritor Aquilino Duque me dijo una vez: “¡Cómo sería el comunismo que ni los alemanes pudieron hacer que funcionase!”



El Ministerio para la Seguridad del Estado (conocido por sus siglas como Stasi) tuvo 97.000 empleados que se encargaban de vigilar los actos y deducir los pensamientos de 17 millones de personas; además disponía de 173.000 confidentes.
Según la periodista Anna Funder (Stasiland),
se estima que en el III Reich de Hitler hubo un agente de la Gestapo por cada 2.000 ciudadanos y en la URSS un agente de la KGB por cada 5.830 personas. En la RDA, había un agente o un confidente de la Stasi por cada 63 personas. Si incluimos a los confidentes ocasionales, algunos estiman que había una proporción de un informante por cada 6,5 ciudadanos.
En el edificio de la Stasi había 15.000 burócratas tratando de digerir las riadas de papel que recibían. Por fortuna, los archivos de la Stasi se salvaron de la destrucción debido a que cientos de manifestantes penetraron en la sede en Berlín Oriental en enero de 1990. Gracias a ello, y a la absorción de la RDA por la RFA, los alemanes son los únicos ciudadanos de un país sometido al socialismo real que pueden acceder a los secretos de la policía política.

Muestras de olor corporal de los disidentes

Según el historiador Klaus-Dietmar Henke, que fue director de la Oficina de Documentación sobre la Stasi, los expedientes generados por ésta equivalen “a todos los archivos producidos en la historia alemana desde la Edad Media”, y puestos en fila alcanzarían los 180 kilómetros. Sólo un régimen socialista pudo crear semejante aberración.
A fin de reprimir a los delincuentes políticos, la Stasi dedicó parte de sus esfuerzos a detectarlos por medio del olor corporal. Los policías se apoderaban de ropa interior de los sospechosos mediante registros domiciliarios, o los llamaban a sus oficinas y luego pasaban un trapo por el asiento en el que habían estado. Las prendas o el paño se guardaban en un tarro sellado con el nombre de la víctima. Después se intentaba que un perro tratase de encontrar ese olor en lugares donde se habían reunido elementos asociales. Esto debió de ser el socialismo científico.
La locura de la tiranía comunista de la RDA llegó a tal grado que en 1985 la Stasi y el Nationale Volksarmee (Ejército Nacional del Pueblo) elaboraron un plan para la ocupación de Berlín Occidental, ese tentador bocado del capitalismo rodeado por el paraíso socialista. Previsoramente, la Stasi acuñó medallas para repartir entre las tropas que participasen en la operación, y también dividió la ciudad entera en diversas zonas, y hasta enumeró los agentes que destinaría a cada una.
Todos sospechaban de todos, y sobre esta desconfianza creada se fundamentaba la existencia social.

Reapertura de cárceles nazis

En caso de recibir una orden determinada de la central, los jefes de las 211 delegaciones locales de la Stasi debían abrir unos sobres lacrados guardados en cajas fuertes y detener a las personas que aparecían en sus listas. Los burócratas socialistas habían elaborado este plan para anular a los disidentes en caso de crisis, la que fuese. El número de los marcados por la Bestia ascendía a 85.939: uno de cada 200 habitantes de la RDA.
Se había establecido un programa tan estricto que fijaba el número de detenciones (840 cada dos horas) y los lugares de detención (primero, las cárceles y los campos de internamiento, luego los colegios, las residencias de verano y hasta viejas prisiones nazis). También se habían detallado los metros de alambre de espino, las identificaciones de los detenidos y el paquete de ropa que recibiría cada arrestado: dos pares de calcetines, dos toallas, dos pañuelos, dos mudas de ropa interior, un suéter de lana, un cepillo y un tubo de pasta de dientes; para las mujeres, además, su higiene mensual.
El detestado jefe de la Stasi, Erich Mielke, había participado en el asesinato de un oficial de la Policía de Berlín y de un agente en 1931, huyó a la URSS de Stalin, donde se le entrenó en la Escuela Internacional Lenin de Moscú para cuadros comunistas, y participó en la guerra civil española en las Brigadas Internacionales. Durante su exilio en la URSS en los años 30 y luego durante la ocupación soviética de Alemania trabajó para la NKVD. Su entrenamiento y su fidelidad al comunismo le condujeron en 1957 a la dirección del Ministerio para la Seguridad del Estado. Ante las manifestaciones en Lepizig y otras ciudades de la RDA a principios de octubre de 1989, el dictador Erich Honecker ordenó a Mielke que reprimiese a los enemigos del socialismo. Mielke transmitió a sus subordinados la consigna de abrir los sobres y empezar las detenciones, pero los funcionarios ya no obedecían, porque temían por su futuro en un nuevo régimen.
Otro de los planes de la RDA contra el imperialismo revanchistaconsistió en entrenar desde 1975 a comunistas que vivían en la RFA en sabotaje, en unas instalaciones cercanas a Francfort del Oder.
Sin embargo, la Providencia (el destino o la marcha de la historia, para los agnósticos) hizo que este inmenso aparato de represión fuese inútil. La Stasi no detectó la gran marea popular contra la RDA ni pudo desbaratarla. En mayo de 1989 se celebraron elecciones municipales, absolutamente manipuladas, sin más protesta que un alto voto en blanco, pero en noviembre, después de una agitada conmemoración del cuadragésimo aniversario de la fundación de la RDA en octubre, el régimen se desmoronó y el muro se abrió.

El antenista que espió al embajador español

El diplomático Alonso Álvarez de Toledo (Notas a pie de página. Memorias de un hombre con suerte), que fue el último embajador español en la RDA (1985-1990), consultó las casi 400 páginas de su expediente, que le facilitó la Oficina Federal para la Documentación alemana, y comprobó que su teléfono no estuvo nunca pinchado. Sólo había transcripciones de sus conversaciones con los embajadores de Alemania Federal, EEUU, Reino Unido y Francia; es decir, la Stasi intervenía los teléfonos de los representantes de las otras potencias ocupantes de Berlín y de la Alemania rival.
El embajador asegura que tampoco estaban vigiladas “por medios técnicos” la embajada y su residencia. A finales de 1987 el Cesid realizó un barrido de ambos edificios durante dos días y no halló ningún micrófono ni ningún otro aparato electrónico plantado por la Stasi. Sin embargo, entre las resmas de papel de su expediente Álvarez de Toledo encontró el informe redactado por el técnico que acudió a reparar la antena de su aparato de televisión.
Y es que los déspotas de la RDA sabían que los canales de la televisión de la RFA eran uno de sus mayores enemigos. Intentaron interferir las señales o descubrir a quienes las veían observando la orientación de las antenas. Los burócratas comunistas habían detectado que llegaban más solicitudes de salida de la RDA de las zonas donde se recibía la televisión del Occidente decadente.
Los dueños de la Stasi sabían que habían creado un monstruo incontrolable. Ya depuesto de su trono, Mielke pidió ver su expediente personal.

No tenemos que olvidar que la RDA fue durante mucho tiempo un faro para la izquierda supuestamente democrática. El abogado Txema Montero, vinculado a Herri Batasuna y eurodiputado por el partido proetarra, declaró en 1997 que sus modelos políticos para una Euskadi independiente y socialista eran Albania, “por su conciencia nacional”, y la RDA, “por su alto grado de desarrollo”. ¿Quién habría sido el candidato de Montero para la Stasi vasca?

sábado, 6 de septiembre de 2014

Esto es Afganistan ahora, pero cuando veas cómo era en el pasado no lo creerás.

Ningún país está exento de acabar como Afganistán, Cuba o Venezuela, ni siquiera España, los radicales acechan y esperan su oportunidad, por eso hay que estar atentos y denunciarlos sin descanso.

Según los datos oficiales Afganistán es uno de los países más pobres del mundo. Tiene 23 millones de habitantes y sólo el 5% de las mujeres saben leer. Sin embargo Afganistán no siempre fue así, en 1940 era una tierra prospera y vibrante llena de oportunidades de futuro. Los edificios modernos, la tecnología y la educación salpicaban este árido paisaje en el que las mujeres usaban faldas de tubo, conducían coches, compraban música y asistían a la universidad.
Fotografías de otro tiempo más feliz han sido recogidas por una pagina de Facebook para dar testimonio de aquella época de tolerancia frente al oscurantismo, ignorancia y miseria que reinan hoy en Afganistan.
Mohammad Qayoumi, creador de la pagina de facebook, creció en Kabul en los años 60 y 70 y ofrece sus fotografías para concienciar a la población mundial sobre lo ocurrido en Afganistán. Mohammad escribe en su pagina:
“Hace medio siglo, las mujeres afganas siguieron carreras en la medicina; hombres y mujeres se mezclaban casualmente en los cines y los campus universitarios de Kabul; fábricas en los suburbios producían en serie textiles y otros bienes. Había una tradición de la ley y el orden, y un gobierno capaz de llevar a cabo grandes proyectos nacionales de infraestructura, como la construcción de centrales hidroeléctricas y carreteras, aunque con ayuda externa. La gente común tenía un sentido de esperanza, la creencia de que la educación podría abrir oportunidades para todos, la convicción de que un futuro brillante que le esperaba. Todo lo que ha sido destruida por tres décadas de guerra, pero era real.
Esta fue Afganistán …”

Mujeres afganas en la década de 1940.

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Moda típica de Kabul años 50 – 70.

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Tienda de discos en Kabul, 1960.

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Grupo vocal afgano.

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Kandahar aeropuerto construido en la década de 1960.

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Auxiliares de vuelo Ariana Afghan Airlines.

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Kabul, 1960.

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Los visitantes extranjeros que acampan en Band-e Amir de 1970.

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Ruta en coche por Afganistán.

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Las madres y los niños juegan en un patio de recreo de la ciudad.

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Los estudiantes de la Universidad de Kabul en 1960 de graduación.

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Las grandes perjudicadas han sido las mujeres, en la década de 1950 y 60 eran capaces de seguir carreras profesionales en campos tan importantes como la medicina. Además podían tener ideas politicas y eran tratadas como seres humanos. Hoy en día, las escuelas que educan a las mujeres son blanco de la violencia y la situación se ha agravado más desde hace cinco o seis años.

Mujeres en la escuela infatil.

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Rally de La Mujer en 1980.

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Una sala de reuniones / clase para las mujeres – alrededor de 1980.

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Aula en Kabul, 1960.

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Mujer Trabajadora.

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Clase de Biología en la Universidad de Kabul, el número de mujeres estudiantes era alto.

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En 1969 la moda femenina afgana era un referente internacional, las influencias arábigas en los vestidos causaban furor fuera de Afganistan.

El diseñador de moda Safia Tarzi en su estudio Kabul, 1969.

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Escaparates de moda en 1960.

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Señoras afganas en Kabul Airport.

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La revista de moda Vogue decidió dedicarle su número de Diciembre de 1969 con un completo reportaje que tituló “Afganistan Adventure”.  En el interior podemos encontrar una sesión fotográfica para mostrar la moda de Kabul así como sus lugares más emblemáticos y locales más chic.

Cuando Afganistán estaba en Vogue, diciembre 1969 …

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Fotografías del reportaje “Afganistan Adventure”.

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Las modelos fueron fotografiadas en ruinas antiguas y prósperos bazares.

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Fuente: http://lavozdelmuro.net/esto-es-afganistan-ahora-pero-cuando-veas-como-era-en-el-pasado-no-lo-creeras-1/#

lunes, 6 de enero de 2014

Raúl Castro en el 2014, Carlos Alberto Montaner



Raúl Castro
 ha iniciado el 2014 con otro discurso lamentable. ¿Por qué el general repite una sarta de tonterías ideológicas en las que ya nadie cree, ni siquiera él mismo? No es fácil saberlo. Raúl, aparentemente, permanece sujeto a la autoridad intelectual y moral de su hermano, pero, a estas alturas, él, la nomenclatura y casi todo el país dan por sentado que el Comandante es el principal causante de la catástrofe económica que padecen los cubanos.
¿Cómo lo sabemos? Basta ver y escuchar pacientemente la charlaque Juan Triana Cordoví, profesor de Economía de la Universidad de La Habana, da a la plana mayor de la policía política con el objeto de defender y explicar las reformas de Raúl Castro. Se trata de una persona del régimen aleccionando a sus compañeros con total autoridad.
Pese a su discurso, Raúl está convencido de que el marxismo y su secuela colectivista han fracasado. Acepta que el igualitarismo es contraproducente, y admite, además, que el régimen se dedicó durante décadas a imponer prohibiciones absurdas que han convertido la vida de los cubanos en un infierno.
Naturalmente, nada de esto quiere decir que va a aceptar reformas políticas. El marxismo podrá ser un disparate, pero el estalinismo le es muy útil para gobernar.
Intentará, eso sí, corregir los desastres económicos producidos por su hermano porque cree que de ello depende la supervivencia del régimen. ¿Cómo? Primero, ha eliminado algunas prohibiciones innecesarias. La dictadura puede admitir la tenencia de teléfonos móviles, la compraventa de casas y autos, la salida y regreso de los disidentes o la contratación privada en el exterior de algunos atletas. Nada de eso pone en peligro al gobierno y alegra a las masas.
También se propone crear un tenue espacio económico lateral –elcuentapropismo, esa ridícula palabreja– para que la sociedad civildesarrolle pequeñas empresas privadas, casi todas de servicio, que den trabajo a más de millón y medio de personas, que abandonarían paulatinamente las abultadas nóminas del Estado, producirían algunos alimentos y aliviarían la miserable vida de los cubanos.
Pero eso no es lo importante. La esencia de la reforma es otra: el Estado, dirigido por militares, se reservará el control y disfrute de unas 2 500 empresas medianas y grandes que forman el corazón del aparato productivo del país. Esa es la parte del león.
Es en este espacio económico, dicen los raulistas pomposamente, donde se juega el destino de la revolución. Raúl ha invertido elprincipio de subsidiariedad: la sociedad civil se ocupará de todo aquello que el Estado no pueda abarcar.
Un perfecto disparate. ¿Cómo van a lograr hacer eficientes las empresas estatales al punto de que generen beneficios permanentemente? La fantasía más recurrente de Raúl, un militar convencido de la utilidad de los refuerzos negativos, consiste en suponer que, mediante controles, auditorías, castigos y amenazas, todo ello supervisado por su hijo Alejandro, duro coronel de los servicios de inteligencia, conseguirá el milagro.
Tonterías. ¿Cuánto tardarán Raúl Castro y los raulistas en comprender que el Estado es un pésimo gestor de todas las empresas, las pequeñas y las grandes? ¿Cuándo entenderán que los objetivos y el modus operandi de las empresas realmente eficientes son totalmente diferentes a los de los Estados?
¿Por qué cree Raúl que todas las empresas públicas, en todas las latitudes, suelen acabar siendo focos de corrupción, con plantillas sobredimensionadas, atrasadas tecnológicamente e improductivas? ¿Cuándo admitirán que el sistema comunista no es reformable, como confirmó Gorbachov en los años noventa? ¿O todo lo que desean es morirse mandando y los que vengan detrás que desmonten el error y el horror? ¿Es terquedad, cobardía, convicción, irresponsabilidad o todo eso junto?
Elija usted, perplejo lector.

Hombres alimentados de lagartos y otras crueldades cometidas por Corea del Norte, E.PASTRANA

Los 120 perros inánimes que devorarón al tio de Kim Jong-un son solo el último capítulo del manual de la tortura que se escribe a diario en el país comunista

No pasa el tiempo por la República Popular Democrática de Corea del Norte. Los titulares que atraviesan la frontera cuentan historias que saben a oscuro relato medieval, a gladiadores romanos o incluso a ficción.
La última atrocidad que ha llegado a Occidente a través de los medios oficialistas chinos, asegura que el tío del líder norcoreano, Kim Jong-un,murió a mordicos, devorado por una jauría de 120 perros hambrientos junto con sus cinco ayudantes.
La versión oficial solo explica que Jang Song Thaek murió el pasado 12 de diciembre, no hay detalles sobre el «cómo», pero el historial de atrocidades que acumula el hijo de Kim-Jong-il aporta verosimilitud a la historia.
Las ONG llevan años denunciando el trato vejatorio que reciben los presos en los campos de concentración norcoreanos. «Un hombre joven que está preso desde que nació es alimentado a base de roedores, lagartos y hierba y fue obligado a presenciar la ejecución pública de su madre y de su hermano», informaron fuentes de la Comisión de Investigación de la ONU para la protección de los derechos humanos a la agencia DPA hace apenas unos meses.
Los miembros de la comisión encabezada por el juez australiano ya retirado Michael Kirby no pudieron pisar suelo norcoreano, pero lograron reunirse con antiguos presos surcoreanos y japoneses del país comunista.
En esos encuentros recopilaron historias para no dormir. Desde una mujer que asegura que fue testigo de como forzaron a uno de los presos a ahogar a su bebé en una cubeta, hasta el del hombre que confiesa que le obligaron a quemar cientos de cadáveres muertos por desnutrición para luego deshacerse de las cenizas.
El representante en la ONU del régimen descartó de pleno el informe de la ONU, y lo tachaba de «invención de las fuerzas enemigas y los desertores», pero hay muchos más casos.

El prisionero Shin Dong-hyuk

En febrero del año pasado, este diario informaba sobre Shin Dong-hyuk, un hombre que pasó los primeros 23 años de su vida en el Campo 14. Ahora, con 30, relata las torturas a las que fue sometido en este lugar construido a imagen y semejanza de los «gulags» estalinistas.
El padre y el abuelo de Shin fueron enviados al campo después de que dos de sus tíos escaparan a Corea del Sur, por lo tanto Shin era «culpable por asociación» antes de haber nacido. Esta norma que castiga a tres generaciones consecutivas de una misma familia si uno de sus miembros comete una infracción.
En su crianza, Shin aprendió que los presos que no denunciaran las acciones «negativas» de los demás prisioneros, serían castigados con la pena de muerte. Él mismo asistió a la ejecución de su madre y su hermano tras delatarles ante uno de los guardianes. Tenía solo 13 años y no sintió ningún arrepentimiento.
«Solo ahora me doy cuenta de que los quería», explica. Mientras estaba en los campos no desarrolló cariño por nada ni por nadie. Su relación con otros seres humanos se reducía a una competición por la comida. Tampoco fue consciente de lo que ocurría en el mundo exterior, hasta que tomó contacto con un recluso que había vivido en el extranjero. No fueron los relatos sobre la vida libertad las que le invitaron a dejar su cautiverio, sino la comida. «Me fugué solo porque quería probar los alimentos de los que me había hablado», confiesa. Condicionado por lo único que conocía, Shin era un hombre anulado. «No comprendía el sentido de la libertad».
Según el Comité por los Derechos Humanos en Corea del Norte, otra ONG, unas 200.000 personas se encuentran internadas en campos en Corea del Norte viviendo situaciones parecidas a las de Shin. Según esta fuente, unas 400.000 personas murieron allí debido a las torturas, el hambre, las enfermedades o ejecutadas.

La ex novia fusilada

Pero como han demostrado los últimos acontecimientos, la mano dura de este Calígula moderno se vuelve más firme cuando se trata de su círculo cercano. Este verano, Kim Jong-un mandó asesinar a su ex novia, la estrella del pop norcoreano Hyum Song-wol.
La historia la hizo pública el diario «Chosun Ilbo». La cantante fue detenida el pasado 17 de agosto por ejercer la «pornografía», junto a algunos miembros de la Orquesta Unhasu y la Banda de Música Ligera Wangjaesan. Los fusilaron tres días más tarde con sus familiares como espectadores y con motivo de la «culpabilidad por asociación» todos ellos fueron internados en un campo de concentración.
A pesar de que en realidad nadie sabe muy bien lo que está ocurriendo tras sus fronteras, la jauría que devoró a Jang Song Thaek es solo el último capítulo del manual de la tortura que se escribe a diario en el país comunista.

Los comunistas me secuestraron en el instituto por ser patriota, RADOSLAV YORDANOV

Ivan Grigorov cuenta a LD sus sufrimientos durante los años del régimen comunista en Bulgaria.

RADOSLAV YORDANOV 
El 9 de septiembre de 1944, los comunistas organizaron un golpe de estado y se hicieron con el poder por la fuerza. Los historiadores aseguran que en los meses inmediatamente posteriores, los marxistas asesinaron unas 35.000 personas, entre las cuales al menos 700 fueron miembros de la organización patriótica de los legionarios.
Esta organización fue uno de los grandes antagonistas ideológicos de la izquierda, y desde su creación en 1932 apostó por defender la historia, la cultura y los intereses nacionales del país balcánico, por lo cual no aceptaba el internacionalismo del marxismo que negaba la esencia de la nación búlgara.
Por ello, los comunistas trataron de eliminar a los legionarios en dos fases: primero asesinaron a sus líderes, y luego emprendieron las ejecuciones masivas. Así pues, el líder de los legionarios, Hristo Lukov, fue disparado en su casa delante de su hija pequeña, mientras que otro dirigente de Varna, Hristo Nedev, fue ahorcado en un árbol. En la localidad de Devol, cerca de Veslec, unos 100 legionarios, detenidos en los pueblos de la región, fueron decapitados y sus cuerpos fueron descuartizados.
No obstante, la mayor atrocidad de los comunistas fue contra los alumnos legionarios, con edades entre 15 y 18 años. El historiador Ivan Dochev recuerda que en el sótano de la escuela de la ciudad de Oriahovo fueron asesinados unos 200 alumnos. Testigos de aquel terror comunista se atrevieron a contar décadas más tarde cómo los comunistas sacaban del sótano los cadáveres de los alumnos.

Habla un superviviente

Ivan Grigorov, uno de los legionarios que sobrevivió al terror comunista, ha accedido a contar a LD la pesadilla que vivió durante el régimen. Grigorov fue secuestrado por un agente del régimen cuando tenía 17 años.
"El 22 de noviembre de 1944 yo estudiaba en un instituto de la ciudad de Burgas y estaba en clase de álgebra cuando un hombre de repente entró en el aula y me secuestró sin darme explicación alguna. La profesora le preguntó qué estaba pasando, pero él no le respondió".
Así fue como empezó la pesadilla del joven Ivan que pasaría los tres años siguientes en la cárcel. "Primero me metieron en una sede policial donde no me dieron nada de comer durante días. Me podía haber muerto de hambre si no fuera por la ayuda de los demás presos que compartieron conmigo los pocos alimentos que tenían". En dicha sede policial, Grigorov pasó 20 días encarcelado sin posibilidad de llamar a sus padres que no sabían qué le había pasado a su hijo.
Al final, el joven legionario fue condenado a diez años de prisión por haber escrito artículos patrióticos en un periódico local de la ciudad de Burgas. "En mis artículos abogaba por los ideales y los intereses nacionales, a lo que los comunistas llamaban en aquel entonces ´fascismo burgués´.Lo más absurdo de todo esto fue que me acusaron de haber involucrado a Bulgaria en la Segunda Guerra Mundial mediante estos artículos ´fascistas´."
Grigorov recuerda que tenía 14 años cuando escribió aquellos artículos. " Así resulta que yo, con 14 años de edad, fui capaz de provocar la participación del país en la Segunda Guerra Mundial con una serie de artículos en un pequeño periódico local" comenta el búlgaro con ironía. El tribunal que le condenó, "de popular no tenía nada, porque el pueblo búlgaro no lo había elegido."
Grigorov estuvo en la cárcel de Burgas hasta 1945, cuando se celebraron las elecciones generales. "Se trataba de unas elecciones ficticias. Los comunistas quisieron obligar a todos los presos a votar por su partido, y además exigían que enviáramos unas cartas a nuestras familias para pedirles que votaran por el Frente Popular comunista." Sin embargo, el joven búlgaro se negó a votar, pese a las continuas amenazas que recibía. "Me decían que no volvería a ver a mis padres, y que iban a hacer sufrir a toda mi familia. Aun así yo me negué a votar, por lo cual me metieron en otra cárcel mucho más dura, la de Sliven".
En la cárcel de Sliven, Grigorov y el resto de los prisioneros no fueron tratados como personas, sino como números. "Allí no teníamos derecho a llamarnos o a ser llamados con nuestros propios nombres, sino con los números con los que nos registraron allí. A mí, por ejemplo, me llamaban número 137."
Además, Ivan Grigorov recuerda que a menudo muchos de los prisioneros perdían la conciencia por la falta de comida. "La falta de comida, las amenazas psicológicas y los golpes caracterizaban la vida en la cárcel en aquel entonces. Pocos años después, los comunistas quisieron ser más eficaces y crearon los campos de concentración, donde murieron decenas de miles de personas".
Dos años después, Grigorov fue liberado de la cárcel de Sliven, pero con esto sus problemas no se acabaron. "Me liberaron para demostrar su supuesta bondad, pero no me dieron la oportunidad de un trabajo cualificado. Sólo me permitieron trabajar como carpintero. Años más tarde por fin me permitieron graduarme en el instituto." Así pues, "procurando no llamar la atención", Grigorov trabajó como carpintero y en la construcción hasta la caída del régimen en 1989 que, sin embargo no acabó con el poder comunista, ya que "ex agentes del régimen están gobernando ahora el país."

viernes, 13 de septiembre de 2013

La gran mascarada. Por Jean-François Revel


«La memoria socialista no sólo está truncada en el ámbito de la criminalidad totalitaria. También lo está en el ámbito económico. Así, el movimiento de la ultraizquierda francesa, bautizado "Droits devant", ve en su libertad de inversión y de circulación internacional de los capitales, inherente a la mundialización (globalización), un ejemplo de "la barbarie liberal" y de un mundo basado en la "tiranía del mercado". Hay que deducir, pues, que para el autor de esta frase, las economías colectivistas han sido civilizaciones refinadas y que, en ellas, la sustitución del mercado por la distribución autoritaria de los recursos ha engendrado regímenes políticos de libertad. Una vez más, la amnesia llega hasta el límite de constituir una provocación. Los enemigos de la economía liberal quieren olvidar que su modelo ha sido experimentado. Que incluso todavía se aplica en algunos países fósiles. ¿Ignoran su resultado? Cuesta creerlo, ¿Saben que la miseria de numerosos países subdesarrollados proviene también de que dirigentes no han puesto en marcha el capitalismo de mercado sino, con frecuencia, el modelo dirigista y colectivista a pesar de que no fueran todos oficialmente comunistas?
La "tiranía del mercado" es como máximo una metáfora, mientras que la tiranía del totalitarismo, en las sociedades que han suprimido el mercado, es una realidad bien concreta y abundantemente documentada. Va incluso más allá del simple despotismo político. Pues, curiosa omisión -¡una más!-, raramente se menciona que las sociedades comunistas son las únicas que, en el periodo contemporáneo, han restablecido la esclavitud de sus propios ciudadanos allí donde había desaparecido desde hacía mucho tiempo. Los nazis restablecieron la esclavitud en tiempos de guerra, en campos de trabajo donde eran deportados los esclavos procedentes de países vencidos. Los comunistas lo han hecho mejor: en todos lados han reducido a la esclavitud a una parte sustancial de su propia población, y ello en tiempos de paz, al servicio de una economía "normal", si se me permite decirlo de este modo. Este aspecto con frecuencia ignorado tiende a demostrar que la economía socialista real, ya de por sí improductiva, lo sería más si no recurriera a la mano de obra servil».