Juan J. Molina

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martes, 25 de octubre de 2016

“La mayoría de universidades del mundo van a desaparecer”

El experto en innovación y miembro de Singularity University, la universidad de Silicon Valley, cree que la certificación ya no es útil

Cuando David Roberts era pequeño, su padre le contó que Thomas Edison había hecho mucho más por la humanidad con el descubrimiento de la bombilla que cualquier político en la historia. Esa idea marcó su camino. Roberts es uno de los mayores expertos en tecnología disruptiva del mundo y también uno de los rostros más conocidos de Singularity University, la universidad de Silicon Valleycreada en 2009 con el apoyo de la NASA y de Google.
David Roberts tras su ponencia en la Oslo Innovation Week.
Roberts considera que el negocio de las universidades tiene los días contados y que solo sobrevivirán aquellas que tengan una gran marca detrás. Singularity University ha roto con el modelo de certificación; no expide títulos ni existen los créditos. Su único objetivo es formar líderes capaces de innovar y atreverse a romper las normas para alcanzar el ambicioso reto que se ha marcado la universidad desde su creación. Sus alumnos están llamados a utilizar la tecnología para resolver los 12 grandes desafíos del planeta: alimentar a toda la población, garantizar el acceso al agua potable, la educación para todos, la energía sostenible o cuidar el Medio Ambiente, entre otros. Todo en menos de 20 años.
Roberts atiende a EL PAÍS en la Oslo Innovation Week, un encuentro organizado por el gobierno noruego estos días para detectar las nuevas tendencias en innovación que están transformando la economía.
Pregunta. En Singularity University (SU) los cursos no están acreditados. Eso quiere decir que están rompiendo con los títulos oficiales. Las universidades y los gobiernos hacen negocio con ello. ¿Creen que están dispuestos a cambiar el modelo?
Respuesta. No, no creo que estén abiertas a transformarse. Estos años estamos viendo la mayor disrupción de la historia en la educación y la mentalidad habitual ante estas transformaciones tan radicales suele ser la de pensar que lo anterior es mejor. Sucedió en el mercado estadounidense cuando llegaron los coches japoneses; eran más baratos y todos pensaban que de peor calidad, hasta que se demostró que eran mejores. Con la educación va a pasar lo mismo; las grandes universidades no quieren ofrecer sus contenidos online porque creen que la experiencia de los alumnos será peor, que no hay nada que pueda igualar el cara a cara con el profesor en el aula. Mientras ignoran la revolución que está sucediendo fuera, la experiencia de aprendizaje online irá mejorando.
Los programas académicos cerrados y la acreditación ya no tienen sentido porque en los cinco años que suele durar los grados los conocimientos se quedan obsoletos. Nosotros no ofrecemos grados ni créditos porque el contenido que enseñamos cambia cada año.
P. ¿Hay alguna plataforma de aprendizaje online que esté destacando sobre las demás?
David Roberts tras su ponencia en la Oslo Innovation Week.  EUP-BERLIN
R. Udacity. En 2011 el profesor de laUniversidad de Stanford Sebastian Thrun, el mejor experto en Inteligencia Artificial de los Estados Unidos, se planteó impartir uno de sus cursos en Internet, gratis y para todo el mundo. Casi 160.000 estudiantes de más de 190 países se apuntaron y el porcentaje de alumnos que obtuvo una A (un sobresaliente) fue superior al de las clases presenciales. Thrun dejó Stanford y montó Udacity, donde ha desarrollado una metodología de enseñanza totalmente nueva. Además, ha creado un nuevo modelo de negocio: si terminas el curso a tiempo te devuelven tu dinero y si no consigues un trabajo tres meses después, también. ¿Te imaginas esto en una universidad tradicional? Las únicas universidades que van a sobrevivir son las que tienen una gran marca detrás, como Harvard o Stanford, o en el caso de España las mejores escuelas de negocios. Las marcas dan caché y eso significa algo para el mundo. El resto, van a desaparecer.
P. Uno de los programas que ofrece SU, el Executive Program, cuesta 14.000 dólares (unos 12.800 euros) y tiene una duración de seis días. Ese precio se aleja bastante de uno de sus retos: la educación accesible para todos.
R. La nuestra es una universidad excepcional. No se trata solo de adquirir información o aprender algo muy específico online, como sucede, por ejemplo, con Khan Academy. Nosotros vamos más allá. Ofrecemos una experiencia que cambia tu mentalidad, que transforma a la gente y cuando se marchan no vuelven a ser los mismos. A mí me sucedió. Unos años después del 11-S me puse a disposición del Gobierno y me incorporé como oficial de las fuerzas aéreas. Cuando escuché que querían crear una universidad para resolver los grandes problemas del mundo, tuve claro que participaría. Y lo hice; primero como alumno y después como vicepresidente y director del Global Solutions Program. Allí te das cuenta de que la vida es corta y de que puedes hacer cosas ordinarias o extraordinarias. Cuando estás en clase con otras personas, empiezas a darte cuenta del potencial que tienes, tu visión de ti mismo y de futuro cambia. No llegas a ese punto con el método habitual de recibir información únicamente.

SOFTWARE, 3D Y DRONES

Reconocido como uno de los mejores expertos en innovación disruptiva del mundo, David Roberts fue vicepresidente de Singularity University y director de su programa Global Solutions Program. Graduado en Ingeniería Informática por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), más tarde se especializó en Inteligencia Artificial e Ingeniería Bio-Computacional y cursó un MBA en Harvard Business School. Es presidente de la compañía de drones HaloDrop, de la primera empresa de software para ordenadores quantum 1Qbit y asesor de Made-In-Space, responsable de la creación del primer objeto fabricado con una impresora 3D para la Estación Espacial.
P. ¿Cuál es hoy es principal problema de la educación?
R. La educación se ha roto. Hemos enseñado a la gente de la misma forma durante los últimos 100 años y, como hemos crecido en ese sistema, creemos que es normal, pero es una locura. Enseñamos en las escuelas lo que los colonialistas ingleses querían que aprendiese la gente: matemáticas básicas para poder hacer cálculo, literatura inglesa… Hoy no tiene sentido. Tenemos que enseñar herramientas que ayuden a las personas a tener una vida gratificante, agradable y que les llene. Algunos son afortunados de tener unos padres que les ofrecen eso, pero la mayoría no. Los programas académicos están muy controlados porque los gobiernos quieren un modelo estándar y creen que los exámenes son una buena forma de conseguirlo. Otro de los grandes dramas es la falta de personalización en las aulas. Cuando un profesor habla, para algunos alumnos irá demasiado rápido, para otros muy despacio y para cuatro a la velocidad idónea. Luego les evalúan y su curva de aprendizaje no importa, les aceleran al siguiente curso. Hoy sabemos que si nos adaptamos a los diferentes tipos de inteligencias, el 98% de los alumnos obtendrán el mejor resultado.
P. ¿Qué materias deberían ser imprescindibles?
R. La idea de aprender mucho, solo por si algún día hace falta, es absurda. Quizás deberíamos sustituir la idea de educación por la de aprendizaje y permitir que la gente aprenda en tiempo real, según sus necesidades. El verdadero propósito de la escuela debería ser crear curiosidad, gente hambrienta de aprender, ahí es donde los profesores tienen que ser buenos. Las habilidades emocionales van a jugar un papel muy importante en la nueva economía. Pongo un ejemplo. Los conductores de Uber en Estados Unidos son puntuados por los clientes de uno a cinco. Si alguno de los conductores tiene menos de 4,6 o más de tres opiniones negativas, directamente se le saca de la plataforma. Lo mismo sucede con los usuarios, si tienen menos de 4,6, ningún conductor les recogerá. ¿Quién me enseña hoy a ser honesto, íntegro y a tener compasión?
P. Se ha hablado mucho de que en menos de 50 años los robots terminarán con la mayoría de trabajos. ¿Cómo será el nuevo mercado laboral?
R. Hace 50 años éramos granjeros. Todos estaban preocupados porque las máquinas nos quietarían el trabajo, era la única manera de ganar dinero: tener una granja y vender comida. Hoy las cosas cambian 50 veces más rápido; hace 20 años nadie sabía lo que era un desarrollador web y ahora hay miles, es muy fácil y cualquiera puede hacerlo. Todo el mundo se pregunta en qué trabajo seremos mejores que los ordenadores. En ninguno. Esa no es la pregunta correcta. Hay que plantearse qué tareas no queremos que hagan, aunque lo puedan hacer mejor. No los queremos como militares, ni como alcaldes, tampoco que decidan qué presos pueden abandonar la cárcel. Eso es lo que tenemos que enseñar a la gente a decidir.
P. ¿Cómo podemos estar seguros de que habrá trabajo para todos?
R. La cuestión que me preguntas es si el dinero va a ser más o menor importante en el futuro. Yo solía pensar que la evolución de la tecnología hace que los costes bajen y que la gente pague menos por los mismos servicios. Siguiendo esa predicción, se podría pensar que vamos a trabajar menos porque no necesitaremos tanto dinero y vamos a tener más ocio. Es incorrecto. El ser humano va a seguir creando productos excepcionales, como el iPhone; todo el mundo querrá uno. Tendremos que ser capaces de crear valor para generar dinero y poder comprar esas cosas. La realidad virtual, la impresión 3D, o la salud van a ser algunos de los campos que nos van a sorprender. El mundo seguirá girando alrededor del dinero, que es la energía para hacer cosas o cambiarlas. Esos nuevos inventos te inspirarán a trabajar para poder comprar.
P. La clave del éxito, ¿está en la confianza en uno mismo? ¿Se aprende eso en SU?
R. Como alumno, yo aprendí que una sola persona puede impactar positivamente a todo el planeta. Ese don no está reservado a personas especiales, sino a gente normal, como tú y yo. La gente se convierte en lo que piensa. ¿Qué potencial tiene un bebé? La mayoría de la gente responde que es ilimitado, pero si les preguntas sobre su potencial, no responderán lo mismo. Mi misión ahora es viajar por el mundo bajo la marca de Singularity University para mostrar a los gobiernos, empresas e instituciones que el poder para innovar está ahí, solo tienen que dar el primer paso: cambiar su mentalidad.
P. ¿Cree que los universitarios deben cambiar también su mentalidad?
R. Sí. La aspiración no debe ser que una empresa te contrate. Eso significa que te van a pagar menos de lo que mereces. No tenemos que enseñar cómo conseguir un trabajo, sino cómo crearlo.
Fuente:http://economia.elpais.com/economia/2016/10/23/actualidad/1477251453_527153.html?id_externo_rsoc=FB_CM 

miércoles, 3 de agosto de 2016

Andy Stalman: “o los profesores potencian su factor humano y su creatividad o serán sustituidos por tablets”, por Javier García

Me lo devoré del tirón. Esto es lo que pasa cuando lees un libro que te inspira, muy bien editado y con muchas pequeñas joyas. Esto es HumanOffOn, la nueva obra de Andy Stalman, un creativo, un filósofo, una mente despierta que hace reflexiones profundas que nunca te dejan indiferente. Cuando le pregunté a Andy qué significa eso de HumanOffOn su respuesta es ya una inspiración para que sigas leyendo esta entrevista. Decía que el concepto de humanoffon es su interpretación del hombre que vive entre dos mundos. Ya no hay que elegir porque los dos mundos se están convirtiendo en uno solo y a gran velocidad, ya nadie queda fuera de este mundo digital que es inclusivo y rico en todos los sentidos. Pero en esta fase de transición es importante ver en qué cosas nos ha cambiado la irrupción digital en nuestras vidas y aprender a no perder de vista el foco esencial de todos los progresos de la humanidad que sin duda es el ser humano. Las cosas son los elementos que tenemos para conseguir un mundo mejor, pero sin duda lo importante de todo este asunto es el ser humano, siempre el ser humano. ¿No es apasionante? Sigue leyendo…
Andy Stalman Human OFF ON
:: Andy, en unas pocas ideas, ¿qué te motivó a escribir HumanOffOn?
Desde lo trascendente, el Hombre se enfrenta a uno de los mayores desafíos de su historia como humanidad.
Desde lo filosófico, se están planteando tantas nuevas preguntas y tantos nuevos escenarios que necesitaba un espacio de reflexión.
Desde lo práctico, sólo podemos construir nuestro futuro a partir de las decisiones que tomamos, y de las que dejamos de tomar.
Lo que conecta lo trascendente, lo filosófico y lo práctico es la acción. Y del desafío de cómo se transforma todo en acción, que es lo único que de verdad cambia. HumanOffOn es un llamado a lo trascendente, a lo práctico, a la acción que es lo que de verdad puede cambiar o construir lo que existe y lo que va a existir.
Libre para decidir
:: “Tratar de poner lógica a un balón es más complejo que descubrir el universo con una lupa”. Me encanta tu frase, ¿qué tiene que ver un balón, con la complejidad y con el mundo que nos rodea?
Vivimos en un mundo enamorado del balón. Porque a partir del balón sentimos y compartimos las historias. Historias de triunfos, superación, patriotismo que se dan a partir de este objeto tan simple pero que conecta a la humanidad a través de un lenguaje común: la pasión. ¿Puede racionalizarse la pasión? El mundo que nos rodea, cuando el balón se pone en movimiento, se conecta. Todos hablan y comprenden el lenguaje del balón, algo tan básico se transforma en un poderoso conector de lo humano. Lo que queda en evidencia es la imposibilidad de poner lógica a lo que el balón genera y despierta en nosotros. Simplemente sucede.
::”Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa”. Citas este proverbio chino y hablas en profundidad sobre una de las palabras de moda, cambio: ¿qué capacidades tenemos que trabajar para ‘reinventarnos como sociedad global’ y en constante cambio?
La pregunta es ¿qué tipo de sociedad seremos sino nos involucramos hoy en la idea y la necesidad de cambio? Cada persona, cambiando, cambia la sociedad. El hombre, a través de la historia, se ha hecho amigo del cambio. Cuesta asumirlo, pero es inevitable no abrazarlo. Aun sin quererlo el cambio se produce. El desafío es tener claro que el cambio sea a mejor y en segundo lugar hacia donde.
Sentirse valioso
La capacidad fundamental para este nuevo mundo es la flexibilidad, que es la capacidad del hombre para adaptarse o crear nuevos entornos y realidades. Para un mundo en constante cambio la rigidez es siempre un impedimento, por eso que para estar entonado con el movimiento del planeta siempre hay que ser flexible. Esto involucra también a la capacidad de adaptar la mirada a todo lo nuevo, dejando de lado los prejuicios pero sin perder el foco de que lo importante es convertirnos en seres humanos mejores en todas las dimensiones.
:: “una persona inteligente se convierte en un detector de basura”, explícanos esto Andy…
Si dividimos a la inteligencia en dos partes hablaríamos de memoria y de creatividad como las dos partes diferentes que componen a un ser inteligente. En nuestro sistema educativo queda claro que el gran foco ha estado siempre puesto en la memoria, ya que a lo largo del tiempo se consideraba como persona inteligente a aquella que era capaz de memorizar la mayor cantidad de conceptos. La persona brillante, en cambio, era la persona creativa, un ser extraño que emergía no se sabe de dónde, pero que había sido capaz de desarrollar algo en lo que no se había puesto el foco durante el proceso educativo; siempre que consideremos al concepto “educación” como al concepto antiguo que se refería la transmisión de conceptos viejos, no inútiles pero si viejos.
Con la irrupción de las nuevas tecnologías la memoria ya no es tan importante porque memorizar es la función de los nuevos ordenadores, por lo cual el hombre dispone ahora de más tiempo para desarrollar otras capacidades, entre ellas la de la deducción, la conexión y la focalización que tienen que ver con la inteligencia creativa que funciona como un detector de basura. ¿Por qué? Porque para crear algo nuevo primero hay que detectar lo viejo. ¿Por qué crear si todo funciona? La creatividad es una necesidad que surge a partir de la detección de algo que es basura. Algo que puede que en su momento resultará útil pero que hoy exige descartarse para crear algo mejor.
Los grandes maestros
Para mí las personas inteligentes de hoy no son las memoriosas sino las personas creativas, la gente que es capaz de generar lo nuevo detectando el fallo de lo viejo. Una capacidad que tiene aún un gran camino por delante y que debemos comenzar a motivar y a incentivar en los jóvenes. No solamente para crear “cosas” nuevas sino para crear un “mundo” nuevo. Queda mucha basura aún por detectarse para poder cambiar el mundo.
:: “Los profesores son la esperanza para todos, son la última frontera”, fascinante la historia que rescatas de Al Pacino, ¿Qué papel desempeña el maestro del futuro, se puede sustituir por una Tablet?
Si existe al menos un profesor o maestro que pueda ser reemplazado por una Tablet, merece que lo sea. Los profesores enseñan, los maestros inspiran, despiertan. Los grandes maestros dejan grandes aprendizajes, y estas enseñanzas trascienden lo académico, son lecciones para la vida.
La tablet puede sustituir a la memoria de datos y conceptos y darnos ese espacio libre como comentábamos antes para focalizar en otros aspectos como profesores. La máquina no posee la experiencia sino solamente el dato. La experiencia de “la cosa” solo puede darla el factor humano, aunque también pueda ser archivada en ordenadores una vez sucedida, en esa situación la experiencia  pasa de ser una experiencia viva a ser una experiencia guardada y por lo tanto vieja. Ha sucedido, es real, pero ha respondido a patrones viejos, no es la experiencia de lo que está sucediendo ahora.
Con esto me refiero a que la experiencia nueva, sobre aquello que sucede y nos sucede en el instante solo puede darla el factor humano. El factor humano en el aula es el profesor, cuando el profesor solo se limita a repetir conceptos entonces si puede ser reemplazado por la máquina, porque se puede prescindir del factor humano y suplantar la transmisión de datos del hombre a la máquina. Por eso es tan importante para los profesores enfatizar en el único factor que los diferencia de la maquina y que es su factor humano, su experiencia, su visión, su aporte a la enseñanza. Esa conexión y transmisión empática del conocimiento que la máquina nunca será capaz de dar de forma espontánea, sin haber sido programada previamente para respuestas a preguntas estipuladas. Pero que nunca sabrá responder al imprevisto o al momento presente y nuevo.
Es importante entonces advertir a los profesores de que si no desean perder su trabajo en poco tiempo para ser reemplazados por robots, deben comenzar a marcar la diferencia entre la enseñanza virtual y la presencial. Se acabaron las clases aburridas y los loros en las aulas, ahora los profesores deben aprender también a ser creativos y a conectar con el alumno a través de la experiencia. Y la ventaja que tienen ellos hoy es que mientras la información puede darla la máquina ellos pueden focalizan en el desarrollo de otro tipo de enseñanza. Creo que esta es una gran oportunidad para el cambio en la educación que necesita nuestra civilización.
Programas TV y nuestros hijos
:: Andy, me parece importante reflexionar sobre dos preguntas: 
A.- ¿Qué 3 cosas crees que nos han QUITADO las redes sociales y la hiper-conectividad?
Trato de ver el impacto de las redes y la conectividad como un todo. Siempre, en cada ámbito de la vida, ganamos y perdemos, nos dan y nos quitan, y este fenómeno no es ajeno.
Nos ha quitado concentración, atención y reflexión. Y sobretodo manifestado en el tiempo, el espacio y la comunicación:
TIEMPO: pasamos a veces demasiado tiempo conectados y perdemos mucho tiempo irrecuperable como es, por ejemplo, ver crecer a nuestros hijos, estar con nuestra pareja, compartir off line con amigos, etc.
ESPACIO: perdemos muchas veces espacios irrecuperables.
COMUNICACION: perdemos el contacto del otro, suplantamos el encuentro real con el encuentro virtual.
B.- ¿Qué 3 cosas nos OFRECEN las redes sociales y la hiper-conectividad?
Información, acceso, oportunidades.
Justamente la ironía que parte de lo que nos ha quitado también nos lo ha dado. Tiempo, espacio y comunicación.
TIEMPO: disponemos de más tiempo para pasar con la familia ya que la digitalización ha simplificado mucho el trabajo y ha cambiado el concepto de distancia.
ESPACIO: hemos ganado espacios que creíamos inzanjables y podemos trabajar desde casa, viajar menos.
COMUNICACIÓN: podemos estar en contacto con personas que están lejos, emigrar sin tanto sufrimiento, enterarnos de todas las noticias, de todas las novedades científicas y culturales en tiempo real.
Este nuevo mundo nos ha dado las mismas cosas que nos ha quitado por la simple razón que las 3 cosas son en realidad neutras. Aquel que hace de esas cosas algo positivo o negativo  es el hombre que las utiliza. Aquello mismo que esta era digital te ha dado, también puede quitártelo, todo depende de como uses los elementos. Y lo mismo sucede con todas las cosas de la vida. Esta era no nos ha cambiado sino que sigue estando en nuestras manos usar las nuevas herramientas para crecer o para destruirnos, como todo en la vida. Las épocas cambian, los elementos cambian, pero el hombre sigue siendo libre para decidir si las cosas lo elevan o lo hunden.
:: Recientemente leíamos una entrevista a uno de los mejores científicos españoles, Carlos López Otín quien tristemente reconocía que “España es una sociedad sin afición por la ciencia” y a la vez tenía un sueño que nuestra sociedad sea más culta y preparada como para preocuparse por la ciencia, los valores…y el progreso. ¿Qué falla? ¿Algún día nuestros hijos querrán ser científicos en vez de salir en un programa de cantantes –por poner un ejemplo?
La ciencia hoy tiene más espacio que nunca. Es como si hubiesen abierto las ventanas de los laboratorios y la información empezó a fluir. Tras años de vivir en guetos, la ciencia se está expandiendo y paulatinamente generando un interés cada vez más creciente.
Es cierto que muchos jóvenes hoy preferirían ser youtubers o futbolistas a científicos, porque desde los hogares y desde los medios se potencia el éxito fácil. La conciencia del trabajo duro, de la disciplina, de la constancia no entran en el léxico de la era digital. Todo debe ser instantáneo generando mucha frustración y ansiedad.
Para cambiar esto necesitaríamos que toda la sociedad cambie el chip, empezando por la educación en los hogares.
Si nuestros hijos quieren ser famosos a toda costa es entonces porque la generación anterior, o sea nosotros, les hemos transmitido y alimentado con ideas de éxito erradas. Las cosas no son el resultado del azar sino que cada generación es el efecto de la causa que le ha precedido. Los programas de televisión, las ambiciones, el afán por el dinero, la belleza y la fama son cosas que desgraciadamente nuestros hijos han heredado de nosotros y hacerse responsables de la educación y de la formación que hemos dado es el primer paso para cambiar la mirada.
Antes de juzgar a los hijos hay que mirar muy bien que hemos sembrado los padres, que conceptos de éxito les transmitimos y que escala de valores han heredado. La mayoría de los hijos buscan demostrar a los padres que son validos pero a veces enviamos mensajes contradictorios y los empujamos hacia cosas de las que luego nos quejamos. La generación que hace y promueve este tipo de programas de televisión que apuntan a la frivolidad y al cotilleo es la nuestra, el producto que generamos no es muy distinto a aquello que sembramos.
Factor humano
:: ¿No es una gran contradicción una gran verdad – a mi juicio- que dices en el libro: “el hombre es homo consumers y esto lo coloca en una posición más cómoda, inactiva, a la vez que siempre insatisfecha”? Parece que tener acceso a más…nos deja más vacíos ¿?
Oscar Wilde afirmaba hace mas de 120 años que “vivimos en una época en la cual las cosas innecesarias son nuestra única necesidad.” Pareciera que en algunos aspectos, un siglo después seguimos igual. El acceso directo a casi todo ha quitado la magia de la conquista, el esfuerzo por alcanzarlo. La insatisfacción se genera a partir de buscar soluciones en las cosas materiales y no en aspectos más esenciales de lo humano. El problema está en buscar fuera lo que está dentro.
Por supuesto que vivimos en un mundo de contradicciones, por eso es tan importante desarrollar el detector de basura. La ciencia es quien ha demostrado que el homo consumers existe confirmando la existencia de los agujeros negros, espacios vacíos infinitos que no se llenan con nada. Para mi el concepto de agujero negro es el que mejor representa el vacío existencial del hombre. Esa sensación de insaciedad que nos lleva a la avaricia, a la depresión, al suicidio o a vivir vidas sin alegría. Un ser que basa su vida en el consumo siempre se sentirá más y más vacío porque la diferencia entre consumir y producir es tu acción. Cuando consumes eres un elemento pasivo que está siempre esperando a que algo le llene y cuando produces, el solo hecho de producir te hace sentir valioso, Y la gente que se siente valiosa, útil y generadora de cualquier cosa es la gente que nunca se siente vacía aunque no posea grandes cosas materiales.
:: ¿Cómo han de cambiar las escuelas para adaptarse a un mundo que viene … impredecible y cada vez más complejo?
Empezando por aceptar esto: nos dirigimos hacia un mundo nuevo y desconocido y los conocimientos que se imparten hoy no son garantía de éxito para navegar en esos mares del futuro. En algún punto muchas escuelas consideran que poniendo tablets o pizarras electrónicas ya se han abrazado al futuro. Cuando lo que se necesita es una nueva forma de pensar, de enseñar y de aprender. Hay que poner en valor lo que de verdad trasciende el aula, lo que los jóvenes puedan atesorar y aplicar a su vida. En primer grado los niños no quieren multiplicar, quieren jugar, quieren crear. Quieren ser exploradores, pioneros, astronautas. En la ESO no quieren memorizar, quieren aprender a dudar, a razonar, a emprender. Nada de esto que menciono como ejemplos se aplica en general.
Por esto creo que las escuelas deben dar información por medio de los elementos digitales vigentes, tienen la responsabilidad de capacitar a los alumnos en este mundo digital en el cual viven en vez de ponerse en contra de él. Al alumno hay que ayudarle a adaptarse a su nuevo medio y a su nueva realidad que será ésta y seguirá avanzando. El progreso no espera a nadie y si te quedas atrás debes entonces asociarte a un clan que comparta tu resistencia y viva en la precariedad como pueden ser por ejemplo las religiones que siempre están en contra de todos los progresos y viven aisladas del avance del mundo.
Y como bien decíamos antes, las escuelas deben ahora focalizar en el factor humano de sus instituciones que son los profesores que a partir de ahora deberán especializarse más en formar en valores, en dirigir la mirada, en ayudar a interpretar la realidad y amoldarse a ella y hacer de guías en esta nueva época de aprendizajes en donde el factor humano se ha quedado atrás del avance tecnológico.
La formación debe ser mucho mas completa que antes y para eso debemos de utilizar todos los elementos de los que hoy disponemos. Lo que urge avanzar hoy en día es al ser humano porque la tecnología va demasiado rápido y el hombre en cambio es lentísimo.
:: Por último…son muchas, valiosas y, en ocasiones, impactantes, las frases que usas en el libro. Por favor, elígenos 3 para dejar con la miel en los labios a los lectores de Sintetia :)
“En esta nueva era mejor que querer ser importante es hacer cosas que importen”.
“Lo más rebelde es pensar por uno mismo.” Peter Thiel
“Creo que es posible para la gente normal elegir ser extraordinaria”. Elon Musk

Fuente: http://www.sintetia.com/andy-stalman-factor-humano-profesores-tablets/

sábado, 5 de marzo de 2016

Universidad y calidad: el caso de España


Una gestión burocrática redundante y perversa consume un tiempo precioso de los investigadores y despilfarra recursos necesarios

“Gastamos cada vez más horas del día discutiendo, analizando y ponderando lo que hacemos, y cada vez menos horas haciendo lo que tenemos que hacer”.

El pasado 16 de febrero, el diario EL PAÍS anunciaba que la conferencia de rectores había encargado un informe sobre la situación de la universidad española al Dr. Guy Haug, uno de los “padres” del llamado “proceso de Bolonia” en su condición de alto responsable de la Unión Europea para la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Es una buena noticia porque confirma que hay conciencia de que el sistema universitario tiene serios problemas y porque el designado lleva algún tiempo advirtiendo de los mismos. Cabe recordar que desde el inicio de la implantación del EEES, hace ya más de un lustro, toda la gestión académica universitaria está comprometida con la búsqueda de la calidad de sus procesos administrativos y del nivel de resultados formativos de sus títulos. En atención a ese compromiso, se han promovido varios organismos (ANECA), métodos (el sistema de acreditación de títulos) y prácticas (la realización de informes anuales, semestrales o mensuales) cuyo  fin básico consiste en garantizar esos niveles cualitativos estimados como deseables.

La divergencia de interpretación sobre lo que es la “calidad” conlleva muchos desajustes en su aplicación práctica en la vida universitaria. No en vano, una poderosa corriente ha llegado a entenderla como mera cobertura formal para exigir una reglamentación estricta y homogénea de todo su funcionamiento, medida casi exclusivamente en términos de cantidad (resultados numéricos, índices de productividad cuantitativa, niveles de magnitudes burocráticas expresadas en actas, memorias, informes, reglamentos, balances, protocolos, diagnósticos, etc.). En particular, me atrevo a afirmar que ésta ha sido la interpretación dominante que la “cultura de la calidad” ha adquirido en la vida universitaria española, al amparo oportunista de la implantación del EEES. En aras de esa errónea interpretación, la búsqueda de la calidad se ha manifestado bajo un formato mecánico y cuantitativo cuyo resultado final, hoy claramente visible, ha sido una inflación enorme de la carga administrativa de gestión burocrática exigida a los profesores y profesionales de la universidad española.
Sin embargo, la aplicación efectiva de ese compromiso tropieza con notables divergencias a la hora de entender el significado de la “calidad” anhelada. Extrañamente, no todos suscriben que hay que entender lo que dicho concepto significa desde Aristóteles: un atributo de las cosas (junto con el paralelo pero diferente atributo de la cantidad) que alude a su capacidad para cumplir sus funciones y realizar sus cometidos de manera diferenciada (“mejor, regular o peor”). Por eso mismo, quien dice “calidad” con mínima pertinencia hace mención de una característica de las cosas que exige ponderar, a tono con un parámetro de medida, el grado valorativo de consecución de sus fines propios: desde una mínima calidad (un servicio administrativo que funciona deficientemente; un ordenador portátil que opera mal) hasta un máximo de excelencia cualitativa (un servicio administrativo eficiente al máximo rendimiento; un ordenador portátil que no falla en sus prestaciones).
Podría parecer que lo que precede es mera impresión personal de un profesor universitario que ha tenido ocasión de experimentar en primera línea este proceso. Pero no lo es porque un mero repaso a la literatura disponible permite apreciar que esa impresión está corroborada por varios analistas del fenómeno de primera categoría académica.
Uno de ellos ha sido precisamente el Dr. Guy Haug, que formó parte de un equipo de expertos (con el Dr. Pello Salaburu, exrector de la Universidad del País Vasco; y el Dr. José-Ginés Mora, profesor del Institute of Education de la Universidad de Londres) que publicó en 2011 el informe España y el proceso de Boloniaencargado por la Academia Europea de Ciencias y Artes. Ya entonces, ese equipo alertaba sobre un problema ahora desbocado: “La burocratización que caracteriza el camino hacia el EEES en España es el resultado de una mala interpretación y una deficiente aplicación de los principios del proceso de Bolonia”. Y añadía: “Este comentario es pertinente también con la burocracia casi sin límite que se ha instalado sobre el proceso de aprobación de los nuevos planes de estudio a través de ANECA y el Ministerio correspondiente”.
La búsqueda de la calidad se manifiesta bajo un formato mecánico y cuantitativo cuyo resultado final es una inflación enorme de la carga administrativa
Ese diagnóstico no es el único existente, aunque probablemente sea uno de los más tempranos e informados. Tres años más tarde, apuntaba esa misma crítica otro experto, el Dr. Ricardo Chiva, economista especializado en gestión de sistemas complejos de la Universidad Jaume I: “¿es este el modelo organizativo deseable para la universidad española? ¿A qué nos lleva incrementar sin límites las normas, el control y la burocracia en la universidad?" (EL PAÍS, 11 de noviembre de 2014). Y apenas seis meses después, un solvente reportaje del periodista Héctor G. Barnés reiteraba igualmente una verdad incómoda pero innegable: “Los académicos se pasan cada vez menos tiempo pensando, leyendo y escribiendo y más tiempo rellenando formularios”. Incluso se atrevía a cuantificar (aquí sí procede el verbo) el impacto de ese proceso para la salud intelectual de la universidad: “hasta el 25%” del tiempo laboral de un profesor se dedica a novedosas labores burocráticas, con el efecto de imposibilitar “que dedique su tiempo a asuntos más productivos como la investigación y la preparación de las clases” (El Confidencial, 29 de mayo de 2015).
No se trata de juicios pesimistas de escépticos conservadores españoles que temen la renovación universitaria en curso y desconocen el panorama europeo. No todos los autores son españoles, si bien son todos reputados especialistas en la materia. Y uno de ellos es nada menos que “el padre” del proceso Bolonia. Por si fuera poco, su diagnóstico ha sido revalidado por otra experta en materia educativa superior, la Dr. Eliane Glaser (Universidad de Londres), en un difundido artículo publicado en una de las más prestigiosas revistas especializadas del mundo (The Times Higher Education, 21 de mayo de 2015). A su juicio, bajo la cobertura espuria de la “búsqueda de la calidad”, los sistemas universitarios continentales están sufriendo una grave inflación burocrática, cuyo efecto es la pérdida de calidad de la investigación y la docencia: “Gastamos cada vez más horas del día discutiendo, analizando y ponderando lo que hacemos, y cada vez menos horas haciendo lo que tenemos que hacer”.
En efecto, la meta de la calidad está siendo imposibilitada por los perversos procesos de gestión burocrática implantados, que consumen tiempo precioso, despilfarran recursos humanos y materiales no tan abundantes y reportan beneficios y provechos harto discutibles cuando no superfluos o simplemente estériles. No en vano, como todos los profesores universitarios saben por experiencia propia, no tiene ningún sentido que, por ejemplo, un físico nuclear, un latinista, un ingeniero agrónomo, un iusinternacionalista, un medievalista o un bioquímico dediquen buena parte de su tiempo laboral, su atención intelectual y su dedicación académica al estudio, comprensión y ejecución de complejos trámites administrativos y procesos de gestión burocrática que, necesariamente, irán en detrimento de su tiempo, atención y dedicación a sus disciplinas científico-técnicas, que constituyen su razón de ser como profesores universitarios comprometidos con el avance de la investigación y la mejora de la educación.
Por eso mismo, una desviación de funciones de esa naturaleza de los recursos humanos y capacidades profesionales no contribuye en absoluto al logro de la excelencia cualitativa académica, sino que rebaja y debilita ese objetivo imposible bajo esos principios operativos. Y basta como demostración el hecho de que tal situación no es la que predomina como práctica habitual en las mejores universidades europeas e internacionales. Así lo apuntaban ya en 2011 el equipo formado por Salaburu, Mora y Haug: “No conocemos ninguna universidad de referencia del mundo que haga nada parecido”.
Todavía más. Esa desviación y perversión de funciones y capacidades científico-técnicas está en franca oposición y abierta contradicción con los principios generales reguladores de la práctica administrativa en el seno de la Unión Europea, incluyendo sus instituciones de educación superior. No en vano, cabe recordar que otra vez en junio de 2015 un informe del Parlamento Europeo (referencia PE 519.224) ha subrayado la ineludible necesidad de adaptar toda la gestión burocrática en la UE a varias directrices rectoras supremas de las cuales cabe destacar dos: el principio general de “buen gobierno” y el principio general de “transparencia”.
Una práctica de “buen gobierno” establece el imperativo de procurar siempre la máxima simplificación de trámites
A tenor del primero, la exigencia de una práctica de “buen gobierno” (como cautela contra la mala, lenta o redundante administración) establece el imperativo de procurar siempre la máxima simplificación de trámites administrativos y burocráticos, para lograr la mayor eficiencia y el pertinente ahorro de costes, esfuerzos y tiempos. En otras palabras, como dirían nuestros clásicos conceptistas: “(en gestión) lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Se trata, por tanto, de una salvaguardia contra los excesos recurrentes de demandas burocráticas descoordinadas, que redundan en papeleo interminable y abuso de petición de informes reiterados, que incumplen flagrantemente ese principio general omnivalente. Y en la universidad ahora sabemos mucho de esto. Por ejemplo y poniendo un caso personalmente sufrido: en el plazo temporal de un año natural (de diciembre de 2014 a diciembre de 2015), el Grado de Historia de la Universidad de Extremadura ha tenido que cumplimentar tres informes consecutivos para la misma institución supervisora (la ANECA) que trataban de los mismos procesos y realidades y consumieron ingente cantidad de tiempo, esfuerzo y dedicación: el llamado “Auto-Informe de seguimiento Monitor” (para comprobar la situación del título cada dos/tres años); el “Informe Anual del Título” (para comprobar la situación del mismo en el curso académico terminado) y el “Auto-Informe de Acreditación” (para comprobar, otra vez, la situación del título a los cinco/seis años de su implantación). ¿Cabría pensar en una organización privada que hiciera un uso tan estéril y despilfarrador de su personal y recursos sin que nadie fuera llamado a rendir cuentas de tamaño despropósito?
A tenor del segundo principio, la exigencia de transparencia en la administración pública (como cautela contra el secretismo, la ignorancia normativa y la arbitrariedad de gestión) establece el imperativo de aspirar siempre al máximo grado de publicidad leal y conocimiento bien informado, asegurando así que los procesos de gestión sean claros, sencillos, eficaces y faltos de ambigüedad y reduplicaciones. Y cabe dudar que ésa sea la realidad efectiva de la nueva gestión universitaria auspiciada por esa falsa concepción de la calidad que sólo contempla cantidad de papeles, volumen numérico de informes, cifras redondas de resultados y medidas de tiempo (en horas) involucradas en los procesos. A este respecto, cabe subrayar la violación flagrante de ese principio realizado en los mencionados procesos de evaluación de títulos correspondientes a los programas Monitor y de Acreditación ya mencionados (por no hablar del “Informe Anual” preceptivo), cuyos formatos, dimensiones, exigencias y demandas fueron cambiando a lo largo del tiempo y sin respeto alguno al principio de seguridad jurídica (no ya de transparencia). Se trata, una vez más, del peligro apuntado por el equipo formado por Salaburu, Ginés-Mora y Haug y bien formulado por la Dra. Glaser: “La burocratización es el producto de edictos que van de arriba abajo” y que “ofrece la quimera de una absoluta transparencia, consistencia y equidad” a la par que viola esos objetivos con su “restricción de la autonomía” operativa de los centros y profesores y con su abusiva carga de tareas burocráticas mayormente replicativas.
En definitiva, ya es hora de que los responsables públicos de nuestra educación y de nuestra universidad tomen conciencia del grave problema y procedan a remediarlo en la medida de sus posibilidades. Pueden estar seguros de que la vasta mayoría del profesorado universitario, y sus disciplinas científicas y tecnológicas, agradecerán la decisión. De otro modo, adiós a la calidad de la universidad española para muchos años.
Enrique Moradiellos es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/02/opinion/1456935828_098450.html