Juan J. Molina

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sábado, 4 de noviembre de 2017

Gabriel Colomé: "Cuanto más bienestar vuelva, habrá menos Podemos y menos independentismo"

Los jueces determinarán si los líderes independentistas cometieron rebelión, sedición u otros delitos. Pero en el terreno de la ciencia política las cosas están más claras: la estrategia y las tácticas utilizadas desde 2012 responden a una vía, la de la insurgencia, entendida como “levantamiento contra la autoridad”.
Eso es lo que defiende Gabriel Colomé (Barcelona, 1955), profesor titular de Ciencia Política de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y columnista de El Confidencial, exconcejal y expresidente del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de la capital catalana (2011-2015) y jefe de campaña de Meritxell Batet, cabeza de lista del PSC en las generales de 2016. Plasma sus planteamientos en su último libro, ‘La Cataluña insurgente’ (Carena, 2017), un sugerente y sintético ensayo en el que describe las raíces del movimiento independentista. Cómo la sentencia del Estatut originó el torbellino de la insurgencia, cómo la llegada de Artur Mas al poder y las elecciones autonómicas de 2012 supusieron la implosión del sistema político catalán construido desde la Transición, cómo los secesionistas han construido el relato de una Cataluña movilizada y ansiosa de libertad se enfrenta pacíficamente a una España de “baja calidad democrática”, cómo se ha optado por la “desobediencia” frente a la legalidad española. Cómo Cataluña se ha convertido en el “laboratorio del populismo posverdadero”.

Colomé, director y creador del Centre d’Estudis d’Opinió (2005-2011), el CIS catalán, atiende a este diario telefónicamente desde Barcelona en plena conmoción por el encarcelamiento del ‘exvicepresident’ Oriol Junqueras y otros siete ‘exconsellers’ y la orden de detención de Carles Puigdemont y a 48 días de las autonómicas del 21 de diciembre. El martes, Miquel Iceta, líder del PSC, presentará su libro en la capital catalana.
PREGUNTA. ¿Por qué este libro y por qué ahora?
RESPUESTA. 'La Cataluña insurgente' es una reflexión de la década y de los últimos cinco años. Una reflexión de por qué hemos llegado hasta aquí, cómo es posible que una sociedad culta, cosmopolita, como la catalana llega a estos niveles de emoción, de entrar en una especie de óptica religiosa. No pretende tanto explicar Cataluña a los catalanes, sino explicar Cataluña a España, porque tendremos que ser capaces de volver al consenso constitucional.
P. ¿Y cómo hemos llegado hasta aquí?
R. Aquí hay dos responsables. Uno, histórico, es el PP, por su postura con el Estatut. Pero culpar solo al PP del desaguisado es totalmente incorrecto. El otro responsable es Artur Mas. Él es el culpable de la destrucción del sistema político catalán. En 2012, pensó movilizar a su favor la manifestación de la Diada y disolvió el Parlament. Bajó de 62 a 50 escaños. Fue una derrota moral, pero en lugar de autocrítica hubo huida hacia delante. Él pensó que las urnas y la coalición con ERC le llevaría a otros espacios políticos.
Cucata
Mas intentó dinamitar al PSC. Su primer ataque se dirige a destruir uno de los dos pilares sobre los que se había cimentado el sistema político catalán [PSC y CiU], convencido de que así fortalecía el suyo. Pero el suyo, CiU, quedó totalmente destruido y el otro, el PSC, debilitado. Ha sido ERC quien ha capitalizado ese viaje, porque es el original.
P. ¿Pero por qué esa sociedad culta y cosmopolita, como decía, se ha sumergido en ese mundo casi religioso?
R. Es que hay otro factor también, que es la crisis económica de 2008, igual de profunda que la de 1929 y con efectos parecidos, como el ascenso del populismo, pero no tan nocivos y tan destructivos como los que se padecieron en aquel momento: hoy hay redes de seguridad construidas, como el Estado del bienestar, la consolidación del Estado democrático… que impiden que los populismos de todo pelaje puedan destruir al sistema. ¿Qué tienen en común [Donald] Trump, el 'procés' y Pablo Iglesias? La crisis de 2008 y que representan el populismo y la posverdad. El 'procés' es la válvula de escape en plena crisis para los que sienten malestar con la democracia, que en lugar de salir a espacios de extrema izquierda o extrema derecha, se aferran a la idea de la independencia y la república, como un espacio de mejora frente al lastre que para ellos supone España.
P. Usted defiende en su libro que el independentismo es puro populismo.
R. Sí, Cataluña ha sido el gran laboratorio de populismo posverdadero. "Derecho a decidir", "democracia", "referéndum", "verdad", "presos políticos"… Pero ahora ya no estamos en crisis, y esto se acaba. Cuanto más bienestar vuelva, habrá menos Podemos y menos independentismo.
P. En el último barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) hasta el 40,2% desea que Cataluña se convierta en un Estado independiente. En julio de 2006 era el 14% y el punto más alto se alcanzó en noviembre de 2013, con el 48,5%...
R. Sí… ¿Y por qué se llega a este estadio y es tan difícil de contrarrestar el independentismo? La investigadora francesa Annie Kriegel escribió en los años setenta un libro sobre el Partido Comunista ['Los comunistas franceses. Ensayo de etnografía política'], y no lo analiza con los parámetros clásicos de la ciencia política, sino que que lo compara con una iglesia y una religión. Si pensáramos en el 'procés' con esta lógica, toda la construcción del relato se basa sobre esta idea: es una iglesia, es una religión, es una fe, son creyentes… Y es muy difícil combatir con argumentos racionales a quienes son creyentes. Por eso tienen un espacio tan blindado y tan impermeable al exterior.
Por tanto, se ha llegado aquí por la crisis. Cuando fluye la riqueza, los radicalismos tienen poco futuro, pero si estás en una crisis profunda en la que hay paro y no hay futuro, en la que hay desasosiego, malestar, desafección, sobre todo en un segmento importante que son jóvenes, y dices que no estamos bien por culpa de España, que es quien nos roba, que hay un déficit fiscal, que seguiremos en el euro… Todo un argumentario que son palabras de niño Jesús. Los que aplican criterios de racionalidad, según su óptica, no valen, aplican el discurso del miedo.
P. ¿Y cómo se sale de ahí?
R. En lugar de entrar en bucle, debemos buscar espacios de salida. [El político liberal canadiense] Stéphane Dion estuvo en Barcelona y nos dijo tres cosas que nos impactaron. Uno, "no negocien jamás con los independentistas". Un independentista solo quiere una cosa que no se le puede dar, la independencia. Dos, "piensen en las causas por las que ha crecido el independentismo y búsquenles una solución". Buena parte del independentismo es económico, se debe a la percepción de agravio comparativo, de maltrato. Tres, "jamás, jamás permitan un referéndum, no abran esa puerta". Si se abre, nos decía, no es cierto que vaya a haber un solo referéndum y ya está. Lo habrá cada poco tiempo, como sucedió en Canadá [1980 y 1995] o en Escocia [tras el Brexit, los secesionistas plantearon una nueva consulta, que aparcaron tras su batacazo en las legislativas de este año], hasta que consigan ganarlo, y ninguna sociedad se puede permitir estar en tensión permanente. Hay que buscar otros mecanismos de integración, no el referéndum.
La única salida, por tanto, es reformar la Constitución, ni más ni menos, y acabar con la coletilla de 'régimen de 1978', como si fuera algo malvado o dañino.
P. ¿Qué efecto cree que tendrá la prisión para medio Govern depuesto? ¿No excitará aún más al independentismo?
R. Servirá para cohesionar ese espacio, que salió bastante tocado tras lo sucedido el 26 y 27 de octubre [las vacilaciones de Carles Puigdemont la posterior declaración unilateral de independencia en el Parlament]. Genera un efecto balsámico porque los cohesiona y los unifica de nuevo. Pero se tiene que ver si eso cuaja en una coalición, en una lista única, porque eso cambia bastante el panorama, ya que al no haber una ley electoral propia en Cataluña se prima bastante al ganador [en las de 2015, el desajuste fue de 9 escaños a favor de Junts pel Sí]. Y si se repite, JxSí, o como la llamen, tendría a un candidato en la cárcel, Oriol Junqueras, y a otro en el exilio. Y si van por separado, habrá que ver cómo capitaliza ERC que tenga su líder en prisión. Además, tendría que enfrentarse con Puigdemont y sería más complicado, porque sea una tensión emocional en el independentismo, la duda de a quién vota. Son factores que no sabremos cómo influirán en el resultado electoral. Saldremos de dudas el martes [cuando se registren las coaliciones].
P. La novedad se halla también en el bloque constitucionalista.
R. Sí, porque por primera vez los no independentistas se han manifestado. La bandera española ha dejado de ser la enseña franquista para convertirse en la constitucional, y eso no había pasado jamás. Esa gente que salió a las calles de Barcelona el 8 y el 29 de octubre sabe que se la juegan, y saldrá a votar en masa. Estos no van a fallar, y ayuda que sea un día laborable.
R. Cierto. Si fuéramos muy optimistas pensaríamos que vamos a una movilización del 80-85%, pero eso una barbaridad. Si se repite el porcentaje de 2015 será interesante ver cuál de los dos bloques ha ido más a las urnas. El bloque constitucionalista sabe que se la juega y en el otro no sabemos qué desgaste ha tenido el 'procés' en el espacio moderado. También será interesante ver si crece el voto en blanco o no. Hay factores que inducen a pensar que la participación será muy alta, porque habrá mucha polarización.
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P. Pero si eso sucede, ¿no sufren más las posiciones templadas como la del PSC o incluso los 'comuns', y se benefician el bloque independentista y Ciudadanos?
R. Es posible, pero en función de cómo se produzca esa polarización, los votantes moderados pueden acudir a un voto refugio. Si los moderados meten la cuña, pueden pasar mucha cosas diferentes.
P. Pero en un escenario polarizado, la moderación no encuentra hueco.
R. Depende. La polarización puede favorecer a los otros. En las de elecciones vascas de 2001, fue tan brutal el ataque contra el PNV por parte de PP y PSE que se pasaron de frenada y produjo un 'efecto bumerán'. Consiguieron que mucha gente votara al PNV. Cuando hay un enfrentamiento muy fuerte, la tercera opción puede ser un refugio para los que no quieren elegir entre blanco o negro. Pero todo depende de si hay o no, por ejemplo, más episodios de emotividad en las semanas que faltan hasta el 21-D. Imaginemos una detención de Puigdemont en plena campaña. Y los independentistas son profesionales en esto. Los otros no, porque no son un bloque homogéneo y están enfrentados ideológicamente. A un lado hay relato. Al otro, no.
El politólogo y exconcejal en Barcelona del PSC Gabriel Colomé. (Cedida)
El politólogo y exconcejal en Barcelona del PSC Gabriel Colomé. (Cedida)
P. Justo ese ha sido uno de los éxitos del independentismo. Y una hoja de ruta pensada y trazada. ¿No cree que sus contrarios han ido siempre a remolque?
R. Mucha parte de su estrategia estaba escrita. Empezaron hablando del derecho a decidir para no hablar de autodeterminación. Luego se apropiaron del concepto 'democracia'. Luego expandieron la idea de 'referéndum'. El 1-O, todo el mundo hablaba de 'referéndum', hasta Mariano Rajoy. Los independentistas han logrado marcar la agenda y el lenguaje, los temas, el tempo político y el resto ha ido a remolque. Nunca el otro lado ha conseguido marcar el tempo político al independentismo. Lo único que les dejó descolocados fue la convocatoria de elecciones para el 21-D. Pensaban en un escenario del 155 más tremendo del que fue.
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P. ¿El Estado ha utilizado bien sus armas?
R. Una de las imágenes que buscaron los independentistas desde el primer minuto fue la de las cargas y la policía quitando urnas. Imágenes que el Gobierno les regaló. Y fueron una barbaridad. La imagen que se envió fue terrible e innecesaria.
P. ¿No cree que funcione la estrategia de internacionalización del conflicto?
R. No. La UE lo tiene muy claro, y fuera de la UE, también.
P. ¿Han faltado argumentos o sentimientos para combatir el separatismo?
R. Argumentos se han utilizado por activa y por pasiva, pero es muy difícil luchar contra sentimientos aplicando la racionalidad. Porque desde este lado no tienes un proyecto apasionante. Lo otro es la república, el paraíso perdido. Aquí hablas de la Justicia y de la ley, cuando una parte del trabajo es de la política. El silencio del Gobierno de Rajoy es causante de muchas cosas.

P. Dice en su libro que la sentencia del Estatut, de 2010, es el arranque del camino insurgente. ¿Se ha mitificado en exceso aquel fallo?
R. El Estatut era intocable una vez votado en referéndum. Es verdad que la sentencia nadie se la ha leído. Pero en política la percepción es la realidad. Y la percepción fue que se había roto el pacto de 1978. Ahí empezó todo. Y ya estábamos en crisis, era el fin del tripartito, CiU olía a sangre e iba a ganar las siguientes elecciones…
P. ¿Qué errores cometió a su juicio el PSC?
R. El PSC tenía la posición más complicada, porque tiene las dos culturas, como la propia Cataluña. El alma catalanista de izquierdas y la obrerista. Cuando se le obliga a elegir, entra en la crisis. La primera reacción de Pere Navarro [primer secretario de 2011 a 2014] cuando estalló la cuestión identitaria fue la de que debíamos abstenernos siempre, porque no era la batalla del PSC. Y, visto con perspectiva, no era ninguna tontería. Claro que lo que no podía pensar Mas es que lo que acabaría destruyendo es lo que parecía indestructible, CiU. Yo suelo decir que alguien debería recordar que solo Ulises llegó a la isla, a Ítaca. Puestos a escoger un héroe, mejor el troyano Eneas, que fue el padre de Roma.
P. ¿Y quién es el Ulises del independentismo?
R. No lo hay. La épica se ha finiquitado. La épica se acabó tras el 27 de octubre. Pasan de la revolución de las sonrisas a la revolución.
P. Pero puede ocurrir que el 21-D el independentismo revalide su mayoría absoluta en escaños y vuelva sobre sus pasos.
R. No es lo mismo una coalición compactada y un añadido que es la CUP, a un escenario con tres partidos soberanistas, porque los partidos toman sus decisiones y no es tan evidente que funcionen como un bloque. Ahora sí había un bloque. Si van por separado, los partidos tienen dinámicas diferentes y las mecánicas cambian.
La ép
P. ¿Pero de verdad cree que se ha consumido la épica? El secesionismo habla de "libertad", de "presos políticos", de lucha contra la "represión"…
R. Ellos la van a intentar mantener, pero que sea en realidad épica… Lo de "presos políticos", lo que dice Puigdemont de que no vuelve porque no hay "garantías"... es alimento para sus creyentes. Si aplicáramos la historia de la Revolución Francesa a Cataluña, resultaría que el discurso del Rey, la salida de empresas y las dos manifestiones unionistas son Thermidor, la reacción después de la época del Terror. Los que estaban callados han dicho 'basta'. Eso es lo que nunca habíamos visto. Es la gran diferencia. Se ha roto la 'espiral del silencio' [sobre la que teorizó la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann: "Los que confían en la victoria se pronuncian y los perdedores tienden a callarse"].
P. ¿Se plegó el PSC a esa opinión dominante?
R. Es que ellos ganaron en todos los medios, jugaron muy fuerte para fijar la posición dominante. Y eso ha sido muy complicado romper hasta las manifestaciones del 8 y 29 de octubre, cuando todo el mundo se quitó los complejos.
Manifestación por la unidad de España, el pasado 29 de octubre en Barcelona. (Reuters)
Manifestación por la unidad de España, el pasado 29 de octubre en Barcelona. (Reuters)
P. ¿Las dimisiones del alcalde de Terrassa, Jordi Ballart, y de parte de sus concejales, y la marcha de la ejecutiva federal de Núria Parlon son síntoma de una segunda crisis en el PSC?
R. No, no es sintomático. Ballart ya estaba en contra del 155 y anunció que se iría. Los alcaldes viven situaciones muy complicadas en sus territorios. Quizá haya más casos de dimisiones, pero hay que tener en cuenta la presión brutal de ERC para que los socialistas rompan su carné, porque son socialistas indignos. Es muy duro vivir rodeado de un 'Fort Apache'. El PSC, pese a todo, sigue siendo bastante plural, con sus dos culturas. Son menos y se han hecho más pequeños, con las caras más famosas [Marina Geli, Quim Nadal, Montse Tura...] fuera del partido.
P. ¿La "ambigüedad" que el PSC achaca a Ada Colau y a los 'comuns' les puede pasar factura?
R. La alcaldesa de Barcelona tiene un problema interno: que tiene a un 55% de sus bases contrarias a la secesión, por un 30% favorable. Por eso se entiende su ambigüedad. Pero cuando hay polarización, puedes pagarlo. Ayer [por el jueves] hizo unas declaraciones en las que asumía las posiciones de los soberanistas, al reconocer al Govern "legítimo". Se posicionó con ese 30%.
La ban
P. ¿Y este conflicto cómo se arregla? ¿No llega la reforma constitucional tarde?
R. La reforma llega cuando toca, cuando se cumplen 40 años de la Constitución de 1978. Ahora digamos a los neoindependentistas que se sumen a ella, que la independencia no es posible pero todo lo demás es discutible, y consigamos un consenso que aúne al 80% de los catalanes. Podemos vivir con un 20% de independentismo estructural, como ocurre en Quebec o en Escocia. Lo que no se puede aceptar es la secesión. Eso es lo que deben entender, que fuera de la Constitución no hay nada.
P. ¿Y la concepción de la España plurinacional que defiende el PSC puede ser parte de la solución o es una salida ingenua?
R. ¿Alguien se acuerda cuando perdió España su S? Isabel II era aún reina de las Españas. No voy a ser tan audaz como para pedir que vuelva la S, pero sí para que regrese el espíritu de la S. Rajoy no entiende que España no fue la primera nación del mundo moderno, pero sí el primer Estado, y fue copiado por el resto. El Imperio era impresionante para los medios que se tenían. Siempre hemos sido una España confederal en el fondo, mentalmente, y se ha entendido siempre. Una cosa es la unión, la unión de iguales, y otra la unidad, que significa uno por encima de los otros. España tiene que volver a la unión.
Fuente:https://www.elconfidencial.com/espana/2017-11-04/independencia-cataluna-entrevista-gabriel-colome-psc-libro-bienestar-podemos-independentismo_1472245/ 

sábado, 28 de octubre de 2017

El efecto dotación

Posted: 16 Oct 2017 04:35 PM PDT
Según el informe científico de la Fundación NobelRichard H. Thaler ha sido galardonado con el Nobel 2017 por sus contribuciones en tres líneas de investigación:
—por una parte, la que muestra que las desviaciones respecto al comportamiento racional ideal determinan sistemáticamente las decisiones económicas;
—por otra, la relacionada con los problemas de autocontrol que impiden que los agentes lleven a cabo sus planes, incluso cuando pueden calcularlos,
—y, finalmente, la que muestra que las preferencias sociales y las cuestiones relacionadas con la justicia son esenciales en la toma de decisiones económicas.
Seguidamente, se aborda la primera línea, que incluye el efecto dotación y la contabilidad mental, y que, como toda la denominada “economía del comportamiento”, se sitúa en un mundo racional, pero real (no ideal), mundo en el que, por decirlo con las palabras del Nobel Herbert Simon, hay “racionalidad” pero está “limitada”.

El efecto dotación

En sus clases, y vinculadas a su tesis doctoral sobre “el valor de una vida”, Thaler planteó dos versiones de una pregunta. Una se basaba en la “disposición a pagar” (A) y la otra en la “disposición a aceptar” (B):
  1. “Suponga que por asistir a esta clase se ha expuesto a una enfermedad rara y mortal, y que, si la contrae, en algún momento de la semana que viene tendrá una muerte rápida e indolora. Las probabilidades de contraerla son de uno por 1.000. Por otra parte, tenemos una única dosis del antídoto, que venderemos al mejor postor, cuya administración reduce a cero el riesgo de muerte. ¿Cuánto estaría dispuesto a pagar por el antídoto? (Si anda justo de efectivo, se le prestaría el dinero necesario al cero por ciento de interés y reembolsable a treinta años)”
  2. “Investigadores del hospital de la universidad están llevando a cabo un estudio sobre una enfermedad rara, y necesitan voluntarios dispuestos a permanecer en una habitación durante cinco minutos y exponerse al mismo riesgo del 1 por 1.000 de contraer la enfermedad y morir rápidamente y sin dolor la próxima semana. No se dispone de ningún antídoto. ¿Cuál es la cantidad mínima de dinero que pediría para participar en este estudio)”
Lo esperable según la teoría económica estándar es que las respuestas fueran “idénticas” o, en todo caso, “casi iguales”. Sin embargo, “las respuestas distaban de ser similares… Los participantes no pagarían más de 2.000 dólares en la versión A, pero no aceptarían menos de 500.000 dólares en la versión B. De hecho, muchos de los participantes afirmaron categóricamente que no participarían en el estudio a ningún precio”. Dado que “los datos eran desconcertantes”, se los mostró a su director de tesis (Sherwin Rosen), quien “me aconsejó que dejase de perder el tiempo y reanudase el trabajo de mi tesis”. Pero Thaler “ya estaba enganchado” y quería descubrir lo que estaba pasando. A su juicio, lo que estaba pasando es que, a diferencia de los “Econos” (el homo economicus en su terminología), los “humanos” (homo sapiens, gente normal) tenemos el “corazón partío” entre lo que tenemos y lo que no tenemos: “por pura casualidad, había hecho un hallazgo que sugería que la gente valora más las cosas que ya forman parte de su dote que las cosas que podrían pasar a formar parte de ella, disponibles, pero aún no adquiridas”. “Decidí llamarlo ‘efecto dotación’, ya que en la jerga de los economistas las cosas que ya tienes son parte de tu dote”.
Había encontrado algo nuevo, pero, de momento, no tenía teoría en la que anclarlo. Y el anclaje teórico definitivo vino con el artículo de Kahneman y Tversky de 1979, en Econometrica, en el que analizaban las decisiones en un entorno de riesgo, en clave de lo que denominaron la “teoría de las perspectivas”. En este artículo había “un gráfico asombroso”, el de “la ‘función de valor’, que también era un gran cambio conceptual en el pensamiento económico, y el verdadero motor de esta nueva teoría”.


“A grandes rasgos, puede decirse que las pérdidas duelen aproximadamente el doble de lo que satisfacen las ganancias, y ésta es una caracterización de la función del valor que me dejó totalmente boquiabierto la primera vez que reparé en ella: allí mismo, en aquel gráfico, estaba representado el efecto dotación”. Efectivamente, aunque la probabilidad era la misma en ambas versiones, en la A se pasaba de una posible enfermedad a una segura curación (se ganaba) y en la B se pasaba de una salud segura a una posible enfermedad (se perdía). Y como las pérdidas no se compensan con las ganancias, sino que “duelen más”, resulta que lo propio es que en encuestas como ésta los humanos, como diría Antonio Machín, “quieran dos cantidades de dinero a la vez y no estén locos” (sigan siendo racionales).
En síntesis, lo que era inexplicable (una ”anomalía”) para el enfoque económico estándar se explicaba con el enfoque de la economía del comportamiento, y este hallazgo de Thaler (publicado en 1980 con el título de “Toward a Positive Theory of Consumer Choice” en el Journal of Economic Behavior and Organization) permite explicar hechos tales como el empecinamiento de las empresas de las tarjetas de crédito en cambiar lo que era malo para las tarjetas (el sobreprecio que se cobraba por su uso) por algo que era bueno para los que pagaban en efectivo (un descuento). Con ese cambio (de forma, que no de contenido), el uso de las tarjetas dejó de asociarse a una pérdida y, consecuentemente, por así decirlo, paso a “doler menos”, con lo que se usaron más.

La contabilidad mental

De acuerdo con lo que señala en su autobiografía intelectual de 2015 (traducida al español con el título de “Todo lo que he aprendido con la psicología económica”), la “contabilidad mental” se relaciona con “la forma en la que la gente ve el dinero”. Como en el caso anterior, comenzamos por las preguntas de la encuesta, que fue “realizada a dos grupos de estudiantes de un máster en Administración de Empresas, bebedores habituales de cerveza”. (En este caso las pocas diferencias existentes entre ambas versiones se señalan entre paréntesis, con las letras A y B, en un texto único).
“Suponga que está tumbado en la playa con sus amigos en un día de mucho calor, y que para beber sólo tiene agua. Durante la última hora ha estado pensando en lo que le encantaría poder disfrutar de una buena botella bien fría de su marca favorita de cerveza. En un determinado momento, uno de sus amigos se levanta para hablar por teléfono y ofrece traer cervezas del único punto de venta cercano (A: un hotel de cinco estrellas. B: una tienda de comestibles pequeña y desvencijada). Antes de irse, su amigo le dice que puede que la cerveza sea cara y le pregunta cuánto estaría dispuesto a pagar por una botella, puesto que sólo la compraría si costase lo que usted le dijera o menos, pero no si costara más. Le consta que su amigo es siempre sincero, y no hay ninguna posibilidad de regatear el precio con el (A: camarero. B: dueño de la tienda). ¿Qué precio le diría a su amigo?”


En toda esta historia (publicada en 1985 en Marketing Science con el título de “Mental Accounting and Consumer Choice”) hay un “punto crucial”: “el acto de consumo es idéntico en las dos situaciones posibles, es decir, el encuestado satisface su deseo de tomarse una botella de su marca favorita tumbado en la playa” y, además, “nunca entra en, ni ve siquiera, el establecimiento en el que se ha comprado la cerveza y por lo tanto no se ve influido positiva o negativamente por el entorno de compra”. Pues bien, en estas condiciones “resulta que la gente está dispuesta a pagar más por la cerveza si se compra en el hotel” (7,25 dólares en el hotel y 4,10 dólares en la tienda).
De nuevo, nos encontramos con un resultado que es inexplicable (“anómalo”) en clave de la visión económica estándar. Thaler lo explica introduciendo un nuevo concepto: el de la “utilidad de la transacción”, que se combina con el que se aplica en estos casos en la visión estándar (el del excedente del consumidor, al que Thaler denomina “utilidad de la adquisición”). La novedad está, pues, en la “utilidad de la transacción”, una cosa que no incluyen los Econos (“Los Econos no experimentan esta utilidad de la transacción”). La utilidad de la transacción “se define como la diferencia entre el precio esperado de compra, esto es, el precio de referencia, y el precio final al que se acaba comprando un producto”.
Aplicando este nuevo concepto al caso que nos ocupa, resulta que la “mente” de los estudiantes encuestados trabajaba con otra “contabilidad” porque el precio esperable, denominado precio de referencia, era diferente (“una posible razón son las expectativas: la gente espera unos precios más elevados en un hotel lujoso… Pagar 7 dólares por una cerveza en un hotel cinco estrellas es molesto, pero es lo esperado; sin embargo, pagar eso en una tienda ¡es un escándalo!”; otra razón, relacionada con la anterior, es que estemos pensando en lo que consideramos un precio “justo” en el contexto en el que nos situamos). Esto es, de nuevo, tenemos el “corazón partío” (dos tipos de utilidad) y esto explica cosas tales como las supuestas gangas que compramos (porque, debido al descuento, tienen en ese momento un precio inferior al de referencia) y que casi nunca usamos: “… todos tenemos o hemos tenido cosas guardadas en nuestros armarios que casi nunca usamos, simplemente porque ‘había que comprarlas’, porque el negocio era demasiado bueno para dejarlo pasar; en definitiva, porque eran una ganga”.
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Fuente: Cándido Pañeda, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo, (publicado en LNE.es)

jueves, 19 de octubre de 2017

Los nacionalismos que envenenaron Europa por GUILLERMO ALTARES

Los nacionalismos que envenenaron Europa

La inclusión de todos los ciudadanos en un mismo Estado ha logrado solucionar problemas que parecían imposibles

Secesión Cataluña
El tranvía que une Estrasburgo y Khel en el momento de cruzar la frontera.   AFP
Toda la historia de Europa discurre en un sentido: la construcción de Estados donde los derechos sean políticos y, por lo tanto, correspondan a todos los ciudadanos, frente a aquellas naciones en las que los derechos dependen de la pertenencia a una idea, etnia, lengua o religión. Y no ha sido fácil llegar hasta aquí. El camino ha superado una larga sucesión de desastres y cataclismos, desde las guerras de religión en los siglos XVI y XVII hasta los conflictos que provocaron cientos de miles de muertos en la antigua Yugoslavia en los años noventa del siglo pasado. La Europa actual tiene muchos problemas, algunos con tantos ecos en el pasado como los efectos de la crisis económica o el resurgir de la ultraderecha, pero la inclusión de todos los ciudadanos en un mismo modelo ha logrado apagar conflictos que parecían imposibles de resolver.
El mundo de ayer (Acantilado), las memorias del escritor judío vienés Stefan Zweig, se ha convertido en el equivalente literario al Himno a la alegría, de Beethoven, un canto inagotable a la sabiduría de este continente, pero también una advertencia sobre la fragilidad de sus logros. Zweig se suicidó en Brasil en 1942 cuando pensaba que ya no existía ninguna esperanza para Europa y que el triunfo de Hitler era inevitable. Esto es lo que escribe sobre el nacionalismo: “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”.
La frase de Zweig debe ser aplicada con cautela a la situación actual: no nos encontramos ante un asalto contra la razón y la sociedad similar al que representaron los grandes totalitarismos, no hay en Europa nada parecido a Hitler o Stalin. Pero cuando el escritor sitúa el nacionalismo como el peor de los males, como un veneno, se refiere a la exclusión que representa para todos los que se quedan fuera. Su idealización del Imperio Austrohúngaro se debe a que fue una entidad en la que pudieron vivir bajo una misma ley y unos mismos derechos pueblos, lenguas y religiones totalmente diferentes.
El derrumbe de aquel Imperio provocó el levantamiento de fronteras que siempre dejaban fuera a alguien, porque si se trazan los límites basándose en imaginarios derechos nacionales siempre hay alguien excluido —los húngaros de Rumanía o los rumanos de Hungría, los italianos y los eslovenos de Trieste y así hasta el infinito—. No hay naciones uniformes. El gran escritor austriaco era plenamente consciente de ello y por eso veía con tanto pesimismo la evolución que vivió Europa en los años treinta.
Cuando se independizó, Eslovenia borró a 18.000 ciudadanos porque no habían nacido en esta antigua república yugoslava
Como la de Zweig, la peripecia personal del sociólogo alemán Norbert Elias puede servir para resumir el siglo XX: veterano de la Primera Guerra Mundial, huyó de Alemania por ser judío —su madre no consiguió escapar y fue asesinada en Auschwitz—, vivió en Inglaterra, donde fue deportado a la isla de Man por ser alemán, y luego trabajó en universidades de Alemania y Holanda. Escribió un libro muy influyente, El proceso de civilización (FCE), sobre la cimentación del Estado en Occidente y la protección que, al final, daba el Estado-Leviatán a los individuos. Esta obra sirvió de inspiración a Steven Pinker para escribir Los ángeles que llevamos dentro (Paidós), un ensayo que da una visión profundamente optimista del presente ya que, mantiene, vivimos en el momento menos violento de la historia. Elias explica que Europa en el siglo XV tenía 5.000 unidades políticas independientes, la mayoría baronías; 500 a principios del siglo XVII; 200 en la época de Napoleón, a principios del siglo XIX; y menos de 30 en 1953.
Estos datos representan un resumen perfecto de lo que ha ocurrido en el continente desde que Zweig escribió sus memorias: menos Estados como solución a los conflictos nacionales. La UE nació con el propósito de compartir los recursos —el carbón y el acero—, pero rápidamente cuajó como algo mucho más ambicioso: crear una estructura inclusiva, en la que estén representados los países, las naciones y sus diferencias, pero sobre todo los ciudadanos. La historia de Europa es tan intrincada que no hay otra forma de resolver conflictos milenarios. En su libro L’invention de l’Europe, el demógrafo francés Emmanuel Todd explica que “la civilización europea actual es el producto de una síntesis, lenta y trabajosa” porque “sus pasiones, religiosas o económicas, están inscritas en el espacio”. Darle un nuevo sentido a ese espacio, que sea de todos los ciudadanos sin que importen sus pasiones (porque, no lo olvidemos, el nacionalismo es una pasión, no una realidad), es el gran logro de la UE. Y dar marcha atrás sería un error gigantesco.
Algún político insensato ha hablado de algo así como el “modelo esloveno” para el desafío separatista de Cataluña. Incluso obviando datos que no se deberían obviar —una guerra de 10 días, 70 muertos, el principio de la catástrofe yugoslava, la peor que ha sufrido Europa desde el final de la II Guerra Mundial—, es interesante recordar un fleco de aquella independencia, que refleja lo que ocurre cuando se crean Estados basados en la nación: los llamados “borrados”. Cuando Eslovenia se independizó, un 10% de la población (200.000 de dos millones) era de origen yugoslavo, se había instalado en la República más rica, pero no había nacido allí, aunque estaban integrados. Primero se les obligó a regularizarse (¡en el país en el que llevaban viviendo desde hacía décadas!) y 18.000 de ellos fueron “borrados”, eliminados de los registros como si nunca hubiesen existido. Era una conclusión lógica: en el Estado de los eslovenos, los que no lo son no tiene cabida. En un Estado plurinacional, ese problema no existe. ¿Cuándo se solucionó? Después de que Eslovenia entrase en la UE y Bruselas le obligase a arreglar tan feo asunto.
El fin de semana del referéndum ilegal, visitó España un escritor bosnio llamado Velibor Colic, autor de un libro, lleno de humor, sobre la dificultad de empezar de cero en otro país, Manual de exilio (Periférica). Bosnio de origen croata, desertó durante la guerra, estuvo en un campo de concentración del que se fugó y se exilió en Francia. Aprendió el idioma y acabó convertido en un escritor de éxito. Ahora vive en Estrasburgo, trabaja con inmigrantes (50 nacionalidades conviven en la ciudad) y contemplaba con una mezcla de preocupación e incredulidad lo que ocurría en Cataluña. Colic decía que los referendos nacionalistas los carga el diablo. Y no paraba de bromear con que su siguiente exilio sería el más cómodo y barato, porque un tranvía une Estrasburgo con Khel, en Alemania. Se inauguró el 24 de abril y cruza, por 1,40 euros, una frontera que provocó tres guerras entre 1870 y 1945. Aquel exiliado bosnio no podía entender que alguien quisiese bajarse de ese tranvía que cruza fronteras y deja atrás para siempre una triste historia.
Fuente: https://elpais.com/internacional/2017/10/17/actualidad/1508253242_587703.html