Juan J. Molina

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lunes, 13 de junio de 2016

¿Unidos Podemos es socialdemócrata?

¿Unidos Podemos es socialdemócrata?


Sí. Unidos Podemos dice ahora que es socialdemócrata y parece que ha dado un giro ideológico para ingerir al PSOE, pero no es así. Esa declaración, poco creíble a tenor de los grupúsculos “alternativos” que la componen, está pensada para absorber no solo a los socialistas, sino a todo el espectro central del electorado. No es que haya cambiado de ideas, es que la coalición de Iglesias es populista. El populismo no es una ideología, sino un estilo muy determinado de hacer política, que exhibe un programa moldeable según las circunstancias, con un único objetivo: hacerse de una vez y para siempre con el poder cambiando sus estructuras.
El SPD pensaban que la democracia era sinónimo de Estado social dirigido por el proletariado
Iglesias no miente: ahora son socialdemócratas, pero como el izquierdismo previo a la Primera Guerra Mundial, que creía que la democracia era un tránsito hacia el socialismo, porque en una sociedad en lucha de clases acabaría imponiéndose el proletariado por el sufragio universal. Por eso, el SPD, la versión alemana, se presentaba a las elecciones con un “programa mínimo” –reivindicaciones sociales y políticas cotidianas- junto a un “programa máximo” –la dictadura del proletariado-.
Todos eran marxistas, y entendían que la democracia no era el respeto a las libertades individuales, la separación de poderes o la representación libre y plural. No. Pensaban que la democracia era sinónimo de Estado social, combate de las desigualdades sociales eliminando la vida económica, cultural y política burguesas.
Lenin y Luxemburgo denunciaron a los “renegados” comunistas y abogaban por la guerra para hacer la revolución
Las dos guerras mundiales del siglo XX supusieron una larga marcha del desierto para los socialistas. La Segunda Internacional quebró por la preferencia nacionalista de sus otrora internacionalistas. Lenin y Rosa Luxemburgo iniciaron entonces una campaña para denunciar a los “renegados” del paraíso comunista, y usar la guerra para hacer la revolución. Así, los socialdemócratas alemanes tuvieron que eliminar a sus bolcheviques, entre 1919 y 1923, para que su recién proclamada República no se convirtiera en un satélite soviético. De hecho, Lenin fue el líder del Partido Socialdemócrata de Rusia hasta la creación del Partido Comunista en marzo de 1918.
El estatismo salió robustecido en 1945, como indicó entonces Hayek, y se estableció el consenso socialdemócrata: los socialistas occidentales aceptaron la democracia a cambio de una economía mixta, en la que coexistieran la propiedad privada (con función social), y el control público de la actividad económica a través de la planificación, contando con los “agentes sociales”; en especial, las asociaciones obreras.
Se desarrollan políticas sociales para “corregir las desigualdades” y promover la “justicia social”.
Así se constituyó el Estado del Bienestar, fórmula socialdemócrata que hoy todos defienden, en el que se ejecutan políticas sociales tendentes a distribuir la riqueza para “mitigar” los efectos del mercado, “corregir las desigualdades”, y promover la “justicia social”. Todos fueron, y son, ingenieros de una Nueva Sociedad comprometida con los “derechos sociales”, donde el progreso individual está subsumido en el colectivo.
La democracia cristiana, aquella que Konrad Adenauer resucitó en la segunda mitad del siglo XX, se acabó convirtiendo en el ala derecha de la socialdemocracia una vez que los valores cristianos que envolvían su estatismo se fueron perdiendo. El lapsus del conservadurismo de Thatcher no acabó con el consenso socialdemócrata.
La Nueva Izquierda asumió el el tercermundismo, el misticismo, el pacifismo, el antiamericanismo, el feminismo y el ecologismo
Es más; la Nueva Izquierda surgida en las décadas de 1960 y 1970, añadió al programa socialista el tercermundismo –el sentimiento de culpa en Occidente, convertido luego en antiglobalización-, el misticismo como religión alternativa, el pacifismo, el antiamericanismo, el feminismo revanchista y discriminatorio, y el ecologismo. Para ganar unas elecciones, como señaló Przeworski, había que ser “pluriclasista atrapalotodo”; es decir, formar parte del consenso.
El consenso socialdemócrata, con un Estado muy intervencionista, se ha instalado en España en los últimos cuarenta años
Ese consenso socialdemócrata, con un Estado muy intervencionista que se retroalimentaba, que se justificaba con la política social redistributiva, se ha instalado en España en los últimos cuarenta años. “Las elecciones se ganan en el centro”, decían, y ese “centro” era la socialdemocracia, aquella que se definió en Europa tras 1945. Y a eso tendieron UCD, PSOE y PP, aunque en diferente gradación.
La sociedad se acostumbró a un Estado omnipresente, generador de derechos sociales, los llamados de segunda generación –salud, educación, trabajo, vivienda, seguridad social, medio ambiente…-, en el que el ciudadano era irresponsable y perdió libertad, pero se sentía confortable. La legitimidad de la democracia estaba, por tanto, en que el Estado proveyera de todos esos servicios. Era la democracia social por encima de la política, como señalaba el marxista Adler en 1926, porque en eso consistía el espíritu de la socialdemocracia, de la Nueva Sociedad con el Hombre Nuevo.
Podemos obtiene ventaja en el consenso sobre ese Estado omnipresente, justiciero y redistributivo
Es lógico, por tanto, que hoy, en 2016, una opción populista como Unidos Podemos, esconda las efigies de Hugo Chávez, tanto como las banderas rojas tras el pacto con los comunistas de Izquierda Unida, y se llame a sí misma “socialdemócrata”, porque es ahí, en esa mayoría social sumergida en dicho consenso, en la dependencia psicológica de ese Estado creador, omnipresente, justiciero y redistributivo, donde tiene su victoria.
Ahora, en campaña, todos prometerán más políticas sociales, más gasto público, más inversiones y más vigilancia del mercado, al viejo estilo, para ganarse al electorado. A ver quién es más socialdemócrata, pero Unidos Podemos será como los de 1914, esos que tomaban todo esto, la democracia, como un tránsito hacia su arcadia, la dictadura.
*** Jorge Vilches es profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense.

Fuente: http://www.elespanol.com/opinion/20160612/132106790_12.html

martes, 11 de junio de 2013

Por qué Suecia tiene disturbios, por Johan Norberg



“Todos deberían haber estado muy felices”, dice Robert A. Heinlein en su novela de 1942Más allá de este horizonte (Beyond This Horizon). En esta tierra del futuro, el problema material ha sido resuelto, la pobreza y la enfermedad han sido erradicadas, el trabajo es opcional. Aún así, segmentos de la ciudadanía no están tan entusiastas. Algunos están aburridos, otros están preparando una revolución. ¿Por qué debería suceder esto en un mundo tan utópico?
Un desconcierto similar ha sido la reacción dominante de los analistas luego de que, a fines de mayo, sucedieron los disturbios y los carros y edificios fueron quemados en los suburbios de Estocolmo, poblados en gran medida con inmigrantes. ¿En Suecia? Dado que la interpretación común es que la violencia es la única arma que los marginados tienen en contra de un sistema socio-económico opresivo, es más difícil explicarla cuando se da en “la sociedad más exitosa que el mundo alguna vez haya conocido”, como Polly Toynbee una vez la describió.
Pero esto no ha detenido a algunos de intentar explicarlo. Si todo lo que usted tiene es dos semestres de estudios sociológicos, todo parece ser como una queja justificada. Los izquierdistas en el extranjero han culpado de las revueltas a la liberalización que se ha dado en Suecia durante los últimos años, y el supuesto aumento de la desigualdad y la pobreza. El importante periódico social-demócrata del país, Aftonbladet, intentó señalar los efectos de la austeridad (en un país donde esta no ha sido implementada) y afirmó que los niños en los suburbios de Husby participaron en la revuelta porque “el centro de salud, la oficina de correo postal, el centro de parteras y el centro para jóvenes habían sido cerrados”.
De hecho, hay tres centros para jóvenes en Husby. Su centro de salud viejo cerró pero uno nuevo ocupó su lugar. Las parteras se mudaron, pero solamente a una estación de metro más distante. Uno puede encontrar servicios postales a 14 minutos caminando desde el centro. Donde vivo, tenemos que caminar 12 minutos. Uno tiembla solo de pensar cómo hubiera podido ser yo si hubiese vivido a una distancia adicional de dos minutos. ¿También me pasaría los viernes por la noche quemando jardines de infantes?
La tasa de pobreza sueca puede que sea muy alta, pero ubicándose en 1,2 por ciento, ningún país europeo tiene una más baja. El promedio en la Unión Europea es de 8,8 por ciento. Si la pobreza es la causa de las revueltas, entonces prácticamente todas las ciudades en el continente deberían haber sido quemadas antes que llegase el turno de Estocolmo, incluyendo gran parte de las ciudades en Noruega y Suiza.
Pero luego dicen que la desigualdad ha aumentado. Si, desde los extremadamente igualitarios días a mediados de los ochenta (la última vez que Estocolmo tuvo revueltas juveniles a gran escala, por cierto). Pero desde 2005, cuando Toynbee proclamó la utopía igualitaria sueca, prácticamente no se ha movido. Mi país es el país más igualitario de Europa con la excepción de Eslovenia. Por supuesto, algunos podrían argumentar que se requiere de una igualdad al nivel de Eslovenia para mantener la harmonía social. Eso sería creíble a menos que usted haya escuchado de las múltiples protestas masivas —algunas violentas— que sacudieron a las ciudades eslovenas desde noviembre del año pasado, resultando en la caída del gobierno.
La pobreza y desigualdad son bajas, los beneficios estatales generosos, y las escuelas, las universidades y la atención médica son gratuitas. Esta es una sociedad en la cual usted no es pobre solamente porque no trabaja.
Todos deberían haber estado muy felices.
De hecho, hay una desigualdad grave en Suecia, pero la división no es tanto entre los ricos y los pobres sino más bien entre aquellos con trabajo y aquellos que no lo tienen. Frecuentemente, esta es una división étnica. Como Fredrik Segerfeldt señala en un nuevo estudio, Suecia tiene la mayor brecha de empleo entre los nativos y los ciudadanos nacidos en el extranjero de entre todos los países ricos para los cuales hay información disponible. Solo 6,4 por ciento de los suecos nativos están desempleados, pero casi 16 por ciento de los inmigrantes lo están. En Estocolmo, como en París, este problema está concentrado en los suburbios. En Husby, donde se iniciaron los disturbios, 38 por ciento de los menores de 26 años ni estudian ni trabajan.
Considerando esto, ¿a qué le echamos la culpa? Al aspecto del modelo social sueco que el gobierno no se ha atrevido a tocar: una fuerte protección laboral. Por ley, la última persona contratada debe ser la primera persona en ser despedida. Si usted emplea a alguien por más de seis meses, el contrato automáticamente se convierte en permanente. Un sistema con la intención de proteger a los trabajadores ha condenado a los jóvenes a una sucesión de contratos de corto plazo. El alto salario mínimo de facto de Suecia —alrededor de 70 por ciento del salario promedio— deja sin empleo a quienes tienen habilidades que valen menos que eso. Suecia tiene la menor cantidad de empleos de salario bajo y de nivel de introducción en Europa. Solamente 2,5 por ciento de los trabajos suecos son de este nivel, comparado con un promedio europeo de 17 por ciento.
Aquellos con una educación, experiencia o lenguaje deficientes han descubierto que Suecia no es una utopía al final de cuentas. Si usted nunca consigue su primer trabajo, usted nunca obtiene las habilidades y las experiencias que le darían un segundo y tercer empleo. Toda esa “protección” laboral ha creado una sociedad de privilegiados y marginados. Suecia de manera generosa le ha dado la bienvenida a inmigrantes dentro de sus fronteras. Pero hay otra frontera —alrededor de los empleos— y esta es severamente protegida.
¿Cuál es el resultado? Hombres jóvenes con nada que hacer y nada que perder, marginados, viendo las cosas desde afuera, con una sensación de futilidad, humillación y aburrimiento. No es la primera vez que esta situación acaba en violencia. Cuando esto sucede en Suecia sacude a la izquierda porque muestra que el dinero no lo es todo. Un gobierno puede proveerle productos y servicios, pero no puede darle auto-estima ni el respeto hacia otros. Un gobierno puede satisfacer sus necesidades materiales, pero no puede darle la sensación de sentirse realizado.
Este artículo fue publicado originalmente en The Spectator (Reino Unido) el 6 de junio de 2013.

miércoles, 9 de enero de 2013

COMPARATIVA ENTRE LA EVOLUCIÓN DE LA SOCIALDEMOCRACIA Y LA EVOLUCIÓN DEL LIBERALISMO CLÁSICO: TERCERA VÍA VERSUS SOCIAL LIBERALISMO


TERCERA VÍA VERSUS SOCIAL LIBERALISMO


ORÍGENES HISTÓRICOS
SOCIALDEMOCRACIA originaria (1869-1945)
LIBERALISMO clásico (XVI-XVII-XVIII)
La socialdemocracia es una tendencia política que surgió a finales del siglo XIX  y principios del XX a partir del movimiento socialista.
La teoría liberal comenzó a gestarse en el siglo XVI principalmente en Inglaterra.
Eduard Bernstein 1850/1932, considerado padre del revisionismo y uno de los principales fundadores de la socialdemocracia.
Tomás Moro siglo XVI, John Locke siglo XVII, hume, Bentham siglo XVIII
La necesidad de articular políticamente el movimiento proletario hizo que en las conclusiones de la Conferencia de Londres que dio origen a la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT, 1864) se aconsejara –inspirándose prioritariamente en el pensamiento marxista– la creación de partidos políticos. Estos partidos serían los defensores de las ideas sostenidas por la Internacional y se articularían como "vanguardia organizada de las fuerzas proletarias".
A finales del siglo XVI en Europa se había gestado ya casi en todos sus términos la llamada teoría liberal y estaba esencialmente concebida como una solución a los problemas religiosos o lo que era más grave, entre creencias religiosas muy afines y próximas pero separadas por la fidelidad o discrepancia ante algunos dogmas de fe.
Que el liberalismo era un intento de respuesta a unas circunstancias problemáticas concretas y que en principio era solo una Utopía lo prueba el hecho de que la obra que lleva precisamente ese título, y que resume y consagra el género de las utopías políticas, incluye un núcleo claramente liberal al menos en el apartado dedicado al complicado problema de la convivencia religiosa. Tomás Moro llega a la convicción de la necesidad de una solución tolerante, liberal e igualitaria, a partir de un descarnado diagnóstico de las condiciones de una Europa que le era contemporánea: básicamente un baño de sangre continuo por razón de discrepancias religiosas e injusticias sociales.
Ante los problemas de la Europa de su tiempo, para Moro no cabía más que una solución liberal, que sin embargo permaneció casi un siglo en el limbo de los ensayos políticos utópicos, debido principalmente a que el liberalismo necesitaba del desarrollo paralelo de un concepto de individualidad y de individuo, que no estaba maduro todavía en el siglo XVI y que será la condición sine qua non para el planteamiento liberal clásico de una relación de “oposición” entre el ámbito de los derechos (contractualismo) o intereses (utilitarismo) individuales y el Estado, gobierno o Instituciones políticas.
Los rápidos procesos de cambio económico y político que acontecieron en la Inglaterra de los siglos XVI y XVII hicieron que, cuando a fines del XVII, John Locke se enfrentó a la concepción y desarrollo de una respuesta política al discurso absolutista, el liberalismo pasara de ser una utopía a constituir una solución a los problemas de la convivencia cívica, política y religiosa.

PLANTEAMIENTOS IDEOLÓGICOS
En la época de su fundación, y una vez expulsados los anarquistas de la II Internacional en 1896, todos estos partidos nacionales tuvieron planteamientos ideológicos muy semejantes, inspirados en el triunfante marxismo. Inicialmente los partidos socialdemócratas incluyeron socialistas revolucionarios como Rosa Luxemburgo y Lenin, moderados o centristas que defendía la ortodoxia o camino intermedio como Karl Kautsky y Jean Jaurès y quienes se concentraban en dos metas, el logro del sufragio universal y la conquista del Estado a fin de utilizarlo como instrumento de progreso al socialismo, por ejemplo: Ferdinand Lassalle, etc.
Sin embargo, pronto se abrió una profunda brecha ideológica por parte de Eduard Bernstein (considerado padre del revisionismo y uno de los principales fundadores de la socialdemocracia), quien postula –citando a Engels– que el socialismo se logrará a través de una lucha «prolongada, tenaz, avanzando lentamente de posición a posición». Lo que producirá una especie de evolución del capitalismo dado que por un lado: A) Las condiciones económicas no eran las suficientes como para permitir la aparición del socialismo y B) Que la concentración o acumulación del capital no se ha realizado en los términos previstos por Marx, sino por el contrario, se ha extendido a través de la generalización de las empresas de capital social; lo que significa que en lugar de pauperizar, la sociedad entera ha logrado mejorar los niveles de vida de amplios sectores de ella y por el otro, la ampliación de la democracia y los logros de beneficios sindicales que esa extensión hace posible significa que el proletariado tendría cada vez más derechos a defender y por lo tanto, menos razones para una insurrección. Todo lo anterior "ha revolucionado completamente las condiciones de la lucha del proletariado. Los métodos de 1848 (la referencia es al Manifiesto Comunista) son obsoletos en todo sentido". Paralelamente Bernstein argumenta que la extensión de derechos democráticos a las clases desposeídas -específicamente, el derecho a voto a quienes no son propietarios - cambia las reglas de la política: la democracia se ha transformado en conquista y herramienta popular y por lo tanto supera la necesidad de una insurrección y/o guerra civil a fin de instaurar una dictadura del proletariado. Consecuentemente, Bernstein analizaba la posibilidad de transformación del capitalismo al socialismo mediante un proceso de reformas políticas y económicas; la consecución de estas reformas debían figurar en adelante como objetivo prioritario del movimiento obrero, por lo que la confrontación electoral y la presencia parlamentaria de los partidos socialdemócratas se transforma en método central de avance al socialismo. Aunque las tesis de Bernstein fueron condenadas por casi todos los partidos, su posicionamiento (denunciado por los continuistas como revisionismo) tuvo una amplia influencia en el socialismo internacional.
En términos económicos, los socialdemócratas aceptan el sistema de economía de mercado, aunque también reconocen que éste presenta deficiencias al
asignar los recursos. Por lo tanto, promueven la intervención de la autoridad pública para establecer equilibrios y garantizar la libertad económica.
Así, desde su nacimiento la socialdemocracia fue identificada con el reformismo. Para sus críticos –los marxistas ortodoxos- más que la búsqueda de la emancipación de la humanidad a través de reformas políticas y sociales, se trataba de una traición a la utopía socialista, una claudicación al ideal
revolucionario, al elegir el camino de la democracia liberal y al aceptar el
capitalismo como sistema económico.
En cambio para los socialdemócratas originarios, la elección de la lucha
democrática para lograr el mejoramiento de la condición de vida de los trabajadores dentro de la sociedad capitalista, se trataba de una opción viable que simplemente utilizaría otros métodos, pero que mantenía como meta la instauración del socialismo.
En este sentido, en su versión originaria la socialdemocracia se define como un
partido político reformista, socialista y democrático que lucha por el progreso social y la conquista de la democracia con la finalidad de impulsar el desarrollo de la sociedad hacia el socialismo.
En este sentido podemos ver las diferencias y las coincidencias con el socialismo del que proviene:
SOCIALISMO
SOCIALDEMOCRACIA
Instauración del socialismo
Instauración del socialismo
Destruir el Estado
Utilizar el Estado
Revolución
Reformas
Partido monoclasista
Partido policlasista
Sociedad sin clases
Estado democrático
Como concepto general, el liberalismo es una teoría ética y política que defiende y postula el valor primario de la libertad. En caso de conflicto, un liberal dará prioridad a la libertad frente a otros valores, de modo general.
La mera defensa de la libertad no define sin más al liberalismo: a esto hay que añadir como mínimo los siguientes supuestos antropológicos e incluso metafísicos:
·         Es individualista en cuanto que afirma la supremacía moral de la persona frente a exigencias de cualquier colectividad social.
·         Es igualitaria porque confiere a todos los hombres el mismo status moral y niega la aplicabilidad, dentro de un orden político o legal, de diferencias en el valor moral entre los seres humanos.
·         Es universalista, ya que afirma la unidad moral de la especie humana.
·         Es meliorista, por su creencia en la corregibilidad y las posibilidades de mejoramiento de cualquier institución social y acuerdo político.

De esta manera se pone en marcha el ensayo inglés de introducción de mecanismos parlamentarios para canalizar la solución de los conflictos sociales.
La unión de una monarquía constitucional y parlamentaria, del liberalismo de John Locke como teoría e ideología de soporte, y finalmente de la revolución científica culminada por Isaac Newton, supuso un modelo a imitar para toda la ilustración europea: un paradigma definido por esa unión de libertad política, económica y de ideas que tanto habían defendido en el atormentado siglo XVII europeo los primeros liberales.
Ya desde su inicio en los siglos XVI y XVII surgen el liberalismo dos tradiciones:

ü  Una vinculada al derecho natural de raíz cristiana, preocupada por dotar de una justificación filosófica a la idea del contrato o pacto social, con el fin de proporcionar un sustento adecuado a la defensa de los derechos y libertades individuales, John Locke.
ü  Y una segunda corriente, en la que se intenta desligar el discurso ético y político liberal de la tradición cristiana e iusnaturalista, centrándose no solo en la defensa de las libertades individuales sino en el de la limitación del poder de las instituciones políticas en función de criterios utilitarios: se persigue la defensa de la libertad, pero no apelando a derechos naturales sino a un cálculo convencional de la utilidad, David Hume.
Éste último considera que la única tarea de las instituciones políticas es la de procurar la felicidad de los gobernados, en ausencia de esta utilidad básica, la libertad de los individuos es prioritaria y está justificada la desobediencia.
Otro teórico liberal destacable fue Jeremy Bentham, considera que toda acción individual y/o política puede ser examinada en primer lugar en términos de placer y dolor. Como los seres humanos están conformados para buscar el placer y huir del dolor, deberían comportarse de un modo que maximizara su utilidad, entendida ésta como la producción de la mayor felicidad para el mayor número. De este esquema general hedonista y materialista, suge un proyecto filosófico, el de diseñar y construir un buen sistema de gobierno y de leyes, que no será otro que aquel que, partiendo de cómo las personas son en realidad (buscadores de placer) contribuya a poner los medios para que lleguen a ser como deberían ser (maximizadores de su utilidad).
Precisamente porque el Gobierno y los Estados, a través de la clase política principalmente, tienden a olvidar que solo existen, como dijo Hume, para proteger nuestras libertades (mejor que nuestros derechos), es prudente protegerse del poder político y de nuestras instituciones, estableciendo un elaborado sistema de leyes constitucionales en el que, piensa Bentham, es fundamental la democracia representativa, pero no solo ésta, sino también un sistema de compensación y limitación de los distintos poderes, en aplicación del dicho humeano de que “los seres humanos no son unos canallas, pero hay que diseñar las leyes como si lo fueran”.
Bentham no es tan ingenuo para suponer, que intereses individuales y colectivos se armonizarían solos o digamos de un modo natural. Toda articulación de intereses, deseos o preferencia se produce en un marco institucional legislativo, político o económico artificial.
El corpus político de ese régimen liberal se resume en dos conceptos: “iguales poderes de participación de todos los individuos y mecanismos de control sobre los gobernantes”.


LA SOCIALDEMOCRACIA CLÁSICA (1945-1973)
NEOLIBERALISMO (finales del silo XX)
En 1959, año en el que se celebró el Congreso del Partido Socialdemócrata
Alemán (SPD) en Bad Godesberg, se reconoció la obsolescencia del marxismo
frente a los retos que implicaba sobrevivir en una situación de posguerra y
frente a la posibilidad de llegar al gobierno.
Finalmente, la socialdemocracia, en este segundo periodo, se consolidó como
una de las principales fuerzas políticas leal al sistema capitalista, teniendo su
mayor periodo de auge entre los años 1945 y 1973.
Ya no se trataba de alcanzar aquella sociedad sin clases; ahora se pretendía
humanizar el capitalismo y reformar el Estado. Una vez más la
socialdemocracia adoptaba una estrategia pragmática y realista que se
adaptaba a las nuevas circunstancias.
Los cinco elementos que
componen el paradigma socialdemócrata clásico son:
ü  El liberalismo político: la aceptación de las instituciones liberal-democráticas.
ü  El Estado de bienestar: la ejecución de políticas sociales tendientes a
distribuir la riqueza de una forma más equitativa, mitigando los
efectos del mercado, y a promover la justicia social, corrigiendo los
desequilibrios económicos.
ü  El keynesianismo: la ejecución de políticas económicas tendientes a
lograr pleno empleo, salarios elevados, estabilidad de precios y
aumento del gasto público.
ü  El compromiso con la igualdad social.
Durante este periodo la socialdemocracia logró grandes éxitos. No sólo en
términos de victorias electorales, sino también respecto a la difusión de su
modelo: conjunción de la democracia liberal, el capitalismo y el bienestar social.
Entre los más destacados dirigentes políticos de estos años se encuentran: el
Primer Ministro sueco Olof Palme (1969-1976, reelegido en 1982); el Canciller
de Austria Bruno Kreisky (1970-1983) y; el Canciller alemán Willy Brandt
(1969-1974).
Continuando con la estrategia política de establecer y fortalecer a partidos
interclasistas, la socialdemocracia clásica buscó la integración social del
electorado para obtener el mayor número de votos posible. Es decir, buscó el
apoyo fuera de la clase obrera. Así, esta búsqueda de aliados se arraigó a partir
de entonces como una táctica inherente al electoralismo.
Las diferencias entre la socialdemocracia originaria y la socialdemocracia clásica se resumen en:
SOCIALDEMOCRACIA
ORIGINARIA
SOCIALDEMOCRACIA
CLÁSICA
Instauración del socialismo
Adaptación y humanización
del capitalismo
Utilizar el Estado
Reformar el Estado
Reformas
Reformas
Partido policlasista
Partido policlasista
Estado democrático
Estado
benefactor/interventor

En los años setenta, la crisis del petróleo y la consecuente alza de los precios en el mercado
desencadenaron una recesión económica. A escala doméstica la crisis del Estado de bienestar fue insostenible, la realidad  mostraba las fallas y el agotamiento de las políticas de bienestar económico y social.
Algunos de los problemas que se presentaron fueron: el aumento excesivo de los gastos públicos, los índices elevados de inflación, el aumento de la deuda pública, la ineficiencia de la burocracia, la pérdida de competitividad de las
empresas públicas, etc.
Ciertamente el modelo económico de los años de posguerra se había agotado, no obstante, no sólo se trataba de la caducidad de ciertas políticas del Estado benefactor. También la globalización económica, desencadenada con gran fuerza a partir de la década de los ochenta, planteaba nuevos escenarios, nuevos retos y nuevas exigencias.
No define una teoría económica concreta, y se usa más para referirse a la institucionalización de un sistema en el comercio mundial. Tampoco el neoliberalismo es una filosofía política unificada debido a la diversidad de escuelas y movimientos que se le suelen relacionar. Aunque sí existe un alto acuerdo sobre qué medidas políticas y concretas adoptar, aunque existan diferencias menores entre diferentes proponentes.
En teoría, el neoliberalismo suele defender algunos conceptos filosóficos del viejo liberalismo clásico del siglo XIX, aunque sus alineamientos políticos y su implicación con ideas posteriores, hace de él una doctrina diferente de dicho liberalismo clásico.
El neoliberalismo, como política tecnocrática y macroeconómica (y no propiamente filosófica), tiene una dimensión geopolítica mercantilista ajena en la práctica al liberalismo económico propiamente dicho, es decir el neoliberalismo no es necesariamente sinónimo de mercado libre -sin trabas burocráticas ni privilegios sectoriales-, razón que explicaría que sea asociado al corporativismo internacional.
El neoliberalismo propone que se deje en manos de los particulares o empresas privadas el mayor número de actividades posible. Igualmente propone una limitación del papel del Estado en la economía; la privatización de empresas públicas y la reducción del tamaño del Estado, es decir, una reducción del porcentaje del PIB controlado o administrado directamente por el Estado. Respecto al derecho laboral, mercantil y las regulaciones económicas generales el neoliberalismo propugna la "flexibilización" laboral, la eliminación de restricciones y regulaciones a la actividad económica, la apertura de fronteras para mercancías, capitales y flujos financieros y se reduce el tamaño del Estado.
Tanto Margaret Thatcher como la administración de Ronald Reagan pusieron en práctica estas teorías con resultados desiguales, por diferentes motivos.
Los primeros en usar el término neoliberal fueron destacadas figuras del liberalismo, como Ludwig von Mises, en su libro Liberalismus usa el término neoliberalism para traducir lo que en alemán von Mises denominó neuen Liberalismus (nuevo liberalismo). En este libro Von Mises usa el término para designar a los socialistas que se hacen pasar por liberales (término que después reemplazó por seudoliberales).
Louis Baudin, en su obra de 1953, L'aube d'un nouveau libéralisme (El alba de un nuevo liberalismo), relata que el término neoliberalismo fue deliberadamente acuñado y usado para su posterior difusión en el coloquio de destacados pensadores liberales realizado en París en agosto de 1938, cuando ya se anunciaba la inevitabilidad de la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo fue diferenciarse del entonces desacreditado liberalismo político, al que se atribuía una importante responsabilidad por haber llegado a ese callejón sin salida.
 Entre los rasgos esenciales del neoliberalismo se  incluyen la garantía legal de la libre competencia y la convicción de que al libre mercado deben agregarse otras consideraciones sociales. No se puede hablar de una definición universalmente aceptada, uniforme en el espacio y constante en el tiempo, sino sólo de usos del término neoliberalismo en diferentes contextos.
El término es usado tanto por detractores del capitalismo (socialistas, comunistas, etc.) como algunos partidarios críticos del capitalismo (proteccionistas, postkeynesianos, Nueva economía internacional). Estos y otros grupos suelen usar el concepto como una generalización para referirse a cualquier posición que se oponga a limitar los mercados o reducir la intervención del Estado en la economía.

LA TERCERA VÍA (1998-2005)
SOCIAL LIBERALISMO
Una tercera vía que se ubicó entre el
modelo socialdemócrata clásico y el modelo neoliberal. En palabras de su gran
ideólogo, Anthony Giddens:
...la “tercera vía” se refiere a un marco de pensamiento y política práctica que busca adoptar la socialdemocracia a un mundo que ha cambiado esencialmente a lo largo de las dos o tres últimas décadas. Es una tercera vía en cuanto que es un intento por trascender tanto la socialdemocracia a la antigua como el neoliberalismo.
En términos generales, se trató de un proyecto de centro-izquierda para
renovar la socialdemocracia en el marco de la globalización y para responder a la ola neoconservadora. En Europa y Estados Unidos los gobiernos que representan esta tendencia son: el británico encabezado por Tony Blair y su “Nuevo Laborismo” (1997); el alemán con Gerhard Schröder y su “Nuevo
Centro” (1998) y; el norteamericano dirigido por el demócrata William Clinton (1993-2001).
Estos gobiernos aceptaron las condiciones de disciplina fiscal, estabilidad macroeconómica y reformas políticas que demandaba el neoliberalismo. Sin embargo, fieles a los principios y valores socialdemócratas, también fueron capaces de mantener la esencia del modelo: a) un Estado socialmente
responsable, b) un Estado como regulador último de la economía y c) el compromiso con el bienestar social de las mayorías.
En este sentido, dichos gobernantes fueron tildados de pragmáticos y en algunos casos duramente criticados. En otros países se mantuvo una tendencia
más tradicional. Tal es el caso de la Francia gobernada por el socialista Lionel
Jospin (1997-2002), quien calificó la tercera vía de Blair y Schröder como un
neoliberalismo disfrazado.
Las diferencias entre la socialdemocracia clásica y la tercera vía se resumen en:
SOCIALDEMOCRACIA
CLÁSICA
TERCERA VÍA
Adaptación y humanización
del capitalismo
Democratización del
capitalismo mundial
Reformar el Estado
Reformar el Estado
Reformas
Reformas
Partido policlasista
Partidos policlasistas y
sociedad civil
Estado
benefactor/interventor
Estado regulador e inversor

Esta tendencia se propone que las políticas públicas ya no estén dirigidas a la redistribución de la riqueza, sino más bien a la creación de ésta.
Es decir, “en lugar de ofrecer subsidios a las empresas, el Gobierno debería
promover condiciones que llevan a las compañías a innovar y a los trabajadores
a ser más eficientes en la economía global”. Estas ideas estuvieron animadas
e implementadas por el presidente Bill Clinton.
En suma, los partidarios de la tercera vía consideran que la globalización económica ha vuelto obsoleto el estatismo de la vieja izquierda. Por ello Giddens propone que los socialdemócratas modernizadores deben estimular la colaboración internacional en cinco áreas básicas: la gobernancia de la
economía mundial, la gestión ecológica global, la regulación del poder corporativo, el control de las guerras y el fomento de la democracia transnacional.
El socioliberalismo, o '"social liberalismo"', también conocido como liberalismo radical, liberalismo solidario,  liberalismo progresista, liberalismo democrático y en Estados Unidos liberalismo moderno, es una tendencia política que propugna que el bienestar y desarrollo de la sociedad es compatible con la libertad de sus individuos.
Para ello propugna regulación social, y una intervención parcial del Estado en la economía, con el objeto de garantizar una economía de mercado completa y genuinamente libre, que castigue la formación de monopolios y la consolidación de intereses monopolísticos. Los social liberales son críticos con el socialismo y su pretensión de socializar la economía, que, según ellos, cae en el paternalismo, coarta la libertad de comercio, y genera ineficiencia económica e injusticia social. Según los social liberales la función del Estado es la de garantizar la igualdad de oportunidades, fomentando el desarrollo personal y la libertad de todos los ciudadanos, pero en ningún caso la de sustituirlos en la toma de decisiones.
El social liberalismo nace como corriente progresista del liberalismo clásico, e introduce la justicia social y la democracia liberal en su programa de reformas. Es una teoría de origen europeo basada en corrientes racionalistas ilustradas relacionadas, sobre todo, con Kant y Voltaire, así como en el liberalismo ilustrado británico, en especial la teoría política de John Locke. Más allá, se pueden encontrar raíces en los orígenes del iusnaturalismo en Tomás de Aquino y Francisco Suárez, en la Escuela de Salamanca, y en el humanismo renacentista.
Mención aparte requiere la figura de John Rawls (1921-2002). En su Teoría de la justicia Rawls argumenta heurísticamente en favor de una reconciliación de los principios de libertad e igualdad a través de la idea de la justicia como equidad. Sostiene que las desigualdades son aceptables, siempre que los beneficios que obtienen los que están la parte alta de la cúspide económica, repercutan también en la mejora de las condiciones de los menos favorecidos que se encuentren en la parte baja de las rentas.
Otro destacado pensador es Norberto Bobbio  uno de los principales exponentes del socioliberalismo, es percibido como el filósofo de “La democracia en el mundo contemporáneo”, entendida como la búsqueda crítica de consensos. Según su opinión, son esenciales una participación colectiva y no coercitiva en las decisiones comunes, la alternancia no violenta de los partidos y sectores sociales en el poder, etc.
En resumen, el social liberalismo es una corriente de origen liberal que incluye la justicia social en sus postulados, como mecanismo esencial para fomentar la igual libertad, y para distribuir de manera equitativa la riqueza generada por la economía libre de mercado. Tiene sus fuentes tanto en las tesis más racionalistas de la Ilustración, como en el desarrollo del capitalismo liberal e industrial del S. XIX, con el que comulga sin rubor. Sus fundamentos teóricos se encuentran en las filosofías liberales de John Locke, Jeremy Bentham, Thomas Jefferson, Voltaire, John Stuart Mill, y, más recientemente, John Maynard Keynes, Isaiah Berlin, John Rawls o Norberto Bobbio.

PRINCIPIOS TEÓRICOS DEL SOCIAL LIBERALISMO

Las posturas social liberales postulan que las libertades individuales son compatibles con la justicia social. Para asegurar la compatibilidad, el Estado está legitimado para intervenir en temas como educación, sanidad, desempleo a la vez que expandir los derechos civiles a todos los ciudadanos, arbitrando conflictos, y evitando cualquier discriminación.
Los primeros social liberales aparecieron durante el siglo XIX y formularon sus puntos de vista en respuesta al liberalismo clásico del siglo XVII y del siglo XVIII. Los social liberales pusieron gran énfasis en las libertades individuales, tanto en su vertiente positiva (libertad positiva) como negativa (libertad negativa), y en la interacción de tales libertades con otras funciones esenciales de la vida comunitaria, como son la solidaridad y la empatía, que pueden servir para acrecentar las oportunidades de los menos privilegiados en la sociedad. Según los socioliberales, el Estado regula y protege libertades civiles, pero no puede usurpar la autonomía de los individuos. Por ello, la soberanía reside en exclusiva en la ciudadanía, y se transmite a través de los mecanismos propios de la democracia liberal. Este liberalismo es, en consecuencia, radicalmente demócrata, y a sus defensores a menudo se les conoce también como liberal-demócratas.
También defienden la idea de que el Estado no debe moralizar a los ciudadanos, sino que, al contrario, tiene la obligación de garantizar su autonomía moral, pues la moral pertenece a la esfera privada. Por ello, defienden una concepción laica del Estado, abogando por una completa separación entre Iglesia y Estado, y, en concreto, defendiendo el derecho de mujeres y hombres a elegir cuando y cómo tener hijos.

En lo político, el pensamiento socio-liberal se entiende como una evolución natural del progresismo liberal, como adaptación a los tiempos actuales, desarrollando sus propias teorías acerca de las soluciones necesarias para resolver los problemas de la sociedad.
En el mundo anglosajón, es conocido como "liberalismo moderno", en contraposición al liberalismo clásico o a los neoconservadores o liberal-conservadores. En Estados Unidos, estas posturas están defendidas por el Partido Demócrata de Estados Unidos. Allí, los demócratas son conocidos, simplemente, como "liberales". La Internacional Liberal es la principal organización internacional de partidos liberales, incluyendo los social liberales.
En general, el Social Liberalismo basa su programa político en la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos, elecciones libres y justas en una democracia pluripartidista, justicia social, entendida como el mecanismo fundamental para lograr la igual libertad, tolerancia, libre comercio, economía de mercado regulada y genuinamente libre, sostenibilidad medioambiental así como solidaridad internacional, puesto que sus tesis suelen ser universalistas y cosmopolitistas.
En general, el Social Liberalismo basa su programa político en la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos, elecciones libres y justas en una democracia pluripartidista, justicia social, entendida como el mecanismo fundamental para lograr la igual libertad, tolerancia, libre comercio, economía de mercado regulada y genuinamente libre, sostenibilidad medioambiental así como solidaridad internacional, puesto que sus tesis suelen ser universalistas y cosmopolitistas.

Fuentes
·         LOS PRINCIPIOS Y VALORES DE LA TERCERA VÍA
Fundación por la Socialdemocracia de las Américas, http://www.fusda.org/socialdemocracia.pdf
·         GÉNESIS Y EVOLUCIÓN DEL LIBERALISMO CLÁSICO EN EL PENSAMIENTO POLÍTICO BRITÁNICO.  José L. tasset Universidad de la Coruña
·          SOCIOLIBERALISMO http://es.wikipedia.org/wiki/Socioliberalismo
·         SOCIALDEMOCRACIA http://es.wikipedia.org/wiki/Socialdemocracia

       EL ESTADO A LA CARTA, Edt, United p.c. Autor Juan J. Molina 


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domingo, 28 de octubre de 2012

EL ERROR SOCIALDEMÓCRATA, POR Juan J. Molina

“… la labor del gobierno se debe ceñir a utilizar el dinero que proviene de los impuestos generados por el sector privado para dar cobertura a los ciudadanos que más lo necesiten…”
El gran error de la socialdemocracia, que por cierto comparten tanto derecha como izquierda pues sus políticas se diferencian muy poco, estriba en uso equivocado de la riqueza que los gobiernos recaudan a través de los impuestos. En vez de usar el dinero tan solo para proporcionar a los ciudadanos los derechos básicos a los que todos deberíamos tener acceso, por el simple hecho de ser ciudadanos y miembros de la sociedad, lo utilizan además de para esto, para adulterar el propio sistema capitalista, actúan como un árbitro que para ayudar a los equipos más débiles pitara a favor de ellos como compensación, lo que no han entendido es que intentando favorecer a unos perjudican a otros y finalmente, toda la competición queda adulterada.
El sistema de creación destructiva del capitalismo es un hábitat donde el reciclaje es continuo, constantemente se está creando y destruyendo tejido productivo, pero de una forma natural. Los más competitivos, audaces, creativos, etc. Desbancan a los que se quedan obsoletos o no son capaces de adaptarse a los cambios. En el momento que una fuerza externa, en este caso un gobierno inyecta capital para salvar a los perdedores el sistema comienza a ser adulterado, y con ello, comienza a funcionar mal. Ya no rige la regla natural de los mejores ganan, ahora hay una variante externa que permite que los que deberían caer y ser reciclados, se mantengan de manera artificial obstaculizando la evolución natural del mercado y discriminando a los que más se han esforzado por mejorar,  que ven como tienen que competir con equipos a los que el árbitro les favorece.
Este tipo de economía mixta, propia de la ideología socialdemócrata que como he dicho antes comparten tanto socialistas como conservadores, solo sirve para poner palos en la rueda  del sistema de libre mercado.  La economía necesita muy pocas reglas, sencillas y claras. Reglas antimonopolio, normas de calidad y un marco de seguridad e higiene para los trabajadores a partir del cual acordar libremente los contratos laborales. A partir de ahí, la labor del gobierno se debe ceñir a utilizar el dinero que proviene de los impuestos generados por el sector privado para dar cobertura a los ciudadanos que más lo necesiten, para mantener el orden y la ley y para crear las infraestructuras necesarias para el desarrollo social y económico del país.
Las coberturas básicas que un ciudadano necesita son la salud, la educación, un techo y la manutención (comida y ropa). Socorrer a los ciudadanos que no puedan alcanzar por si mismo esos mínimos es la tarea más importante que un gobierno tiene. Existen diferentes maneras de hacerlo. En mi libro “El estado a la carta” que próximamente sale publicado propongo algunas maneras de hacerlo, como el Crédito de subsistencia rembolsable que sustituiría al subsidio de paro que tenemos ahora. Al haber un mínimo al que tienen derecho aquellos ciudadanos emancipados que no tengan ingresos, la cuantía del salario mínimo se equilibra por si sola, ya que nadie trabajará por una cantidad inferior a ese mínimo, ni tampoco los empresarios ofrecerán sumas inferiores. En mi libro explico con más detenimiento como se rembolsa (en parte) dicho crédito, quiénes pagan el crédito y cómo se usa (ya que no se trata de dinero físico). Al poner en circulación un capital que tiene que ser gastado mes a mes, puesto que no es acumulativo, no solo se palían los problemas de subsistencia de los ciudadanos excluidos del sistema, sino que la economía se retroalimenta y engrasa produciendo riqueza de la que el estado y finalmente, los ciudadanos, se benefician.