Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina

miércoles, 27 de febrero de 2013

viernes, 22 de febrero de 2013

LA SOCIEDAD DEL BIENESTAR Y EL ESTADO SOLIDARIO




Existen dos posturas antagónicas en la forma de usar el mal llamado estado del bienestar, y digo mal llamado, porque no es el estado el que produce el bienestar sino los ciudadanos que individualmente entregan, de forma voluntaria o no, una parte de sus riquezas para que las gestionen los gobernantes a través de las instituciones estatales. Por lo tanto, no debería llamarse estado del bienestar sino, en todo caso sociedad del bienestar que es, en definitiva, la productora de la riqueza.
Una de esas dos formas consiste en considerar al estado como un proveedor de servicios y al mismo tiempo como una empresa en sí mismo, una empresa multidisciplinar, que en vez de contratar a empresas privadas para que hagan determinados trabajos o fabriquen determinados productos, lo que hace es contratar funcionarios y crear empresas estatales que realizan esos trabajos o producen esos productos. Esta es la postura antiliberal o anticapitalista, en su versión más extrema todo está en manos del estado y no existe el libre mercado. Este tipo de estado es defendido por la izquierda  que considera lo público, es decir, lo gestionado por el estado como lo mejor y más recomendable.
En general, este tipo de estados a lo largo de la historia han fracasado con el tiempo debido a diversos motivos. Económicamente la planificación centralizada, propia de este tipo de sistemas, es infinitamente más pobre que una economía libre basada en la oferta y la demanda, es imposible prever qué va a ser demandado por la población y en qué cantidad en cada momento. Todas las economías centralizadas tipo marxismo o socialismo han terminado arruinando a los países donde se han puesto en práctica. Si bien la idea de la distribución de la riqueza es loable, ésta no sirve para nada si al mismo tiempo se destruye el sistema que producía esa riqueza que no era otro que el capitalismo. Se da por sentado y probado que el capitalismo produce mucha más riqueza que el anticapitalismo, aunque también está probado que la distribución de la riqueza en este sistema es muy desigual.
La otra forma de usar el estado es, no como proveedor de servicios o productos, sino como garantizador de tales servicios o productos. El estado no tiene necesariamente que dar los servicios o producirlos  él mismo, basta con que garantice a los ciudadanos que tendrán acceso a esos servicios o productos que consideramos como básicos o necesarios para llevar a cabo un proyecto de vida digno. En este sistema lo público, entendido como gestionado y ofrecido por el estado, es un complemento que funciona en cooperación con lo privado. El fin no es dar aquellos servicios o productos básicos obligatoriamente a través del estado, sino garantizar que aquellos ciudadanos que no puedan conseguir por sus propios medios tales cosas, las puedan  conseguir con independencia de quien se las provea. Aquellos servicios o productos que no puedan ser dados o producidos por el ámbito privado, debido a su coste o especialización, serán gestionados y producidos por el estado y al contrario, aquellos que puedan ser ofrecidos a través de la gestión privada, porque supongan un ahorro y a la vez, una mejora en su calidad, serán ofrecidos por el ámbito privado.
Público y privado no son dos mundos antagónicos o enfrentados, pueden y deben cooperar para que los ciudadanos podamos tener acceso a aquellos servicios o productos que son absolutamente necesarios para llevar a cabo nuestro proyecto de vida. El liberalismo solidario defiende este tipo de estado, que conjuga la riqueza que produce el capitalismo con la solidaridad que emana de los ciudadanos en su conjunto y que se canaliza a través de las instituciones estatales, garantizando que todos los ciudadanos y especialmente aquellos menos favorecidos por la economía, consigan disfrutar de esos servicios y bienes básicos.

domingo, 17 de febrero de 2013

El 'milagro' que llegó del frío: ¿por qué los nórdicos están de moda?, por D. Soriano

LIBERALISMO EN EL PARAÍSO SOCIALISTA

Suecia, Dinamarca y Finlandia encabezan los índices de libertad económica, seguridad jurídica o facilidad para hacer negocios.

Imagen de una calle de Copenhague. | Archivo
Los países nórdicos están de moda. No es la primera vez que ocurre. Durante años, la socialdemocracia miró siempre al norte en la búsqueda de soluciones. Los amplios estados del bienestar de los escandinavos, su elevado nivel de impuestos y la buena calidad de vida de sus sociedades los hacían un objeto de envidia por parte de sus vecinos sureños. En esta ocasión, sin embargo, ha sido una revista tradicionalmente asociada al liberalismo económico, The Economist, la que ha encendido la mecha del debate.
En su número de hace dos semanas, el semanario británico colocaba a un vikingo en su portada, bajo un titular realmente contundente, The next supermodel, que anunciaba un especial de 14 páginas sobre la realidad económica y social de Noruega, Suecia,Dinamarca y Finlandia. La tesis de la publicación era incluso más provocativa: estos países deberían empezar a verse como el modelo no sólo para algunos socialistas (los más modernos y menos apegados a los dogmas) sino también, y especialmente, para los liberales. Sí, siguen teniendo un Estado enorme y una elevada presión fiscal, pero también han puesto en marcha reformas pro-mercado y del sistema de bienestar público que desde hace décadas eran un clamor entre los autores anti-intervencionista.
Desde que salió la revista, se ha desatado el debate en las redes sociales, entre aquellos que apoyan la tesis, los que la refutan y los que apuntan a las diferencias entre los cuatro casos. Lo cierto es que el planteamiento no es nuevo. Autores de acreditado pedigrí liberal, como Mauricio Rojas, llevan mucho tiempo advirtiendo de que puede ser que en lasimprobables calles de Estocolmo o Copenhague se estén gestando algunas de las soluciones más interesantes de la sociedad occidental en los últimos años. En Libre Mercado, ya advertíamos hace un año de que estos países se estaban convirtiendo en el falso asidero de la izquierda y de que, en realidad, el secreto de su éxito en el siglo XXI estaba en sus reformas liberalizadoras. (Foto Palacio Presidencial de Helsinki. | C. Jordá).

El secreto de su éxito

Los autores resaltan que buena parte del éxito de estos países no puede medirse en cifras económicas. La limpieza de sus calles, la urbanidad de sus ciudadanos, la importancia del trabajo bien hecho o una cultura que no tolera a los tramposos con características consustanciales a estas sociedades. Son cuestiones que dependen de la ética individual y que debe cambiar cada uno dentro de su ámbito de actuación. Sin embargo, al margen de estas circunstancias, los datos sí permiten hacernos una idea de cuál es el secreto que se esconde detrás de este renacimiento nórdico.
- ¿Impuestos?, sí, pero no tanto: aunque los estados escandinavos siguen teniendo uno de los niveles más elevados de impuestos y de gasto público respecto al PIB, la tendencia ha sido decreciente desde hace dos décadas. El mejor ejemplo quizás sea Suecia: en 1993, su presión fiscal era del 67%; ahora está por debajo del 50%. Y no sólo eso, en muchos casos, sus tipos son inferiores a los españoles. Si recaudan mucho en gran parte es porque también son muy ricos (es decir, una gran parte de la población está en los escalones más altos de cada tributo).
- Libres: tanto Dinamarca comoSuecia o Finlandiaestán siempre en los primeros lugares de los índices de libertad económica. Esto tiene un mérito enorme, porque estas clasificaciones también puntúan el nivel de impuestos o gasto del Estado. Y claro, en estos aspectos, dichos países están en los últimos puestos de la lista. El caso danés es paradigmático: tiene una puntuación bajísima en impuestos o gasto público, pero lo hace tan bien en todos los demás aspectos (regulación comercial, normativa laboral, facilidades para las empresas, seguridad jurídica,...) que en el Índice de The Wall Street Journal y la Heritage Foundation de 2013 se sitúa en el 9º puesto. Es más, quitando la cuestión impositiva, subiría hasta el primer lugar, por delante de referentes del liberalismo económico como Singapur o Hong Kong. Podría decirse que estos estados te quitan mucho de tu dinero, pero con el que te dejan después de impuestos te dan una libertad absoluta. (Foto superior: imagen de un canal en Estocolmo).
- Decide el ciudadano: la clave de estos países no es sólo cuánto recauda el Estado, sino también cómo se gasta ese dinero. Por ejemplo, Finlandia está año tras año en los primeros puestos del Informe Pisa sobre calidad del sistema educativo. Y una mirada atenta a su modelo escolar podría ofrecer muchas sorpresas. Los colegios en Finlandiatienen mucha autonomía, los padres tienen capacidad de elección de los centros a los que enviar a sus hijos, los maestros tienen incentivos que se corresponden con su buen o mal rendimiento... Es decir, muchas de las características del modelo del cheque escolar, una vieja reivindicación liberal, están presentes en este país. (Foto superior: imagen de una plaza de Oslo)
De hecho, esto es aún más acusado en el caso de Suecia oDinamarca. En ambos países, existen modelos de cheque escolar casi puro. La sanidad sueca, por ejemplo, tiene uno de los mayores porcentajes de provisión privada de los servicios. Dinamarca aparece el segundo en la lista del Health Consumer Index (el índice por excelencia de la sanidad europea) por las posibilidades de elección que ofrece a sus ciudadanos, que se traducen en unos servicios excelentes. Luego, todo este gasto aparece en las estadísticas como gasto público (y técnicamente lo es), pero en realidad los mecanismos de asignación de recursos recuerdan mucho a los que utiliza el mercado y la decisión final casi siempre es del ciudadano, no del burócrata de turno.
- Cantidad y calidad: en materia de impuestos, como decíamos antes, es evidente que estos países están entre los que más cobran del mundo. Pero cuidado, los expertos avisan de que no es sólo una cuestión de cantidad, sino también de calidad. Así, comparativamente, tienen unos tributos no tan elevados entre aquellos que penalizan la creación de riqueza (IRPF, Sociedades,...). A cambio, tienen más tasas, servicios públicos más caros (los paga el usuario) e impuestos al consumo más elevados.
Austeridad y crecimiento: Suecia o Dinamarca (países de la UE pero no de la Eurozona) han desmontado toda la retórica que enfrenta las políticas austeras con el crecimiento. Sus cuentas públicas están equilibradas. En ninguno de los dos países, la deuda llega al 50% del PIB. En 2011, el déficit de las administraciones públicas danesas apenas alcanzó el 1,8%; las suecas, mientras tanto, tenían un superávit del 0,4%. Y eso no ha sido obstáculo para que hayan superado la crisis con una relativa rapidez (no es que no hayan sufrido, pero mucho menos que los demás grandes estados de la UE).
Fuente: http://www.libremercado.com/2013-02-17/el-milagro-que-llego-del-frio-por-que-los-nordicos-estan-de-moda-1276482449/

sábado, 16 de febrero de 2013

LA MEJOR SALIDA DE LA CRISIS España, ¿la California de Europa?, por D. SORIANO


Imagen de la sede central de Oracle, en Redwood City, California. | Corbis
Este sábado, al salir de casa, la mayoría de los españoles mirarán al cielo y verán un sol radiante sobre sus cabezas. En el noreste se anuncian algunas nubes, que irán extendiéndose a lo largo de la jornada, pero nada grave. Y, sin contar las zonas montañosas, lasprevisiones apuntan a unas temperaturas máximas que irán de los 20 grados de algunas zonas de la costa mediterránea a los 10-12 ºC del norte de Castilla y León. Como es algo habitual, no se le da importancia, pero al mismo tiempo que los ciudadanos de Almería, Valencia o Cádiz pueden disfrutar de un reconfortante paseo por la playa, los vecinos de Viena, Helsinki o Coppenhague previsiblemente se encontrarán con densos nubarrones, algunos copos de nieve y máximas que difícilmente superarán los 0ºC.
¿Y qué tiene eso que ver con la economía? Pues puede que mucho. Durante gran parte de la historia europea, se ha asociado la riqueza con el mal clima y se ha enfrentado a los industriosos norteños con los perezosos mediterráneos. La teoría venía a decir que en los países con buenas temperaturas, los incentivos para ir al trabajo eran menores, mientras todo empujaba a tomárselo con más calma.
Sin embargo, ese tópico puede que sea simplemente eso, un tópico. En las últimas décadas, algunas de los lugares más pujantes del mundo gozan de un clima benigno: desde Australia a Singapur, pasando por Israel o el mítico Sillicon Valley de California. Y en EEUU, desde 1970, no hay ninguna región que pueda equipararse en crecimiento al llamado "sun belt" (cinturón del sol), un grupo de estados que recorren el sur del país, desde el Atlántico hasta el Pacífico. Arizona, las dos Carolinas, Texas o el sur de California han sido testigos de un auténtico milagro económico. Y, mientras tanto, han seguido disfrutando de sus cielos, completamente despejados.

Talento e instituciones

Evidentemente, el secreto último de la prosperidad no reside en las altas temperaturas, sino en las instituciones. Las regiones y los países de los que hablamos en el párrafo anterior lideran habitualmente los ranking de libertad económica, flexibilidad, legislación pro empresarial, seguridad jurídica... Si hubiera una relación directa entre buen clima y crecimiento económico, Palermo sería mucho más rico que Oslo.
Pero lo que sí se está poniendo de manifiesto, y hay muchos estudios que lo respaldan, es que el sol puede ser un activo económico de primer orden, y no sólo en lo que tiene que ver con el turismo. Losexpertos en Recursos Humanos repiten que cada vez es más importante ofrecer al trabajador un entorno en el que se sienta cómodo trabajando, un estilo de vida atractivo y facilidades para compaginar la faceta personal y profesional. (Foto superior: imagen de Rojales, una de las localidades españolas con más porcentaje de población foránea).
En este sentido, hay que destacar que la economía moderna se basa en la búsqueda del talento y es evidente que poder salir a pasear, montar en bicicleta, jugar al golf o tomarse una cerveza, un 15 de febrero, con 20 º C de temperatura, es un magnífico incentivo para atraer a esos trabajadores con potencial. Evidentemente, no es lo único que importa. Pero la pregunta que deberían hacerse los españoles es: ¿qué pasaría si ofreciéramos las mismas leyes, impuestos, servicios, regulación empresarial o seguridad jurídica que Alemania, Austria o Suecia? ¿cuántas empresas de primer nivel estarían dispuestas a trasladar su sede o sus fábricas a nuestro país? ¿no estamos desperdiciando uno de nuestros mejores activos?
Porque, además, existe una cuestión fundamental: España sí podría intentar replicar las instituciones de estos países. Es una cuestión de voluntad política. Pero por mucho que lo intenten, para ellos será imposible imitar nuestro sol.

"Quieren pasar más tiempo aquí"

El pasado martes, The Economist reunió a expertos, empresarios y analistas con el objetivo de analizar las posibilidades de futuro de la economía española. Y aunque no estaba en la agenda, hubo una sorprendente coincidencia en la importancia que podría tener para nuestro país su situación geográfica. Como explicaba Roger Wolcott, director y co-fundador de la red Kellogg Innovation, "hay mucha gente que quiere pasar más tiempo aquí, pero tenemos que permitirles que desarrollen su espíritu empresarial".
De hecho, España lleva décadas atrayendo talento y dinero. Por ejemplo, en una cuestión tan competitiva como el deporte de primer nivel, la Península Ibérica es el principal centro de Europa. Y no hablamos de la liga de fútbol o de figuras como Rafa Nadal o Fernando Alonso. Los test de invierno de las principales escuderías de Fórmula 1, algunas de las mejores academias de tenis del mundo, los entrenamientos de los equipos de ciclismo punteros y un buen puñado de jugadores de golf del circuito europeo tienen su sede en España. Estas actividades se podrían realizar en cualquier sitio, pero nos eligen por la mezcla de buen clima, grandes infraestructuras y cercanía a sus mercados naturales.
Del mismo modo, losMBA españoles están entre los más demandados del mundo. Una razón está en su calidad, pero las propias escuelas de negocio admiten que la calidad de vida de Madrid o Barcelona también actúa como gancho. El problema es que, luego, España desperdicia buena parte de ese talento y muchos licenciados en IEIESE o ESADE, que podrían abrir sus negocios aquí, acaba yéndose al extranjero. (Foto superior: imagen de los rascacielos de la zona de Azca, en Madrid. | Corbis).
Y aún más evidente es el potencial de nuestras costas para losjubilados de alto poder adquisitivo. Normalmente se piensa en ellos como una especie de turistas de larga duración, pero lo cierto es que éste es un segmento del mercado con muchísimas posibilidades para un buen número de industrias: turismo, construcción, restauración, sanidad, sector financiero, textil, mobiliario,... De hecho, ya hay quien habla de una Florida europea (algo que no tendría nada de malo), pero en realidad el modelo podría ir incluso más allá.
Por eso, Mónica de Oriol apuntaba en el foro del semanario británico que incluso el exceso de infraestructuras puede ser un recurso a medio plazo; eso sí, si se consigue igualarse en las demás cuestiones importantes: "En cinco años, los ingleses seguirán sin infraestructuras y nosotros ya las habremos pagado. Tenemos un valor, la capacidad de adaptación al cambio".
Otro de los asistentes apuntaba que una de "las ventajas competitivas de España es el sol y su larga extensión de costa. Pero tenemos que añadir valores a nuestra costa, no sólo servir café. Mirad a Florida, no podemos sólo vender casas. Tenemos que atraer a doctores si vamos a traer a gente mayor. ¿Por qué no podemos convertirnos en la California de Europa?".

Los datos

  • En la última década de crecimiento constante en EEUU, entre 1990 y 2000, los estados del Sun Belt crecieron muy por encima de la media nacional. Así, mientras el conjunto de EEUU tuvo un incremento del PIB per cápita del 51,8%, Texas se fue al 54,2%, Georgia al 65%, Arizona al 63% y Carolina del Norte al 60%. Estos datos son especialmente meritorios, teniendo en cuenta que su población se incrementó también en esos años, en parte debido a la llegada de inmigrantes, que se incorporaban a su pujante sector servicios. Pues bien, incluso aunque estos recién llegados tiraban el PIB medio hacia abajo, el sun belt logró mantener su ritmo.
  • Y si los datos de crecimiento son llamativos, aún lo son más los de población. Mientras en el conjunto del país el número de habitantes creció un 13%, en Arizona lo hizo un 40%, en Georgia un 26% y en Texas un 23% (Foto superior: vista aérea de Phoenix, Arizona).
  • La crisis inmobiliaria que se desató en 2007 tuvo un fuerte impacto en estos estados. Sin embargo, se están recuperado con rapidez y ya vuelven a mostrar tasas de crecimiento superiores a la media nacional. De esta manera, Texas, Florida, Carolina del Norte y del Sur o Georgia están entre los diez estados que han recibido más inmigración neta en 2011. Y en Miami, Orlando o Phoenix las tasas de nuevos vecinos han visto crecimientos superiores al 25%.
  • Desgraciadamente, España todavía no se ha convertido en el sun belt europeo. Aunque condiciones no le falta. Por ejemplo, en cuanto al buen tiempo. En la mayor parte del noreste francés, Bélgica, Alemania, Holanda, Reino Unido o los países nórdicos, lamedia de horas de sol no supera las 2.000 anuales. Mientras, en la mayor parte de España, se rondan (o se superan) las 3.000.
  • Y lo mismo puede decirse de las temperaturas durante buena parte del año. Por ejemplo, en Barcelona en febrero, la media durante el día es de casi 15ºC; en Londres apenas supera los 8ºC y en Estocolmo se quedan en los 0ºC.
  • Aunque en términos económicos, España ronda el puesto 30º en las tablas de riqueza, suele aparecer mucho mejor clasificado en los índices que miden la calidad de vida. Por ejemplo, en el que realizó en 2005 The Economist, aparecía en décima posición, muy cerca de países como Dinamarca, Australia o Suecia, y por encima de otros como Finlandia, Estados Unidos o Canadá.
  • No es extraño que sea uno de los países con más atractivo para los extranjeros. Por ejemplo, en una encuesta realizada en el Reino Unido a finales de 2011, España aparecía como el segundodestino ideal para los británicos que estaban pensando en una nueva vida, sólo por detrás de Australia. Y las universidades hispanas reciben el mayor número de solicitudes Erasmus de toda Europa. ¿Por qué no capitalizar esta simpatía en inversiones o atracción de talentos?
  • El problema de España reside en que, aunque cae bien a los extranjeros, no tiene una imagen fiable en lo que hace referencia a negocios, inversiones o niveles de corrupción. Hace unas semanas, Funcas presentaba un estudio sobre la percepción que de nuestro país se tiene en el extranjero y la conclusiones eran claras: la sociedad española aprueba con nota; mientras, sus políticos y sus instituciones suspenden.
  • No es una cuestión sólo de percepciones. En los índices de libertad económica, que miden cómo de atractiva es una economía para la inversión y cuántas facilidades ofrece a los empresarios, España ocupa año tras año posiciones muy mediocres. Es más, en temas como la facilidad para abrir un negocio o la flexibilidad de su mercado laboral, su realidad es tercermundista. Mientras tanto, Dinamarca, Suecia o Suiza no bajan de los veinte primeros puestos a nivel mundial, y en muchas ocasiones se meten en el top ten. Para responderse a por qué las grandes empresas o los profesionales de más talento se marchan allí, a pesar de la dureza de su clima, quizás una mirada a estos datos no estaría de más.
Fuente : http://www.libremercado.com/2013-02-16/espana-la-california-de-europa-1276482438/

lunes, 11 de febrero de 2013

Eurovegas y puritanismo. Por eso estamos así, POR JORGE VALIN




Tras la última la decisión sobre el macrocomplejo de Alcorcón, Eurovegas, ha renacido el debate otra vez si éste lícito o no. No es que esté especialmente a favor ya que las condiciones principales y gestor será la administración y ya hemos visto que ocurre cuando ésta toma en monopolio las decisiones del mercado mediante licencias, pero el proyecto tiene más puntos a favor que en contra. Como ha dicho José Luis Ruiz Bartolomé:
“Gracias a esta iniciativa, Madrid está llamada a convertirse en el principal destino europeo de ferias y congresos. Y eso se traducirá en un fuerte desarrollo del sector del transporte -especialmente el aeroportuario-; un notable impulso del sector hotelero y la hostelería; y un fuerte impacto para el resto de actividades relacionadas con el turismo”.
Lo que no entiendo es esta visión agresiva contra el proyecto de Eurovegas por razones que recuerdan  al más rancio puritanismo. Sus detractores más hostiles nos dice que se podrá fumar, habrá prostitución, empleos basura, que se pervierte la imagen de España… Bueno, leyes que prohíben estilos de vida, tan defendida ahora por los socialistas, son la que nos ha llevado, en parte, a la situación actual.
Este tipo de neopuritanos creen que las vidas de los demás son propiedad de ellos. No son más que aprendices de dictadores. Nadie tiene derecho a obligar al resto a imponer ningún tipo de norma moral sobre su persona ni propiedad por la sencilla razón que nadie es propiedad de otra persona. Eso implica esclavitud. Estamos en contra que alguien infiera en la vida de una mujer musulmana obligándola a ponerse burka, pero nos parece maravilloso que el Gobierno obligue a un empresario a que no se pueda fumar en su local o que una mujer ejerza ciertas profesiones porque son inmorales. La tiranía de las buenas intenciones no tiene nada que ver el altruismo ni humanidad, sino con la imposición y coacción. Como dijo Roderick Long:
“En otras palabras: [las personas] no son tuyas para que les mandes. Sus vidas no son tuyas para microgestionarlas. Los frutos de sus trabajos no son tuyos para disponerlos. No importa lo inteligente o maravilloso o útil que sería lo que sea que quieras que otras personas hagan. No es asunto tuyo si usan cinturones de seguridad, rinden culto al dios correcto, tienen relaciones sexuales con las personas equivocadas, o participan en transacciones de mercado que te irritan. Sus opciones no son tuyas para dirigirlas. Son seres humanos como tú, tus iguales bajo la ley natural. No posees autoridad legítima alguna sobre ellos. Mientras ellos no crucen la línea y empiecen a tratar a otras personas como su propiedad, no tienes ningún fundamento moral para iniciar la violencia contra ellos, ni para autorizar a cualquier otra persona que lo haga en tu nombre”.
Los neopuritanos en realidad basan sus lemas y creencias en el odio, en que alguna persona pueda ser feliz por ejercer su libertad y pasárselo bien sin el consentimiento de un tirano social y de la producción. Este exceso de normas puritanistas nos ha llevado a donde estamos, una sociedad y economía cercenada por lobbies y grupos que creen que cada aspecto del ser humano ha de ser aprobado mediante una licencia o ley arbitraria. Con esta mentalidad no solo matamos el progreso, sino la libertad de elección de cada individuo sometiéndolo al Gobierno Total y a merced de los grupos de presión. Así no avanzaremos ni económica ni socialmente.
.Fuente: http://jorgevalin.wordpress.com/2013/02/11/eurovegas-y-puritanismo-por-eso-estamos-asi/

sábado, 9 de febrero de 2013

Chávez y el devastador camino hacia el socialismo, por Juan Ramón Rallo



Pocas horas después de publicarse este artículo el gobierno de Chávez devaluó la moneda de su país un 30%.
La economía venezolana se está descomponiendo por momentos. Los estragos de una década de chavismo son cada vez más evidentes para todo aquel que quiera observarlos. Que durante años la situación fuera grave pero no dramática se debió simple y llanamente a que el tirano bolivariano sobrevivía gracias a las rentas del petróleo y a la rapiña puntual del sector privado.
Mal que bien, desde hace varias décadas Venezuela había logrado acumular importantes cantidades de capital que el gorila rojo, con sus características demagogia y retórica fascio-socialista, supo ir expropiando en nombre de un pueblo al que terminó acomodando en el parasitismo.
Hoy, Venezuela es un país con una economía destruida y una industria desmantelada. Su única exportación, su única fuente de riqueza, es el petróleo. Gracias a las ventas de esta materia prima al resto del mundo, los venezolanos obtienen los dólares que necesitan para poder comprar en el extranjero todo –todo– lo que les falta.
Así, desde 2003, momento en el que Chávez decidió impedir a las empresas privadas huir de su dictadura imponiendo un control de cambios, todo ciudadano que desea comprar al extranjero, ha de acudir con esa bazofia de divisa llamada bolívar ora al Gobierno ora al mercado negro. Hasta el pasado 10 de enero, el Gobierno, a través de su sucursal el Banco Central de Venezuela, vendía un dólar por 2,15 bolívares, pero sólo a los individuos que contaran con el favor de Chávez. Son las consecuencias del control de cambios: si el Estado no te quiere proporcionar divisa extranjera, no la puedes obtener a menos que acudas a medios alegales o ilegales.
Los particulares, gracias a su pequeñez, tenían la opción del mercado negro, donde podían adquirir dólares a precios que alcanzaban hasta los siete bolívares por billete verde. Pero las grandes empresas tenían que pasar por el filtro de Chávez, lo que generalmente significaba la negativa a la compra de dólares, agravando la destrucción de la industria venezolana (¿se imaginan como funciona una compañía que no pueda adquirir los factores productivos que necesita?). La nueva oligarquía venezolana temía que las grandes empresas sacaran su dinero del país y se lo entregaran a sus legítimos propietarios –los accionistas– en lugar de brindárselo con las manos atadas a los legitimados ladrones del régimen; de ahí que numerosas compañías españolas, como Telefónica, tuvieran millones de euros de beneficios cautivos en forma de bolívares que ahora se han diluido como un azucarillo.
Tras la devaluación del bolívar el pasado 10 de enero, a los venezolanos les costará 4,3 bolívares comprar un dólar. Así, los venezolanos deberán pagar el doble por los productos extranjeros y por sacar el dinero al exterior.
Nadie debería sorprenderse, pues, de que después de esto la ya de por sí elevada inflación (en 2009 superará el 25%) estalle, no sólo porque el precio en bolívares de las importaciones se ha disparado, sino porque la capacidad de Chávez para inflar la cantidad de bolívares sobre una misma base de dólares se ha multiplicado por dos.
El gorila tilda de “especuladores” a quienes simplemente tratan de repercutir los costes que él ha multiplicado a los precios y ya ha empezado a extender las garras del Estado sobre los negocios cuya única alternativa a no incrementar los precios era echar el cierre. Si vendías a cinco lo que comprabas a cuatro, difícilmente podrás seguir vendiendo a cinco lo que ahora te cuesta a ocho.
En realidad, sin embargo, los comercios venezolanos no tienen alternativa. Es una ficción incluso que puedan optar por cerrar. La devaluación del bolívar se encaminaba, desde un principio, a expropiar la poca riqueza que les quedaba a los ciudadanos y a las empresas extranjeras, a obligarles a entregarle al Gobierno el doble de sus ahorros para poder acceder al mercado exterior. Todo ha sido programado para que el entramado empresarial pase a ser propiedad exclusiva del chavismo. Cómo se implemente esta nacionalización es sólo cuestión de detalles (inflación, devaluación, expropiaciones, regulaciones…). No se trata de subir los precios y de ser nacionalizado o de mantenerlos y echar el cierre: Chávez pretende que todo pase a su propiedad. Y es que amamantar a un país en ruinas mediante las subvenciones estatales obliga a robar hasta la última migaja de pan al sector privado.
Tal y como tristemente están redescubriendo los venezolanos y los empresarios que creyeron que podrían hacer negocios con el régimen, el camino hacia el socialismo está repleto de miseria para todos los individuos salvo para los que integran la nomenclatura. No lo olvidemos nosotros también: ése es el “progreso” que nos vende a diario la izquierda, nuestra izquierda.
Fuente: http://juanramonrallo.com/2010/01/chavez-y-el-devastador-camino-hacia-el-socialismo/

martes, 5 de febrero de 2013

John Ralston Saul: “No hay razón para salvar a los bancos”


La persecución del Santo Grial del crecimiento es un error; la economía se ha convertido en asunto de ficción; el dinero ya no representa nada real; hay que reconsiderar qué es una deuda y qué papel deben desempeñar los bancos en un nuevo mundo. Estas son algunas de las ideas que vertebran el pensamiento de John Ralston Saul, escritor, ensayista y filósofo canadiense al que la revista Time calificó de “profeta”.
Por alternativo que pueda resultar su discurso, Ralston está lejos de ser, a sus 64 años, un perroflauta. Alto, delgado y de elegantes andares, acompaña su aspecto de dandi con un discurso sin paños calientes. No reniega del capitalismo; de hecho, reivindica a uno de los referentes del liberalismo, Adam Smith. Pero propone medidas como que se rescate a los ciudadanos desahuciados o sepultados por una hipoteca en vez de salvar a unos bancos que solo conseguirán que la espiral de la deuda siga creciendo.
Una cita poderosa encabeza su último libro, El colapso de la globalización y la reinvención de mundo: “Todavía no entiendo del todo por qué ocurrió. Alan Greenspan, 23 de octubre de 2008”. La frase del exdirector de la Reserva Federal estadounidense da la medida del desconcierto que ha creado la crisis, incluso entre aquellos que la incubaron. Y a ese desconcierto es a lo que se viene enfrentando en los últimos años este pensador canadiense que nada a contracorriente.
PREGUNTA: Estamos inmersos en un periodo negro de la economía, y no parece que las cosas mejoren sustancialmente, ni en el mundo, ni en España, ni…
RESPUESTA: Existe una nueva religión absoluta del crecimiento, el comercio, la santidad de la deuda y de los contratos comerciales, con la que intentan hacernos creer lo inteligentes que son los políticos y lo estúpidos que somos los demás. Da igual lo mala que sea la situación actual, ellos siguen aplicando las mismas recetas, haciendo lo mismo. Eso es lo que se está haciendo en España y en todas partes. El sistema avanza en la misma dirección. Los problemas que hay se están agravando. Nadie reconoce cuál es el auténtico problema. El crecimiento no nos va a sacar de donde estamos; la austeridad, tampoco. Veremos cómo resisten todo esto las democracias. Están poniendo la democracia en peligro.
El crecimiento no nos sacará de donde estamos; la austeridad, tampoco”
Ralston es un hombre de discurso ágil y fluido, sin pelos en la lengua. Nos encontramos con él en el restaurante de un céntrico hotel de Barcelona. La revista norteamericana de pensamiento alternativo Utne Readerle situó entre los 100 pensadores y visionarios más importantes del mundo. Autor de 16 libros (entre ellos, el ensayo filosófico Los bastardos de Voltaire. La dictadura de la razón en Occidente) y de cinco novelas que han sido traducidos a 22 idiomas, Ralston Saul es además el presidente del PEN International, asociación de escritores que data de 1921 y lucha por la libertad de expresión en todo el mundo.
En 2005, tres años antes de que se desencadenase la crisis, publicó el libro El colapso de la globalización y la reinvención de mundo, del que lleva vendidas 400.000 copias, según los datos que facilita su editorial, RBA. En él analizaba el fracaso de los criterios que guían el sistema de relaciones económicas y financieras entre países, explicaba la crisis de un modelo y anticipaba un colapso. En 2009, a la vista de que algunas de sus predicciones se habían cumplido, reeditó con añadidos un libro que llega ahora en su versión española, con un prólogo que aborda cuestiones como el rescate de Bankia.
P: En el libro sostiene usted que el dinero no es real y que nos hemos convertido en sus esclavos. Habla de que vivimos en una economía ficticia. Y dice que en los años setenta el comercio era seis veces el valor de los bienes y que en 1995 era 50 veces más. ¿Cuántas veces más lo es ahora?
R: Nadie lo sabe, pero debe de estar alrededor de 150. Lo más vergonzoso es que los números no están disponibles, o al menos yo no he podido encontrarlos.
John Ralston / GIANLUCA BATTISTA
P: ¿Y eso qué significa?
R: La ironía es que la globalización ha conducido a lo opuesto de lo que prometía. Prometió competencia, y ha causado el regreso a los oligopolios; prometió renovación del capitalismo, y ha supuesto la vuelta al mercantilismo; prometió el final del nacionalismo feo [sostiene que también hay un nacionalismo positivo], y ha traído la era más nacionalista desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Prometió crecimiento, no tenemos crecimiento; prometió empleo, no tenemos empleo… y así se puede seguir con la lista. Nada de lo prometido ha ocurrido. Dijeron que con el keynesianismo se imprimía mucho dinero; que había que controlar el dinero en circulación y que eso haría funcionar la economía. El hecho es que todo este periodo ha llevado a la mayor expansión en la cantidad de dinero en la historia del mundo, hemos visto cientos de ejemplos de nuevos tipos de dinero: las tarjetas de crédito, los bonos basura, los derivados… Todo eso es imprimir dinero, pura inflación de la cantidad de dinero. El argumento capitalista era que el dinero era lo que engrasaba la maquinaria. Pero llegado un momento dijeron: el dinero es real, por eso es bueno tener a gente trabajando en el sector financiero. ¿Las fusiones y grandes adquisiciones de empresas?: eso es im­primir dinero. Cada vez que una compañía compra otra y se endeuda en, digamos, 700.000 dólares, eso quiere decir que se acaban de imprimir 700.000 dólares, acaban de crear 700.000 dóla­res que antes no existían. Nunca tuvimos tanto dinero circulando en el mundo y tan mal repartido. Y por eso cuando ocurre la crisis, la gente que es parte de esa lunática inflación dice: hay que salvar a los bancos.
P: ¿Y no hay que rescatar a los bancos?
R: No hay razón para salvar a los bancos, no necesitamos tanto dinero. Lo razonable habría sido aprovechar la oportunidad para limpiar el desorden. No hay más que tomar el ejemplo español de Bankia. Una buena política habría sido, por ejemplo, que el Gobierno anunciase que pagaría todas las hipotecas hasta una cantidad determinada, pongamos 300.000 euros. Das el dinero a la gente que está en su casa y que tiene una hipoteca, y de hecho salvas a los bancos: es el ciudadano el que da el dinero a los bancos al cancelar su hipoteca. De pronto, la gente ya no tiene deudas y puede gastar lo que gana. Así es como se crea una clase propietaria y además se relanza la economía. Es tan simple.
P: ¿Y eso es posible?
R: Por supuesto. Para mí la pregunta es: ¿es posible que demos todo ese dinero a los bancos, que fueron los que crearon el problema, para que no se gasten ese dinero y para que continúen autoconcediéndose enormes bonus? ¿Es eso posible? ¿Es eso legal? ¡Vamos, denme un respiro! Hay otra opción: no queremos salvar a todos los bancos, no queremos tanto dinero, así que paguemos 150.000 euros de esas hipotecas y cancelemos el resto de la deuda, 150.000. Los Gobiernos tienen el poder para hacerlo. De ese modo, 150.000 euros no vuelven a los bancos, limpias el sistema bancario y reduces la cantidad de dinero que circula, que es algo positivo.

Viajero alrededor del mundo

John Ralston Saul (Ottawa, Canadá, 1947) es un hombre que viaja constantemente por todo el mundo. Siempre lo ha hecho. Sobre estas líneas, una foto del año 1976, en el Ártico, adonde acudió como ‘número dos’ de Petro-Canada, una iniciativa que el Gobierno canadiense puso en marcha en los setenta, en plena crisis energética, para recuperar el control sobre sus reservas de petróleo.
Su condición de presidente del PEN International, asociación de escritores creada en 1921 que lucha por la libertad de expresión, le hace moverse de un lado a otro continuamente. En noviembre estuvo en Turquía con una delegación de 20 escritores: “La situación de la libertad de expresión se está deteriorando en ese país”, afirma. “Hay 70 escritores en prisión y 70 inmersos en juicios imposibles”.
P: Pero no debe de ser tan fácil de hacer. Por ejemplo, la gente que alquila se sentiría agraviada.
R: Habría que estudiar los números. La política económica es intentar mover las cosas en una buena dirección. No significa hacer exactamente lo mismo en cada sitio, ni significa que tengas que hacerlo todo a la vez. Resuelves primero ese gran problema y luego haces un programa para alquileres de forma que la gente pueda comprarse la casa que está alquilando. Se pueden hacer más cosas. Por ejemplo, dar una renta mínima a la gente en vez de que tenga que hacer colas para acceder a prestaciones, subsidios y ayudas, en vez de humillarla examinando sus requisitos una y otra vez; ayudas que además resultan caras de administrar… Muchos conservadores, liberales y socialdemócratas responsables están de acuerdo en que sería mucho mejor una renta garantizada anual. Supondría liberar a la sociedad, devolver a la gente el respeto por sí misma. La gente humillada o marginada se sentiría parte de la sociedad. Es curioso, pero hay mucha gente que está de acuerdo con estas ideas.
P: ¿Ah, sí?, ¿y dónde están esos conservadores y liberales que piensan así?
R: ¡En todas partes! No están entre los neoconservadores, pero sí entre muchos conservadores. Muchos empresarios creen en esto. Pero como el debate se pierde en los pequeños detalles y la idea dominante es que hay que reducir el peso del Estado, nadie pone estas cuestiones sobre la mesa.
P: ¿Qué posibilidades hay de que algo como lo que relata se pueda llevar a cabo?
R: Hay posibilidades, por supuesto; han sido posibles muchas otras cosas en los últimos años. Por ejemplo: la clase directiva del sector privado ha conseguido, presionando a los Gobiernos, regulaciones que han convertido el fraude en algo legal. Ahí están esos consejeros delegados percibiendo bonus y participaciones en las acciones, ganando millones cada año: ¡pero si solo son gerentes! Están en el puesto por cinco años, se irán a jugar al golf cuando se retiren, ¡no son nadie! ¡Nadie conoce sus nombres, no han hecho nada en particular! ¿Deberían cobrar esos bonus cuando la empresa va mal? Ese no es el debate. El debate es: ¿deben recibir bonus? ¡Si ya les han pagado! Han usado su influencia para cambiar el sistema impositivo en todos los países para no tener que pagar demasiados impuestos por esos bonus. Eso es fraude. Probablemente, los dos ejemplos más evidentes de fraude desde la Segunda Guerra Mundial son: el cambio en las disposiciones de ingresos de los directivos, fraude evidente hecho legal, y la transferencia de la deuda privada de los últimos años al sector público.
P: La Unión Europea está corroída por la deuda…
R: Hay quien plantea los eurobonos como solución a la crisis europea. ¿Estamos de broma? Yo digo: acabemos con la deuda. No pueden admitir que se han equivocado, así que hacen como que los bonos son algo que les permite coger toda la deuda, colocarla en los bonos y venderlos. Están colocando a la civilización europea bajo el peso de una deuda que no existe. Si tuvieran algo de imaginación y algo de coraje, convocarían una cumbre y dirían: sí, los españoles han hecho mal esto, y los griegos han hecho cosas horribles con esto, pero ninguno de nosotros es una parte inocente; ¿cómo podemos resetear el reloj? Básicamente, vamos a envolver parte de esta deuda en un sobre, escribiremos en el sobre la frase “Esto es muy importante”, lo pondremos en un cajón, lo cerraremos y tiraremos la llave. ¡Hay que pasar página, hay que superarlo! En vez de esto, están intentando volver a hacer lo mismo que vienen haciendo durante años, pero como si no lo hicieran.
P: Una propuesta sorprendente…
R: La mía es responsable y honesta. Ellos están haciendo una propuesta delirante e increíblemente complicada que no va a funcionar y que no nos lleva a ningún sitio. Y en el camino hacen que la gente sufra. ¿Qué piensan que van a decir los griegos cuando les reduzcan el salario mínimo en un 22%? Está claro que esto es como una cuestión religiosa. Como la economía es la nueva religión, han aplicado la moral a la economía. La deuda pública tiene peso moral, pero la privada no. ¿Cómo se come eso? Este es uno de los fracasos de la globalización. Si el sector privado se puede librar de la deuda, el sector público también.
P: Pero entonces, ¿qué pasa, que la deuda en realidad no existe?
R: La verdad es que no. El dinero es una convención. Un árbol es real, el dinero es una convención. Los necios, cuando llega la crisis, están convencidos de que el dinero es real. Enrique IV fue considerado como el Buen Rey porque Francia estaba hundida por la deuda y la hizo desaparecer; a partir de ese momento vivieron 250 años de prosperidad, por quitarse la deuda; Atenas construyó toda su historia tras haberse librado de su deuda; el imperio norteamericano está enteramente construido sobra una quita, se quitaron la deuda de en medio cinco veces entre la guerra civil y 1929; la riqueza de Estados Unidos a lo largo del siglo XX está enteramente construida sobre el hecho de no haber pagado su deuda en 1929: tomaron dinero prestado en Europa, en los mercados, y con eso construyeron ferrocarriles, carreteras, rascacielos y tuvieron un colapso económico: quienes les dejaron dinero lo perdieron y ellos se quedaron con sus infraestructuras. Estados Unidos vivió cinco colapsos que al final le dejaron libre de su deuda y le permitieron convertirse en líder a partir de 1935.
Llevamos 30 años de abrumadora mediocridad intelectual”
John Ralston Saul es un hombre apasionado, un orador nato. No es un anticapitalista. Se declara partidario de muchos de los preceptos de Adam Smith, de la propiedad privada, del mercado, y también de los servicios públicos. Dice que el capitalismo va a continuar. Pero considera que la globalización ha hecho daño. Y señala algunos culpables en su libro. Cita a la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe: economistas, directivos, consultores y propagandistas, es decir, periodistas de economía: “Difundieron la idea de que el comercio libre, la globalización y la búsqueda del crecimiento eran el único camino a la prosperidad”, manifiesta.
El ensayista canadiense carga contra la llamada generación del informe. Sostiene que el mundo está en manos de economistas y empresarios de capacidades muy limitadas y que en muchos casos son “analfabetos funcionales”. Gente que solo contempla el corto plazo.
“Los historiadores económicos son los intelectuales; los macroeconómicos son los semiintelectuales que dieron forma a las ideas, y luego están las abejas trabajadoras, que trabajan en lo micro, que no piensan y solo hacen números. Se eliminó a los historiadores porque, una vez que tienes la verdad, no quieres que el pasado sea examinado. Promocionaron a los semiintelectuales a los altares. Y elevaron a los que solo hacen números”.
Dice que estamos en manos de estos últimos. Explica que el apogeo de la globalización se produjo a mediados de los noventa, años en que el comercio vivía días de máxima liberalización, los impuestos a las grandes fortunas se difuminaban, las privatizaciones y la desregulación campaban a sus anchas y la civilización occidental abrazaba la religión neoliberal y adoraba el mercado global.
P: Usted ya viene alertando desde hace tiempo contra la globalización…
R: Se veían signos de que la globalización estaba llegando a su fin desde 1995. La globalización se está derrumbando por los defectos que contenía desde el principio como programa ideológico-filosófico-social. Todavía estamos viviendo sus consecuencias: si España se rompe, si Grecia deja de ser una democracia, si en Canadá se producen problemas internos que la resquebrajan, todo ello, en gran parte, será un resultado de la globalización. Yo soy un gran admirador de Stiglitz y Krugman [en alusión a los dos reputados premios Nobel de Economía], pero son dos economistas, y no lo pueden evitar, se fijan en los detalles: habría que hacer esto, habría que hacer lo otro… Hacen bien, pero se les escapa la cuestión principal, la naturaleza de lo que está pasando, la naturaleza de la bestia llamada globalización.
P: Sostiene usted que la globalización se convirtió en religión, en dogma…
R: El Vaticano, en sus momentos de gran poder, era religión de modo marginal; más bien era una cuestión de política y de poder; con la globalización pasa algo similar: es algo económico, de modo marginal; es una cuestión de política y de control, de poder; es un modelo social, igual que la Iglesia católica lo fue o el imperio británico. Y se rompe porque como modelo social no funciona y siembra la catástrofe por el camino. En realidad, la globalización viene de un grupo de gente bastante marginal que tomó unas viejas ideas de mediados del siglo XIX pasadas de moda. Una de ellas era inglesa: el comercio libre, y la otra era el capitalismo de bucaneros, que se remonta a finales del XIX en Inglaterra y Estados Unidos. Unieron las dos cosas y dijeron: esta es una gran idea. Y no pensaron en las consecuencias de la unión de esas dos ideas. En la crisis de los años setenta estábamos con excedentes de producción, no se debía resolver el problema incrementando el comercio, porque ya había demasiados bienes. Es decir, la solución que encontraron para el problema era la contraria a lo que se necesitaba. Llevamos 30 años de abrumadora mediocridad intelectual, sin sentido de la historia, ni imaginación, ni creatividad, sin pensar qué estamos haciendo y adónde vamos: una gran banalidad con tremendos resultados.