Juan J. Molina

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Juan J. Molina

viernes, 12 de febrero de 2016

EL HOMBRE QUE PINTÓ DE AZUL UNA MONTAÑA, por juan J. Molina





                

Se llamaba Diego, me acabo de enterar que ha muerto hace unos días en Cádiz, lejos de su montaña azul en su pueblo de Cabezo de Torres, una pedanía encaramada sobre un pequeño cabezo al costado de la ciudad de Murcia. 
Le conocí hace muchos años, de cuando en cuando venía a mi estudio de pintura y charlábamos sobre lo humano y lo divino, más sobre esto último. Venía con su caña cuya cepa de raíz él identificaba con la cabeza de Dios, yo intenté encontrar también esa cara de Dios en la enrevesada raíz, en fin, nudos retorcidos, abiertos a la imaginación desbordada de un hombre que había llenado su vida y su cuerpo de viajes a través de la sangre de sus venas. Me dijo que estaba cogiendo patatas en algún campo de alicante y encontró esa caña “signo divino” que le impulsó a ir, como un apóstol de los tiempos modernos, contando la buena nueva de la palabra de Dios, eso sí, a su manera. Lo mismo se subía en banco de un parque, que se ponía a cantar en misa con su vozarrón que asustaba a las beatas, sacando de quicio al cura del pueblo.
Un día, seguramente por mandato de Dios, empezó a pintar las rocas de la montaña de su pueblo. La pintó de azul, pudo haber sido de rojo o de verde, pero los botes sobrantes de alguna obra que alguien le dio, eran precisamente azules, bendito azul. 
Y se hizo famoso, “el hombre que estaba pintado una montaña”. Unos le tomaron por loco, otros por visionario y otros por artista conceptual; los que le conocimos, aunque fuera poco, sabemos que nada de eso es verdad. 
La montaña azul de Diego es tan sólo la obra grande de una vida pequeña, anónima, algunos dirán que la vida de un perdedor, un fracasado desgastado por el mal camino. Yo no lo veo así, Diego tuvo una vida, como tantas, la que él y sus decisiones moldearon, ayudado como siempre por ese toque de la mala suerte que nos acompaña cada vez que no acertamos. No hizo feliz a los suyos porque sufrían por él, estoy seguro de que no era consciente del sufrimiento que causaba, y casi puedo asegurar, que a su manera, fue feliz, a ratos.

Hoy Diego ya no está entre nosotros, hay un proverbio chino que dice: “En la vida debes hacer algo que demuestre que has vivido”. Sin duda él lo ha hecho. Ahí queda su montaña pintada de azul, la montaña de Diego, el hombre que pintó una montaña.
Dicen que sus familiares han ido a buscar su cuerpo para traerlo, ojalá sea cierto, espero que pueda descansar cerca de su montaña. 

11 comentarios:

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  2. Soy de Cabezo. No lo conocí pero me encantó lo que hizo en el monte de la cruz. Descanse en paz.

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  3. Soy de Cabezo. No lo conocí pero me encantó lo que hizo en el monte de la cruz. Descanse en paz.

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  4. Una pena su pérdida, como con la pérdida del Cayetano, se nos ha ido otro gran personaje de nuestro pueblo. Espero que allí donde estén, estén juntos y en paz, menuda dupla formarán. Se sabe de qué ha fallecido ? Saludos y gracias por el homenaje.

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  5. Buena gente y como tu dices artista incomprendido, para mi un ser con luz propia que vivirá por siempre gracias a su obra azul, forevers Pedro.

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  6. Yo no lo conocí supe de el por la prensa lo trataron de loco y quizás lo estuviera no lo se pero a mi me gusto mucho lo que hizo pues cada uno a su manera deja su huella de su paso por la vida y el lo hizo D.E.P ni son todos los que están ni están todos los que son

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  7. Yo no lo conocí supe de el por la prensa lo trataron de loco y quizás lo estuviera no lo se pero a mi me gusto mucho lo que hizo pues cada uno a su manera deja su huella de su paso por la vida y el lo hizo D.E.P ni son todos los que están ni están todos los que son

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  8. No sabía el origen del color de la montaña. Ahora desde luego es bien visible desde lejos

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  9. Descanse en paz. GRACIAS POR EL HOMENAJE A DIEGO NOSOTROS SEGUIREMOS SU MISION DE SALVAR A LA HUMANIDAD CON AMOR PAZ Y ESPERANZA

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  10. No sólo dejo una montaña, hay cientos de vídeos en Youtuber y un libro en blog donde narra sus vivencias, ¡Busquen y encuentren hermanos! ¡Diego vive!

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