Juan J. Molina

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sábado, 6 de febrero de 2016

VIAJE AL ORIGEN DE LA GUERRA

Nuevos hallazgos indican que los conflictos bélicos son anteriores a las sociedades organizadas


Representación de los arqueros de la cueva del Civil (Castellón). EL PAÍS

La guerra forma parte de la cultura de la humanidad. Las sociedades veneran a sus guerreros, les dedican monumentos y nombres de calles (una nomenclatura no siempre libre de polémica, como se puede comprobar en Madrid). Los textos literarios más remotos, el Antiguo Testamento, el poema de Gilgamesh y, sobre todo, la Ilíada, hablan de combates y de hazañas bélicas. Tal vez por eso, los historiadores asociaban siempre la guerra a la cultura y sostenían que, en la larga época en la que los hombres subsistían como bandas dispersas de cazadores-recolectores, se podía hablar de violencia entre individuos, pero no de guerra. Eso ha cambiado.
El reciente descubrimiento de una matanza de hace 10.000 años, cerca del lago Turkana, en Kenia, puede confirmar las sospechas que cada vez más científicos barajaban, basadas también en la evidencia de que los chimpancés organizan batidas contra otros grupos: la guerra es tan antigua como nuestra especie, antes de que hubiese propiedades y territorios que defender, ya existían conflictos. "Los neolíticos no inventaron la guerra. Los cazadores recolectores del Paleolítico o del Mesolítico ya combatían", escribe el investigador Jean Guilaine, del College de France, en su último ensayo, Caïn, Abel, Ötzi: L'héritage néolithique.
Este profesor, uno de los máximos expertos en el Neolítico —el momento en que la humanidad domesticó las plantas y los animales y comenzó la agricultura y, por lo tanto, la cultura moderna, hace unos 12.000 o 10.000 años— cita otros casos de matanzas y brutalidades en la prehistoria. El más famoso es Jebel Sahaba, en Sudán, un enterramiento del 12.000 a.C., en el que una veintena de los 59 cuerpos encontrados mostraba signos de violencia. Sin embargo, al tratarse de un cementerio es posible que fuese una cultura con algún tipo de sedentarismo. El caso de Turkana, desvelado por Nature en enero, es diferente porque está claro que eran sociedades de cazadores nómadas con un grado de violencia organizada tremendo.
Juan M. Vicent, experto del CSIC y uno de los máximos investigadores del arte parietal, explica que la guerra en la Prehistoria es "uno de los debates fundamentales de la antropología". Se trata de una discusión que replica la diferencia crucial entre Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau, entre la idea de unos seres violentos por naturaleza —"El hombre es un lobo para el hombre", defendía el primero— y la del buen salvaje del filósofo suizo.
División radical
"La historia de la guerra se inicia con la escritura, pero no podemos olvidar la prehistoria", escribe el historiador militar John Keegan, fallecido en 2012, en su clásico Historia de la guerra. "Los prehistoriadores están tan radicalmente divididos como los antropólogos respecto a la cuestión de si el hombre era o no violento con su propia especie".
Turkana puede poner fin a esta polémica y darle la razón a Hobbes. "Este hallazgo demuestra que la violencia letal entre grupos es anterior a la agricultura", explica Luke Glowacki, investigador en Biología Evolutiva Humana en la Universidad de Harvard. "Muchos antropólogos creen que las primeras sociedades humanas tenían algún tipo de enfrentamiento bélico, pero hasta ahora no existían datos que apoyasen este presentimiento", prosigue.
Vicent, en cambio, es menos rotundo: "La primera cuestión que hay que tener en cuenta es que las sociedades de cazadores-recolectores no son un tipo específico de sociedad, distinta en su organización y en sus prácticas culturales de otras organizaciones primitivas (un término también debatido) de agricultores sedentarios o móviles, ganaderos, horticultores...", asegura. "También depende de qué signifique el término. Si entendemos guerra en el sentido de violencia intercomunitaria o interpersonal como forma de solución de conflictos, entonces no hay ninguna sociedad humana en la que no se haya dado. Si entendemos guerra en el sentido de una práctica social sistemática, como continuación de la política por otros medios, entonces no. La guerra así entendida es un epifenómeno del Estado, y las sociedades primitivas son justo eso: sociedades sin Estado", agrega.
"La guerra en la humanidad siempre se ha relacionado con sociedades sedentarias. Por eso el hallazgo de Turkana es tan llamativo", explica Antonio Rosas, profesor de investigación del CSIC y paleobiólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, autor de Los neandertales.
Las guerras entre grupos de chimpancés, sobre las que hay ya una amplia documentación, llevan también a muchos investigadores a pensar que es un patrón de violencia organizada que ha continuado hasta nosotros. Glowacki, sin embargo, hace otra lectura: "Los orígenes de la violencia humana son seguramente similares a los que podemos observar en esos primates. Pero no hay que olvidar que los chimpancés y los humanos son únicos también por su capacidad de solidaridad entre grupos. Los intercambios y la cooperación han sido mucho más importantes en la evolución humana que la guerra".


EL MISTERIO DE LOS ARQUEROS


Una de las representaciones más antiguas de lo que parece un conflicto prehistórico se encuentra en el arte levantino (Patrimonio de la Humanidad de la Unesco), como la Cueva del Civil del barranco de la Valltorta, en Tírig, o en el Abric de les Dogues, en Ares del Maestre (Castellón), que muestra a arqueros enfrentándose. Sin embargo, es muy posible que estas pinturas hubiesen sido realizadas ya durante el Neolítico y, sobre todo, como explica Vicent, "la interpretación directa del arte prehistórico es siempre una ingenuidad". "No tenemos ni idea de qué significan las representaciones, más allá de los elementos reconocibles que intervienen en la composición de las escenas", agrega. ¿Se trata de una guerra o de una danza? ¿Fueron pintados todos los arqueros a la vez? En realidad, estas preguntas se pueden formular en casi todos los hallazgos del pasado remoto: la violencia es indiscutible, la guerra se pierde en la niebla del tiempo.
Una de las hipotesis que se han barajado sobre la desaparición de los neandertales es que hubiesen sido exterminados por los sapiens, la especie humana —la nuestra— que les remplazó. Antonio Rosas lo niega: "No hay ninguna evidencia de coexistencia entre esos dos grupos. La extinción de los neandertales no se produjo por violencia, sino por desplazamiento ecológico".

Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/02/05/actualidad/1454697897_262483.html

domingo, 20 de diciembre de 2015

LAS LENGUAS MÁS HABLADAS DEL MUNDO EN UNA SENCILLA INFOGRAFÍA

Esta interesante infografía rompe con elegancia los tópicos sobre los idiomas más populares del mundo y los países en los que se hablan.
En concreto, el círculo representa los 4100 millones de personas del mundo que hablan alguno de los 23 idiomas mayoritarios como lengua materna (el número de personas que realmente hablan una lengua en un país determinado puede ser en realidad superior).
languages-of-the-world lenguas del mundo
Fue creada para el South China Morning Post por Alberto Lucas López, periodista infográfico.
Aseguraos de ampliar y ver la versión completa para obtener todos los detalles.

miércoles, 1 de julio de 2015

Presidente de la Comisión de Educación y Cultura de la Asamblea regional de Murcia

He tenido el honor de ser nombrado Presidente de la Comisión de Educación y Cultura de la Asamblea regional de Murcia. Ahora toca trabajar por la educación y la cultura de nuestra región.

sábado, 8 de marzo de 2014

El hombre que creó todos los nombres, vascos.

Me encantaría saber si existe un fenómeno similar en la historia, la verdad. En el año 2000, de los 25 nombres de pila masculinos más empleados entre los ciudadanos de la Comunidad Autónoma Vasca, el 40% habían sido inventados por una única persona, cien años atrás.
Muchos conocen el caso. Hasta el siglo XX, los vascos, como cualquier otro pueblo de alrededor, escogían los nombres de sus hijos basándose en dos criterios principales: nombres ya presentes en su árbol familiar, y nombres del santoral cristiano, en sus versiones tradicionales en euskera en un primer momento, y en la forma castellana después. Hay un buen artículo de Jose Mª Satrustegi, disponible en versión trilingüe en la página de Euskaltzaindia: Historia de los nombres de persona, que da detalles y ejemplos históricos de estas tendencias.
ImagenPero todo cambió en 1897. Sabino Arana, el padre del nacionalismo vasco, buscaba una forma de que los vascos pudieran seguir teniendo nombres “cristianos” sin tener que emplear las formas castellanas. Podía haber hecho entonces un estudio filológico y haber recuperado las formas vascas tradicionales de dichos nombres, pero detectó un problema: esas formas tradicionales muchas veces eran adaptaciones fonéticas de las formas latinorromances, y, en su afán de purismo para con la lengua, no podía aceptarlo.
De manera que en dicho año 1897 publicó su “Egutegi Bizkattarra” (“Calendario Vizcaino”), que fue completado en 1910 por Luis de Eleizalde, llamándolo “Deun-Ixendegi Euzkotarra” (“Santoral Vasco”). Y propuso para la práctica totalidad de nombres de santos versiones inventadas por él siguiendo un criterio específico: acudir no a la forma romance del nombre sino a la raíz de dicho nombre en su (supuesto) idioma original, y una vez encontrada ésta, aplicarle una serie de reglas fonéticas dudosas para “vasquizarlo”; por último, dada su opinión de que los nombres vascos de varón debían acabar en –a y los de mujer en –e (por una teoría presente en el siglo anterior de que eran éstos los primeros sonidos que niños y niñas aprendían a pronunciar), modificó así la terminación de muchos de ellos.
La polémica que causó dicho nomenclátor la describe bien Henrike Knörr aquí. El mismo Arana no tuvo confianza en que sus nombres fueran aceptados. Pero ya hemos dado el dato del año 2000; el artículo sobre Sabino Arana de la Wikipedia menciona un estudio según el que ya en 1935 en determinadas zonas la incidencia de estos nombres era del 24%; y hoy en día siguen estando muy presentes.
Comentaré pues aquí el origen de varios de los “nombres sabinianos” más usados actualmente.
1015_2_74_0001[1]
  • JOSU (es de justicia empezar con mi propio nombre). Equivale a “Jesús”. Arana y Eleizalde lo trazaron a “Jheossuang”, y aplicaron la monoptongación de “eo” en “o” y de “ua” en “u”; curiosamente, aquí no mantuvieron la terminación en –a.
  • KOLDO. Forma acortada de la propuesta por Arana y Eleizalde “Koldobika”. Equivaler a “Luis”. Trazaron su origen en “Hlodovick” (evolucionó en romance por medio de “Ludovicus”). Asumieron que la “h” correspondía a una prounciación “k”, disolvieron la secuencia de muta cum liquida “kl” con una vocal epentética, y modificaron la terminación a –a.
  • KEPA. Equivale a “Pedro”. Este nombre fue en su origen un pseudónimo dado por Jesús de Nazaret a su discípulo Simón, y significa “piedra”; pero en las primeras versiones de la Biblia no se usaba la forma latina sino la aramea, “Cephas” (pronunciado “Kefas”). Arana y Eleizalde tomaron esta forma, asumieron el cambio de grafía y la sustitución (relativamente habitual) de F>P y eliminaron la última consonante.
  • JOSEBA. Equivale a “José”. Arana y Eleizalde trazaron su origen en “Joseph”; sustituyeron en este caso PH>B (en vez de por P, como en otros nombres) y añadieron la –a final.
  • GORKA. Equivale a “Jorge”. Arana y Eleizalde buscaron su origen en “Georges” (con las dos “g” oclusivas), monoptongaron “eo” en “o”, cambiaron la segunda “g” por “k” y modificaron la terminación.
  • Otros nombres: Jon (equivale a “Juan”, proviene de “Ioannes”); Ander (equivale a “Andrés”,  proviene de “Andreas”); Julen (equivale a “Julián”, proviene de “Iuliannus”); Markel (equivale a “Marcelo”, proviene de “Marcellus”); Andoni (equivale a “Antonio”, proviene de “Antonius”); Imanol (equivale a “Manuel”, proviene de “Emmanuel”), etc.
Una nota adicional: otros de los nombres de su Nomenclátor no fueron creados por adaptación fonética de nombres anteriores, sino por la traducción literal (y muchas veces muy poco atinada) del significado del nombre equivalente. Esto dio lugar a nombres como Gaizka, equivalente a “Salvador”, por medio de un supuesto verbo “gaizkatu”, neologismo inventado por Arana para “salvar” (de “gaitz-“, “mal”), Unai (“pastor”, empleado por los autores como forma vasca de “Buen Pastor”) o Iker, forma masculina del femenino Ikerne, equivalente a “Visitación”, de la forma antigua “ikertu”, “visitar”.
Hago notar también que en los nombres femeninos, las variantes “sabinianas” tuvieron mucha menos aceptación: en la lista de 25 más populares del año 2000 sólo aparecen Ane (equivalente a “Ana”) y Jone (“Juana”).
Y una última nota: si bien el 40% de los nombres masculinos del año 2000 tenían este origen, en el otro 60% tenemos irreprochables nombres de origen medieval o anterior (Mikel, Íñigo/Eneko, Xabier/Javier, Oier, Beñat), nombres castellanos (como Adrián, Pablo, Álvaro o David), traducciones modernas (Ibai, “río”)… y sí, otros nombres también creados de la nada, pero por otros autores anteriores, como el caso de Asier y Aitor, de los que se podrá hablar otro día.
Para quien quiera leer el Deun-Ixendegi en su versión original, aquí tiene un facsímil:Deun-Ixendegi Euzkotarra.
Fuente: http://desdemiroble.net/2013/10/06/el-hombre-que-creo-todos-los-nombres/