Juan J. Molina

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viernes, 2 de enero de 2015

La mayor estafa del siglo XX americano cumple 56 años

Según el académico cubano Juan Antonio Blanco: “El mayor estafador de estos tiempos no es el financiero Bernard Madoff. Ha sido Fidel Castro por más de cincuenta años”. Con todo el respeto que me merece mi antiguo profesor de Filosofía, considero que se quedó muy corto en el período de tiempo. Véase el porqué me expreso así.

Hoy se cumplen 56 años de la huída del dictador Batista. El 7 de febrero de 1959, a las pocas semanas de llegar al poder, Fidel Castro sepultó la Constitución de 1940 -que había prometido restablecer, como se puede comprobar si se lee al final de este subdominio el Manifiesto de la Sierra Maestra- y le quitó al Congreso sus funciones legislativas.
A los pocos meses de llegar al poder, Castro comenzó a exportar la subversión armada y a reprimir a sus antiguos compañeros de lucha. Como reconoce Juanita Castro, hermana de Fidel y Raúl: “La gran tragedia de Cuba empezó con Batista y siguió con Fidel”.
Castro pasó rápidamente de humanista a totalitarista. Cuba es el único país occidental donde es ilegal ser opositor: marxistas, liberales, socialistas, trotskistas, democristianos y anarquistas han sufrido difamación, ostracismo, destierro, cárcel, tortura y asesinato. El filósofo izquierdista Oscar del Barco señala: “Los llamados revolucionarios se convirtieron en asesinos seriales, desde Lenin, Trotzky, Stalin y Mao, hasta Fidel Castro y Ernesto Guevara”.
Castro declaró el 16 de febrero de 1959: “con la ventaja de contar con un país rico, donde se puede sembrar todo el tiempo en el año, un pueblo inteligente y un pueblo entusiasta, un pueblo ansioso de alcanzar un destino mejor, lograremos un estándar de vida mayor que ningún otro país en el mundo”.
El académico marxista argentino Guillermo Almeyra  admite que en la década del cincuenta Cuba “era el segundo en desarrollo después de la Argentina”.
Como han reconocido varios economistas e historiadores marxistas (Juan F. Noyola, Raúl Cepero Bonilla, Oscar Pino Santos, Manuel Moreno Fraginals y Óscar Zanetti Lecuona), Cuba era un país con índices crecientes de progreso económico y social.
En 1953, Eugene Staley hizo una investigación (The Future of Underveloped Countries, Harper, New York, 1954), para el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano. Staley clasificó a Cuba entre los países de desarrollo intermedio: Argentina, Austria, Cuba, Checoslovaquia, Chile, España, Finlandia, Hungría, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Polonia, Portugal, Puerto Rico, Unión Sudafricana, URSS, Uruguay y Venezuela.
Según The Future of Underveloped Countries, los países altamente desarrollados en 1953 eran Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Holanda, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido, Suecia y Suiza.
Por ende, Cuba se encontraba en 1953 entre los 31 países más desarrollados del mundo, si se considera que Puerto Rico es un Estado asociado a Estados Unidos.
Los residentes en Cuba pueden verificar esta información en el libro Curso de Economía Moderna, edición de 1959, escrito por Paul A. Samuelson, premio Nobel de Economía 1970, que pueden consultar en la biblioteca de la Facultad de Economía (UH) y en la Biblioteca Nacional –si es que todavía no ha pasado a la interminable lista de libros censurados por el régimen militar cubano.
En 1950, atendiendo a una solicitud del Gobierno de Carlos Prío, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (Banco Mundial) envió una misión técnica presidida por Adam Francis Truslow y compuesta por 17 destacados economistas. Durante varios meses realizaron un estudio de la economía cubana, conocido posteriormente como Informe de la Misión Truslow, que expresa sobre la situación cubana: “la impresión general de los miembros de la misión, de observaciones a través de toda Cuba, es que los niveles de vida de los campesinos, trabajadores agrícolas, trabajadores industriales, oficinistas y otros es mucho más alto que los de sus grupos similares en otros países tropicales y que la mayor parte de los países de América Latina”.
La Misión Truslow recomendó diversificar la economía cubana; señaló que con excepción del combustible, Cuba poseía los recursos necesarios para ello. En 1949, la industria representó el 15% del ingreso nacional. En 1958, aumentó al 25%, gracias a que se invirtieron 462,4 millones de dólares en la industria no azucarera, desglosado de la forma siguiente: extractiva (120,2 millones de dólares), electricidad (90,0), refinación de petróleo (68,0), papel y elaboración de madera (46,0), metalúrgica (21,3), química (17,2), materiales de construcción (9,8), tabaco y licores (4,5), alimentaria (3,6), textil (1,8) y otras (80,0).
El académico marxista norteamericano James Petras reconoce: “Mientras que la mayoría de los países asiáticos y latinoamericanos iban a la zaga de Cuba en los años sesenta, hoy han superado a Cuba en la diversificación de sus economías, el desarrollo de sectores competitivos de fabricación para la exportación y la disminución de su dependencia de un grupo limitado de productos de exportación”.
Según los principales anuarios internacionales de la época, en la década del cincuenta Cuba marchaba a la vanguardia mundial:
Entre los tres países de Iberoamérica –incluye a América Latina, España y Portugal- con mayor consumo per cápita de calorías y proteínas.
Entre los tres países iberoamericanos con más bajos índices de mortalidad infantil y analfabetismo.
En cuanto a médicos, Cuba ocupaba el primer lugar per cápita en Iberoamérica. Esos galenos trabajaban en Cuba, no en otros países a donde los hermanos Castro han enviado a decenas de miles de ellos con contrato propio de esclavo, inaceptable para los médicos de los otros países subdesarrollados.
Entre los cuatro países más urbanizados del orbe.
El país con mayor índice de vivienda electrificada y con baño propio en Iberoamérica.
Antes de que los hermanos Castro se entronizaran en el poder, a Cuba se le conocía como la Perla del Caribe, aunque existían grandes diferencias entre las zonas rurales y urbanas.
En 1951 la deuda externa de Cuba era de 68 millones de dólares. Siete años después, en 1958, disminuyó a 48 millones. A pesar de la ayuda soviética -65 mil millones de dólares-, con los hermanos Castro en el poder la deuda externa ha alcanzado niveles que han situado a Cuba como el mayor deudor per cápita en el mundo, con cifras nunca antes vistas.
Además de por sus múltiples crímenes, el fracaso socioeconómico del castrismo se pone de manifiesto con las enormes carencias que sufre el pueblo cubano desde hace más de medio siglo en cuanto a alimentación, vivienda, agua potable, transporte y los derechos consagrados por la Declaración Universal de Derechos Humanos.
En consumo de carne de res, Cuba ocupaba en 1958 el cuarto lugar en Latinoamérica. Con los Castro en el poder, este alimento prácticamente desapareció de la mesa del cubano de a pie. Hace siete años, en 2007, se autorizó la venta a la población de 227 gramos cada tres meses, o sea, 908 gramos al año, menos de un kilogramo anual. Sólo los hindúes consumen menos carne de res debido a su religión, aunque la India es uno de los principales exportadores mundiales de carne de vacuno.
 
La venta libre de carne de res es monopolio del Gobierno de Cuba, quien la vende a 9,50 pesos convertibles el kilogramo, o sea, la mitad del salario promedio mensual.
Más de dos millones de cubanos hemos emigrado a casi todos los confines del planeta, casi el 20% de la población de un país que se caracterizaba por ser receptor de emigrantes. Los cubanos continuamos votando con los pies: la emigración del año 2012 fue la más elevada (46.662) desde 1994 (47.884), y la segunda después de 1980, cuando 125 mil cubanos se marcharon por el Mariel.
Cuba pasó a depender del extranjero como nunca antes en su historia. A pesar de la cuantiosa ayuda soviética, se generalizó la miseria que se ha convertido en indigencia, como reconoce el cineasta marxista cubano Eduardo del Llano:
“La gente no da limosnas sólo porque su corazón se haya endurecido, sino porque lo que lo separa del indigente es apenas que uno de los dos está tumbado y el otro de pie. Eso en una Habana que parece un suburbio de sí misma, donde cada vez hay más barrios y manzanas con el espíritu y la traza de pueblos de campo. De hecho, es como si todo el país, harapiento y resudado, viviera en un portal, tapándose con un Granma y con una botella de ron casero al alcance de la mano”.
Al cumplir siete años, los niños cubanos pierden el derecho a recibir leche a un precio asequible; después de esa edad, para poderla tomar dependen de los emigrados: sólo en el año 2012, los cubanos radicados en EEUU enviaron 5.105 millones de dólares entre efectivo y bienes. El lema de la Cuba republicana “sin azúcar no hay país” ha sido sustituido de hecho por el de “sin exilio no hay país”.
Además, el Gobierno de Cuba depende de EEUU, que es su principal suministrador de alimentos y medicamentos.
Aunque los hermanos Castro pretenden hacer creer que los problemas de su régimen comenzaron cuando la Unión Soviética se desintegró en 1991 y, por ende, desaparecieron sus cuantiosas subvenciones a la economía cubana -sesenta y cinco mil millones de dólares-, no puede olvidarse que  la escasez siempre ha sido consustancial al castrismo, como puede comprobarse en varias ediciones del oficialista Noticiero ICAIC Latinoamericano hechos en la década del ochenta, que pueden verse al final de este subdominio.
La Habana era “una de las ciudades más ricas y más bellas de América”, reconoció Ernesto ‘Che’ Guevara. Ahora el arquitecto Mario Coyula, director de Arquitectura y Urbanismo de la capital cubana, admite que “La Habana podría terminar, en una visión dantesca, como un gran anillo de basura consolidada o como un cráter vacío, que en el centro alguna vez tuvo una ciudad… El tema de los vientos y de las lluvias fuertes afecta sobre todo hoy las casas precarias, hechas con materiales de pésima calidad, como lata, cartón, de las que hoy existen muchas en todo el país”.
En cuanto a almacenes, La Habana era el París de América Latina en la década del cincuenta. Véase al final de este subdominio la historia de las tiendas El Encanto, contada por antiguos empleados y apoyada por imágenes de la época, que muestran la categoría tan alta de dichas tiendas existentes en varias ciudades de la Cuba republicana. Aunque mi familia era pobre, nunca se nos impidió la entrada en tienda u hotel alguno, como sí hizo Fidel Castro con la mayoría del pueblo cubano durante varias décadas.
A pesar de tantos hechos inobjetables -por ser verificables-, muchos extranjeros continúan repitiendo que el castrismo logró avances muy importantes en salud -el mito de la excelente salud pública- y educación -el mito del excelente sistema de educación castrista-, sin analizar tan siquiera las pésimas condiciones en que se encuentran los servicios de salud y educación a los que tiene acceso el cubano de a pie.
Creer ciegamente en algo y mantener una idea frente a otros razonamientos de mayor peso que la nieguen, es terreno de la fe –algo que respeto plenamente, pero no comparto. Eso es lo que les ocurre a muchos extranjeros: consideran que la realidad cubana es binaria y que por lo tanto, sólo se puede estar con el castrismo o con el ‘imperialismo yanqui’.
Afortunadamente, mi formación se consolidó cuando conocí el ‘método científico’, que considero es uno de los mayores logros de la humanidad. El ‘método científico’ se resume en:
 
1) El escepticismo (cualquier enunciado está abierto a la duda y al análisis).
 
2) El determinismo (los eventos ocurren de acuerdo a leyes y causas regulares, y no como resultado del capricho de demonios o deidades).
 
3) El empirismo (la investigación debe ser conducida a través de la observación y verificada con la experiencia).

Según la Real Academia Española, una de las acepciones de ‘escepticismo’ es: “Desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo”. Esto me hace recordar una frase que mi padre utilizaba: “Ver para creer”.
 
Debido a la eficaz propaganda del régimen de La Habana, sé que a muchos extranjeros no les es fácil romper los vínculos que los atan a las mentiras del castrismo, sobre todo a aquellos que ni tan siquiera han visitado Cuba, o si lo han hecho ha sido disfrutando los planes de turismo político. Existen muchos extranjeros que desconocen cómo funciona realmente el régimen que existe en Cuba, y consideran que es la única alternativa que tienen los pueblos latinoamericanos. Por ello los invito a que vean los vídeos sobre la destrucción física y antropológica de Cuba.
A todos los cubanos les pregunto: ¿Esta no es la mayor estafa cometida en este continente durante todo el siglo XX?
A todos los que continúan sufriendo las consecuencias de la mayor estafa del siglo XX americano les deseo muchas felicidades en el año que hoy comienza, tan radicalmente diferente al 1 de enero de 1959.

domingo, 16 de noviembre de 2014

EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI, FUNDAMENTOS ECONÓMICOS. Por Juan J. Molina



“La gran paradoja de las revoluciones Marxistas conocidas hasta el presente es que han terminado en pesadillas peores que las realidades sociales que creían combatir”

Ricardo Rodriguez Morales

En su obra “Fin del capitalismo global. El nuevo proyecto histórico”, Dietrich junto con el científico Arno Peters establecieron el que sería el modelo económico de nuevo proyecto histórico que reemplazaría definitivamente las imperfecciones de la economía de mercado: La Economía planificada de equivalencias.
La economía planificada de equivalencia concentra el valor del trabajo en el hombre y no en el capital. Este sistema rompe con el esquema clásico de la explotación laboral con fines meramente crematísticos para apoyarse en el verdadero valor del trabajo, motivando a los hombres a trabajar por el bienestar y el sostenimiento social a través de la asignación de un valor establecido para la hora laboral sin importar el trabajo que realicen, el género de la persona o su edad. A través de esta planificación se elimina de manera inmediata la expoliación, la dominación y la enajenación, haciendo a los hombres dignos de su trabajo, teniendo en cuenta que solo ganarán más en cuanto a la relación de las horas laboradas.[i]
Este esquema tan simple es la base de la economía del “nuevo” socialismo del siglo XXI: trabajo a destajo. En aras de un igualitarismo a todas luces imposible por injusto e inviable, la solución para evitar desigualdades económicas sería unificar el precio de la hora de trabajo sin tener en cuenta, ni la calidad, ni la cualificación necesaria para llevarlo a cabo. Dará lo mismo que seas cirujano cardiovascular que afinador de gaitas. Qué sentido tendrá prepararse durante años para un oficio complicado y de alta responsabilidad, si la recompensa a tu esfuerzo es la misma que cualquier otro trabajo menos complicado y con menos esfuerzo o responsabilidad. Quién va a desempeñar los oficios más duros y sucios si los más sencillos producen la misma recompensa. ¿La satisfacción personal de realizarlos? Esa posibilidad puede funcionar en algunos y al principio de sus carreras profesionales pero para la inmensa mayoría, a menor responsabilidad y esfuerzo e igual rentabilidad, el camino a seguir está clarísimo: lo que no me gusta, me cansa o requiere un esfuerzo superior, que lo haga otro.
Con este sistema solo habría una forma de prosperar: trabajar más horas. La gente con ganas de mejorar su situación económica y de poder realizar  algún proyecto personal, solo podrá hacerlo matándose a echar horas a destajo. ¿Les gustaría que les operase a corazón abierto un cirujano que trabajase todos los días una media de 15 horas? ¿Qué les realizara la revisión de su instalación de gas un técnico que lleve 16 horas revisando instalaciones? Así podríamos poner una infinidad de ejemplos y nunca acabaríamos.
Qué ocurriría con los trabajos que nadie quiere y son indispensables: recoger la basura, enterrar a los muertos, barrer las calles, asfaltar carreteras, recoger aceitunas, limpiar las alcantarillas, etc. El gobierno del socialismo del siglo XXI terminaría por obligar a los ciudadanos a hacerlo, total, si da lo mismo lo que hagas porque siempre cobrarás lo mismo, no tendremos más remedio que tragar con hacer también lo que nadie quiere hacer o el sistema colapsará.
¿Y las empresas? Quién se va a molestar en coordinar a los trabajadores de un turno o en pedir a un operario que no se duerma en su puesto de trabajo o que llegue a su hora, con el mal rollito que supone, si haga lo que haga, me esfuerce más o menos, la hora de trabajo vale lo que vale y no hay más cáscaras.
Como es lógico este tipo de medidas no se pueden poner en marcha de un día para otro, es un proceso lento y continuo. El primer paso es limitar los sueldos por arriba con la idea de evitar desigualdades extremas. El siguiente paso, lógico en este camino, es ir igualando los sueldos más bajos con los más altos hasta alcanzar unos baremos que, de manera suave y sin fricciones, nos conduzcan a esa hora de trabajo a un precio fijo cuya variabilidad será tan exigua, que nos hará caer en la situación antes descrita: no habrá incentivos suficientes para esforzarse y solo el trabajo a destajo permitiría mejoras económicas, el pluriempleo y la muerte del tiempo libre serán las dos primeras consecuencias de este despropósito. En Cuba el sueldo medio mensual es de 24 dolares, el de un médico que es de los más altos, es de 28 dolares, la diferencia es irrisoria.
Partidos radicales como Podemos, Izquierda Unida y los socialistas pivotan sus programas laborales y económicos en este tipo de estrategias que nos llevarían al desastre.  Unos de una forma más explícita y otros con más o menos disimulo, pero al final, la meta es la misma: un igualitarismo perverso que acaba con la libertad y mata los incentivos. Estas dos plagas han acabado arruinando a todas las sociedades que se dejaron engañar por los cantos de sirena del socialismo y el marxismo. Sin embargo, en nuestros días todavía hay gente que cae en sus redes y se creen los cuentos de un paraíso terrenal. Créanme, no existe un paraíso en la tierra, ni nadie tiene la capacidad y la inteligencia necesaria para crearlo. Lo que sí existe es el esfuerzo y la recompensa, la solidaridad entendida como un acto de justicia y no solo como puro altruismo y Existe la libertad que a lo largo de los tiempos ha producido las sociedades más prósperas y cultas. Si nos engañan y les vendemos libertad a cambio de pan, lo lamentaremos y cuando queramos reaccionar puede que ya sea tarde, ha pasado y sigue pasando desde tiempos ancestrales.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Sicologia del Marxismo. (La mentira de Podemos), por Javier Paz García


Una de las preguntas más intrigantes en las ciencias sociales y en la historia del hombre es ¿por qué son tan atractivas las ideologías colectivistas a pesar de su rotundo fracaso? ¿Cómo alguien con algún sentido de humanidad puede querer ser marxista luego de las experiencias de la Unión Soviética, China, Vietnam, Cuba? El filósofo Bertrand Russell en su Historia de la Filosofía Occidental (cap. IV) ofrece la siguiente explicación:
El patrón de la historia judía, pasado y futuro, tiene un poderoso atractivo para los oprimidos y desafortunados de todos los tiempos. San Agustín adaptó este patrón al cristianismo, Marx al socialismo. Para entender a Marx sicológicamente, uno debe usar el siguiente diccionario
:
Yavé = Materialismo dialéctico
El Mesías = Marx
Los elegidos = El proletariado
La Iglesia = El partido comunista
La segunda venida = La revolución
Infierno = Castigo a los capitalistas
El milenio = La comunidad comunista
Los términos de la izquierda dan el contenido emotivo a los términos de la derecha, y es este contenido emotivo, familiar para quienes han tenido una crianza cristiana o judía, que hace la escatología de Marx creíble.
Tal vez el marxismo y el cristianismo comparten ciertas características místicas que apelan a los sentimientos y aspiraciones humanas y que dejan de lado a la razón. Por supuesto, hay una diferencia fundamental, la doctrina cristiana (o al menos la católica) reconoce la existencia de dogmas de fe; es decir, de postulados que son considerados ciertos de manera axiomática, por la pura fe, sin apelar a la razón. En cambio el marxismo se postulaba a sí mismo científico, es decir, como algo que no requiere de la fe, y cuyo conocimiento se puede adquirir a través de la razón y la experiencia; Marx consideraba sus teorías tan ciertas y verificables como la aritmética. Sin embargo sus teorías y predicciones fueron probándose falsas casi en su totalidad y si el marxismo dependiera del elemento racional y científico al cual Marx supuestamente apelaba, hoy nadie sería marxista. Hoy el marxismo se sustenta en dogmas de fe, y es por ello que tener una discusión racional con un marxista es tan improbable como tenerla con un fundamentalista de cualquier religión.

jueves, 22 de mayo de 2014

La verdadera vida de Fidel Castro: yates, residencias lujosas y viajes con millonarios

“En contra de lo que siempre dice, nunca ha renunciado al confort del capitalismo ni ha elegido vivir con austeridad”, escribe Juan Reinaldo Sánchez, que durante 17 años fue guardaespaldas de Fidel Castro y que ahora publica un libro sobre la vida privada del líder de la revolución cubana.
Yates lujosos, una veintena de residencias repartidas por toda la isla o partidas de caza “a lo Luis XV”, tanto en las frondosas provincias del norte como en los privilegiados fondos marinos, son algunos de los detalles que saca a la luz La cara oculta de Fidel Castro, escrito junto al periodista francés Axel Gyldén y que estará en las librerías francesas el próximo día 28.
El comandante se cuidó mucho de mantener lejos de la vista de los cubanos su vida privada, “el secreto mejor guardado de la Revolución“, asegura Juan Reinaldo Sánchez, según los extractos del libro que ha podido consultar Efe.
El hombre que acompañó casi a diario a Fidel entre 1977 y 1994 describe el lujoso yate del líder, Aquarama II, copiado del de un allegado del régimen de Fulgencio Batista (presidente de Cuba entre 1940-1944 y de facto en 1952-1959), con cuatro motores, que le regaló el dirigente soviético Leónidas Breznev.
Fondeado en su puerto privado de Bahía de Cochinos, cada paseo del barco implica todo un despliegue, que incluye otros dos navíos, uno de ellos totalmente medicalizado, una patrullera militar y varios aviones en alerta para evitar que el comandante sufra un atentado.
En general, el Aquarama II sirve para dar agradables paseos marítimos, pero también para ir a Cayo Piedra, una pequeña isla situada en el sureste de Cuba, un “paraíso para millonarios” en el que Castro reposa rodeado de lujo. “Fidel Castro ha dado a entender que la Revolución no le dio ningún respiro, ningún placer; que ignoraba y despreciaba el concepto burgués de vacaciones. Mentía”, afirma Sánchez.
El guardaespaldas relata que él estuvo “cientos de veces” en ese “pequeño paraíso”, donde era el encargado de escoltar al comandante durante sus numerosas batidas de caza submarina en unos fondos marinos casi vírgenes.
En cuanto el tiempo era clemente, Fidel y su esposa Dalia acudían casi cada fin de semana a Cayo Piedra, mientras que en la temporada de lluvias el comandante prefería la caza del pato en la mansión La Deseada, situada en la provincia de Pinar del Río.
“En agosto, los Castro se instalaban durante un mes en su isla de ensueño“, desde la que el líder acudía a La Habana en helicóptero si algún imperativo así lo exigía, añade.
Ningún cubano de a pie penetró en la secreta isla de Castro, a la que solo un reducido grupo de privilegiados, casi todos extranjeros, fueron invitados.
Reinaldo Sánchez recuerda al expresidente colombiano Alfonso López Michelsen, al empresario francés Gérard Bourgoin, conocido como el “rey del pollo”, el propietario de la CNN Ted Turner o el dictador de la República Democrática Alemana Erich Honecker. Aunque los más habituales del lugar eran el escritor Gabriel García Márquez y el héroe de la revolución Antonio Núñez Jiménez.
En una de esas visitas, indica el autor, Fidel propuso a Gabo lanzarse a la conquista de la presidencia colombiana con el apoyo de Cuba, pero el escritor “prefería disfrutar de los placeres de la vida quedándose confortablemente al margen de la política”.
Lo que no consiguió con García Márquez, tener un peón en Colombia, lo logró años más tarde con Hugo Chávez en Venezuela, señala Reinaldo Sánchez, quien asegura que el líder cubano “siempre tuvo en la línea de mira el petróleo” de ese país. “Sabía que era la clave para financiar su sueño internacionalista de oponerse a Estados Unidos”, agrega.
La cara oculta de Fidel Castro no describe solo el lujo de la vida del dictador cubano, sino que también analiza otros aspectos de su régimen, la dinastía familiar, seguida por la de su hermano Raúl. El exguardaespaldas también se centra en la costumbre que tenía Fidel de grabar a todos sus colaboradores y allegados o su intento por extender la revolución a Nicaragua.
Reinaldo Sánchez cayó en desgracia en 1994 por pedir la retirada y la jubilación. Fue encarcelado y, tras múltiples peripecias, logró escapar en 2008 para reunirse con su familia en Estados Unidos.

jueves, 27 de marzo de 2014

Las raíces psicológicas del antiliberalismo – Ludwig von Mises en “Liberalismo”

Ludwig von Mises


En el presente libro, por supuesto, sólo vamos a abordar el problema de la cooperación social. Sin embargo, la raíz del antiliberalismo no puede ser aprehendida por vía de la razón pura, pues no es de orden racional, Constituye, por el contrario, el fruto de una disposición mental patológica, que brota del resentimiento, de una condición neurasténica, que cabría denominar el complejo de Fourier, en recuerdo del conocido socialista francés.
No vale la pena hablar demasiado del resentimiento y de la envidia. Gran número de los enemigos del capitalismo sabe perfectamente que su situación personal se perjudicaría bajo cualquier otro orden económico. Sin embargo, propugnan la reforma, es decir, el socialismo, con pleno conocimiento de lo anterior, por suponer que los ricos, a quienes envidian, también van a padecer. ¡Cuántas veces oímos decir que la penuria socialista resultará fácilmente soportable porque, bajo ese sistema, nadie va a disfrutar de mayor bienestar!
Cabe, desde luego, combatir el resentimiento con argumentos lógicos. Puede hacérsele ver al resentido que a él lo que le interesa es mejorar su propia situación, independientemente de que los otros prosperen más. El complejo de Fourier, en cambio, resulta más difícil de combatir. Estamos, ahora, ante una grave enfermedad nerviosa, una auténtica neurosis, cuyo tratamiento compete más al psiquiatra que al legislador. Constituye, sin embargo, una circunstancia que debe ser tenida en cuenta al enfrentarse con los problemas de nuestra actual sociedad. La ciencia médica, por desgracia, se ha ocupado muy poco del complejo de Fourier. Se trata de un tema que casi pasó inadvertido a Freud.
En esta vida, es muy difícil alcanzar todo lo que se ambiciona. No lo consigue ni uno en un millón. Los grandiosos proyectos juveniles, aunque la suerte los acompañe, cristalizan muy por debajo de lo previsto. Mil obstáculos destrozan planes y ambiciones y la capacidad personal resulta insuficiente para conseguir aquellas altas cumbres que uno pensó escalar fácilmente. Ese fracaso de las más queridas esperanzas es el drama diario del hombre. Es la percepción de la propia incapacidad para conseguir metas ardientemente ambicionadas. Nos sucede a todos.
Ante esa realidad, se puede reaccionar de dos formas. Goethe, con su sabiduría práctica, nos ofrece una solución: ¿Crees tú, acaso, que deba odiar la vida y refugiarme en el desierto simplemente porque no fructificaron todos mis infantiles sueños?, dice su Prometeo. Y Fausto en «la mayor ocasión », «como sabio resumen», advierte que: No merece disfrutar ni de la libertad ni de la vida quien no sepa reconquistarlas todos los días.
Ninguna desgracia puede mellar ese espíritu. Quien acepte la vida como es en realidad, resistiéndose a que la misma lo avasalle, no necesita recurrir a «piadosas mentiras » que gratifiquen su atormentado ego. Si no llega el triunfo tan largamente añorado, si el destino, en un abrir y cerrar de ojos, desarticula lo que tantos años de duro trabajo costó estructurar, no hay más remedio que seguir laborando como si nada hubiera pasado. Así actúa quien osa mirar cara a cara al desastre y no desesperar jamás.
El neurótico, en cambio, no puede soportar la realidad de la vida. Le resulta demasiado dura, agria, grosera. A diferencia de la persona sana, carece de la capacidad para «seguir adelante, siempre, como si tal cosa”. Su debilidad se lo impide. Prefiere escudarse tras meras ilusiones. La ilusión, según Freud, «es algo deseado, una especie de consolación» que se caracteriza «por su inmunidad ante el ataque de la lógica y de la realidad». Por eso no es posible curar a quien sufre de ese mal apelando a la lógica o a la demostración del error en que aquél se debate. Ha de ser el propio sujeto quien se automedique, llegando a comprender él mismo las razones que le inducen a rehuir la realidad, prefiriendo acogerse a vanas ensoñaciones.
La teoría de las neurosis es la única que puede explicar el éxito de las ideas de Fourier. No vale la pena transcribir aquí pasajes de sus escritos para demostrar su locura. Eso sólo interesa al psiquiatra. Pero recordemos que el marxismo no añade nada nuevo a lo que Fourier, el «utópico», ya dijera. Al igual que Fourier, el marxismo parte de dos suposiciones contradichas tanto por la lógica como por la realidad experimental. El escritor socialista supone, en efecto, que el «substrato material» de la producción «ofrecido por la naturaleza, sin necesidad de la intervención del esfuerzo humano», es tan abundante que no precisa ser economizado y de ahí la confianza marxista en un «crecimiento prácticamente ilimitado de la producción” . Supone, por el otro lado, que en la comunidad socialista el trabajo «dejará de ser una carga para transformarse en un placer, hasta el punto de que «llegará a constituir la principal exigencia vital ». Estamos, desde luego, en el reino de Jauja, donde todos los bienes son superabundantes y el trabajo constituye pura diversión.
El marxista, desde las olímpicas alturas de su «socialismo científico », desprecia el romanticismo. Sus procedimientos, sin embargo, son los mismos. En vez de hallar la forma de superar los obstáculos que le impiden alcanzar los fines apetecidos, los escamotea, perdiéndolos de vista entre las brumas de la fantasía. La «mentira piadosa » tiene doble utilidad para el neurótico. Lo consuela, por un lado, de sus pasados fracasos, abriéndole, por otro, la perspectiva de futuros éxitos. En el caso del problema social, el único que en estos momentos nos interesa, lo consuela la idea de que, si no pudo alcanzar las doradas cumbres ambicionadas, no fue culpa suya sino del defectuoso orden social imperante. El descontento confía en que la desaparición del sistema social le deparará el éxito que anteriormente no consiguiera. Por eso, resulta inútil demostrarle que la soñada utopía es imposible. El neurótico se aferra a su tan querida «mentira piadosa y, en el trance de renunciar a ésta o a la lógica, sacrifica la segunda. Su vida, sin el consuelo del ideario socialista le resultaría insoportable porque, como decíamos, el marxismo le asegura que no es responsable de su propio fracaso; la responsabilidad es de la sociedad. Eso lo libera del sentimiento de inferioridad.
El socialismo, para nuestros contemporáneos, constituye un divino elixir frente a la adversidad; algo de lo que le pasaba al cristiano de otrora, que soportaba mejor las penas terrenales confiando en un feliz mundo ulterior, donde los últimos serían los primeros. Sin embargo, la promesa socialista tiene consecuencias muy distintas. La cristiana inducía a las gentes a llevar una conducta virtuosa. El partido, en cambio, le exige a sus seguidores una disciplina política absoluta, para acabar pagándole con esperanzas fallidas e inalcanzables promesas.
Este es el eterno hechizo de la promesa socialista. Sus partidarios están convencidos de que, tan pronto como el socialismo se implante, conseguirán todo lo que hasta entonces no habían logrado. Los escritos socialistas no sólo prometen riqueza para todos, sino también amor, felicidad conyugal, pleno desarrollo físico, espiritual y la aparición por doquier de grandes talentos artísticos y científicos. Trotsky aseguraba no hace mucho que en la sociedad socialista, «el hombre medio llegará a igualarse a un Aristóteles, un Goethe o un Marx. Y, por encima de tales cumbres, se alzarán otras aún mayores». El paraíso socialista será el reino de la perfección, poblado por superhombres totalmente felices. Esas son las idioteces que rezuma la literatura socialista. Pero es precisamente ese desvarío lo que atrae y convence a la mayoría.
No hay, desde luego, en el mundo, psiquiatras suficientes para atender a todos los infectados por el complejo de Fourier. Su número es excesivo. Tienen que tratar de curarse ellos mismos, reconociendo la realidad de la vida. Cada uno de nosotros tiene que afrontar su propio destino, es indigno buscar chivos expiatorios y es necesario comprender las inconmovibles leyes de la cooperación social (*).