Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina

jueves, 22 de julio de 2010

¿INDUCEN LAS RELIGIONES A LA VIOLENCIA? EPÍLOGO


Detrás de toda la intolerancia religiosa se esconde un problema más grave, la manipulación por parte de sectores, en la mayoría de los casos sectores nacionalistas, que buscan mediante la manipulación de los sentimientos religiosos conseguir objetivos políticos y en definitiva el poder con el que acrecentar sus privilegios y status de dominio sobre la población. Antes de llegar a al punto en que la violencia campa a sus anchas por las sociedades de estos países, se ha llevado a cabo un concienzudo trabajo de deterioro de las instituciones liberales que velaban por la separación y el equilibrio entre la esfera privado-religiosa y la política. El caldo de cultivo de esta destrucción es la pobreza y la falta de posibilidades de desarrollo para la población, sobre todo para los jóvenes que no ven posibilidades de futuro económico a corto plazo y son arrastrados por estos manipuladores políticos hacia las redes de la exaltación patiótrico-religiosa y en última instancia a la violencia.
Esto ocurre con más facilidad en sociedades musulmanas y asiáticas donde el índice de pobreza y desencanto de la población es mayor. En Sudamérica esta situación se ha encaminado desde hace bastante tiempo hacia una violencia terrorista de corte marxista, con la peculiaridad de que allí, los marxistas revolucionarios no se han atrevido a prohibir el culto religioso dado el profundo arraigo de la tradición cristiana en estas sociedades. En Europa, América del norte y Australia, por suerte, esta situación parece superada de momento dado al mayor nivel cultural y económico pero no es de descartar rebrotes debido a la crisis económica y a los conflictos que puedan producir las comunidades musulmanas que cada vez son más numerosas, baste de triste ejemplo la guerra entre serbios y bosnios de tan trágicas consecuencias y tras la que se escondían los elementos claves de los que hablamos: una mezcla de sentimientos religiosos y nacionalistas exacerbados.
Solo existe, a mi entender, una forma de prevenir estos comportamientos. Sociedades liberales con instituciones fuertes y gobiernos capaces de hacer cumplir las leyes. Leyes basadas en los más altos índices de libertades individuales que tienen su principio y su fin donde comienzan y acaban los derechos y obligaciones de cada ciudadano. Sociedades donde el ámbito de lo privado-religioso esté perfectamente separado del ámbito público-político y donde los ciudadanos tengan las mejores posibilidades de desarrollar sus ambiciones económicas, culturales y sociales.

J.J. MOLINA GALLARDO

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