Juan J. Molina

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viernes, 24 de febrero de 2012

Lenin y el terror Escrito por Mario Noya




El 20 de junio [de 1918] V. Volodarsky, uno de los dirigentes bolcheviques de Petrogrado, fue abatido por un militante socialista-revolucionario. (…) En el curso de las semanas precedentes, las relaciones entre los bolcheviques y el mundo obrero no habían dejado de deteriorarse. En mayo-junio de 1918 la cheka de Petrogrado señaló setenta “incidentes” –huelgas, mítines antibolcheviques, manifestaciones–, que implicaban principalmente a metalúrgicos de las fortalezas obreras, que habían sido los más ardientes partidarios de los bolcheviques en 1917 e incluso con anterioridad. Las autoridades respondieron a las huelgas mediante el cierre de las grandes fábricas nacionalizadas, una práctica que iba a resultar generalizada a la hora de quebrar la resistencia obrera en los meses siguientes. El asesinato de Volodarsky fue seguido de una oleada de arrestos sin precedentes en los medios obreros de Petrogrado. La Asamblea de los Plenipotenciarios Obreros, organización de mayoría menchevique que coordinaba la oposición obrera en Petrogrado, verdadero contrapoder obrero frente al sóviet de Petrogrado, fue disuelta. Más de ochocientos “agitadores” fueron detenidos en dos días. Los medios obreros replicaron a estos arrestos masivos convocando una huelga general el 2 de julio de 1918.
Desde Moscú, Lenin envió entonces una carta a Zinoviev, presidente del comité de Petrogrado del partido bolchevique, documento revelador a la vez de la concepción leninista del terror y de una extraordinaria ilusión política. ¡Se trataba efectivamente de un formidable contrasentido político el que cometía Lenin al afirmar que los obreros se sublevaban contra el asesinato de Volodarsky!
“Camarada Zinoviev, acabamos de saber que los obreros de Petrogrado deseaban responder mediante el terror de masas al asesinato del camarada Volodarsky, y que usted (no usted personalmente, sino los miembros del comité del partido en Petrogrado) los ha frenado. ¡Protesto enérgicamente! Estamos comprometidos: impulsamos el terror de masas en las resoluciones del sóviet, pero cuando se trata de actuar obstruimos la iniciativa absolutamente correcta de las masas. ¡Es i-nad-mi-si-ble! Los terroristas van a considerar que somos unos locos blandengues. La hora es extremadamente marcial. Resulta indispensable estimular la energía y el carácter de masas del terror dirigido contra los contrarrevolucionarios, especialmente en Petrogrado, cuyo ejemplo es decisivo. Saludos, Lenin”.
VVAA, El libro negro del comunismo, Espasa-Planeta, Barcelona, 1998, pp. 86-87.

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