Juan J. Molina

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domingo, 29 de enero de 2012

La religión se hace presente en el país que fomentó el comunismo, Pedro Fernández Barbadillo



  • Durante gran parte de la Guerra Fría, el espacio no fue azul, sino rojo.

  • La URSS había colocado su estrella en el Sputnik 1 (1957), el Sputnik 2, con la perra Laika(1957), y el Vostok 1, en cuyo interior iba el astronauta Yuri Gagarin (1961). Pero la misión espacial que este año conmemoró el vuelo de Gagarin llevó un icono de Nuestra Señora de Kazán.
    Los cambios sociales y políticos que se están viviendo en Rusia son asombrosos. El renacimiento de la religiosidad, que los comunistas creían haber erradicado, es imparable: millones de personas han adorado la reliquia del Cinturón de la Virgen; la Duma ha restaurado como fiesta nacional el aniversario del bautismo de los rusos; y se están construyendo iglesias y ermitas por todo el país, incluso en el extranjero (en 2004, se inauguró un templo en la isla del Rey Jorge, en la Antártida, junto a la base rusa de Bellingshausen).
    El 12 de abril de 1961 el astronauta soviético Yuri Gagarin orbitó en torno a la Tierra durante 108 minutos en la nave Vostok, convirtiéndose en el primer hombre en salir al espacio. En cuanto cayó la cubierta protectora del cohete, por radio se escuchó su voz: “Veo la Tierra. ¡Qué belleza!”. Pronto empezó a circular el rumor de que Gagarin también había dicho: “He estado en el cielo y no he visto a Dios”. Sin embargo, la frase no aparece en las grabaciones de las conversaciones entre el astronauta y las estaciones de control soviéticas.
    Según testimonios, como el del coronel Valentín Petrov, profesor en la academia de la fuerza aérea soviética y amigo de Gagarin, se trató de una mentira. En una reunión del Comité Central del Partido Comunista dedicado a promover la propaganda antirreligiosa, el dictador Nikita Jrushchov (1958-1964) sugirió el siguiente argumento a los miembros del partido y de sus juventudes, el Komsomol: “¿Por qué te aferras a Dios? Gagarin voló al espacio, pero él no vio a Dios allí”. Como Jrushchov no tenía prestigio intelectual ni heroico entre los súbditos de la URSS, el aparato de propaganda comunista prefirió atribuir la frase a Gagarin, que era mucho más popular.
    El 9 de marzo de 1968, Gagarin falleció al estrellarse el Mig-15 que pilotaba en las cercanías de Moscú, cuando tenía 34 años, por lo que no pudo desmentir a Jrushchov, pero también sabemos que bautizó a su hija mayor poco antes de su vuelo espacial y que su familia celebraba la Navidad y la Pascua. Pese a las pruebas en contra, la frase, como tantos inventos comunistas, se sigue repitiendo como gran argumento ateo.
    El Ejército Azul
    A los veinte años de la desaparición de la URSS, la carrera espacial, uno de los hechos en que los comunistas basaban su superioridad científica sobre el decadente mundo capitalista, se ha convertido al cristianismo. Desde hace varios años, los popes bendicen a los astronautas y los mismos cohetes. El español Pedro Duque participó en 2003 en una misión rusa y recibió la bendición correspondiente. El contraste de los sacerdotes ortodoxos, revestidos con sus capas y arrojando agua bendita y humo de incienso, con el metal brillante y las máquinas de las aeronaves resulta impresionante. La supuesta ciencia atea y racionalista queda sometida a la religión que quiso destruir.
    El 30 de marzo, el Gobierno ruso lanzó desde Kazajstán una misión a la Estación Espacial Internacional en conmemoración del cincuentenario del vuelo de Gagarin. En la conexión televisiva con la tripulación ya en el espacio, se vieron dos imágenes en una pared: una foto de Gagarin y un icono de la Nuestra Señora de Kazán. El icono fue un regalo del patriarca de Rusia, Kiril II, al director de la Agencia Espacial Rusa, con el ruego de que se llevase en la nave. El patriarca añadió que los astronautas, cumplirían sus objetivos aeroespaciales y, “en cierto modo, una misión espiritual”.
    No fue la primera vez que un icono de Nuestra Señora de Kazán salió al espacio. Ese mérito correspondió a los astronautas de la misión Soyuz TMA16, realizada entre septiembre de 2009 y marzo de 2010.
    El icono simboliza las persecuciones que atravesaron los rusos en el siglo XX. A la imagen se le ha llamado la Protectora de Rusia. Los comunistas convirtieron la catedral de San Petersburgo consagrada a la Señora de Kazán en museo del ateísmo. El icono desapareció durante la Revolución Bolchevique y reapareció en una subasta de obras de arte en Polonia. En 1970, se volvió a subastar y lo compró una organización católica, el Ejército Azul de Nuestra Señora de Fátima, que, después de tenerlo en el santuario portugués, en 1993 lo entregó a Juan Pablo II; este lo guardó en sus apartamentos personales hasta que en 2004 se lo devolvió al patriarca Alejo II. Los sucesores de ambas personalidades, Benedicto XVI y Kiril II, buscan puntos comunes entre ambas Iglesias para que Europa “respire con sus dos pulmones, Oriente y Occidente”.

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