Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La corrupción pública, cáusas y motivaciones (I)



“La corrupción es un vicio de los hombres,
no de los tiempos”

Séneca




“La crisis de la principal potencia occidental – Estados Unidos – es ya una crisis moral de todo occidente, incluida Europa: desmoronamiento de las tradiciones, de un sentido global de la vida, de criterios éticos absolutos, y carencia de nuevos fines, con todos los daños psíquicos que de ello se derivan. Muchos hombres no saben ya en nuestros días hacia que opciones fundamentales han de orientar las pequeñas o grandes opciones diarias de su vida, y tampoco que preferencias seguir, que prioridades establecer, qué símbolos elegir. Las antiguas instancias y tradiciones orientativas ya no sirven. Reina en todas partes una crisis de orientación que, a pequeña escala, tiene que ver con la frustración, el miedo, la drogodependencia, el alcohol, el sida y la criminalidad de muchos jóvenes, y a gran escala, con los nuevos escándalos políticos, económicos, sindicales y sociales, demasiado frecuentes en Alemania, Austria, Francia, España, Italia, Suiza. En definitiva, Occidente se encuentra ante un vacío de sentido, de valores y normas, que no solo afecta a los individuos, sino que constituye un problema político de enorme magnitud.”
Kung

Podemos distinguir dos grupos de factores principales que fomentan la corrupción:
- Socio culturales o externos al individuo
- Internos o afectivos en el individuo

Entre los externos podemos establecer cuatro tipos:
- Políticos
- Económicos
- Administrativos
- Sociales

Dentro de los factores políticos podemos subrayar:

- la peligrosidad de los lobby de carácter económico, político o de cualquier otra índole. Estos grupos enormemente poderosos corrompen la voluntad de los políticos y de los funcionarios con la única pretensión de conseguir posiciones de ventaja y con ellas suculentos beneficios.
- La ausencia de un perfil definido para los cargos políticos, no existen ningún tipo de exigencias culturales o éticas en las personas que quieren ocupar cargos políticos, esto propicia que cualquier individuo, incluso careciendo de los mínimos valores, se encuentre en condiciones de ocupar un puesto público.



- La debilidad o ausencia de valores éticos en el ámbito público. Faltan instrumentos normativos (leyes, códigos, reglamentos…) y la ausencia de herramientas de control, supervisión, evaluación y formación propician un campo fértil para el arraigo de la corrupción en las instituciones públicas.
- Corrientes de pensamiento que fomentan la corrupción como los defensores del funcionalismo, que consideran la corrupción como un lubricante que permite un mejor funcionamiento del sistema.
- Lealtad, interés y pertenencia a un partido. En la actualidad los políticos saben que deben su posición al engranaje de la organización política a la que pertenecen, por lo tanto sus lealtades están claramente definidas hacia su partido político y no hacia los ciudadanos a los que teóricamente representan, es lo que se conoce como partidocracia, la verdadera patria de un político es su partido.
- Sentido patrimonialista de los recursos públicos. Uso que hacen algunos servidores públicos de los bienes públicos para disfrute personal, esto va desde el simple robo de material de oficina, mobiliario, tecnológico hasta el uso de edificios, coches, aviones etc para disfrute personal.

Bliografía: Ética para corruptos, Oscar Diego Bautista, Edt. Desclée De Brouwer
CONTINUACIÓN

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