Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina

lunes, 3 de noviembre de 2014

MALOS TIEMPOS PARA LA LIBERTAD, por Juan J. Molina



Corrían malos tiempos, tiempos de tribulaciones y de canallas. Como en una pesadilla medievalista el aire traía olor a tierra quemada y un mal presentimiento, esa sensación difícilmente explicable de que algo malo está a las puertas. Los rostros irritados, la ira mal contenida, las injusticias repetidas, el mal gobierno de un montón de incapaces aderezados con otro montón de pillos y ladrones, la falta de escrúpulos, la impunidad adornada con soberbia de los que se creen intocables, la miseria exhibiéndose en un barrio pudiente, los mesías de falsos paraísos, los profetas del juicio final y un puñado de mentiras que iban de boca en boca, inventando un rumor gigante. Corrían tiempos malos en las calles, en las avenidas, en las plazas y callejuelas, se decía, se comentaba, se oían cánticos antiguos de viejas guerras,  y al final, el final de siempre. Cuando algunos preguntaron, ya era tarde.
Algunos dicen que la vieron salir por la puerta de atrás, asustada y en silencio. Otros vocean que nunca estuvo, que fue un espejismo. Hay quienes ya, ni siquiera la recuerdan. Y qué más da, no se puede echar de menos lo que nunca se tuvo, con el paso del tiempo ya nadie hablará de ella. Era peligrosa, la gente se volvía loca y hacía cosas no contempladas, los planes se torcían una y otra vez por su culpa. Todo era impredecible  y luego,  estaba lo peor, el peligro y la inseguridad. Con ella cada cual asumía sus riesgos y muchos no estaban preparados, no sabían caer y volver a levantarse, tuvieron miedo y la traicionaron. Tuvo que huir para que no la mataran, la cambiaron por una falsa seguridad.  Después, lo perdieron todo, primero fue la libertad y luego, el mendrugo de pan con el que se la compraron.

Hoy vuelve a flotar en el aire esa sensación, algo malo está a las puertas. Vuelven los rumores, los falsos mesías con sus mentiras, corren por las callejuelas los desalmados, rapiñando las sobras de una fiesta que se acaba. Y de nuevo, como una mala pesadilla corremos el riesgo de perderla otra vez. Pero no lo vamos a permitir. Vigilaremos las puertas, la cuidaremos de los traidores y le enseñaremos a los que tienen miedo, que la libertad es el refugio más seguro porque no tiene dueños, ni oraciones, no tiene planes ni mesías, es el pan eterno que alimenta el alma y nadie te lo puede dar, por eso, tampoco nadie tiene derecho a comprarla,  esconderla,  secuestrarla o quitártela. Solo los cobardes trafican con la libertad y no nos volverán a engañar con un pedazo de pan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LOS COMENTARIOS OFENSIVOS O CON INSULTOS NO SON BIENVENIDOS Y PUEDEN SER BORRADOS. GRACIAS POR VUESTRA MODERACIÓN.