Juan J. Molina

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jueves, 7 de julio de 2011

Dejar de endeudarnos

Dejar de endeudarnos

Jorge Baeza Beltrán 



Después de la más repetida estos días: “los mercados mandan sobre la política”. Ahora tenemos otra: “los estados no tienen soberanía para decidir sobre sus cuentas o presupuestos”. Y la lógica conclusión está servida: “Ya no hay democracia”. Y con esto, suponen algunos que han hecho una proclama de radicalidad democrática. Yo lo llamaría exaltación infantil, apología de la niñez o propaganda naif. Se podría resumir con un “Papá quiero caramelos”. Así estamos, esto resume el comportamiento político de mayorías sociales como la griega o la nuestra. No he oído a casi nadie decir durante años, y menos a los quejosos de las frases de inicio, que debíamos dejar de endeudarnos. Sólo eso nos ha hecho perder la soberanía. La ejercimos y lo hicimos mal. Endeudarse hasta más del 100% del PIB y tener déficits superiores a una vez y media el presupuesto ha sido un ejercicio de soberanía en Grecia, concretamente una transferencia de la misma. Cuando uno la ejerce mal y se endeuda, la pierde, la cede a manos de su acreedor. Pierde voluntad en forma de capacidad autónoma de gestión. Y es que para conservar la libertad siempre se tuvo que ser responsable. Palabra ésta, vaciada últimamente, que quiere decir que hay que asumir las consecuencias. Algunos hemos militado siempre en la limitación del poder público y de sus tentáculos en forma de gasto, hemos sido una minoría minúscula, apartados como aguafiestas. Y es que claro, gritar en plena orgía que se retiren los placeres, no es nada simpático y menos en una democracia para niños. Eso si hubiese sido un buen ejercicio de soberanía.

Imaginemos que yo me endeudo con el banco o con un amigo y cuando éste me reclama un vencimiento de la deuda yo le contesto: “Soy soberano”. O más divertido aún, le hago moralina y le digo: “es que sólo te importa el dinero”. Pero el que se lo ha gastado, efectivamente, soy yo. ¿Algún voluntario a prestarme dinero? ¿De verdad puedo decir que soy soberano? Todo esto lo estamos oyendo estos días en boca de los que han gastado a manos llenas que a través de sus voceros intentan difundir este absurdo mensaje. Hemos perdido soberanía, porque la hemos transferido casi toda, porque lo hemos hecho muy mal, horriblemente mal, y seguimos sin hacerlo mucho mejor. A duras penas hemos corregido con pequeños retoques cuestiones de matiz. Es hora de decir verdades antipáticas en estos tiempos de chota. Verdad tan antigua como la tos es que las deudas se pagan.

¿Hemos aprendido algo de todo esto? Me temo que la mayoría nada de nada. En lugar de exigir a los políticos que dejen de endeudar-se, es decir de endeudar-nos, que dejen de gastar en vacuidades… qué va! Todo lo contrario, son miles, centenares de miles los que salen a la calle a pedir más gasto, más subvención, menos recortes, sin tener en cuenta que eso hace necesario más políticos y más funcionarios. A los que se supone que tienen como objetivo principal de sus críticas. Y es que no tiene la misma ética y nada qué ver, cargar contra la clase política por lo que nos quita, que cargar por lo que ya no da. Los “indignados” están en lo segundo.
http://www.lavanguardia.com/participacion/cartas/20110627/54177604116/dejar-de-endeudarnos.html

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