Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina

miércoles, 21 de abril de 2010

MD REVOLUTION


“Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento.”

Nelson Mandela: (Ushuaia, 1998)

Esta frase lapidaria resume el mal que aqueja a las democracias de todo el mundo, se están convirtiendo en cáscaras vacías. Donde hay hambre la gente solo quiere comer y poco importa lo que roben o les engañen sus gobiernos, y es comprensible, tampoco se les puede pedir más. En Occidente donde por suerte no pasamos hambre de momento, la gente solo quiere su dinero en forma de sueldo o de subsidio y mientras le llegue tampoco está preocupada especialmente por cuanto les roben o mientan sus políticos. La corrupción en las encuestas apenas si hace variar el porcentaje de los votos, parece que nuestra sociedad ha asumido esa característica como algo inherente a la política. Vivimos en una realidad paralela, algo parecido al argumento de Matrix donde a cambio de nuestra complicidad el programa nos ofrece una vida acomodada, sin sobresaltos. Aquellos que parecen despertar y son capaces de ver los entresijos de este decorado falso son considerados anomalías, grietas del sistema y por supuesto deben ser combatidos y erradicados.
En esta simulación democrática en la que vivimos MD es Zion, la ciudad donde vivimos aquellos que estamos liberados, aquellos que intuimos que algo no va bien en el ilusorio mundo democrático en el que nos quieren hacer creer que vivimos. Desde aquí tenemos que luchar por conseguir liberar a todos los ciudadanos que seamos capaces, despertarlos de la morfina que a base de limosnas y amenazas nos inyecta el sistema y sus agentes en forma de partidos políticos, sindicatos e ideólogos.
Aun no sabemos si existe un elegido entre nosotros que nos pueda guiar hasta la victoria, pero tenemos nuestra base y tenemos un ejército, todavía pequeño pero fuerte en sus convicciones y fundamentos y que no deja de crecer.
Mas allá de este teatro debemos crear un mundo libre e inteligente, donde los ciudadanos sean dueños de las instituciones con las que se gobiernan y las reglas sean consensuadas y respetadas. Un mundo en el que vivirán nuestros hijos sin tener que tomar partido los unos contra los otros y el último fin de nuestras decisiones sea la consecución del hoy olvidado Bien Común.
En nosotros ha recaído la noble tarea de liderar esta guerra y estoy seguro de que, perdamos o ganemos, nos batiremos con nobleza y gallardía con la certeza de que solo hay una batalla que se pierde de antemano, aquella que no se libra por desgana o miedo.

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