Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina

miércoles, 28 de abril de 2010

EL HORIZONTE DE LOS CARACOLES


EL HORIZONTE DE LOS CARACOLES


Explicar el mundo desde la perspectiva de un caracol supone una concepción del mismo realmente limitada. El horizonte de un caracol no llega más allá de la largura de sus cuernecillos con los que exploran un mundo que para ellos tiene el tamaño de una pelota de tenis. Con esos datos sus posibilidades de supervivencia se limitan prácticamente al puro azar de no dirigirse al lugar equivocado en el momento apropiado. Así podemos decir que en la mayoría de los casos la ignorancia fue la que mató al caracol.
Este comportamiento tan propio de un caracol al que no se le puede reprochar nada puesto que carece posibilidades para remediarlo, se da también en otras especies y en diferentes medidas.
La ignorancia no solo es peligrosa si no que además tiene otra característica muy peculiar, la osadía. El desconocimiento unido a la osadía produce la insolencia, el atrevimiento e incluso el descaro. Por supuesto no podemos atribuir a un caracol nada más allá de su intrínseca ignorancia, no podemos decir que un caracol es osado y mucho menos insolente, pero si que lo podemos decir de ciertos individuos de otras especies que sobrepasando la frontera de la ignorancia alcanzan las más altas cotas de la osadía y el descaro. Ya lo dijo alguien hace mucho tiempo, no hay nada más osado que la ignorancia.
Este comportamiento insolente se da de manera notoria en nuestra especie, se ha dado siempre aunque si en un principio era disculpable, ya que nuestro conocimiento del mundo era prácticamente el de un caracol, en la actualidad dicha conducta entra más dentro del campo de las patologías sociales. Son todos aquellos que se mueven dentro de la ignorancia en una sociedad desarrollada y además tienen la osadía de afirmar cosas erróneas, cuando no mentiras; de adherirse a causas injustas, de dejarse manipular sin el menor atisbo de reflexión; aquellos que apoyan movimientos sociales con peticiones absurdas, que sostienen gobiernos sectarios y colaboran en el desarrollo de toda esa inmensa parafernalia de barbaridades que vemos pulular cada día por nuestras calles, que leemos en los periódicos, escuchamos en las radios o vemos en la televisión.
Estos individuos no solo no están diagnosticados sino que además desconocen estar enfermos, al contacto los unos con los otros este tipo de patología se agudiza, un ejemplo claro son las aglomeraciones humanas. Una masa de individuos produce una simbiosis entre ellos de tal manera que en un momento dado actúan como uno solo, siguiendo siempre las consignas de algún guía o guías que hacen las veces de cerebro en ese cuerpo. Llegados a ese punto pueden realizar cualquier tipo acción, defender cualquier consigna, atacar lo que sea incluidos sus propios intereses y llevar a término salvajadas impensables.
Tenemos infinidad de ejemplos de este comportamiento todos los días en nuestro país, España sin ir más lejos, pero me voy a ceñir solo en uno como muestra ya que me parece preocupante.
En estos días grupos más o menos numerosos de personas guiados por cabecillas de la izquierda, están saliendo a la calle para apoyar a un juez de la Audiencia Nacional llamado Baltasar Garzón. Dicho juez es conocido internacionalmente por encausar a dictadores extranjeros, por su lucha contra el terrorismo (incluido el de estado), contra los narcotraficantes y ahora por su intento de juzgar los crímenes del franquismo. La gente que le apoya argumenta que se le juzga por querer investigar el franquismo y además tachan de fascistas a los jueces del Tribunal Supremo que tienen que juzgarlo.
Estas personas ignoran como funcionan las instituciones democráticas, es cierto que los partidos políticos han politizado la justicia, pero no es menos cierto que los jueces de ese tribunal han sido elegidos por esos mismos partidos políticos y que se deben por encima de todo a la imparcialidad propia de su profesión. Su ignorancia del funcionamiento del sistema les lleva al siguiente paso, la osadía llamando fascistas y franquistas a unos jueces elegidos según las normas democráticas que rigen en nuestro país. En un atrevimiento sin precedentes se atreven a pedir la impunidad para un ciudadano, quieren colocar a este juez por encima de la ley cosa de la que no disfruta ningún ciudadano en un país libre y ordenado.
Su ignorancia les hace osados y manipulables por sectores de poder incluidos gobiernos que los utilizan para su beneficio, ocurre en las seudo democracias, en las teocracias, en las dictaduras socialistas, en las repúblicas bananeras y en las democracias avanzadas occidentales. Cuanto mayor es su ignorancia más manipulables y peligrosos se vuelven.
Contra este mal solo existe un antídoto, la cultura, si queremos salvar nuestras democracias de estas infecciones populistas, tenemos que reforzar nuestros sistemas educativos convirtiéndolos en los pilares de nuestra sociedad y de los valores de libertad y democracia de calidad en los que creemos.
La casta política que nos dirige lo hace desde la perspectiva de los caracoles, un horizonte que no va más allá de su tremenda ignorancia y sus enormes déficits de casi todo, el próximo día que lluevan votos deberíamos de salir al campo a recoger caracoles, ponerlos en una bolsa con harina y una vez limpios hacer una buena caracolada de politiquillos a la salud de todos nosotros.

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