Juan J. Molina

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lunes, 19 de octubre de 2015

La curva de Laffer: la relación entre impuestos e ingresos del Estado

Economistas mejor que tertulianos: La Curva de Laffer, El tipo marginal y El Efecto Crowding Out


  • El aumento de impuestos sin contrapartidas conduce a una menor recaudación
Decía Keynes que aumentar los impuestos para incrementar la recaudación del Estado es similar al comerciante que, ante la pérdida de ventas, decide subir los precios de los productos. Con el efecto de que el Estado, al igual que el comerciante, constatará que las cuentas al final no se equilibran. Siendo dramático el caso del Estado que decida seguir esta política, ya que comprobará la paradoja de que una gran parte de los costes asociados a las prestaciones por desempleo vendrán, en parte, de aquellos que todavía trabajan, con lo que el resultado será aún más negativo.
Más modernamente, siguiendo el mismo principio, Arthur Laffer, en su día miembro del Consejo Asesor de Política Económica del presidente Ronald Reagan, desarrolló en 1980 su famosa curva, querepresenta la relación entre el nivel de los impuestos y los ingresos del Estado. Según su criterio, si los tipos impositivos son cero, los ingresos fiscales también lo serán; al igual que si los tipos alcanzan el 100%. A medida que los tipos se vayan separando de su punto máximo (100%), los ingresos irán aumentando hasta un punto en el que, con tipos menores, se producirá el camino inverso: los ingresos fiscales se irán reduciendo hasta llegar a cero.
La clave es que con el aumento de los tipos impositivos se llegará a un punto en que los ingresos por vía fiscal disminuirán. Es lo que se define en la gráfica como zona prohibida; a partir de la cual existe un punto en que los ingresos son máximos, pero siempre alejados de una mayor carga fiscal. La evidencias que Laffer demostró en su día se basaban en experiencias ya conocidas en el pasado. Bien es verdad, que el problema siempre será encontrar ese punto ideal en que se maximizan los ingresos fiscales manteniendo unos impuestos razonables. Sin embargo, la realidad demuestra que la sola política de aumentar los impuestos, sin contrapartidas, conduce inevitablemente a una menor recaudación. Cosa muy acusada en períodos de recesión económica.
Hace unos días un diario español realizaba una entrevista a Arthur Laffer. Entre las consideraciones que el economista ofrecía en la entrevista había respuestas tales como: “En 1981, cuando yo trabajaba con el presidente Reagan, aprobamos una ley que bajaba los impuestos de forma inmediata, pero aplazaba el recorte del gasto dos años, a 1983. Así, la gente acelera su consumo e inversión y, cuando recortas el gasto, la economía ya está creciendo y recaudas más”.
Respecto del problema de los impuestos, Laffer fue muy tajante en este sentido: “Lo peor es que el IRPF es muy progresivo. El problema de España no es de presión fiscal; es de presión fiscal mal repartida sobre las rentas más altas y las del trabajo. Sus impuestos dañan a los creadores de riqueza y a los trabajadores que reciben una nómina. Castigan al trabajador y da incentivos al defraudador, tanto cuando no paga impuestos como cuando recibe ayudas públicas. Si la gente cree que el sistema fiscal no es justo, trata de evadir impuestos. Eso pasa en España y pasa en Estados Unidos”.
Finalmente, al comentar la política de austeridad actual, Laffer fue muy concreto, apuntando algo en lo que mucha gente solvente está de acuerdo: “Cuando hablan de austeridad hablan de déficit. Yo hablo de reducir el peso del Estado en la economía. El gasto público no es estímulo ni austeridad. Es un concepto idiota. Mire Alemania: tiene tipos de interés de su deuda negativos y aún así apenas está creciendo. O el Reino Unido: David Cameron subió el IRPF a las rentas más altas y la economía se hundió en otra recesión”.
La entrevista no tiene desperdicio: habla del sistema judicial español calificándolo de caprichoso e ideologizado; considera que el multiplicador keynesiano, según el cual el gasto público genera actividad económica, lleva a incrementar el nivel de deuda, a lo que añade además: “Y al final hay que pagar esa deuda. ¿Cómo? Con impuestos. No puedes crear prosperidad a base de impuestos”.
Se podrá estar o no de acuerdo con este reconocido economista, pero de lo que no hay duda es que no sólo existe una política económica como ahora se defiende. La economía no se comporta como un automóvil. Este se arranca y se conduce de manera predecible. La economía es una ciencia social y por tanto es interpretable. La política actual, aunque ha reducido el déficit dejado por el Gobierno socialista anterior, está estancada, genera desempleo y su recuperación será muy lenta.
España está pseudo-intervenida; y los interventores europeos no hacen sino apretar la tuerca de la vía impositiva. Ahora se propone incrementar los impuestos especiales. Luego vendrán otros. Sin embargo, Hacienda recauda menos, y sin políticas de incentivación económica la sola austeridad llevará al país por una senda renqueante. Quizás todo esto tiene que ver con la apreciación de Laffer: “El capitalismo es algo que no encaja a los españoles, donde la actividad empresarial ha estado siempre muy vinculada al Estado por concesiones, monopolios, empresas públicas, y bancos que son vistos como entidades intocables”. Son, desde luego, consideraciones para reflexionar.
Eduardo Olier, presidente del Instituto Choiseul España.

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