Juan J. Molina

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martes, 24 de abril de 2012

¿Donde están los liberales? por Francisco Rubiales

Los liberales, que inventaron la democracia y las libertades ciudadanas frente al despotismo, están siendo políticamente exterminados en el mundo, acosados y perseguidos obsesivamente por un totalitarismo cada día más fuerte. En el exterminio del liberalismo está una de las claves del declive de nuestro mundo y de las crisis profundan que están asolando la vida política. Los liberales son, probablemente, los únicos que entienden con plenitud la democracia y la libertad. El mundo político no debería dividirse en derechas e izquierdas, sino en liberales y totalitarios. Cuando la derecha prescinde del liberalismo, como ocurre hoy en España, termina pareciendose a la izquierda como dos gotas de agua. Resucitar el liberalismo es una medicina eficaz para acabar con el caos y la decadencia reinantes. Recuparar a los liberales representa regenerar la democracia, pues sin liberalismo la democracia no puede existir.

En el mundo presente apenas quedan partidos liberales y los que existen son agrupaciones generalmente débiles, acorraladas por los adictos al Estado y a la política profesional. En España, ni siquiera existe un partido liberal solvente y sus huellas culturales y políticas casi son imperceptibles, incluso en los partidos de derecha.


Los perros están acabando con las gacelas y las águilas que volaban alto y libres están siendo abatidas con plomo. El primer zarpazo mortal al liberalismo se lo dió el marxismo bolchevique, que le acusó injustamente de defender a los burgueses y ricos y de aplastar a los abreros. La victoria marxista sobre el liberalismo fue casi total, no sólo en el lado rojo del telón de acero, sino también en el Occidente que se llamaba democrático, donde los estalistas y totalitarios también tomaron en muchas ocasiones el poder, aunque disfrazados y adaptándose superficialmente a las democracias.


En sentido amplio, los liberales, partidarios del Estado en su mínima expresión, fueron asesinados por los partidarios del Estado en su máxima expresión, aquellos que querían engordarlo para manejarlo y expoliarlo. Los que creían en la democracia, la libertad y el ciudadano fueron derrotados, desgraciadamente, por los que amaban el poder y la esclavitud de los demás. Esa es, en buena parte, el resumen de la historia política de nuestro mundo, en los tres últimos siglos.


No existe una escuela política que haya sido más tergiversada y denigrada que el liberalismo. Sus adversarios, totalitarios en su mayoría, lo han masacrado a base de mentiras, descalificaciones injustas y calumnias. La mejor definición del liberalismo tal vez sea "El respeto irrestricto a los proyectos de vida de los demás". El liberal no sólo tolera a los que piensan igual que él, sino también a los que piensan distinto.


Ninguna otra idea política como el liberalismo ha entendido mejor la naturaleza maligna del Estado, un invento peligroso y voraz, capaz de acabar con el ser humano, que sólo es saludable cuando se mantiene bajo control y reducido a su mínima expresión. Conocedores del Estado como nadie, los liberales inventaron la demcoracia precisamente para mantner al Estado bajo control, estableciendo un complejo sistema de leyes y contrapesos cuyo fin último era cortar los dientes al Estado y mantenerlo siempre encerrado en una jaula bajo muchos cerrojos.


Entre esos cerrojos destacan una ley igual para todos, la separación e independencia de los poderes básicos del Estado, para que se vigilen y controlen mutuamente, el predominio del individuo y del ciudadano soberano sobre cualquier otro elemento del sistema, la existencia de una prensa libre e independiente, capaz de fiscalizar a los grandes poderes, la celebración de elecciones libres, donde los ciudadanos puedan elegir, sin interferencias y con plena libertad, a sus representantes, sin listas cerradas y bloqueadas, la existencia de una sociedad civil fuerte e independiente del poder político, capaz de actuar como contrapeso del poder y un control férreo sobre los partidos políticos y los políticos, para que no caigan en las tentaciones tradicionales, que son la corrupción, la arrogancia y el afán desmedido de poder.

 
El siglo XX fue el siglo del Estado, donde el liberalismo quedó derrotado por los estatalistas y totalitarios. Fue, también, el siglo de los partidos políticos, que se adueñaron del Estado y eliminaron gran parte de las cautelas y garantías impuestas por el liberalismo a la democracia. El resultado fue el siglo de la violencia y del crimen, testigo de las dos guerras mas crueles y sangrientas de la Historia humana y de decenas de millones de civiles asesinados por sus propios gobiernos, no en los frentes de guerra, sino en las retaguardias, víctimas de experimentos de ingeniería social, de opresión estatal, de envidias y de odios culturales y étnicos.

Con los liberales en el poder, eso nunca habría sido posible. El monstruo asesino del Estado habría estado encerrado en la jaula de la democracia auténtica, sin poder escapar y sin sembrar el mundo de injusticia, desigualdad, abuso y cadáveres.


Cada día me siento más liberal y lo soy no sólo por estudios y reflexiones, sino, sobre todo, por experiencias personales acumuladas. Como periodista que ha ocupado puestos destacados en la escena informativa internacional, he conversado con decenas de jefes de Estado y de gobierno y con cientos de ministros y de personajes poderosos, sin que nunca haya encontrado en ellos otra cosa de arrogancia, avaricia, ansias de poder y desprecio por los ciudadanos, a los que dicen servir y a los que tienden a considerar como sus verdaderos enemigos, tal vez porque les tienen miedo, después de explotarlos y avasallarlos.


Si las tesis de este artículo le parecen interesantes, de un paso más y visione un par de veces el siguiente
VIDEO. Es una hermosa lección de liberalismo capaz de limpiar y mejorar este sucio mundo. 
http://www.votoenblanco.com/Donde-estan-los-liberales_a4702.html

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