Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina

jueves, 20 de enero de 2011

EL FORTALECIMIENTO DE LOS VALORES ÉTICOS (III)


EL FORTALECIMIENTO DE LOS VALORES ÉTICOS


Día a día, toda persona manifiesta comportamientos éticos, aunque a veces no lo perciba. La ética, por tanto, es el resultado de la evolución del pensamiento humano. Es, como señala J. Antonio Marina “la más inteligente creación de la inteligencia humana”.
“Cuantos más sanos principios asimila una persona más deberes va generando, los cuales no serán impuestos por nadie sino adoptados de manera consciente y voluntaria. Por ello, es posible decir que la ética es el tratado de los deberes convenientes al ser humano. Desde el punto de vista de la ética, uno no es libre de hacer lo que le viene en gana, sino de hacer lo que debe hacer” (Camps, 1996)

El proceso de interiorización de valores éticos en los individuos sigue este proceso:

-         Reflexión y deliberación.
-         Adquisición de conciencia.
-         Distinguir entre lo conveniente y lo nocivo.
-         Adoptar principios convenientes o positivos.
-         Asumir deberes de manera voluntaria.
-         Actuar de manera íntegra y responsable.

Cuantos más principios y valores positivos poseen las personas, más correctamente actúan, y viceversa, a menor fortaleza en valores éticos mayor es la inclinación hacia conductas indeseables.
Un “buen gobierno” para serlo, necesita contar entre sus filas con personal íntegro, personas responsables que actúen sin olvidar el deber hacia la comunidad a la que representan y sirven. Los valores éticos, insertados en los servidores públicos y cultivados de manera adecuada, pueden hacer más eficiente, transparente, equitativo y justo el arte de gobernar así como el ejercicio de la función pública.
El principal reto que afronta la ética pública no es la identificación de valores sino su interiorización en las personas. “ El interés del estado no puede depender de las pasiones del Príncipe gobernante, ni siquiera de su deseo de ser malo o bueno sino que exige un profundo autocontrol”.Cortina.
“Una confianza no se logra solo multiplicando los controles, sino reforzando los hábitos y las convicciones. Esta tarea es la que compete a una ética de la administración pública: la de generar convicciones, forjar hábitos, desde los valores y las metas que justifican su existencia”. Cortina.
Como dijo Aristóteles: “No se estudia ética para saber qué es la virtud sino para ser virtuosos”.
Bliografía: Ética para corruptos, Oscar Diego Bautista, Edt. Desclée De Brouwer

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