Juan J. Molina

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Juan J. Molina

martes, 28 de junio de 2016

AMAR LA LIBERTAD, por Juan J. Molina






Siempre me he preguntado por qué los socialistas y los comunistas no predican con el ejemplo. Probablemente no existe un hábitat más propicio para experimentar estas ideologías, sin riesgo, que una democracia liberal. Nadie te obliga a no socializar tus ganancias con tus camaradas, ya sean familia, amigos, compañeros de partido o afines a esta forma de organización. Puedes compartir tus ganancias con el grupo y decidir de forma democrática, ya sea con asambleas o con otro tipo de método, cómo gastar los fondos priorizando aquellos objetivos que más importen a la mayoría, esto sería la versión socialista, existe la propiedad privada pero los medios de producción y los réditos serían colectivos. Pero se puede dar un paso más, también se pueden colectivizar las propiedades de manera que todo sea de todos y no exista la propiedad individual.
Por qué quienes predican esta forma de organización, absolutamente respetable siempre que no te obliguen a asumirla, sin embargo no la practican. Yo soy liberal y vivo como un liberal, gracias a que vivo en un sistema basado en los principios liberales donde la libertad individual es el eje sobre el que se vertebra la vida social, política y un poco la económica. Yo soy el dueño de mis medios de producción, de las riquezas que obtengo y de las propiedades que compro y les puedo asegurar que si vivo así, es porque las otras organizaciones sociales no me seducen. Si yo viera grupos sociales, a mis vecinos por ejemplo, viviendo en colectividad y les fuera como “Dios” no lo duden, yo sería el primero en pedir cita para entrar en el grupo. ¿Quién se resiste a vivir mejor? O a entrar en un club que mejora tus condiciones de vida de forma clara y contundente.
Se imaginan un mundo de países socialistas o comunistas vallados para evitar la entrada masiva de ciudadanos del mundo capitalista buscando esa sociedad colectivizada, donde todo es de todos y a nadie le falta de nada. Ese mundo podría ser tan real como el que tenemos ahora, esas formas de organización social podrían haber triunfado como lo han hecho, en buena medida, las formas basadas en la libertad del libre mercado y la propiedad privada. Pero la realidad es tozuda, las teorías que soportan todo sobre el papel, son en la práctica del día a día mucho más débiles. Algunos siguen creyendo hoy que es el mundo el que tiene que adaptarse a la teoría, craso error, la vida tiene sus propias reglas.

Quizás sea por eso que no encontramos socialistas o comunistas de verdad, en la casa de al lado, puerta con puerta que puedan demostrarnos lo bueno de su forma de organización y que terminen convenciéndonos de que los que estamos equivocados somos los demás, los que amamos la libertad con todas sus consecuencias. Y conste que la mayoría de nosotros, yo al menos, somos liberales con paracaídas, que buscamos la libertad pero con red abajo por si nos caemos. Son otros tiempos y los aventureros de la libertad se extinguieron cuando alguien mató a Dios y lo sustituyó por el Estado, pero cuidado, si ya nos costó siglos y sangre poner a la religión en su sitio, no cometamos el error de permitir que “Papa Estado” ocupe su lugar y nos tiranice de nuevo.

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