Juan J. Molina

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viernes, 30 de mayo de 2014

115 años después de su nacimiento, las ideas de Hayek siguen siendo relevantes, por Gerald P. O'Driscoll Jr.

F. A. Hayek

Gerald P. O'Driscoll es ex-vicepresidente del Banco de la Reserva Federal en Dallas y académico asociado del Cato Institute.
El 8 de mayo fue el aniversario No. 115 del nacimiento de F.A. Hayek, gran economista y filósofo político de Austria. Hayek tuvo un inmenso impacto sobre el pensamiento intelectual durante su época, pero sus ideas son tan relevantes hoy como en ese entonces.
La obra de Hayek, ya sea en lo que concierne la economía, la política o el derecho, se enfocaba en los problemas inevitables de la incertidumbre y de la información incompleta.
En los artículos económicos que datan desde la década de 1930, analizó el sistema de precios como un mecanismo para comunicar información a los compradores y vendedores acerca de la intensidad de las preferencias de bienes y su escasez relativa. Él concluyó que la información no existe en lugar alguno de manera completa y que esta no podía ser centralizada.
Muchos de sus argumentos fueron desarrollados en medio del debate acerca del cálculo socialista. Las sociedades socialistas (en realidad comunistas) que dependían de laplanificación centralizada se caracterizarían de grandes ineficiencias económicas. Hayek fue reivindicado por sucesos posteriores.
El poder de su argumento es ignorado hoy por quienes diseñan las políticas públicas y suelen estar involucrados en la “planificación light”, intentando asignar el crédito a industrias favorecidas y eligiendo ganadores. La Gran Recesión fue en gran medida la consecuencia de tales prácticas. El estado de cuenta de la Fed está cargado de papeles respaldados con hipotecas.
En “Ben Bernanke versus Milton Friedman” (en inglés), el historiador Jeffrey Rogers Hummelargumenta que la Fed ha pasado de ser una autoridad monetaria a convertirse en una institución que asigna el crédito.
Hayek comenzó a desarrollar su argumento acerca de la información en su análisis monetario. En 1932, cuestionó si la administración monetaria deliberada podía evitar las fluctuaciones económicas.
Friedman luego desarrolló el argumento en contra de la política monetaria discrecional en una serie de artículos que detallaron los problemas de información a los que se enfrentaba un banco central.
Su argumento luego se resumió como los “retardos” en la política monetaria —esto es, la incertidumbre acerca de cuándo los efectos de las acciones de la política monetaria se llegarían a sentir. Quienes conforman las políticas monetarias dicen estar de acuerdo con los argumentos de Friedman, pero los ignoran en la práctica.
Hayek resumió hábilmente su argumento acerca de la información en su libro de 1988 La fatal arrogancia: “La tarea peculiar de la economía es demostrar a los hombres qué tan poco saben en realidad acerca de lo que ellos creen que pueden diseñar”. Una economía de mercado es un orden complejo, el resultado de la evolución social que confunde a los esfuerzos de quienes pretenden rediseñarlo.
El principio central del liberalismo clásico fue resumido por George Smith en su brillante libroThe System of Liberty: “Laissez faire en todas las esferas, la personal, la social y económica, fue la presunción fundamental del liberalismo —el criterio por defecto— y todas las desviaciones de esta norma requieren de una justificación”.
En EE.UU., mediante una prestidigitación lingüística, los progresistas han transformado el significado de la palabra liberalismo hasta que el término ha llegado a significar casi lo opuesto de lo que pretendía representar originalmente. Los progresistas se convirtieron en los liberales y los verdaderos liberales perdieron su identidad.
De manera que tenemos el uso peculiar del término “conservador” en EE.UU. para referirnos a lo que alguna vez se consideró pensamiento liberal.
Así que cuando Hayek escribió un famoso ensayo acerca de “Por qué no soy un conservador” confundió a algunos conservadores estadounidenses (liberales en otras partes del mundo). Él no estaba atacando a los conservadores de EE.UU. En cambio, estaba combatiendo el trasplante a EE.UU. de “una versión europea de conservadurismo, que es desconocida en la tradición estadounidense”. Ese conservadurismo europeo colocaba a la tradición y al estatus por encima de la libertad y la innovación.
Hayek argumentó allí y en otros lugares que el liberalismo debe ser la filosofía política de principios. Su principio central es la libertad individual. El liberalismo debe presentar un programa optimista que atraiga a las personas jóvenes, quienes conforman la próxima generación que debe portar la antorcha de la libertad para que esta sobreviva.
Hayek ofreció una muy necesitada agenda para los liberales de hoy. Deben estar a favor de los mercados libres y de las personas libres. Los mercados libres y el libre comercio deben ser vistos como el núcleo económico de una sociedad de oportunidades que provea esperanza a todos.
Para copiar el eslogan de Steve Forbes, un partido de libertad electoralmente exitoso articulará un programa de esperanza, crecimiento y oportunidades. Las tradiciones respaldan dicho programa, pero los jóvenes nunca serán persuadidos por un mensaje que depende de la mera tradición.
Hayek nació en Viena en el punto máximo del orden económico liberal global que comprendía mercados libres, libre comercio y flujo de capitales, y el patrón oro clásico. Esa construcción gloriosa llegó a su fin con la Primera Guerra Mundial.
De manera que durante décadas él estuvo argumentando en contra de la corriente de la historia. Aún así, vivió lo suficiente para ser reivindicado. Sus palabras, escritas a lo largo de gran parte del siglo XX, constituyen un mensaje relevante hoy.
Este artículo fue publicado originalmente en Investor's Business Daily (EE.UU.) el 8 de mayo de 2014.

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