Juan J. Molina

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lunes, 3 de junio de 2013

La plaga de termitas, por Eduardo Goligorsky

"Tiene más fuerza el simbolismo del abrazo entre dos españoles que la semilla del odio."
Las alegorías zoológicas me persiguen. En un artículo comparé el asalto al poder de los secesionistas catalanes con el avance de la marabunta, y en otros dos evoqué la incubación del proverbial huevo de la serpiente para referirme a la amenaza que el comunismo y el nihilismo implican para la supervivencia de la sociedad abierta en España. Ahora se me antoja que para definir a los elementos nocivos que se multiplican en el seno de esta misma sociedad, corroyéndola gradual y solapadamente, lo mejor es retratarlos como una plaga de termitas. Termitas que, envalentonadas por la crisis, abandonan gradualmente su disimulo para atacar cada día con mayor insolencia.

Conglomerado totalitario

Ya he recordado cómo el dirigente comunista Cayo Lara, su camaradaDiego Valderas, vicepresidente de la Junta de Andalucía y coordinador general de IULV-CA, y el ubicuo socialista Pedro Zerolo montaron un acto en el Auditorio Marcelino Camacho de Comisiones Obreras para rendir homenaje al difunto sátrapa venezolano y a sus mentores cubanos, eternizados en el poder hasta que la muerte los separe.
Ahora agrego que el mismo camarada Valderas anunció que el mes de septiembre se celebrará "un gran encuentro" para abrir "una cooperación directa" entre Andalucía y los países de América Latina y el Caribe que integran el ALBA (Alianza Bolivariana para América). Valderas, en el marco del VI Encuentro de la Coordinadora Andaluza de Solidaridad con Cuba, que se reunió en Málaga, afirmó que España y Cuba "luchan por objetivos muy similares". Entre estos enumeró, con desvergonzado cinismo, "seguir avanzando en el marco de la democracia, la libertad y el respeto de los derechos humanos". Objetivos, añadió, que “coinciden con las aspiraciones del pueblo cubano y que desarrolla el Gobierno de Cuba” (LV, 19/5). El hecho de que el socialista José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía, no haya despedido con una patada a su vice, ni haya vetado ese contubernio con el incipiente conglomerado totalitario de América Latina, como tampoco lo han hecho otros dirigentes del PSOE, prueba que las termitas se infiltran, una vez más, por las alcantarillas del incipiente Frente Popular. El colmo (LV, 30/5): Cayo Lara ha pactado con sus camaradas catalanes –sobre la tumba del internacionalismo proletario– el derecho a desmembrar España en beneficio de la oligarquía secesionista.

Pactos espurios

La mención torticera de "la democracia, la libertad y los derechos humanos" en el marco de pactos espurios con los escasos detritos supervivientes del timo comunista aconseja desempolvar un texto revelador que François Furet reproduce en El pasado de una ilusión(Fondo de Cultura Económica, 1995). Lo escribió a comienzos de los años 1920 Pierre Pascal, un "católico bolchevizado", como lo define Furet, y aunque un lector objetivo podría interpretarlo como un alegato feroz contra el comunismo, era, para su autor, una apología fervorosa de sus aspectos más chocantes destinada a reforzar el fanatismo ciego de sus adictos:
Espectáculo único y embriagador: la demolición de una sociedad. Es ahora cuando se hacen realidad el salmo cuarto de las vísperas del domingo y el Magnificat: los poderosos expulsados de su trono, y el pobre elevado de su miseria. Los amos de la casa confinados en una pieza, y en cada otra pieza está alojada una familia. Ya no hay ricos: simplemente pobres y más pobres. El saber ya no confiere privilegio ni respeto. El ex obrero ascendido a director manda a los ingenieros. Los salarios, los altos y los bajos, se aproximan. El derecho de propiedad queda reducido a las ropas personales. El juez ya no tiene que aplicar la ley cuando su sentido de la igualdad proletaria la contradice. El matrimonio ya no es más que una inscripción en el estado civil, y el divorcio se puede notificar por tarjeta postal. Los hijos reciben instrucciones de vigilar a los padres. Los sentimientos de generosidad son expulsados por la desdicha de los tiempos: se cuentan en familia los bocados de pan o los gramos de azúcar. La dulzura es considerada vicio. La piedad ha sido aniquilada por la omnipresencia de la muerte. La amistad sólo subsiste como camaradería.

Amnesia crónica

Volvamos a nuestras termitas. La ruptura del entramado social que la plaga trae consigo es más devastadora y sirve mejor a los intereses de la carcoma cuando se exacerban los sentimientos de rivalidad y los rencores entre ciudadanos de una misma comunidad. Las termitas se especializan en la siembra de discordias, y uno de los ácidos que segregan para lograr sus fines disociadores es la entelequia que bautizan con el nombre de memoria histórica. El comunista Gaspar Llamazares, más bien amnésico cuando se desentiende de los cien millones de cadáveres que deberían abrumarlo cada vez que se define como comunista, se sobrepuso a su amnesia crónica para pedir la destitución de la delegada del Gobierno en Cataluña, María Llanos de Luna, porque entregó un diploma a la Hermandad de Combatientes de la División Azul en un acto celebrado en el cuartel de la Guardia Civil de Sant Andreu de la Barca. Si bien Llamazares no estuvo solo, porque lo acompañaron todos los partidos embarcados en la aventura balcanizadora, su provocación es más impúdica por las connotaciones homicidas de su ideología.
El acto execrado se realizó, según explicó el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en un "ambiente de reconciliación histórica", con antecedentes que se remontan al año 2004. Fue entonces cuando el ministro de Defensa, el socialista José Bono, invitó a desfilar juntos, en el Día de la Hispanidad, a un veterano de la División Azul y a los republicanos españoles que acompañaron al general Leclerc en la reconquista de París. Cuando las termitas de entonces se lo reprocharon, Bono respondió:
Tiene más fuerza el simbolismo del abrazo entre dos españoles que la semilla del odio.

Demócrata ejemplar

Este episodio anecdótico obliga a recordar que las termitas desquiciadoras que confraternizan con las viejas pústulas totalitarias y sus brotes tardíos no tienen ni remotamente la riqueza intelectual y la calidad humana de aquel soldado de la División Azul reconvertido en demócrata ejemplar que se llamaba Dionisio Ridruejo, "verdadero precursor de nuestra libertad", como lo definió Salvador de Madariaga.
Escribió Ridruejo en el capítulo "La campaña de Rusia" de Casi unas memorias (Planeta, 1976):
Fue una fortuna para mí la oportunidad, que se me abrió en 1941, de alistarme para combatir en Rusia (…) Salí de España como intervencionista firmísimo y cargado de todos mis prejuicios nacionalistas. Convencido de que la miseria y poquedad de España se la debíamos a la hegemonía anglofrancesa; de que el fascismo podía representar el modelo de una Europa racional; de que la revolución soviética era el "admirado enemigo" al que había que destruir o en otro caso rendirse.
Y concluye:
En pocas palabras, diré que volví de Rusia deshipotecado, libre para disponer de mí mismo según mi conciencia y libre también de aquella angustiosa situación de crisis, que por otra parte era la crisis que ha vivido todo hombre de espíritu antes de la treintena: la crisis del idealismo juvenil y de la resistencia a la realidad.
El capítulo siguiente de Casi unas memorias ya reproduce la carta de ruptura con Franco, fechada el 7 de julio de 1942, y el comienzo de una fecunda deriva hacia el liberalismo y la socialdemocracia.

Híbrido depredador

La plaga que carcome la estructura de nuestra sociedad civilizada no se circunscribe a esta mutación de las termitas genéticamente leninistas que ahora se alimentan con la podredumbre castrista y chavista. El Centro Nacional de Inteligencia ha descubierto un híbrido igualmente depredador que conjuga los intereses de un país extranjero y los del salafismo islamista, por un lado, con los del secesionismo catalán, por otro. Noureddine Ziani, expulsado de España por ser "un colaborador muy relevante en un servicio de inteligencia extranjero desde el 2000", era al mismo tiempo líder de la Unión de Centros Culturales Islámicos de Catalunya y presidente del Espacio Catalanomarroquí de la Fundació Nous Catalans, apéndice del secesionismo convergente donde el veterano agitador fracasado Àngel Colom adoctrina metecos. Su afán proselitista lo llevó a relacionarse con el imán de Salt, Mohamed Atanouil, y otros como el de Reus, próximos a las ideas salafistas (LV, 19/5). Sentenció el experto Florencio Domínguez (LV, 15/5):
Una sociedad tiene el derecho a vigilar las expresiones más radicales de una religión cuando pongan en peligro la seguridad o las normas básicas de su sociedad (…) En Catalunya las tendencias más radicales representan una cuarta parte de las más de 200 comunidades islámicas registradas.
La gigantesca estatua de Colón, en Barcelona, está disfrazada con una camiseta del Barça en la que se destaca, sobre todo, la propaganda de Qatar Airlines. Y los cataríes "tienen un importante papel en el reclutamiento de yihadistas" (LV, 25/5). La guerra santa le ha marcado un gol al secesionismo. Alá los cría y el fútbol identitario los une.

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