Juan J. Molina

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miércoles, 2 de mayo de 2012

Mao Yushi, el economista chino, por Alberto Benegas Lynch





No es infrecuente que en lugares donde se imponen tiranías de diverso corte algunos gobernados se quejen e incluso los hay quienes de vez en cuando se animan a protestar públicamente en grupos, pero hay pocos que tienen el coraje de hablar fuerte y claro de modo sistemático y en medio de la soledad. Este último es el caso sobresaliente de Mao Yushi, hoy de ochenta y tres años de edad y que viene dejando testimonio permanente de su disconformidad, primero bajo las garras de Mao Tse-Tung hasta 1976 y hoy bajo las actuales autoridades. En el primer caso, denunciaba torturas, matanzas y hambrunas por lo que fue enviado a campos de concentración y, en el segundo, recibe amenazas y censuras por vocear la hipocresía de una casta gobernante que genera reformas de liberalización parcial en islotes que prosperan, al efecto de enriquecer a los miembros del aparato estatal pero que mantiene un férreo control político y una asfixia a las libertades individuales.
Recordemos que respecto al futuro de China continental hay dos versiones contrapuestas. En primer lugar, la del politólogo francés Guy Sorman en China, el imperio de las mentiras, obra en la que el autor, después de vivir un año en ese país, pronostica un fracaso del sistema debido, precisamente, a los referidos atropellos a las libertades y a mantener en climas subcivilizados a la gran mayoría del pueblo chino. Por otro lado, está la versión del diplomático español Eugenio Bregolat que en su libro La segunda revolución china, después de haber sido tres veces embajador en ese país, conjetura que aquellos islotes de liberalización producirán como una consecuencia no querida un efecto en cadena que empujará a más libertades hasta la eventual extinción de las estructuras de poder hoy en vigencia. Nunca se conocen los desenlaces del futuro debido a los muchos imponderables; Francisco Valsechi, el entonces decano de mi facultad de economía, solía citar una carta de 1938 escrita por Keynes a Kinglesy Marti, pensamiento que el economista inglés tomó prestado de Sir John Pentland Mahaffy sin hacer referencia a la fuente (textual, incluyendo la cursiva) y que reza así: “lo inevitable nunca ocurre, es lo imprevisto siempre”.
Yushi fue profesor visitante en la Universidad de Harvard y otras casas de estudio en diferentes lugares, ha escrito numerosos libros y ensayos, fundador de la primera entidad privada china de ayuda a los más necesitados desde que se inauguró la era comunista y, con todas las dificultades del caso, de instituciones de estudio y difusión de las bases del mercado libre. En 1999 obtuvo el “Fisher Award” por su libro The Future of Chinese Ethics y, este año 2012, fue galardonado por la muy afamada y reconocida Cato Institute con elPremio Milton Friedman por la Libertad.
Este incansable economista chino, primero egresado como ingeniero de la Universidad de Jiautong, amigo del célebre premio Nobel de la Paz en 2010 Liu Xiabo y nominado por China Newsweek como uno de los intelectuales más influyentes de la década, reitera que las actuales autoridades mienten sobre muchas cosas pero, especialmente, sobre lo ocurrido durante la época del tristemente célebre tirano comunista y, después, respecto a las horrendas matanzas ocurridas en la Plaza Tiananmen en 1989 y las implacables persecuciones ocurridas a raíz de esa heroica rebelión.
No solo hay problemas con los políticos en China, con mayor o menor gravedad el asunto está generalizado por lo que deben reverse y afirmarse los diques de contención para que el poder no haga estragos. Ilustra este problema la encuesta de Latinobarómetro de lo que ocurre en América latina: revela que de todas las instituciones existentes la más confiable según las respectivas muestras son los bomberos y la menos confiable es la política.
Cierro esta breve noticia periodística con abundantes citas de lo escrito por Yushi en su artículo titulado “La caída del Sol Rojo” que reflejan bien su opinión sobre el origen del sistema totalitario chino: “Algunas personas aun tratan a Mao Tse-Tung como un dios y con ello no se da lugar a que se lo juzgue ya que no se puede comentar sobre una divinidad […] Afortunadamente, la difusión de nuevo material muestra otra perspectiva […] Es responsable de las hambrunas que liquidaron a trecientos millones de seres humanos […] El llamado Gran Salto hacia Adelante y la Revolución Cultural están completamente divorciados de la realidad […] Mao quería destrozar toda oposición política y expandir infinitamente su poder […] Incluso extendió la lucha de clases en sus propias filas para que dentro del partido todos se sintieran inseguros, estableciendo así relaciones extremadamente anormales […] Mao no solo provocó el máximo de dolor en su país sino que se embarcó en extender su revolución a Malasia, India, Tailandia, Filipinas, Indonesia, Nepal, Sri Lanka y otras partes el mundo […] Pol Pot fue un buen discípulo de Mao en Camboya […] Mao murió sin el menor atisbo de arrepentimiento”.
Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de América (EE.UU.) el 26 de abril de 2012.

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