Juan J. Molina

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domingo, 24 de agosto de 2014

La democracia deliberativa, por José L. Martí

“No hay peor enemigo de la democracia deliberativa y participativa que el populismo” 


La democracia deliberativa es una concepción de una organización social que se asomó en la historia desde la antigüedad. Supone un elevado grado de participación, donde la ciudadanía a través de la deliberación pública toma el control de las decisiones fundamentales del Estado. En una época de grandes avances en términos de difusión del conocimiento y del desarrollo humano, la democracia deliberativa se propone como una superación de la tradicional democracia representativa –donde las decisiones son tomadas por los representantes elegidos- y prospecta una sociedad que determine su propio rumbo social, económico y político gracias a un proceso colectivo.
En diálogo con el Mirador José Luis Martí, docente de filosofía del derecho de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España) e importante referente sobre la democracia deliberativa a nivel nacional e internacional, explicó de que se trata y su posibilidad de aplicación en la sociedad actual.
¿Qué es la democracia deliberativa? ¿En qué manera funciona como un potenciamiento de la democracia?
“Para la democracia deliberativa es fundamental que la deliberación pública comience por la ciudadanía, y que ésta pueda participar diariamente en la creación de políticas democráticas, y no limitarse a depositar su voto cada cuatro años y ya está”
La democracia deliberativa es el modelo de democracia según el cuál para que una democracia posea verdadera calidad y legitimidad política debe estar basada en la deliberación pública, el diálogo interno en las instituciones, el debate ciudadano constante y el diálogo también permanente entre dichos ciudadanos y las instituciones, siempre con el objetivo de alcanzar un extendido consenso razonado en la sociedad. Para la democracia deliberativa es fundamental que la deliberación pública comience por la ciudadanía, y que ésta pueda participar diariamente en la creación de políticas democráticas, y no limitarse a depositar su voto cada cuatro años y ya está. La democracia deliberativa es el modelo de madurez de la democracia que, después de veinticinco siglos de historia, puede alcanzar ahora un potenciamiento que hasta ahora no había sido posible.
¿Qué desafíos enfrenta para poderse instalar cómo práctica habitual?
El principal enemigo es el escepticismo y el pragmatismo políticos que presuponen que en política uno debe renunciar a intentar convencer al otro con razones sólidas, y que el ciudadano está inexorablemente condenado a perseguir únicamente su interés egoísta, así como el pesimismo de que la ciudadanía nunca tendrá un verdadero interés en participar en los asuntos públicos. También se opone al relativismo y al pluralismo radical de algunos, que consideran que las razones imparciales no existen, y que la política se fundamenta en el conflicto y la lucha por el poder.
Para una eficiente democracia deliberativa, ¿no es una condición necesaria un elevado y difundido nivel educativo entre la población?
Cualquier modelo de democracia debe partir de la idea nuclear de la misma, que no es otra que la del poder último repartido en las manos del pueblo. Por lo tanto, en efecto, para cualquier democracia es prioritario que la ciudadanía alcance un alto nivel educativo. Y, es cierto, este requisito es especialmente importante para la democracia deliberativa, teniendo en cuenta que su énfasis está puesto en la deliberación pública entendida como intercambio de razones en favor de una u otra posición con el objetivo de alcanzar un extendido consenso razonado en la sociedad. Por ello, toda democracia debe invertir prioritariamente en la educación de sus ciudadanos, y nos queda aún mucho camino por recorrer.
 ¿Puede que nuestro tiempo sea maduro para una democracia deliberativa en países desarrollados con un alto y difundido nivel educativo en la población, pero no todavía en países con evidente atraso socio-político?
A mayor nivel educativo de la ciudadanía mayor calidad tendrá la democracia
A mayor nivel educativo de la ciudadanía mayor calidad tendrá la democracia. Pero no existe legitimidad política fuera de la democracia. Cada país debe andar su camino en la democratización de su sociedad y sus instituciones, y es evidente que cada uno parte de donde parte. Pero nunca hay excusas para no democratizar a fondo las instituciones. Los ciudadanos poseen la educación y la cultura democrática que sus gobernantes y sus instituciones les permiten tener. Y además uno aprende DE democracia viviendo y participando EN democracia. Así que la falta de educación nunca puede ser un argumento para preferir otros sistemas menos democráticos.
¿Puede llegar a ser contraproducente en una sociedad con una opinión pública debil y acrítica, permanentemente influenciada por el poder político de turno?
La deliberación pública nunca puede empeorar la situación. Es verdad que cuanto más débil sea la opinión pública más manipulable resulta, pero también lo es que la única receta para fortalecerla es la de consolidar la propia deliberación. Los grupos de poder organizados siempre, bajo cualquier modelo de democracia, van a tratar de manipular a la ciudadanía y sus representantes en su favor. Sólo si damos la oportunidad a los ciudadanos de contrastar y discutir sobre lo que les cuentan, y sólo si exigimos a las instituciones que justifiquen con razones sus decisiones, podremos atemperar ese riesgo.
¿Hay el riesgo de que algunos gobiernos populares tachen la “democracia deliberativa” como elitista dado que quién participaría de la discusión serían principalmente técnicos o personas competentes en materia? En países con grandes brechas económicas y culturales entre la población, ¿no hay riesgo de “elitismo”?
No es cierto que los que deben participar en las deliberaciones sean sólo los técnicos y las personas competentes. La democracia deliberativa comienza en una conversación entre amigos de un café, en la charla de sobremesa tras una comida familiar, en la conversación de cinco minutos entre los padres que están esperando a que sus hijos salgan de la escuela, en la discusión entre vecinos que están insatisfechos con el estado de los servicios públicos. La deliberación pública se debe estructurar a todos los niveles. Los expertos, por supuesto, deben tener un rol importante. Deben informar a la ciudadanía de sus predicciones. Pero las decisiones últimas las tienen siempre los ciudadanos.
Las personas menos competentes y vulerables que no tendrían manera de participar a la discusión (pienso sobre todo en decisiones económicas y jurídicas) ¿cómo podrían defender sus intereses si no tienen las herramientas para dominar la discusión?
Cualquier ciudadano puede entender perfectamente una discusión económica y jurídica si se hace el esfuerzo de informar y explicar las cosas con suficiente claridad
Cualquier ciudadano puede entender perfectamente una discusión económica y jurídica si se hace el esfuerzo de informar y explicar las cosas con suficiente claridad. Por otra parte, el rol de un economista, por ejemplo, debe limitarse al de informar que su predicción, en caso de seguir la política A es una, y en caso de seguir la política B es otra. El economista debe hacer las mejores predicciones que pueda (y, por cierto, se han demostrado bastante falibles en este terreno). Pero es el ciudadano el que finalmente debe decidir qué camino quiere seguir.
¿Qué opina sobre el voto calificado? Banalizando, para conducir un auto se necesita estudiar las reglas fundamentales del código de la calle. ¿Por qué para votar, que es una cuota proporcional de conducción del Estado, no se necesita algún conocimiento y su único requisito es superar un umbral de edad?
Yo no soy contrario, en abstracto, sobre la línea de principios, al voto calificado. De hecho aceptamos comúnmente instituciones equivalentes en muchas esferas de nuestra vida. Sin embargo, no debemos engañarnos sobre este punto. Cualquier exclusión política basada en la incultura o falta de capacidad de ciertos individuos va a perjudicar siempre a los más débiles y beneficiar a los más poderosos para que estos determinen el gobierno en su propio beneficio. Piense lo que ocurre en Estados Unidos. El requisito que se impone de estar registrado para poder votar, en abstracto y sobre la línea de principios no parece objetable. Si al ciudadano le interesa votar, lo mínimo que podemos exigirle es que se tome el mínimo interés en registrarse. Qué menos que eso, si uno parte de una concepción republicana de la ciudadanía activa. Sin embargo, no hay que ser ingenuos. En muchos estados de los Estados Unidos se adoptó este requisito para excluir a los más débiles, en especial a la minoría negra. Y fue muy efectivo. En efecto, el porcentaje de ciudadanos pobres y en especial negros no registrados es muchísimo mayor que el de blancos de clase media alta. Y el resultado es una falta de representitivdad del sistema que resulta inaceptable.
¿Hay una lejana parentela entre el voto calificado y la democracia deliberativa? ¿Ambos fundan la legitimidad a la participación en el “saber”?
Sí la hay, y se remonta a Mill, uno de los grandes defensores del voto múltiple, pero también mucho antes a Aristóteles, quien siempre defendió la sabiduría de los muchos, en una república, pero también las instituciones que podían fomentar una toma de decisiones basada en la argumentación y en las mejores razones. Pero la democracia deliberativa es democracia, antes que deliberativa, y la democracia es fundamentalmente igualdad política en un contexto de autonomía pública. Así que hay que examinar con muchísimo cuidado cualquier mecanismo que pueda suponer la exclusión efectiva de una parte de la población, en especial si es la de los más débiles. Mire, lo que la democracia deliberativa enfatiza es que los débiles deben poder hacer oír su voz y defender con argumentos su posición, y no justamente lo contrario.
¿Está preparada Sudamérica para implementar procesos deliberativos? ¿Qué países son democráticamente avanzados, en términos de proceso y mecanismos, para poder adoptar sistemáticamente prácticas deliberativas?
Cualquier país del mundo está preparado para implementar procesos deliberativos. El error de Irak, que no es más que el error histórico de colonialismo, ha consistido justamente en pensar que algunas sociedades no están preparadas para pensar por sí mismas. El avance desde la situación de cada uno, que puede ser muy distinta, hacia el ideal o la utopía de la que le hablaba antes, es siempre gradual, y no todos partimos del mismo lugar, pero cada uno debe andar su camino. Y eso lo digo, aunque soy un gran defensor de la intervención y la ayuda extranjera. No creo en la soberanía nacional, tal y como se ha concebido (normalmente por parte de aquellos que se aprestaban en violar la de los demás siempre que podían). Y todos tenemos la responsabilidad de ayudar a los demás a encontrar su camino. Así que cualquier país puede tomar medidas para potenciar la democracia deliberativa. Dicho esto, América Latina enfrenta problemas graves de legitimidad democrática. Es muy importante ver el vaso medio lleno aquí, y no medio vacío. Es decir, las democracias sudamericanas han hecho grandes progresos en las últimas décadas (con algunas excepciones, por supuesto). Pero es también muy importante ver el vaso a medio, y no ya completamente lleno, porque queda muchísimo por hacer. No me siento capaz de hacer un juicio ajustado sobre la situación de cada país de América Latina, y no quiero opinar sobre lo que no conozco bien, a pesar de que viajo habitualmente a esta región y he conocido ya muchos países de cerca. Lo que sí puedo decirle es que me merece mucho interés la situación de Uruguay, un país que tal vez haya alcanzado cotas más decentes en cuanto a nivel de fortaleza democrática, más que ningún otro de la región. He oído también cosas positivas sobre Chile, pero no conozco bien su realidad. Y el país que mejor conozco y que más amo de la región, la Argentina, sigue -con dolor- pareciéndome bipolar: muy bien en algunas cosas, muy mal en otras.
¿El problema es una sociedad poco preparada o instituciones atrasadas que se resisten al cambio?
Las dos cosas. Las instituciones no operan sin personas. Y a veces puede resultar más importante que las personas que operan en ellas sean las adecuadas, porque siempre podrán sacar el mejor partido de las instituciones existentes, que dotar de instituciones magníficas a un grupo de personas incapaces de conducirlas adecuadamente. Y las personas que ocupan las instituciones provienen de la sociedad, y son o deben ser controladas por ésta. Así que la sociedad debe estar suficientemente preparada. De ahí la importancia de la esfera pública y de la educación y cultura cívica. Pero al mismo tiempo eso sólo puede hacerse teniendo, como he dicho antes, un buen estado de derecho, con un sistema jurídico igual para todos, y con garantías básicas y derechos fundamentales.
¿La consulta popular vía internet tiene potencialmente “doble cara”? Es decir, ¿hay un riesgo de una utilización populista y demagógica de los mecanismos deliberativos por parte de gobiernos “maliciosos”?
Por supuesto. No hay peor enemigo de la democracia deliberativa y participativa que el populismo. Pero no hay que identificar populismo con democracia directa. Ya Platón y Aristóteles explicaron que el populismo era una degeneración del ideal democrático que ellos denominaban república. Todo populismo es un acto de manipulación.
Populismo no es, como algunos han pensado equivocadamente, hacer lo que el pueblo quiere. Populismo es hacer lo que la minoría de poderosos quiere, y manipula al pueblo para conseguir.
Populismo no es, como algunos han pensado equivocadamente, hacer lo que el pueblo quiere. Populismo es hacer lo que la minoría de poderosos quiere, y manipula al pueblo para conseguir. Las consultas populares, sean por internet o por métodos tradicionales, como cualquier mecanismo de decisión política, puede ser manipulada por un grupo de poder. Por lo tanto, no hay que ser ingenuos y pensar que cualquier consulta es buena. Pero tampoco hay que serlo en el sentido contrario. Aquellos que más critican las consultas e invocan el populismo lo hacen para defender los mecanismo tradicionales de democracia representativa. Y deberíamos preguntarles lo siguiente: si nuestra preocupación es la manipulación por parte de una minoría poderosa, no es acaso cierto que las instituciones representativas son objeto diario y obsceno de presión y manipulación por parte de los poderosos? En otras palabras, la tiranía de la mayoría que puede comportar el populismo es uno de los grandes males políticos que afrontamos. Pero no olvidemos por ello otra tiranía, la de la minoría, por lo menos igualmente mala, y que de hecho ha sido históricamente prevalente y mucho más perniciosa. Por cada ejemplo histórico que usted encuentre de tiranía de la mayoría, le puedo brindar 100 de tiranía de la minoría.
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