Juan J. Molina

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viernes, 11 de enero de 2013

DURAN LLEIDA "NO SUFRÁIS, NO ME TUMBARÁN", por Juan J. Molina




Duran Lleida, dijo que dimitiría si se confirmaba la financiación ilegal del partido, delito que Unió reconoció ayer. "Solo faltaría que encima de que otros hacían lo que hacían a mis espaldas, al margen de la dirección y sin su conocimiento y en contra mía, ahora tuviese que dimitir. Es decir, cornudos y apaleados", apostilla el político. Se le olvidó decir que además de cornudo y apaleado, es un tonto de los huevos, porque hay que serlo  y mucho para que roben y roben y vuelvan a robar en el partido del que eres el líder, y tú no te enteres. Es posible que si repite esa mentira 10.000 veces llegue a creérsela él mismo, pero va a ser muy difícil que nos la cuele a los demás.
En el mundo judicial anglosajón es corriente que se llegue a acuerdos entre las partes litigantes antes de ir a juicio, unos asumen sus culpas de manera limitada y otros reciben una compensación, generalmente económica, a cambio de no ir a juicio.  Es una práctica utilitarista en busca de la mayor eficiencia, de ahorrar gastos al contribuyente con juicios y demandas interminables y de paso, recuperar parte de lo robado o defraudado cuando se trata de este tipo de delitos. Hasta ahí todo aceptable, aunque con un pero, cuando se trata de políticos y de organizaciones políticas no se pueden zanjar las cosas tan solo con acuerdos, aquí entran en juego dos campos muy diferentes, lo privado que no es el caso, y lo público que si es. En el caso  Pallerols que atañe a un partido político, como en infinidad de casos en los están involucrados cargos públicos, no basta con devolver lo robado y santas pascuas, estamos hablando de nuestros representantes democráticos convertidos en delincuentes, o lo que es lo mismo, de delincuentes de masas, pues cometen sus actos contra toda la ciudadanía que depositó en ellos su confianza cuando los eligieron en las urnas. Son delincuentes contra el pueblo y no pueden irse de rositas con un acuerdo judicial bajo manga, y si lo hacen, al menos, ese acuerdo debe llevar consigo la inhabilitación de por vida para ejercer un cargo público.
El señor Duran es tan solo un ejemplo más de la clase de dirigentes políticos que tenemos, por desgracia, como él hay un ejército de garrapatas que no sueltan el cargo ni con agua hirviendo. No tiene sentido pedirles que dimitan, no lo van a hacer, pero si puede que tenga más sentido pedir a sus votantes que dimitan ellos de apoyar a esta ralea de personajillos, deshonestos y vacíos de valores tan elementales como la honradez de cumplir, al menos una vez, su propia palabra.

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