Juan J. Molina
Juan J. Molina
martes, 5 de febrero de 2013
lunes, 4 de febrero de 2013
Por qué el nazismo era socialismo y por qué el socialismo es totalitario, por George Reisman
Mi propósito hoy son dos cosas principales: (1) Demostrar por qué la Alemania nazi era un estado socialista y no capitalista. Y (2) demostrar por qué el socialismo, entendido como un sistema económico basado en la propiedad pública de los medios de producción, requiere inevitablemente una dictadura totalitaria.
La identificación de la Alemania nazi como estado socialista fue una de las muchas grandes contribuciones de Ludwig von Mises.
Cuando uno recuerda que la palabra “nazi” era una abreviatura para “der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiters Partei” (en traducción española Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes), la identificación de Mises no podría parecer tan notable. Pues ¿qué debería uno esperar como sistema económico de un país gobernado por un partido con “socialista” en su nombre salvo socialismo?
Sin embargo, aparte de Mises y sus lectores, prácticamente nadie piensa en la Alemania nazi como un estado socialista. Es mucho más común creer que representaba una forma de capitalismo, que es lo que han afirmado los comunistas y otros marxistas.
La base de la afirmación de que la Alemania nazi era capitalista era el hecho de que la mayoría de las industrias en la Alemania nazi aparentemente quedaban en manos privadas.
Lo que identificó Mises fue que la propiedad privada de los medios de producción existía solo nominalmente bajo los nazis y que la sustancia real de la propiedad de los medios de producción residía en el gobierno alemán. Pues era el gobierno alemán, y no los propietarios privados nominales, el que ejercía todos los poderes sustantivos de propiedad: él, no los propietarios privados, decidía que se iba a producir, en qué cantidad, por qué métodos y a quién se iba a distribuir, así como los precios que se cobrarían y los salarios que se pagarían y qué dividendos u otras rentas se permitiría percibir a los propietarios privados nominales. La posición de los supuestos propietarios privados, como demostró Mises. se reducía esencialmente a la de pensionistas del gobierno.
La propiedad de hecho del gobierno de los medios de producción, como la llamaba Mises, estaba implícita lógicamente en principios colectivistas fundamentales adoptados por los nazis como que el bien común está por encima del bien privado y que el individuo existe como medio para los fines del Estado. Si el individuo existe como medio para los fines del Estado, por supuesto, lo mismo pasa con la propiedad. Igual que lo posee el Estado, su propiedad también la posee el Estado.
Pero los que estableció concretamente el socialismo de hecho en la Alemania nazi fue la introducción de los controles de precios y salarios en 1936. Se impusieron como respuesta a la inflación de la oferta monetaria llevada a cabo por el régimen desde el momento de su llegada al poder a principios de 1933. El régimen nazi infló la oferta monetaria como medio de financiar el enorme aumento en el gasto público que requerían sus programas de obras públicas, subvenciones y rearme. Los controles de precios y salarios se impusieron en respuesta al aumento de los precios que empezó a producir la inflación.
El efecto combinado de la inflación y los controles de precios y salarios es la escasez, es decir, una situación, en la que las cantidades de los bines que intenta comprar la gente exceden de las cantidades disponibles para comprar.
A su vez, las escaseces se convierten en caos económico. No es solo que los consumidores que aparecen en las tiendas antes están en disposición de comprar todas las existencias y dejar sin nada a los clientes que lleguen más tarde (una situación a la que los gobiernos normalmente responden con racionamiento). Las escaseces generan caos en todo el sistema económico. Introducen arbitrariedad en la distribución de suministros entre áreas geográficas, en la asignación de un factor de producción entre sus diferentes productos, en la asignación de trabajo y capital entre las distintas ramas del sistema económico.
A la vista de la combinación de controles de precios y escasez, el efecto de una disminución en la oferta de una cosa no es, como pasaría en un mercado libre, aumentar su precio e incrementar su rentabilidad, operando así para detener la disminución de la oferta o invertirla si ha ido demasiado lejos. Los controles de precios impiden el aumento en la oferta al reducir el precio y la rentabilidad. Cuando hay una escasez, el efecto de un aumento en la oferta es simplemente una reducción en la severidad de la escasez. Solo cuando se elimina totalmente la escasez, un aumento en la oferta necesita una disminución en el precio y genera una disminución en la rentabilidad.
Como consecuencia, la combinación de controles de precios y escasez hace posible movimientos aleatorios de la oferta sin ningún efecto en los precios y la rentabilidad. En esta situación, la producción de los bienes más triviales y poco importantes, incluso las mascotas de piedra, puede expandirse a costa de la producción de los bines más urgentemente necesitados e importantes, como medicinas que salven vidas, sin efecto en el precio o la rentabilidad e cada bien. Los controles de precios impedirían que la producción de medicinas se hiciera más rentable al disminuir su oferta, mientras que una escasez incluso de mascotas de piedra impediría que su producción se hiciera menos rentable al aumentar su oferta.
Como demostró Mises, para ocuparse de los efectos no pretendidos de sus controles de precios, el gobierno debe o bien abolir los controles de precios o añadir más medidas, como precisamente el control sobre lo que se está produciendo, en qué cantidad, por qué métodos y a quién se distribuye, a lo que me referí antes. la combinación de controles de precios con su mayor serie de controles constituye la socialización de hecho del sistema económico. Pues significa que el gobierno ejercita entonces todos los poderes sustantivos de propiedad.
Éste fue el socialismo instituido por los nazis. Y Mises lo llama el socialismo de patrón alemán o nazi, frente al socialismo más evidente de los soviético, al que llama socialismo de patrón ruso o bolchevique.
Por supuesto, el socialismo no acaba con el caos causado por la destrucción del sistema de precios. Y si se introduce sin la existencia previa de controles de precios, su efecto es iniciar el propio caos. Porque el socialismo no es realmente un sistema económico positivo. Es meramente la negación del capitalismo y su sistema de precios. Como tal, la naturaleza esencial del socialismo es una y la misma que el caos económico que resulta de la destrucción del sistema de precios por controles de salarios y precios. (Quiero apuntar que la imposición del socialismo del estilo bolchevique de un sistema de cuotas de producción, que incentiva siempre exceder la cuotas, es una fórmula segura para una escasez universal, igualo que la que existe bajo todos los controles de precios y salarios).
Como mucho, el socialismo simplemente cambia la dirección del caos. El control público sobre la producción puede hacer posible una mayor producción de algunos bienes de especial importancia para él, pero lo hace solo a costa de crear el caos en el resto del sistema económico. Esto pasa porque el gobierno no tiene forma de conocer los efectos en el resto del sistema económico de su aseguramiento de la producción de bienes a los que atribuye una importancia especial.
Los requisitos de aplicar un sistema de control de precios y salarios dan mucha luz sobre la naturaleza totalitaria del socialismo (por supuesto, más evidentemente en la variante alemana o nazi, pero también en la del socialismo al estilo soviético).
Podemos empezar por el hecho de que el interés propio de los vendedores que operan bajo controles de precios es evadir los controles de precios y aumentar sus precios. Los compradores, incapaces de otra forma de obtener bienes, están dispuestos a pagar estos precios más altos como medio de de conseguir los bienes que quieren. En estas circunstancias, ¿qué va a impedir que aumenten los precios y se desarrolle un mercado negro masivo?
La respuesta es una combinación de sanciones severas combinadas con una gran probabilidad de ser atrapado y luego sufrir realmente esas sanciones. Unas simples multas no es probable que supongan una gran disuasión. Se considerarían solo como un gasto de negocio adicional. Si el gobierno es serio respecto de los controles de precios, es necesario que imponga sanciones comparables a las de un delito grave.
Pero la mera existencia de dichas sanciones no basta. El gobierno tiene hacer realmente peligroso realizar transacciones en el mercado negro. Tiene que hacer que la gente tema realizar tales transacciones que pudieran ser descubiertas de algún modo por la policía y acaben realmente en prisión. Para crear ese miedo, el gobierno debe desarrollar un ejército de espías e informadores secretos. Por ejemplo, el gobierno debe hacer temer al vendedor y a los clientes que si realizan una transacción de mercado negro, algún otro cliente en la tienda pueda denunciarles.
A causa de la privacidad y secreto con que deben realizarse muchas transacciones del mercado negro, el gobierno debe asimismo hacer que todo el que vea una operación del mercado negro temeroso de que la otra parte resulte ser un agente policial tratando de encarcelarle. En gobierno debe hacer que la gente tema incluso a sus socios más veteranos, incluso a sus amigos y parientes, no sea que resulten ser informadores.
Y finalmente, para obtener condenas, el gobierno debe poner la decisión acerca de la inocencia o culpabilidad en el caso de las transacciones de mercado negro en manos de un tribunal administrativo o sus agentes de policía en el momento. No puede confiar en juicios con tribunales, porque es improbable que puedan encontrarse muchos jurados dispuestos a dar veredictos de culpabilidad en casos en el un hombre tenga que ir a la cárcel por muchos años por el delito de vender unas pocas libras de carne o un par de zapatos por el encima del precio máximo.
Por tanto, en resumen, los requisitos simplemente para aplicar las regulaciones de control de precios son la adopción de las características esenciales de un estado totalitario, es decir, el establecimiento de la categoría de “delitos económicos”, en la que la búsqueda pacífica del interés propio se considera un delito criminal, y el establecimiento de un aparato policial totalitario lleno de espías e informadores y el poder de un arresto y prisión arbitrarios.
Está claro que la aplicación de controles de precios requiere un gobierno similar al de la Alemania de Hitler o la Rusia de Stalin, en los que prácticamente cualquiera podía resultar ser un espía policial y en los que existe una policía secreta que tiene el poder de arrestar y encarcelar a la gente. Si el gobierno no está dispuesto a llegar tan lejos, entonces, hasta ese punto, sus controles de precios resultarán inaplicables y sencillamente no funcionarán. Entonces el mercado negro asume proporciones enormes. (Por cierto, que nada de esto sugiere que los controles de precios fueran la causa del reino de terror institutito por los nazis. Los nazis empezaron su reino de terror mucho antes de la aprobación de los controles de precios. Por consiguiente, aprobaron controles de precios en un entorno listo para su aplicación por la fuerza).
La actividad del mercado negro conlleva la comisión de más delitos. Bajo el socialismo de hecho, la producción y venta de bienes en el mercado negro conlleva el desafío de las regulaciones públicas respecto de la producción y distribución, así como el desafío a sus controles de precios. Por ejemplo, los propios bienes que se venden en el mercado negro pretendía el gobierno que se distribuyeran de acuerdo con su plan y no en el mercado negro. Los factores de producción utilizados para producir esos bienes igualmente pretendía el gobierno que se utilizaran de acuerdo con su plan y no para el fin de aprovisionar el mercado negro.
Bajo un sistema de socialismo de derecho, como el que existía en la Rusia soviética, en el que el código legal del país hace abierta y explícitamente al gobierno del país el propietario de todos los medios de producción, toda actividad de mercado negro conlleva necesariamente el uso indebido o el robo de la propiedad del estado. Por ejemplo, se consideraba que los trabajadores o directores de fábricas de la Rusia soviética que se llevaban productos que vendían en el mercado negro estaban robando las materias primas proporcionadas por el estado.
Además, en cualquier tipo de estado socialista, nazi o comunista, el plan económico del gobierno es parte de la ley suprema del territorio. Todos tenemos una buena idea de lo caótico que es el llamado proceso planificador del socialismo. Su mayor distorsión por trabajadores y directores drenando materiales y suministros para producir para le mercado negro, es algo a lo que un estado socialista está lógicamente autorizado a considerar como un acto de sabotaje de su plan económico nacional. Y como sabotaje es como lo considera cualquier código legal de un estado socialista. Coherentemente con este hecho, la actividad del mercado negro en un país socialista a menudo conlleva la pena capital.
Creo que un hecho fundamental que explica el reino absoluto de terror que se encuentra en el socialismo es el increíble dilema en el que se sitúa un estado socialista en relación con las masas de sus ciudadanos. Por un lado, asume una responsabilidad completa del bienestar económico individual. El socialismo al estilo ruso o bolchevique reconoce abiertamente esta responsabilidad: es la fuente principal de su atractivo popular. Por otro lado, de todas las formas que puedan imaginarse, un estado socialista resulta una chapuza increíble en esta tarea. Hace de la vida del individuo una pesadilla.
Todos los días de su vida, el ciudadano de un estado socialista debe gastar tiempo en colas de espera inacabables. Para él, los problemas que experimentaron los estadounidenses en relación con las escaseces de gasolina en la década de 1970 son normales, solo que no los experimenta en relación con la gasolina (pues no posee un coche y no tiene esperanza de tener nunca ninguno), sino en relación con las cosas sencillas de la vestimenta, de las verduras e incluso del pan. Aún peor es que se le obliga frecuentemente a trabajar en un empleo que no ha elegido y que por tanto debe indudablemente odiar. (Pues bajo la escasez, el gobierno decide la asignación del trabajo igual que hace con la asignación de los factores de producción). Y vive en una condición de increíble hacinamiento, que apenas deja posibilidades de privacidad. (A la vista de la escasez de vivienda, se asignan huéspedes a las casas; se obliga a las familias compartir pisos. Y se adopta un sistema de pasaportes y visados internos para limitar la severidad de la escasez de vivienda en las zonas más deseables del país). Por decirlo suavemente, una persona obligada a vivir en esas condiciones debe bullir de resentimiento y hostilidad.
Entonces, ¿contra quién sería más lógico que los ciudadanos de un estado socialista dirijan su resentimiento y hostilidad que contra el mismo estado socialista? El mismo estado socialista que ha proclamado su responsabilidad por su vida, le ha prometido una vida de felicidad y es de hecho responsable de una vida infernal. De hecho, los líderes de un estado socialista viven un dilema mayor, ya que cada día animan al pueblo a creer que el socialismo es un sistema perfecto, cuyos malos resultados solo pueden ser obra de gente malvada. Si eso fuera verdad, ¿quiénes podrían ser razonablemente esos hombres malvados, salvo los propios gobernantes, que no solo han hecho infernales sus vidas, sino que han pervertido un sistema supuestamente perfecto para hacerlo?
De esto se deduce que los gobernantes de un estado socialista deben vivir aterrorizando a la gente. Por la lógica de sus acciones y sus enseñanzas, el bullente resentimiento del pueblo puede hacerle levantarse y tragárselo en una orgía de sangrienta venganza. Los gobernantes sienten esto, incluso aunque no lo admitan abiertamente, y por tanto su mayor preocupación es siempre mantener a raya a la ciudadanía.
Consecuentemente, es verdad por muy inadecuado decir simplemente cosas como que al socialismo le falta la libertad de prensa y de expresión. Por supuesto, le faltan estas libertades. Si el gobierno posee todos los periódicos y editoriales, si decide para qué fines va a estar disponibles el papel, entonces evidentemente nada puede imprimirse que el gobierno no quiera que se imprima. Si posee todas las salas de reuniones, no puede realizarse ninguna conferencia o discurso público que el gobierno no quiera que se realice. Pero el socialismo va mucho más allá de la mera falta de libertad de prensa y expresión.
Un gobierno socialista aniquila totalmente estas libertades. Convierte a la prensa y a cualquier foro público en un vehículo de propaganda histérica en su favor y se dedica a la incansable persecución de todo el que se atreve a desviarse un centímetro de su línea oficial del partido.
La razón de estos hechos es el terror del pueblo de los gobernantes socialistas. Para protegerse, deben ordenar que el ministro de propaganda y la policía secreta trabajen constantemente. Uno, para desviar continuamente la atención del pueblo de la responsabilidad del socialismo, y de los gobernantes del socialismo, por la miseria del pueblo. La otra, para secuestrar y silenciar a cualquiera que pueda sugerir siquiera sea remotamente la responsabilidad del socialismo o de sus gobernantes (secuestrar a cualquiera que empiece a mostrar señales de pensar por sí mismo). Es a causa del terror de los gobernantes y su desesperada necesidad de encontrar cabezas de turco para los fracasos del socialismo, por lo que la prensa de un país socialista está siempre llena de historias acerca de conspiraciones y sabotajes extranjeros y acerca de la corrupción y mala dirección por parte de los oficiales subordinados y por lo que es necesario destapar periódicamente conspiraciones nacionales a gran escala y sacrificar a altos funcionarios y facciones completas en purgas gigantescas.
A causa de su terror y su desesperada necesidad de aplastar cualquier respiro incluso de una potencial oposición, los gobernantes del socialismo no se atreven a permitir ni siquiera actividades puramente culturales que no estén bajo el control del estado. Pues si la gente va a reunirse para un espectáculo artístico o un recital de poesía que no esté controlado por el estado, los gobernantes deben temer la diseminación de ideas peligrosas. Cualquier idea no autorizada es una idea peligrosa, porque puede llevar al pueblo a empezar a pensar por sí mismo y por tanto empezar a pensar acerca de la naturaleza del socialismo y sus gobernantes. Los gobernante debe temer la reunión espontánea de un puñado de personas en una sala y utilizar la policía secreta y su aparato de espías, informadores y terror o para detener esas reuniones o para asegurarse de que su contenido es completamente inocuo desde el punto de vista del estado.
El socialismo no puede prevalecer mucho tiempo excepto bajo el terror. Tan pronto como se relaja el terror, el resentimiento y la hostilidad empiezan lógicamente a brotar contra los gobernantes. Así que la situación esta lista para la revolución o la guerra civil. De hecho, en ausencia de terror o, más correctamente, de un suficiente grado de terror, el socialismo se caracterizaría por una serie inacabable de revoluciones y guerras civiles, ya que cada nuevo grupo de gobernantes resultarían tan incapaces de hacer que el socialismo funcionara con éxito como sus antecesores. La consecuencia inevitable a realizar es que el terror realmente experimentado en los países socialistas no era simplemente obra de hombres malvados, como Stalin, sino que deriva de la naturaleza del sistema socialista. Stalin podría pasar a primer plano porque su inusual voluntad y astucia en uso del terror eran las características concretas más necesarias para un gobernante socialista para mantenerse en el poder. Subió al poder por un proceso de selección natural socialista: la selección de los peores.
Tengo que advertir acerca de una posible mala comprensión respecto de mi tesis de que el socialismo es totalitario por su naturaleza. Esto afecta a los países supuestamente socialistas gobernados por socialdemócratas, como Suecia y los demás países escandinavos, que está claro que no son dictaduras totalitarias.
En esos casos, es necesario apreciar que al tiempo que estos países no son totalitarios, tampoco son socialistas. Sus partidos gobernantes pueden propugnar el socialismo como su filosofía o su objetivo último, pero no es el socialismo lo que han implantado en su sistema económico. Su sistema económico real es el de una economía intervenida de mercado, como la llamaba Mises. Aunque más intervenida que la nuestra en aspectos importantes, su sistema económico es esencialmente similar al nuestro, en que la fuerza motriz característica de la producción y la actividad económica no es el decreto del gobierno, sino la iniciativa de los propietarios privados motivada por la perspectiva de un beneficio privado.
La razón por la que los socialdemócratas no establecen el socialismo cuando llegan al poder es que no están dispuestos a hacer lo que hace falta. El establecimiento del socialismo como sistema económico requiere un acto masivo de robo (deben apropiarse los medios de producción de sus propietarios y entregarse al estado). Dicha apropiación es prácticamente seguro que provocaría una resistencia importante por parte de los propietarios, resistencia que solo puede superarse por el uso de fuerza masiva.
Los comunistas estaban y están dispuestos a aplicar dicha fuerza, como evidenciaba la Rusia soviética. Su carácter es el de los ladrones armados dispuestos a matar si es necesario para realizar el robo. Por el contrario, el carácter de los socialistas se parece más al de los rateros, que pueden hablar de dar un gran golpe algún día, pero en realidad no están dispuestos al homicidio necesario, así que renuncian ante la más mínima señal de resistencia seria.
Respecto de los nazis, generalmente no tenían que matar para incautarse de la propiedad de otros alemanes que no fueran judíos. Esto pasó porque, como hemos visto, establecieron el socialismo furtivamente, a través de controles de precios, que servían para mantener el disfraz externo y apariencia de propiedad privada. Los propietarios privados se veían así desprovistos de su propiedad sin saberlo y por tanto no sentían la necesidad de defenderla por la fuerza.
Creo haber demostrado que el socialismo (el socialismo real) es totalitario por su propia naturaleza.
En el momento actual en Estados Unidos no tenemos socialismo en ninguna forma. Y no tenemos una dictadura, no digamos una dictadura totalitaria.
Tampoco tenemos aún fascismo, aunque nos vayamos acercando a él. Entre los elementos esenciales que aún faltan están el gobierno del partido único y la censura. Seguimos teniendo libertad de expresión y prensa y elecciones libres, aunque ambas hayan sido socavadas y no puede garantizarse su pervivencia continua.
Lo que tenemos es una economía intervenida de mercado que está creciendo en su intervención y que se caracteriza por una creciente pérdida de la libertad individual. El crecimiento de la intervención económica del gobierno es sinónimo de una pérdida de libertad individual porque significa iniciar cada vez más el uso de fuerza física para que la gente haga lo que no elige hacer voluntariamente o impedirle que haga lo que voluntariamente elige hacer.
Como el individuo es el mejor juez de sus propios intereses y al menos por lo general busca hacer lo que le interesa hacer y evitar lo que dañe sus intereses, de esto se deduce que cuando mayor sea el grado de intervención pública, mayor seré le grado en que se impide a los individuos hacer los que les beneficia y en su lugar se les obliga a hacer lo que les causa pérdidas.
Hoy en Estados Unidos, el gasto público federal, estatal y local suma casi la mitad de los ingresos monetarios de la porción de la ciudadanía que no trabaja para la administración. Quinces departamentos del gabinete federal y un número mucho mayor de agencias regulatorias federales, juntos, en la mayor parte con equivalente a nivel estatal y local, se entrometen regularmente en prácticamente todas las áreas de la vida del ciudadano individual. Se le grava, obliga y prohíbe de incontables maneras.
Los efectos de tal interferencia pública masiva son el desempleo, los precios al alza, la caída de los salarios reales, la necesidad de trabajar más y más duro y el crecimiento de la inseguridad económica. Otro efecto es el crecimiento de la ira y el resentimiento.
Aunque la política de intervencionismo del gobierno sea su objetivo lógico, la ira y el resentimiento que siente la gente normalmente se dirigen por el contrario contra los empresarios y los ricos. Es un error alimentado en su mayor parte por un establishment intelectual y medios de comunicación ignorantes y envidiosos.
Y de acuerdo con esta actitud, desde el colapso de la burbuja del mercado bursátil, que fue en realidad creado por la política de expansión del crédito de la Reserva Federal y luego pinchada por su abandono temporal de esa política, los fiscales públicos han adoptado lo que parece una política particularmente vengativa hacia ejecutivos culpables de falta de honradez financiera, como si sus acciones fueran responsables de las pérdidas extendidas que resultaron del colapso de la burbuja. Así, al antiguo jefe de una gran compañía de telecomunicaciones se le ha sentenciado recientemente a veinticinco años de prisión. Otros altos ejecutivos han sufrido sentencias similares.
Más inquietante es que el poder del gobierno para obtener simples acusaciones criminales se ha convertido en equivalente al poder de destruir una empresa, como ocurrió en el caso de Arthur Andersen, la principal empresa auditora. El uso amenazador de su poder fue entonces suficiente para obligar a las grandes empresas de correduría de seguros en Estados Unidos cambiaran sus directivas para satisfacer al Fiscal General del Estado de Nueva York. No hay forma de describir esas evoluciones que no sea que la condena y castigo sin juicio y la extorsión del gobierno. Son grandes pasos a lo largo de un camino muy peligroso.
Por suerte, sigue habiendo suficiente libertad en Estados Unidos como para reparar todo el daño que se ha hecho. En primer lugar está la libertad nombrarlo y denunciarlo.
Mas esencialmente, está la libertad de analizar y refutar la ideas que subyacen a las políticas destructivas que han sido adoptadas o pueden serlo. Y eso es lo que es crítico. Pues el factor fundamental que subyace en el intervencionismo y, por supuesto, también en el socialismo, ya sea nazi o comunista, no es sino las ideas erróneas, sobre todo, las ideas erróneas respecto de la economía y la filosofía.
Hay ahora un cuerpo extenso y creciente de literatura que presenta ideas sensatas en estos dos campos vitales. A mi juicio, los dos autores más importantes de esta literatura son Ludwig von Mises y Ayn Rand. Un conocimiento extenso de sus escritos es un requisito previo indispensable para tener éxito en la defensa de la libertad individual y el libre mercado.
Este instituto, el Instituto Ludwig von Mies, es el principal centro mundial para la divulgación de las ideas de Mises. Presente un flujo constante de análisis basados en sus ideas, análisis que aparecen en sus revistas académicas, sus libros y publicaciones y en sus artículos diarios de la web que se ocupan de los asuntos del momento. Enseña sus ideas y las ideas relacionadas de otros miembros de la Escuela Austriaca de economía a alumnos universitarios y a jóvenes profesores. Lo hace a través de Universidad de Verano de Mises, las Conferencias de Investigadores Austriacos y los distintos seminarios.
Dos formas muy importantes de luchar por la libertad son educarse hasta el punto de ser capaz de hablar tan elocuentemente en su defensa como lo hacen los investigadores asociados a este instituto o, si uno tiene el tiempo o la inclinación para hacerlo, apoyar financieramente al Instituto en su tarea vital en la medida en que se pueda.
Es posible invertir la corriente. No puede hacerlo una sola persona. Pero un número grande y creciente de gente, formada en la causa de la libertad económica y defendiendo y argumentando en su defensa siempre que sea posible, es capaz de formar gradualmente las actitudes de la cultura y por tanto de la naturaleza de su sistema político y económico.
Los que formáis esta audiencia ya estáis implicados en este gran trabajo. Espero que continuéis e intensifiquéis vuestro compromiso.
Publicado el 11 de noviembre de 2005. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.
domingo, 3 de febrero de 2013
Discurso de presentación de el libro EL ESTADO A LA CARTA, por Juan J. Molina
Pronunciado el 21 de Enero del 2013 en la Universidad de Murcia:
No voy a
haceros un resumen del libro, porque en él se tocan muchos aspectos y porque en
el fondo, espero que algunos de vosotros después de esta presentación salgáis
con el gusanillo de leer el libro.
en la década
de los 50 del siglo pasado, un francés, muy creativo, tuvo
la feliz idea de inventarse un impuesto nuevo, el TAV, después conocido
como IVA, impuesto sobre el valor añadido, probablemente el impuesto más
injusto del mundo porque grava por igual a todas las rentas y no aporta ningún
servicio concreto. Que gustó tanto que ahora lo pagamos casi todos, EEUU no, lo
que significa que hay vida sin IVA.
Bueno, pues
para no ser menos que los franceses, yo también he inventado, o mejor dicho, he
creado una patente de utilidad. En mi propuesta no llego a la osadía de quitar
ese impuesto, porque creo que a la actual estructura yonquinómana de nuestro
sistema fiscal le produciría un mono de tal calibre que habría que
hospitalizarlo, pero sí que lo he reformado, he creado un IVA progresivo, ¿qué significa eso? pues que paga más IVA quien más
gana y viceversa, paga menos IVA quien menos gana. Sencillamente es más justo. Un impuesto que
no aporta ningún servicio ni contraprestación, que solo grava la economía de
los ciudadanos, debería como mínimo, gravar
menos a las rentas más bajas.
Y la
pregunta que quizás alguno se haga. ¿Pero
eso se puede hacer? Si, se puede.
vivimos, para bien o para mal, en la era de la tecnología, somos capaces de
almacenar en un trocito de plástico millones de datos, tenemos todo tipo de
sistemas de reconocimiento y pago electrónicos e incluso físicos, podemos pagar
o autorizar cualquier cosa, con nuestra huella dactilar, con la retina, con
claves, etc. ¿qué dificultad habría cuando yo vaya a pagar a cualquier
comercio, con mi tarjeta de banco, mi DNI o cualquier otro medio de pago y,
automáticamente, el tique diga la cantidad exacta de IVA que me corresponde
abonar dependiendo de los ingresos anuales o mensuales que me correspondan?.
Y os avanzo
esta propuesta del IVA progresivo por un
motivo, no es ni mucho menos la propuesta estrella de mi libro, la
considero una más entre otras.
El motivo es que nada está escrito sobre piedra en este mundo, todo está sujeto a
cambios, es una ley natural a la que no debemos tener miedo. Podemos y tenemos
la obligación de buscar soluciones nuevas para tiempos nuevos. Como dijo Einstein, cómo vamos a obtener
resultados distintos si no hacemos cosas distintas. Por lo tanto, no tengamos miedo a los
cambios.
Entre los
diferentes aspectos que trato en el libro, hablo sobre democracia con una
propuesta que se llama el voto
condicionado, que es una especie de contrato democrático para evitar cosas
como las que padecemos en la actualidad, que un gobierno se presente con un
programa para ganar las elecciones y una vez elegido, haga de su capa un sayo. Tamaño y funciones del estado,
necesitamos estados a la medida de nuestras necesidades y no macro estados
insostenibles. Seguro sanitario estatal donde
los ciudadanos podamos optar entre tener cobertura privada o pública con precios acordes a
nuestras capacidades económicas, financiación
de la educación, el dinero nominativo,
que en países como Suecia o Japón son propuestas que ya están estudiando
seriamente sus gobiernos, lo que supondría la desaparición del dinero en forma
de monedas y billetes y todo sería a través de pagos bancarios, tarjetas,
cheques, banca electrónica, etc. de manera que el fraude en dinero negro se
complica mucho además de evitarse problemas de seguridad en cuanto a robos con
fuerza. Pero la propuesta más importante de mi libro es la nueva propuesta fiscal y
se articula en base a una teoría básica, los
ITPG impuestos y tasas progresivos y generalizados.
“El mejor límite para el dinero es el
que no permite caer en la pobreza ni alejarse mucho de ella.”
Séneca
Cuando se
crearon los primeros impuestos, que vienen desde los albores de la
civilización, su finalidad fue única y exclusivamente
recaudatoria y nunca se tuvo en cuenta la situación individual de cada
ciudadano, en la actualidad la mayoría de las tasas e impuestos siguen
basándose en esa premisa recaudatoria.
¿Y en qué
consiste? los ITPG pues en un
principio muy sencillo, los impuestos y las tasas no pueden fijarse sobre el
bien o el servicio que grava, sino sobre las capacidades económicas y las circunstancias
personales del ciudadano sobre el que recaen.
Y os pongo un ejemplo muy sencillo para que se
entienda, el IBI, se fija en
relación al valor del suelo y de la superficie de la vivienda, ¿alguno de
vosotros cree que la situación económica y personal de vuestros vecinos es
idéntica entre todos? la respuesta es no, habrá una infinidad de diferencias,
sin embargo todos pagareis lo mismo, dado que los pisos en un edificio varían
poco entre sí. Pero en realidad ¿a quién grava el impuesto, al piso o la casa
propiamente dicho o al propietario? si el que paga es el propietario lo que realmente importa no es la situación
y características de la casa, sino la situación y características del
propietario.
Como estoy
seguro de que habrá gente que estará empezando a revolverse en la silla, voy a
continuar con el ejemplo. Supongamos que un mileurista vive en palacete, no nos
importa cómo lo haya conseguido, lo compró, le cayó en herencia o en una
tómbola, con el IBI actual lo más probable es que no pueda afrontar su coste,
si no lo adecuamos a su capacidad económica, ¿cuál es el mensaje que le estamos mandando? muchacho, tu eres
pobre y los pobres no pueden vivir en palacetes, así que vende o mejor dicho,
mal vende y vete a un pisito.
Probablemente
el palacete de nuestro amigo mileurista lo comprará a precio de ganga alguien
que no tendrá problemas para pagar el IBI.
Cuando la fiscalidad no atiende a las circunstancias económicas y personales
de los ciudadanos, lo que hace sencillamente, es favorecer continuamente a las clases adineradas que además se
aprovechan de la incapacidad de las rentas más bajas para cambiar de posición
en la sociedad.
Este tipo de fiscalidad perpetua y a
veces agranda la diferencia entre las rentas altas y las bajas, ya que impide la movilidad entre las diferentes posiciones de la
sociedad, condena de alguna manera a los más pobres a mantenerse en el
lugar que les corresponde, la pobreza.
Pero lo más
grave es que los precios del estado se
marcan como si fueran los de una empresa privada, son unos precios fijos
determinados por el valor del bien que gravan o el precio del servicio que dan,
cuando esto ocurre se desvirtúa el carácter público que supuestamente tienen.
Algo
que se considera público no puede estar sujeto a un precio fijo porque ello
supone que habrá ciudadanos que no
podrán hacer frente a ese precio y por lo tanto, no podrán pagar el
impuesto o la tasa y serán embargados o
sencillamente no podrán hacer uso de los servicios públicos. Cuando un
servicio público no puede ser usado por todos los ciudadanos, a un precio
adecuado a sus capacidades, ¿podemos
llamarlo servicio público?, no, en todo caso sería para un público
reservado, el que pueda pagarlo.
Y vuelvo a
repetirme la pregunta anterior, ¿se
puede hacer?, y contesto de la misma manera, se puede, tenemos las
capacidades técnicas para llevarlo a cabo. En realidad, el sistema se basa en
la aplicación de una tarifa plana de
impuestos adecuada a la capacidad económica de cada ciudadano. Se estima una cuota mensual o trimestral a
ingresar dependiendo de la riqueza y los pagos efectuados el año fiscal precedente y al final del año fiscal corriente, se
actualizan tanto pagos como ingresos y se efectúa el cálculo final, que
saldrá a devolver o a pagar, según las circunstancias.
Uno de los
aspectos más interesantes de esta propuesta es que el sistema de los ITPG es compatible con el sistema actual, un ciudadano podría
adscribirse a él si considera que le sería beneficioso o seguir pagando según
la fiscalidad actual. En vez de tener un estado
menú como tenemos ahora, podríamos vivir en un estado a la carta donde los ciudadanos tendríamos una relación más individualizada de acuerdo
a nuestra situación económica y personal y donde podríamos decidir
libremente qué servicios queremos contratar con el estado y que otros servicios
nos convienen desde el sector privado.
A mi
entender, la razón básica de la existencia del estado es la de mejorar la vida
de sus ciudadanos, garantizar nuestras
libertades y mantener el orden y la seguridad. Y principalmente, son los más desfavorecidos y aquellos
que no son capaces de conseguir por sus propios medios las necesidades básicas
para desarrollar un proyecto de vida digna, los ciudadanos que deben tener prioridad y un trato adecuado a sus
circunstancias. Eso es solidaridad, y no
como un acto altruista y de pura generosidad, sino como un acto de justicia porque todos
formamos parte, nos guste o no, de la sociedad en la que vivimos y no podemos quedar excluidos de la
oportunidad de desarrollar un proyecto de vida digno.
Esto se
llama liberalismo solidario o también conocido como socio liberalismo. Esa
ideología de la que tantas pestes echa la izquierda y a la que se apuntan tan
ricamente algunos de derechas. El
liberalismo, a mi entender, no es de
izquierdas ni de derechas, es sencillamente menos estado y más libertad
individual. A partir de ahí podemos hablar de un liberalismo más o menos
radical en cuanto al papel que tiene que tener el estado en la vida de los
ciudadanos.
El
liberalismo no es solo una doctrina
económica como algunos quieren haceros creer, es mucho más, es una
corriente ética y filosófica con más de tres siglos a sus espaldas y que nació
como respuesta a los problemas de una Europa sumida en un baño de sangre continuo por razón de discrepancias religiosas e
injusticias sociales.
A partir de su nacimiento con los primeros
escritos de Tomas Moro en el siglo XVI, en su libro utopía, el liberalismo ha
pasado de ser eso, una utopía, a ser una solución real. Hoy día nadie puede negar que las instituciones
liberales y la ética liberal de defensa de las libertades individuales es la base sobre la que hemos construido las
democracias liberales.
Tanto en
términos económicos como ideológicos, las
dictaduras colectivistas, comunismo y socialismo han sido un rotundo fracaso,
una ruina económica y una ruina democrática. Todas las sociedades que
optaron por ceder su libertad a cambio
de seguridad, han terminado perdiendo ambas cosas.
El
liberalismo clásico también presenta sus deficiencias y ciertamente no ha
sabido aprovechar su capacidad de crear
riqueza para generar una distribución más justa de la misma, ni
ha puesto el suficiente empeño en crear
cauces de participación ciudadana, de manera que los ciudadanos no se
identifican con las instituciones liberales, no se sienten parte de ellas, no
nos vemos como cooperantes libres
sino como obligados por la ley e
incluso por la fuerza.
Nos
encontramos en la actualidad en medio de un campo de batalla entre la izquierda
no capitalista o semi-capitalista, centrada en la distribución de la riqueza
pero manifiestamente incapaces de
crearla.
Y los
defensores del libre mercado y del capitalismo, neoliberales centrados en la
creación de riqueza, pero a la vez,
manifiestamente incapaces de redistribuir de una forma justa dicha riqueza.
En este
escenario se desarrolla como evolución el liberalismo
solidario representado por
pensadores como John Rawls, que ha evolucionado, desde un capitalismo
deshumanizado en muchas ocasiones, hacia la certeza de que las desigualdades solo son aceptables si los beneficios de los que
están en la parte alta de la sociedad, son compartidos de alguna manera, por
los que están en la parte baja.
Es verdad
que tanto unos como otros, izquierdas y derechas, al menos los que tienen dos
dedos de frente, se han dado cuenta de parte de sus errores e intentan
corregirlos. Yo uso un ejemplo muy clarificador, el principio de las
bicicletas, es como si los que defendieron desde el principio que las bicicletas eran el mejor medio de transporte se
hubieran dado cuenta de que el coche las supera y poco a poco se han puesto a
construir coches: paso del socialismo a
la socialdemocracia. Y por el otro lado, los que llevaban siglos
construyendo coches, se han dado también cuenta de que tenían que construir
coches menos caros y asequibles a todo el mundo: paso del neoliberalismo al liberalismo solidario.
¿por qué
defiendo yo el liberalismo solidario? sin dudarlo para comprar este coche, yo me fío más de los que llevan toda
la vida construyendo coches, que de los que se han reciclado de fabricantes de
bicicletas a fabricantes de coches. Por
eso confío más en un liberalismo solidario, que además de conocer mucho
mejor el funcionamiento del sistema de libre mercado, ante un dilema
democrático, siempre antepondrá la
garantía de nuestra libertad y nuestro derecho a decidir frente a la imposición
de la mayoría.
Desconfío de una socialdemocracia que es una principiante jugando en el campo del libre mercado y el capitalismo
y que, al contrario que el liberalismo, siempre antepondrá las decisiones de una
mayoría, a la garantía de las libertades individuales y los derechos de las
minorías.
Espero que
algunos de vosotros salgáis hoy de aquí con dos ideas muy claras, hay que
leerse el estado a la carta y que los cambios son posibles y saludables,
pero teniendo en cuenta que todo
cambio empieza primero por uno mismo.
sábado, 2 de febrero de 2013
¿Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia?, Por José Antonio Zarzalejos

Carta abierta a Mariano Rajoy
Sr. Presidente:
Los españoles debemos remontarnos al año 63 antes de Cristo para encontrar enCicerón la frase histórica que mejor expresó en el Senado de Roma el hartazgo y la extrema fatiga ante una clase política conjurada en oprimir al pueblo, dirigida por el sagaz y melifluo Catilina. La recordará usted: Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra (¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?) Pues bien, señor Rajoy, ahora son millones los ciudadanos los que se preguntan hasta cuándo podrá soportar nuestro país esta ciénaga de corrupción y mentira que nos está anegando.
Vivimos en una crisis de fiabilidad democrática porque no confiamos en ustedes después de haber intentado hacerlo con tanta reiteración como ingenuidad
En los años noventa, el Estado debió deglutir la llamada guerra sucia contra el terrorismo que llevó a la cárcel a un ministro del Interior (José Barrionuevo) y a un secretario de Estado de Seguridad (Rafael Vera), además de a otros cargos públicos. También quedamos abochornados por la corrupción protagonizada por el que fuera nada menos que gobernador del Banco de España (Mariano Rubio) y por el Director General de la Guardia Civil (Luis Roldán). Tuvimos que encajar el impacto de la financiación ilegal de partidos (caso Filesa y caso Naseiro), descubrimos jueces corruptos(Estevill), pelotazos delictivos (Mario Conde) y hemos asistido ahora al desplome por incompetencia, incuria y rapiña del cincuenta por ciento del sistema financiero español -las Cajas de Ahorro- y, al hilo de este desplome, relatos de despilfarro inmoral e hirientes prácticas de frivolidad en el manejo de los fondos públicos.
Estamos asistiendo perplejos a la instrucción penal de los manejos de Iñaki Urdagarin, yerno del Rey, y su socio a los que el juez imputa seis delitos de naturaleza económica y a los que exige más de ocho millones de euros de fianza. Hechos presuntamente delictivos que no podrían haberse perpetrado sin la colaboración activa de empresarios complacientes y aduladores –a por atún y a ver al Duque- y de presidentes de comunidades autónomas de su partido comoMatas en Baleares y Camps y Zaplana en Valencia. En paralelo, señor presidente, existen evidencias de que en el Partido Popular se han producido pagos irregulares que sus compañeros niegan –algunos los admiten pero con protestas de legalidad– pero sobre los que aumentan las evidencias que los acreditan, en tanto los tesoreros del PP se han enriquecido de manera tan sobrevenida como sospechosa. Añadamos a estos casos los otros muchos que menudean en comunidades autónomas como Cataluña, Galicia, Andalucía, sin olvidar la tramaGürtel que impacta también de lleno a su organización en Madrid y Valencia. Todos los corruptos que han sido y son niegan su condición y aseguran su inocencia. Una justicia lenta, premiosa, intolerablemente tardía añade de hecho una larguísima impunidad.
No puede usted, señor presidente, seguir viviendo en la ficción de que la paciencia de los españoles es inagotable
En definitiva, señor Rajoy, España y sus ciudadanos viven en la peor crisis de todas, que no es la política, ni siquiera la económica: viven –vivimos- en una crisis de fiabilidad democrática porque no confiamos en ustedes después de haber intentado hacerlo con tanta reiteración como ingenuidad.Se ha invertido la carga de la prueba: son ustedes, señor presidente, los que deben demostrar que son inocentes porque nadie cree que lo sean después de tanto manosear esa presunción constitucional como cortafuegos a sus responsabilidades. Ignoro, señor presidente, si, como se dice, ‘pasa’ usted o no de los medios de comunicación nacionales y extranjeros, si le importa o no lo que se escribe y se dice en ellos. Pero hoy por hoy abrir un periódico de papel, entrar en uno digital, escuchar la radio, ver la televisión o participar en las redes sociales es exactamente igual a introducirse en una jungla de informaciones todas ellas desalentadoras sobre la falta de probidad de la clase dirigente y la ausencia de solvencia de las instituciones. Provoca náusea.
Muchos pensábamos, señor Rajoy –y algunos seguimos persistiendo en esa creencia-, que una de las virtudes que le adornaban era la honradez. Y que, aunque su palabra está muy devaluada por las traiciones a su programa electoral, nos diría la verdad al menos sobre la certeza de la inmundicia de la corrupción para erradicarla. Estamos al límite, señor Rajoy. No puede seguir callado; no puede remitirse a investigaciones internas que concluirán ad calendas graecas. Tenemos que saber si en el PP se cobraban sobresueldos opacos, quiénes percibían esos pagos, de dónde procedía el dinero y si se cumplían o no las obligaciones con la Hacienda pública. Y necesitamos saber si usted, señor presidente, cobraba o no las cantidades que la presunta pero muy verosímil contabilidad de Luis Bárcenas le atribuye.Y si la amnistía fiscal aprobada por su Gobierno la asume en un acto de humildad y lucidez como un tremendo error de juicio moral.
Tenemos que saber si en el PP se cobraban sobresueldos opacos, quiénes percibían esos pagos, de dónde procedía el dinero
No puede usted, señor presidente, seguir viviendo en la ficción de que la paciencia de los españoles es inagotable. Que se puede abusar de ella indefinidamente. Que la contención de los ciudadanos es un trasunto de su resignación. Que el orden y el concierto en la calle es una muestra de docilidad gregaria. Que esto es una tormenta en un vaso de agua. Que el tiempo arregla los problemas. No puede, señor Rajoy, usted, un hombre que creemos muchos es íntegro, seguir abusando de la esclavitud intelectual y acaso ética a que nos somete esta crisis económicaque sirve para envolver en papel de celofán toda clase de arbitrariedades y amedrentamientos. No se confunda, señor Rajoy. No lo haga, porque habrá, antes o después, un Cicerón colectivo que –desgraciadamente en la calle, porque las instituciones no funcionan- alce la voz y le interpele definitivamente al modo del patricio romano: ¿hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia?
Este post le podrá parecer retórico –en el muy improbable caso de que llegue a leerlo- pero, como aconsejaban los profesores jesuitas de Derecho en la Universidad de Deusto, cuando se han agotado los argumentos técnicos, ante la indignidad y el atropello, hay que acudir al discurso calderoniano de Pedro Crespo, el alcalde de Zalamea, que –como un Cicerón patrio- disertó con aquellas palabras inmortales: “Al Rey, la hacienda y la vida se han de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios”. Y, señor presidente, los españoles de a pie que pagan sus impuestos, trabajan o son dignísimos desempleados con y sin subsidio, se están quedando sin hacienda y, muchos, están consumiendo su vida en la incertidumbre. Pero no están dispuestos a que se pisotee el honor que comporta como atributo la ciudadanía democrática. Por eso, señor Rajoy, señor presidente del Gobierno, díganos hoy la verdad sin refugiarse en subterfugios ni en solemnes declaraciones. Convénzanos. Y hágalo antes de que sea demasiado tarde.
Fuente: http://www.elconfidencial.com/opinion/notebook/2013/02/02/-hasta-cuando-abusaran-de-nuestra-paciencia-10661/
EL ESTADO A LA CARTA
Por una fiscalidad más justa, basada en la capacidad económica y la situación personal de los ciudadanos. Conoce la propuesta de los ITPG Impuestos y Tasas Progresivos y Generalizados:

miércoles, 30 de enero de 2013
Tener éxito no es ganar dinero, por Alan Murray
Capitalismo consciente, el nuevo término que revoluciona el mundo de los negocios.

Whole Foods es una de las empresas en las que se practica este tipo de capitalismo.
La culpa asociada al capitalismo es un hecho casi tan antiguo como el propio capitalismo, pero ha aumentado con la crisis. Todo empezó con el discurso de Bill Gates en el Foro Económico Mundial de Davos en 2008. Preocupado porque las compañías farmacéuticas prestaban más atención a encontrar una cura para la calvicie que para el paludismo, Gates pidió que se implantara un nuevo sistema de "capitalismo creativo".
Michael Porter, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard, pronunció allí otro discurso tres años después y habló del "capitalismo de valor compartido". Señaló que los empresarios estaban muy centrados en obtener beneficios y que tenían que prestar más atención al bienestar de los clientes, la disminución de los recursos naturales, la viabilidad de los proveedores y los problemas de los habitantes de los lugares donde producen y venden sus productos.
Ahora, John Mackey, consejero delegado de Whole Foods, y Raj Sisodia, profesor de márketing de la Universidad de Bentley, han propuesto, en el libro Conscious Capitalism: Liberating the Heroic Spirit of Business, otra idea y otro término: "El capitalismo consciente: liberar el espíritu heroico de las empresas". Sus ideas pueden hacer tambalear las creencias más arraigadas de los más codiciosos.
Mackey puede parecer un líder extraño de un nuevo movimiento capitalista. Se unió a la contracultura de los años sesenta y setenta: practicó religiones orientales, yoga, defendió la política liberal y se hizo vegetariano. En 2007 la Comisión Federal de Comercio de EEUU descubrió unos mensajes en los que atacaba en un chat de Yahoo! a un competidor con un nombre ficticio.
Lo nuevo de las ideas de Mackey y Sisodia es que no presentan una solución rotunda para el modelo capitalista, sino que dicen que el marco matemático de la economía de libre mercado desarrollado por los economistas neoclásicos del siglo XX básicamente no representa la verdadera naturaleza del capitalismo.
"En general, las personas no crean empresas para obtener los máximos beneficios posibles. Por supuesto quieren ganar dinero, pero para la mayoría su motivación principal no es ésta, sino hacer algo que creen que hay que hacer. La historia heroica del capitalismo de libre mercado está formada por personas emprendedoras que a partir de sus sueños y su pasión crearon un valor extraordinario para los clientes, los empleados, los directivos, los proveedores, la sociedad y los inversores".
El capitalismo con matices
Mackey y Sisodia son unos defensores a ultranza del capitalismo: "Las empresas son buenas porque crean valor, son éticas porque se basan en el intercambio voluntario de bienes y servicios, son nobles porque sacan a la gente de la pobreza y crean prosperidad. El reto consiste en hacer que el capitalismo sea más consciente de su naturaleza heroica".
Mackey y Sisodia son unos defensores a ultranza del capitalismo: "Las empresas son buenas porque crean valor, son éticas porque se basan en el intercambio voluntario de bienes y servicios, son nobles porque sacan a la gente de la pobreza y crean prosperidad. El reto consiste en hacer que el capitalismo sea más consciente de su naturaleza heroica".
¿Qué significa esto? Lo primero es tener un objetivo además de ganar dinero. "Cuando el objetivo principal de una profesión pasa a ser el ganar dinero, empieza a perder su verdadera identidad y sus intereses dejan de ser lo que es bueno para la sociedad en conjunto". Los autores creen que Google y Southwest Airlines son compañías con objetivos definidos y que las compañías farmacéuticas y financieras han perdido los suyos.
En segundo lugar, las empresas conscientes tienen en cuenta las necesidades de todas las partes implicadas en ellas: los empleados, los proveedores, los clientes, los habitantes de los lugares donde operan y los inversores. Un ejemplo es Whole Foods. Su política de remuneraciones es transparente: todos los empleados saben lo que ganan los demás; los siete ejecutivos principales ganan el mismo sueldo y los mismos bonus; en total, 19 veces más que el sueldo medio de los empleados como máximo, frente a sueldos más de 100 veces superiores a la media en la mayoría de compañías. Por último, las empresas conscientes tienen líderes conscientes que están "motivados por cumplir los objetivos de la empresa y satisfacer los intereses de las partes implicadas en ella, y no por conseguir poder y enriquecerse a sí mismos".
Idealista, ¿pero?
Todo esto suena quizá idealista. Sus detractores sin duda dirán que el capitalismo consciente conlleva las mismas dificultades que el capitalismo creativo, el capitalismo de valor compartido y la responsabilidad social empresarial. Quizá estas ideas hagan que los empresarios presten menos atención a los beneficios.
Todo esto suena quizá idealista. Sus detractores sin duda dirán que el capitalismo consciente conlleva las mismas dificultades que el capitalismo creativo, el capitalismo de valor compartido y la responsabilidad social empresarial. Quizá estas ideas hagan que los empresarios presten menos atención a los beneficios.
En un momento en que la reputación de las empresas está en niveles bajos, los esfuerzos de Gates, Porter y Mackey para mejorar el capitalismo son positivos. "El capitalismo de libre mercado es una de las ideas más importantes que hemos tenido los seres humanos. Pero podemos aspirar a más. No debemos tener miedo a llegar más alto".
Fuente: http://www.expansion.com/2013/01/29/directivos/1359482276.html?a=43846c53f08bfa1a4af9ffe559964f2f&t=1359538129
domingo, 27 de enero de 2013
Sobre Soberanías y recursos, por Octavio.

El derecho de participación es la expresión de la voluntad popular y deriva de la soberanía de la Nación o el pueblo, la misma declaración del parlamento de Cataluña así lo expresa… el Parlamento de Cataluña, reunido en la primera sesión de la X legislatura, y en representación de la voluntad de la ciudadanía de Cataluña expresada democráticamente en las últimas elecciones.
En base a ello, la Asamblea Territorial Catalana declara…"El pueblo de Cataluña tiene, por razones de legitimidad democrática, carácter de sujeto político y jurídico soberano".
Pero claro esta declaración choca de lleno con la realidad de España y su norma suprema. La Constitución dice,
Artículo 1. 2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
Luego, y siguiendo el propio razonamiento de la Asamblea regional catalana, la voluntad del pueblo español se expresa en las urnas, y es derecho fundamental reconocido en su artículo 23.
Artículo 23. 1. Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.
Pero si se reconoce la existencia de la Soberanía de Cataluña se niega la de España, y por lo tanto se niega el derecho de participación del pueblo de España en los asuntos del pueblo de Cataluña.
Estamos ante una trampa bien urdida por la casta regional de Cataluña y que ha supuesto un disimulado suspiro de alivio para la casta política nacional. El parlamento de Cataluña hace una declaración sin valor jurídico que impide que el partido del Gobierno y el principal partido de la oposición recurran al TC para terminar con el cuento, lo que permite a unos, seguir llorando y a otros seguir silbando.
Pero como casi todas las estrategias, tiene un punto débil…. El artículo 42 de Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, dice…
Artículo 42. Las decisiones o actos sin valor de Ley, emanados de las Cortes o de cualquiera de sus órganos, o de las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas, o de sus órganos, que violen los derechos y libertades susceptibles de amparo constitucional, podrán ser recurridos dentro del plazo de tres meses desde que, con arreglo a las normas internas de las Cámaras y Asambleas, sean firmes.
Y puede interponer recurso de amparo…
Artículo 46. Uno. Están legitimados para interponer el recurso de amparo constitucional:
a. En los casos de los artículos 42 y 45, la persona directamente afectada, el Defensor del Pueblo y el Ministerio Fiscal.
Yo, tiro la piedra y escondo la mano…. Que recoja el pedrusco quien quiera, pero poder se puede, otra cosa será que “ir pa ná , es tontería” pero eso no soy yo quien lo debe valorar y además, es la misma escusa que la de nuestros políticos mal llamados nacionales.
Fuente: http://octaviofreee.blogspot.com.es/2013/01/sobre-soberanias-y-recursos.html
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