Juan J. Molina

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martes, 1 de noviembre de 2016

Una enfermedad llamada pobreza JUAN JOSÉ MOLINA

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La pobreza es una lacra social que no podemos permitirnos. En una sociedad avanzada y tecnológica como la nuestra no puede haber quienes lo tengan todo y quienes no tengan nada. Es posible y hemos de admitir que no puede haber de todo para todos, pero sí que puede haber para todos lo mínimo necesario. El derecho a unos bienes mínimos, debería ser, junto con el acceso a la salud y la educación, un derecho fundamental.
Los datos de la Región de Murcia en cuanto a índices de pobreza son descorazonadores. Uno de cada diez murcianos está en situación de pobreza extrema y cuatro de cada diez, en riesgo de pobreza y exclusión. Estos son los síntomas de una sociedad enferma. Enferma de pobreza.
La pobreza es una enfermedad compleja porque tiene muchos desencadenantes y muchos son también los tratamientos probados, con mayor o menor éxito. La desigualdad es uno de esos desencadenantes porque permite que en sociedades prósperas la riqueza sólo alcance a unos en abundancia, a otros de refilón y a algunos ni por asomo. Tampoco el igualitarismo, como tratamiento, la soluciona, pues si bien a todos les llega algo, en general toda la sociedad se empobrece y sólo determinadas élites gozan de un estatus privilegiado.
Como dice el refranero, «Señor, no me des, pero ponme donde haya». Sin duda, la creación de riqueza es el mejor antídoto en una sociedad rica si algunos no alcanzan nada es porque hay una distribución inadecuada y falta de solidaridad, pero eso puede arreglarse. El problema es mucho más grave cuando nada hay que repartir, cuando lo único distribuible es la propia pobreza.
Por suerte, nosotros vivimos en sociedades productivas y prósperas; por lo tanto, tenemos superado lo más importante: hay riqueza para repartir. Ahora nos toca ser capaces de arbitrar medidas para que aquellos que, por las circunstancias que sean, no logran alcanzar unos mínimos de subsistencia dignos reciban esa parte de prosperidad a la que tienen derecho. Porque si cuando eres productivo la sociedad te demanda una parte de tu beneficio, cuando ya no lo eres, esa misma sociedad no puede abandonarte a tu suerte.
Las sociedades han prosperado y prosperan por una causa perfectamente identificada, la esperanza que tenemos todos de mejorar, de alcanzar nuestros sueños, para eso trabajamos todos. Pueden ser sueños materiales o de otra índole, pero esos sueños son el incentivo que nos mueve a todos. Cuando el fruto de nuestro trabajo no nos va a permitir prosperar, a lo sumo solo nos servirá para subsistir, qué sentido tiene el esforzarse.
La complejidad de las soluciones para la pobreza consiste en saber encontrar el punto de equilibrio entre un reparto justo y no crear la sensación de que no esforzarse, a conciencia, puede ser rentable.
Las medidas que tenemos que tomar para erradicar la pobreza no deben ir encaminadas a que los pobres sean menos pobres, si no a que dejen de ser pobres. Cuando hay una gotera, la solución no puede ser poner cubos para recoger el agua, debemos ir a la raíz del problema y arreglar el tejado.
Dar subsidios para tapar agujeros en la economía de una familia que no tiene ingresos es una medida de emergencia, necesaria en un primer momento, pero las medidas reales tienen que ir a paliar el verdadero problema, ¿por qué esas personas son incapaces de encontrar un hueco en el mercado laboral? Ese es el camino, al menos, así lo creemos nosotros.
Y desde Ciudadanos Murcia lo abordamos con medidas concretas, nuestro proyecto de Tarjeta Solidaria, que ha ido transformándose con el tiempo gracias a las aportaciones que ha ido recibiendo de diferentes colectivos, va directamente en esa dirección. El objetivo principal es sacar del círculo vicioso en que se encuentran las personas en situación de pobreza extrema o en riesgo de pobreza, por encima de las ayudas monetarias priorizamos las medidas complementarias, como decía al principio de mi intervención, no queremos que sean menos pobres, queremos que dejen de serlo.
Es un acuerdo de investidura que aún no se ha puesto en marcha, ni se pondrá hasta que no se cumplan todas las condiciones que creemos necesarias. Es un proyecto de investigación social, porque es necesario evaluar las políticas que hacemos, saber si dan buenos resultados y si hemos acertado. Las políticas públicas deben poder evaluarse, porque no hay nada que no tenga costes. El papel lo soporta todo y algunos plantean sus programas como buenos en sí mismos y para todo el mundo, pero no siempre es así. Igual que perseguimos el éxito, no debemos tener miedo al fracaso, es una parte más del proceso que debe servir para aprender.
La innovación y la búsqueda de nuevas soluciones para problemas viejos, y el de la pobreza es muy viejo, debe ser un objetivo en nuestras políticas. Por ejemplo atraer la inversión privada en la financiación de las políticas sociales, que ya se hace en otros sitios y funciona.
Un ejemplo son los Bonos de Impacto Social (BIS, o contratos de pago por éxito) que ofrecen un mecanismo innovador de financiación de servicios sociales. Los BIS se instrumentan a través de un contrato de servicios entre una administración pública y una organización proveedora de servicios sociales, en que la financiación se condiciona a la obtención de determinados resultados u objetivos sociales. La novedad de esta filosofía de trabajo se encuentra no sólo en vincular la financiación a la obtención de resultados, sino a que el gobierno, mediante su compromiso de pagar a cambio de resultados, logra incentivar la participación de inversores privados en la financiación de los programas.
En definitiva, tenemos que conseguir erradicar esta enfermedad social que es la pobreza, difícilmente soportable y muy peligrosa porque socava los cimientos de la paz social, y hemos de hacerlo yendo al origen y con políticas valientes e innovadoras. «Las sociedades que no saben usar su riqueza son de una pobreza incurable, porque es pobreza de espíritu».
Fuente: http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2016/10/24/enfermedad-llamada-pobreza/777184.html

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