Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina

miércoles, 6 de enero de 2016

LAS CABALGATAS DE LOS REYES “RAROS”




Hasta el año pasado, la noticia más conflictiva de una cabalgata de reyes era que el Rey Baltasar le hubiera pegado un caramelazo en un ojo a algún niño o abuela, gajes del oficio, le puede pasar a cualquiera. Este año, sin embargo, medio país está cabreado con los desfiles de marras. Hay que ser muy torpe para liarla parda con una cosa tan sencilla: Reyes, caramelos, juguetes y camellos, dos más dos.
En un país donde hacen falta cambios de verdad, en los valores democráticos, en las instituciones, en los partidos políticos y en la forma de entender y vivir la cosa pública, para algunos es más importante cambiar la Cabalgata de los Reyes Magos y hacer un Circo del Sol que es mucho más “guay” que no tres reyes casposos con camellos que van dejando mojones en la vía pública.
Que pena, personalmente lo entiendo porque ya voy conociendo al personal politiquero que se mueve por los ayuntamientos y parlamentos de nuestro querido país. Aquí no hay pluralidad cultural que valga, eso es un cuento que se han inventado para quedar bien en los discursos, al final lo que cuenta es que si yo mando, desfilan los míos y como nos gusta a nosotros. Se llama democracia a la española, un bucle continuo de revanchas entre “conservadores” y “progresistas” o dicho más claro, entre derecha e izquierda y, ¿los niños?; a los niños que les den.
No me voy a enfrascar en darle la razón a unos y quitársela a los otros, es una pérdida de tiempo, ellos ya están “enrazonados” que es una traducción libre de una palabra catalana que me encanta “enraonats”, o sea, que ya tiene sus razones y no los vas a sacar de ahí. Pero me pregunto: ¿son torpes de cuna o se entrenan? En el blog personal de uno de los contratados de la cabalgata de Madrid (David Fernández) dice:

…aborrecemos a los reyes magos y lo que representan, nunca pondríamos nuestras herramientas al servicio de un evento casposo como este, pero nuestra sociedad está cambiando y hay determinados huecos y tareas que requieren de nuestras habilidades, y si hay que apechugar, se apechuga… (cobrando! por supuesto… que a mi creo que me toca ponerme un traje peludo y agitar los brazos a ritmo de pachanga.) Jajajajaaaa…”

¿Era tan difícil encargar esto a gente que si le gustase participar en el evento? o mejor, si funcionaba bien y a los niños, los padres y los abuelos les gustaba ¿era necesario montar un circo donde los reyes no parecían reyes y las carrozas parecían sacadas de un juego de tetris? He puesto el ejemplo de Madrid porque es el que todos hemos podido ver, me consta que se han producido circos y ocurrencias en más lugares, fruto de ese afán renovador y “progre” que confunde la pluralidad con la revancha y termina convirtiendo un acto sencillo y entrañable, como decía dos más dos, en un desfile más propio de los carnavales y encima, cabrear al personal.

No quiero ni pensar el año que viene y tal y como pinta el panorama político, cómo van a ser las cabalgatas, como diría Alfonso Guerra: “No las va a conocer ni su madre”.
 Que “Dios”, aunque sea vestido de Ágata Ruiz de la Prada, nos coja confesados.

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