Juan J. Molina

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lunes, 23 de noviembre de 2015

Pérez-Reverte asusta a Lucas y Jabois al fustigar el “buenismo”, Por Manuel Ortega

Los mazazos dialécticos de Pérez-Reverte se dejaron sentir en el Teatro Español
El académico presentó junto a Antonio Lucas y Manuel Jabois su última obra, “La Guerra Civil contada a los jóvenes”, aunque el plato fuerte llegara con su opinión tras lo de París.
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Tres amigos departiendo sobre la Guerra Civil, los atentados de París y la condición humana. Así fue la presentación de La Guerra Civil contada a los jóvenes (Alfaguara), lo último de Arturo Pérez-Reverte, que para arropar al recién nacido se hizo acompañar por dos periodistas de una generación más joven, nacida tras la muerte de Francisco Franco: Antonio Lucas y Manuel Jabois.
A las siete y cuarto de la tarde, tres cuartos de hora antes del inicio del acto, una larga cola aguardaba ante las puertas del madrileño Teatro Español, en la calle del Príncipe. Se desconoce si la elección del lugar, con ese nombre, fue casual o premetida.

Con alguna jeta incluida que consiguió colarse haciéndose la tonta, el público copó el patio de butacas y los palcos. También con puntualidad británica, la proyección de un video sobre el cómo y el por qué de la obra sirvió como prólogo al plato fuerte. Un video, por cierto, que mostró hasta qué punto el libro era necesario al ver el conocimiento -es un decir- de las nuevas generaciones sobre la Guerra Civil español. Lo clavó la presidenta de la Real Academia de la Historia, Carmen Iglesias, entrevistada para ello: "Sustituyen el conocimiento histórico por tópicos ideológicos".
Desde luego, un acto de Pérez-Reverte nunca es fácil. Lucidez en vena, palabras directas que golpean como un puño de Urtain en sus mejores tiempos y destierro de tópicos políticamente correctos. Caerá mejor o peor. Pero desde luego, el de Cartagena no gasta papel de fumar.
El académico criticó el cine español sobre el conflicto fratricida "con el franquismo y con la democracia"; puso de vuelta y media a los "ignorantes" que han escamoteado una visión serena de la guerra a los jóvenes y se resistió a caer en los tópicos. "He visto siete guerras civiles. Y también he visto a guerrilleros sandinistas fusilar y a eritreos, que eran los buenos, políticamente hablando, violar a mujeres", aseguró. "Hubo una República legítima contra la que conspiraron todos, izquierdas y derechas", fue otra de sus frases.

La clave del libro, a su entender, fue narrar los hechos con objetividad, presentando lo bueno y lo malo de unos y otros, sin demonizar a "fascistas perversos" o a las "hordas rojas" y añadiendo una buena dósis de complejidad a los hechos. Su ejemplo: el periodista de izquierdas Manuel Chaves Nogales, que pese a su orientación ideológica no ocultó la verdad de lo que vio. Para bien o para mal. Y siempre teniendo en cuenta que "lo trágico no es la Guerra Civil, lo trágico es España".
Incluso hubo un momento para que Lucas, sin ser consciente de ello, le copiara una cita a José Antonio Primo de Rivera al asegurar que "amamos a este país pero no conseguimos que nos guste".
De Dani Rovira al fin de una civilización
Si algo no faltó fue la capacidad para pasar de un tema a otro, incluyendo una pregunta del escritor sobre la posibilidad de que Dani Rovira pueda ser el nuevo Alfredo Landa. Pero al final Pérez-Reverte se puso serio. Por ejemplo, en su defensa de la Transición, a la que no se negó a que se la revise de forma lúcida pero no a que se la tire por el fango: "Vosotros no sabéis cómo estaba el patio entonces. Decir que todo eso fue una mierda me parece una injusticia".
Y, claro, no podía faltar el tema de actualidad. Salieron a relucir los tuits sobre la cobardía europea y el de Cartagena no se apeó: "La reacción de nuestros abuelos hubiera sido distinta". Para explicarlo, clamó contra el buenismo y los de "la violencia es mala, Pascuala" y equiparó la situación a quien echa una carrera con otro respetando los semáforos en rojo mientras que el contrario se los salta. Por si su opinión no estuviera clara, lo dijo con rotundidad: "Es una guerra".

"¿En qué momento comenzó esa guerra?", preguntaron casi a duo Jabois y Lucas. "Viene de muy lejos. Pero sobre todo con el despelote que montaron un imbécil llamado George Bush, un cretino llamado Tony Blair  y un soplagaitas llamado José María Aznar", fue la respuesta. El escritor recordó que los Gadaffi, los Sadam y los Assad eran, como dijo Henry Kissinger de Manuel Noriega, "unos hijos de puta pero nuestros hijos de puta, dictadores que nos tenían egoístamente a salvo".
Unas palabras duras que chocaron a algunos pero que recibieron más explicación por parte de quien las pronunció: "El mundo perfecto no va a existir jamás. Así que o somos egoístas aquí o solidarios allí". "No hay solución: Occidente se ha ido al carajo. Europa era un club selecto de libertades que no se hizo para gente que no estaba invitada a él. El mundo, ahí fuera, es una casa de putas. Hemos vivido en la parte buena del Mundo pero se ha acabado el confort. Y ahora nos están llegando los horrores que son habituales en otras partes", fue el golpetazo dialéctico que dio ante el público el académico transmutado en un Oswald Spengler 2.0.

Pero no había terminado. Si Jabois apeló , por ejemplo, a la presencia de árabes laicos que podían ser un dique frente al islamismo, el autor le dejó para el arrastre: "En cuanto mande el ayatolá, el árabe laico será el más musulmán porque tendrá que hacerse perdonar haberlo sido". El problema, a su juicio, es que Occidente "está sentenciado". Da igual que sea yihadismo u otra idea que arrastre, la cuestión es otra: "Vete a hablarle de Rousseau a un tío que viene de las favelas".
Con esos mimbres, no extraña que Lucas terminase con una frase de punto y final: "Yo venía muy contento pero ahora me voy acojonado".  

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