Juan J. Molina

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lunes, 26 de mayo de 2014

ELECCIONES EUROPEAS: LA MONTAÑA Y LA LLANURA, por Juan J. Molina




Ayer, 25 de mayo,  tuve la oportunidad y la obligación de ejercer como presidente de un colegio electoral en una pedanía de una ciudad mediana tirando a grande en España, no importa el nombre porque creo que es un exponente válido de lo que podría haber constatado en cualquier otro sitio del país, por mucho que se empeñen algunos, no somos tan diferentes en esta piel de toro.
Tuve como vocales a dos tipos estupendos, sinceramente lo digo, cara y cruz de la sociedad de este tiempo. Un chaval joven, veintitrés años, ni ni de profesión, sin estudios ni trabajo, y por otro lado, un emprendedor de mediana edad hecho a sí mismo y trabajando desde los catorce años. Después de más de doce horas juntos te da tiempo de indagar en sus realidades y sacar unas cuantas conclusiones.
Respecto al ni ni, descubrí a un chaval perdido, sin idea de qué rumbo tomar y con la cabeza llena de pájaros. Lo mismo quería poner en marcha un huerto propiedad de su padre, para no se sabe qué objetivo, que soñaba con ser “promotor”, ahí es “na”, sin un euro debajo del brazo y con la que está cayendo. Un híbrido entre ecología y pelotazo sin ningún cimiento sólido, fruto de lo que ha visto por la tele, que hoy por hoy, es el único libro de texto que leen. Al final, todas sus expectativas acababan con el mismo razonamiento: es que todo es muy difícil. Y tiene razón, se lo hemos puesto todo muy difícil. Por cierto, su conocimiento y preocupación por la política era cero y estaba cargado de la rumorología dominante: políticos corruptos, ladrones, vividores, etc. Al final del día, no votó. 
El emprendedor era el caso opuesto, entusiasta del día a día, buscándose las habichuelas mata a mata. Despedido de una empresa en la que había trabajado veinte años, ahora se había hecho autónomo para hacer lo mismo, lo que sabe hacer, pero por su cuenta. A pesar de lo dificultoso del momento, se mostraba optimista y decía que empezaba a haber más trabajo. Tenía las ideas claras, levantarse cada mañana y salir al mercado a vender sus servicios y sus productos dando lo mejor de sí, y soñando que alguna vez, hubiera un gobierno que supiera valorar el esfuerzo que hacen y los tratara de una manera más justa sin asfixiarlos a impuestos y burocracia. Solo tenía una característica común con su compañero vocal, su desconocimiento absoluto de la política y la misma carga de rumorología sobre la corrupción, etc., etc. Al final del día, votó.
Con estos ingredientes predominantes en la clase media y la juventud y con una pizca de estos otros que ahora describiré, no podemos extrañarnos del potaje que se está cociendo en el panorama político de este país. Los otros aderezos son: una tercera edad acongojada con perder sus pensiones, que bien se merecen por cierto, y que votaban con una mezcla de miedo, lejanía e incertidumbre. Muchos de ellos cuando votaban decían: a ver si tenemos suerte, como si la política fuera una rifa de tómbola y las papeletas de voto los números de una suerte gobernada solo por el azar. A todo esto, por el colegio electoral pululaban de aquí para allá toda la corte de carguillos políticos, interventores y apoderados de los partidos políticos, afanados en controlarse entre ellos para que nadie tape sus respectivas papeletas, para ponerlas en los sitios más visibles, para acompañar “desinteresadamente” al cualquier despistado que no tuviera muy claro cómo o qué votar, absolutamente ocupados en sus cábalas estadísticas y, tradición española, en criticar a los otros en cuanto se daban la vuelta.
Ante este panorama, basta que alguien clame desde la montaña cualquier cosa para que todos se giren y muchos, caigan en la trampa. Y hablo de montaña porque los que hayan leído algo sobre la revolución francesa sabrán que allí se acuñó lo de la derecha y la izquierda y lo de la montaña y la llanura. En la parte de arriba de la asamblea “la montaña” se colocaron los radicales jacobinos y en la parte baja (la llanura) los girondinos más partidarios de un proceso tranquilo. Al final los de la montaña terminaron por exterminar a los de la llanura y en una orgía de sangre aterradora, terminaron por exterminarse a sí mismos. Hoy de nuevo hay líderes y partidarios en la parte alta que claman sus consignas revolucionarias, radicales de izquierda y de derechas a los que mucha gente, esos ni ni y esa clase media desencantada, están prestando atención y apoyando con sus votos. Mucho me temo, porque la historia  así nos lo demuestra, que estos montañeses nos pueden llevar de nuevo a un desastre como tantas otras veces ya lo han hecho. Mientras tanto en la llanura, expectantes y algo desasosegados  aguardamos los “girondinos” de este tiempo, liberales de un centro político que preferimos la evolución a la revolución. Dios quiera que no terminemos en la guillotina “políticamente” hablando y tengamos que ver, sin poder hacer nada, como los “jacobinos” del siglo XXI revientan la sociedad, el sistema y a ellos mismos de paso.

jueves, 22 de mayo de 2014

El gran debate, por Carlos Alberto Montaner


Hace exactamente 70 años el economista austriaco Friedrich Hayek publicó Camino de servidumbre. El libro, un bestseller en su tiempo, conserva (casi) toda su vigencia en esta América Latina nuestra que no aprende de sus errores ni olvida sus peores comportamientos. Tres décadas después de publicar su obra más conocida, la academia sueca le otorgó el Premio Nobel de Economía en 1974.
¿Qué dijo Hayek en su famoso libro? Algo muy importante: que la planificación centralizadapor el Estado va en contra de las libertades y del progreso. Nos empobrece espiritual y materialmente.
¿Por qué? En esencia, aunque no lo explicó Hayek de esa manera, porque la libertad es el ejercicio pleno de la facultad que tenemos de tomar decisiones y construir con ellas nuestras vidas de acuerdo con nuestros valores, intereses y querencias.
Cuando el Estado decide por nosotros lo que supuestamente nos conviene, además de empobrecernos, nos genera un profundo malestar. Ese tipo de Estado deja de ser un conjunto de instituciones a nuestro servicio y bajo nuestras órdenes, y pasa a convertirse en nuestro amo y señor. Nos somete a la más vil servidumbre.
Sucedió en Cuba, como ha ocurrido siempre en los Estados totalitarios, cuando el gobierno estableció los libros que debíamos leer y los que debían ser destruidos. Cuando unos revolucionarios iluminados decidieron las verdades que ya habían sido establecidas y hasta el modo en que nos debíamos ganar la vida.
Incluso, escogieron las personas a las que debíamos querer o detestar, como ocurrió cuando se dio la orden de interrumpir los lazos con los “gusanos” que habían abandonado el país y se rompieron parejas, y padres, hijos y hermanos dejaron de hablarse. O cuando se persiguió a los homosexuales porque el Estado, cruelmente, había hecho metástasis a la zona afectiva y había decidido controlar las emociones de las personas para hacerlas felices y obligatoriamente “normales” mediante la reeducación que se lograba maltratándolas en los campos de caña.
Al margen de lo que Hayek escribió en Camino de servidumbre, hay un elemento esencial que mantiene la vigencia de la obra siete décadas después de haberse publicado. Del texto se desprende el rol que debe desempeñar el Estado en su relación con la sociedad, y, sobre todo, el que no debe jugar porque todos acabamos perjudicados.
No es verdad que el Estado, una entelequia manejada por personas, como todas, que tienen sus intereses, preferencias y clientelas políticas, es capaz de definir el “bien común” y actuar eficientemente y con sentido de la justicia. Lo demostró otro Premio Nobel de economía de la misma cuerda de Hayek, James M. Buchanan, con sus estudios sobre la “elección pública”.
No es verdad que el Estado debe elegir "triunfadores” y “fracasados” o asumir la función de repartidor de bienes para igualar los resultados del trabajo. Suele hacerlo mal, distorsiona y reduce el proceso de creación de riquezas y demoniza los logros económicos como si fueran actos vergonzosos.
Entre las decisiones sesgadas de los funcionarios convertidos en comisarios, supuestamente transformados en píos agentes de una improbable justicia social, y el mercado, conformado por las decisiones libres de millones de personas, el mejor resultado, el que suele conducir al desarrollo y eleva el nivel de vida de toda la sociedad, es el que se deriva del mercado que es, sin duda, una expresión de la libertad.
Al principio de esta nota subrayé que Camino de servidumbre conserva casi toda su vigencia. ¿En qué falla? Tal vez en suponer que el socialismo conduce inevitablemente altotalitarismo. No siempre es cierto. Los socialistas inteligentes aprenden de la experiencia y pueden rectificar.
Lo hicieron los suecos ante la crisis económica de los años noventa provocada por los excesos del Estado de Bienestar. Termino con un párrafo de Mauricio Rojas, un chileno del socialismo carnívoro que llegó a Suecia exiliado tras el golpe de Pinochet, allí adquirió un doctorado en economía, evolucionó intelectual y emocionalmente, y llegó a ser miembro del parlamento sueco representando al partido de los liberales.
Dice Rojas, hoy de regreso en Chile, muy preocupado por las medidas que está tomando la señora Bachelet:
“Sería muy lamentable emprender un camino, el del gran Estado-patrón, que otros han tenido que desandar. Se puede construir un Estado del bienestar distinto, que una la fuerza creativa de la competencia, la diversidad y el capitalismo con un profundo compromiso solidario, pero para ello no hay que dejarse llevar por las consignas de quienes creen tener la razón por el simple hecho de gritar más alto”.
Artículo de Firmas Press
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La verdadera vida de Fidel Castro: yates, residencias lujosas y viajes con millonarios

“En contra de lo que siempre dice, nunca ha renunciado al confort del capitalismo ni ha elegido vivir con austeridad”, escribe Juan Reinaldo Sánchez, que durante 17 años fue guardaespaldas de Fidel Castro y que ahora publica un libro sobre la vida privada del líder de la revolución cubana.
Yates lujosos, una veintena de residencias repartidas por toda la isla o partidas de caza “a lo Luis XV”, tanto en las frondosas provincias del norte como en los privilegiados fondos marinos, son algunos de los detalles que saca a la luz La cara oculta de Fidel Castro, escrito junto al periodista francés Axel Gyldén y que estará en las librerías francesas el próximo día 28.
El comandante se cuidó mucho de mantener lejos de la vista de los cubanos su vida privada, “el secreto mejor guardado de la Revolución“, asegura Juan Reinaldo Sánchez, según los extractos del libro que ha podido consultar Efe.
El hombre que acompañó casi a diario a Fidel entre 1977 y 1994 describe el lujoso yate del líder, Aquarama II, copiado del de un allegado del régimen de Fulgencio Batista (presidente de Cuba entre 1940-1944 y de facto en 1952-1959), con cuatro motores, que le regaló el dirigente soviético Leónidas Breznev.
Fondeado en su puerto privado de Bahía de Cochinos, cada paseo del barco implica todo un despliegue, que incluye otros dos navíos, uno de ellos totalmente medicalizado, una patrullera militar y varios aviones en alerta para evitar que el comandante sufra un atentado.
En general, el Aquarama II sirve para dar agradables paseos marítimos, pero también para ir a Cayo Piedra, una pequeña isla situada en el sureste de Cuba, un “paraíso para millonarios” en el que Castro reposa rodeado de lujo. “Fidel Castro ha dado a entender que la Revolución no le dio ningún respiro, ningún placer; que ignoraba y despreciaba el concepto burgués de vacaciones. Mentía”, afirma Sánchez.
El guardaespaldas relata que él estuvo “cientos de veces” en ese “pequeño paraíso”, donde era el encargado de escoltar al comandante durante sus numerosas batidas de caza submarina en unos fondos marinos casi vírgenes.
En cuanto el tiempo era clemente, Fidel y su esposa Dalia acudían casi cada fin de semana a Cayo Piedra, mientras que en la temporada de lluvias el comandante prefería la caza del pato en la mansión La Deseada, situada en la provincia de Pinar del Río.
“En agosto, los Castro se instalaban durante un mes en su isla de ensueño“, desde la que el líder acudía a La Habana en helicóptero si algún imperativo así lo exigía, añade.
Ningún cubano de a pie penetró en la secreta isla de Castro, a la que solo un reducido grupo de privilegiados, casi todos extranjeros, fueron invitados.
Reinaldo Sánchez recuerda al expresidente colombiano Alfonso López Michelsen, al empresario francés Gérard Bourgoin, conocido como el “rey del pollo”, el propietario de la CNN Ted Turner o el dictador de la República Democrática Alemana Erich Honecker. Aunque los más habituales del lugar eran el escritor Gabriel García Márquez y el héroe de la revolución Antonio Núñez Jiménez.
En una de esas visitas, indica el autor, Fidel propuso a Gabo lanzarse a la conquista de la presidencia colombiana con el apoyo de Cuba, pero el escritor “prefería disfrutar de los placeres de la vida quedándose confortablemente al margen de la política”.
Lo que no consiguió con García Márquez, tener un peón en Colombia, lo logró años más tarde con Hugo Chávez en Venezuela, señala Reinaldo Sánchez, quien asegura que el líder cubano “siempre tuvo en la línea de mira el petróleo” de ese país. “Sabía que era la clave para financiar su sueño internacionalista de oponerse a Estados Unidos”, agrega.
La cara oculta de Fidel Castro no describe solo el lujo de la vida del dictador cubano, sino que también analiza otros aspectos de su régimen, la dinastía familiar, seguida por la de su hermano Raúl. El exguardaespaldas también se centra en la costumbre que tenía Fidel de grabar a todos sus colaboradores y allegados o su intento por extender la revolución a Nicaragua.
Reinaldo Sánchez cayó en desgracia en 1994 por pedir la retirada y la jubilación. Fue encarcelado y, tras múltiples peripecias, logró escapar en 2008 para reunirse con su familia en Estados Unidos.

jueves, 15 de mayo de 2014

Sobre la supuesta superioridad moral del socialismo, por Hana Fischer



Los defensores del socialismo suelen presentarlo bajo un ropaje moral. Su argumentación primordial es la siguiente: La superioridad del socialismo frente al liberalismo reside, en que bajo ese sistema se castiga “la persecución del lucro”. Es decir, oponen la “generosidaddesinteresada” —que supuestamente caracterizaría al colectivismo— a lo que ellos denominan peyorativamente el “egoísmo” de los agentes privados, cuando cada uno puede perseguir sus propios fines en un ámbito de libertad.
Los socialistas se ven forzados a recurrir a ese tipo de premisas, ya que la evidencia histórica es contundente al mostrar la supremacía del liberalismo en todos los planos. En el económico, la competencia en mercados libres es la razón por la cual los productos y servicios son cada vez más novedosos, baratos y de calidad. Desde el punto de vista humano, basta con comparar la atención recibida en un shopping con el trato recibido en cualquier oficina pública. Esa diferencia es muy relevante, ya que uno de los rasgos más característicos del socialismo es la proliferación exorbitante de los trámites que el ciudadano medio se ve obligado a realizar. En consecuencia, la desconsideración en las relaciones interpersonales es la realidad cotidiana a la que se ve sometido Juan Pueblo. Ergo, esa sociedad paulatinamente se va deshumanizando.
Si lo observamos desde el ángulo político, el rasgo definitorio del socialismo es la violencia. Es decir, el uso de la fuerza, ya sea física o legal. ¿Por qué ocurre eso? Porque ese sistema pretende modificar la naturaleza propia del hombre. Es por esa razón que continuamente se refieren al “Hombre Nuevo”, que supuestamente sería lo más parecido a un ángel que existe. Pero como es obvio, trasmutar bajo coacción a un sujeto en un ser celestial, requiere de tratamientos brutales. El film “La naranja mecánica” de Stanley Kubrick, es un buen ejemplo de lo que significaría en los hechos ese intento.
Los socialistas suelen denominar “egoísmo”, lo que en rigor es la búsqueda de mejorar nuestra propia condición y la de nuestras familias. Y eso se puede lograr de dos modos opuestos: mediante el trabajo persistente y honesto; o, viviendo a costa de otras personas.
El liberalismo toma al ser humano tal como es. Tiene en cuenta de que el hombre solo se mueve cuando considera que va a obtener algo bueno de ello. Desde esa óptica, el “lucro” es la retribución por nuestros esfuerzos cuando han sido bien empleados. Por lo tanto “lucra” el empresario, pero también el empleado cuando recibe su sueldo. Es tan injusto —y por tanto inmoral— retener los haberes generados por un asalariado, como pretender quitarle al emprendedor los frutos de sus desvelos.
En cambio, cuando el camino para prosperar en base al esfuerzo personal está vedado por barreras legales, entonces, ese sano impulso se encauza tortuosamente. Condenar el “lucro” en la actividad empresarial significa entronar las prácticas inmorales. Eso es así porque en vez de enriquecernos sirviendo a nuestra comunidad con servicios o bienes que ellos aprecian, se procura conquistar el poder político para expoliar al resto de la población.
La verdad es que los gobernantes socialistas destruyen a sus países, mientras proclaman a los cuatro vientos que son movidos por las más nobles intenciones. Veamos un par de ejemplos que prueban lo que estamos afirmando:
Los hermanos Castro desde hace más de cincuenta años que gobiernan en forma ininterrumpida a Cuba. Cuando se apoderaron del poder en 1959, la “Perla del Caribe” ostentaba el título de ser la mayor exportadora mundial de azúcar de caña. Producía 5.409.600 toneladas anuales. Actualmente produce alrededor de 1.400.000, razón por la cual, debe importar azúcar. En 1959 producía el 80% de los alimentos que consumía, y era el principal abastecedor de vegetales de EE.UU. Hoy en día debe comprar en el exterior el 84% de los bienes básicos que necesita. En 1886 se abolió la esclavitud en Cuba. En el presente, los hermanos Castro consideran a los cubanos como mano de obra esclava. Eso queda demostrado al comprobar, que el Estado es prácticamente el único empleador, quien fija los salarios a su arbitrio. Las pocas empresas extranjeras que operan en la isla no les pagan directamente a sus empleados, sino que le dan el dinero de los sueldos al gobierno. Éste retiene la mayor parte y sólo entrega a los trabajadores una parte muy pequeña. Otro tanto sucede con los médicos que los Castro mandan a trabajar fuera de fronteras.
Por su parte Hugo Chávez obtuvo el gobierno de Venezuela en 1999. En consecuencia, lo que hoy se denomina “chavismo” gobierna desde hace quince años. En tan poco tiempo el daño producido a esa nación ha sido mayúsculo. Llevó a cotas escandalosas los problemas de antaño, como por ejemplo la inseguridad o la corrupción. Y, simultáneamente, arruinó lo que marchaba bien. Concretamente, a la producción petrolera. En la década de 1990, Petróleos de Venezuela (PDVSA) y sus socios extranjeros bombeaban alrededor de tres millones de barriles diarios de petróleo de los yacimientos venezolanos. Dentro de la OPEP, era el tercer mayor exportador. El proyecto de PDVSA era aumentar paulatinamente su producción a unos ocho millones de barriles diarios, lo que habría ubicado a Venezuela a la par de los gigantes exportadores de crudo, o sea Rusia y Arabia Saudita. Hoy su producción se sitúa en unos 2,4 millones de barriles diarios .O sea, produce 25% menos que cuando Chávez asumió el poder. En 1999 Venezuela exportaba gasolina; actualmente debe importarla de EE.UU.
Lo más cínico de todo es, que mientras estos personajes condenan el “lucro”, ellos, sus familiares y acólitos se enriquecen en forma impúdica. A Fidel Castro la revista Forbes —que anualmente publica la lista de los gobernantes más ricos del planeta— lo ubica en séptimo lugar con una fortuna estimada de 900 millones de dólares. Con respecto a los chavistas más destacados, sus mansiones en EE.UU. no le envidian nada a la que poseen las estrellas de Hollywood.
En síntesis, creemos que no es exagerado el sostener que el socialismo es un productor de miseria, considerándolo tanto desde el punto de vista material como en el espiritual.

Fuente: http://www.elcato.org/sobre-la-supuesta-superioridad-moral-del-socialismo

martes, 13 de mayo de 2014

Precios más altos y menos competencia: el coste de las profesiones reguladas, por D. SORIANO

Cada vez más ocupaciones exigen una licencia gubernamental. Políticos y colegios profesionales presionan para imponer barreras de entrada.

Auditor, decorador, delineante, economista, enólogo, guía turístico, instalador de fontanería, tripulante de cabina en un avión o técnico en elaboración de vinos. Si usted quiere trabajar en cualquiera de estos sectores necesita un título (al menos en teoría, porque luego ya se sabe que hay mucha picaresca). España tiene hasta 186 profesiones reguladas. Y no es el país de Europa con más regulaciones de este tipo, ese honor le corresponde a Polonia, con 388.
La pasada semana, la Comisión Europea anunciaba la publicación delmapa de las profesiones reguladas. De esta forma, el Gobierno de la UE presenta una imagen de qué requisitos exigen los Veintisiete para ejercer determinados empleos. La idea sería facilitar a los candidatos la tarea, especialmente si quieren salir de su país de origen. También podría ser un intento por limitar o restringir este tipo de normativas, que ponen en peligro ese mercado único del que tanto se habla.
En este sentido, el comisario de Mercado Interior, Michel Barnier, aseguró que estas normas "responden a realidades, sensibilidades e historias reguladoras diferentes, pero también están en el origen de barreras a la libre circulación de profesionales cualificados. El valor añadido de este mapa es permitir que nos demos cuenta visualmente de estas barreras y orientar nuestros esfuerzos a sectores y profesiones en los que la modernización del entorno legislativo podría tener efectos más benéficos".
Como apuntamos, España aparece en una posición intermedia en elránking, con 186 profesiones (aunque sumando los diferentes suptipos se ha apuntado que subiría hasta los 217 casos). Mientras, Polonia tiene 338 (o hasta 680 si se subdividen las diferentes categorías). Como podría esperarse, es el el campo de la sanidad y los servicios sociales donde hay más profesiones reguladas (el 37,6% del total), seguida de los servicios empresariales (19,4%) y el transporte (11,8%).

España. Profesiones reguladas por sector

Guías 'peligrosos'

Ni España ni la UE son la excepción. Esta misma semana, The Economisttrata la cuestión con la excusa de la ley que obliga a los guías turísticos de Washington a sacarse una licencia (200 dólares y un examen) para poder operar, bajo amenaza de multa y hasta noventa días de prisión. ¿La excusa? Proteger a los visitantes de la capital norteamericana delpeligroso guía no cualificado.
Según el semanario británico, en los años 50 sólo el 5% de los trabajadores estadounidenses necesitaba un permiso del Gobierno para ofrecer sus servicios, ahora hablamos de cerca del 33%. En realidad, como apunta el profesor Morris Kleiner, de la Universidad de Minnesota y experto en esta cuestión, "es difícil pensar en una institución del mercado laboral que haya crecido más rápido en los últimos años que la regulación ocupacional".
En el país norteamericano, casi todas estas regulaciones son competencia de los estados, que han ido sumando cada vez más categorías a la lista. Más de 800 casos están incluidos en estas legislaciones estatales. Desde los dentistas de caballos de Texas a los interioristas, hay todo tipo de ocupaciones para las que la administración exige algún tipo de requisito.
La lógica apunta a que este será un fenómeno creciente. Como explica Kleiner, los beneficios de imponer restricciones a la entrada en una profesión están muy concentrados. Los estudios apuntan a que estos puestos de trabajo tienen sueldos más elevados que otros equivalentes pero en los que no existen barreras. Las ventajas no acaban en el salario. Las asociaciones y colegios profesionales suelen tener control en el acceso (establecen cuántos entran cada año), gestionan las pruebas (en muchos casos financiándose con ellas) y, en muchas ocasiones, son los propios trabajadores actuales los que se ganan un buen sobresueldo formando a los candidatos.
También los políticos tienen fuertes incentivos a ampliar este tipo de normativas. Para empezar, eso les supondrá el apoyo de un grupo más o menos importante de la población: los profesionales del sector, que ven cómo es más difícil hacerles la competencia. De hecho, el creciente peso de los lobbies en el proceso de elaboración política está detrás de esta explosión normativa.
Para el ciudadano medio, el anuncio se disfrazará de protección del consumidor. De hecho, uno de los fenómenos más sorprendentes es que, aunque los estudios muestran que las barreras de entrada suponen precios más elevados, son apoyadas en muchos casos por la opinión pública. Por ejemplo, sólo en EEUU, hay informes que hablan de más de 1 billón (trillion en inglés) de dólares en transferencias de los consumidores a los grupos protegidos: "Un dato que incluye el coste de los precios regulados, las barreras de entrada y las obligaciones fiscales. Para una pequeña empresa, cumplir con todas las regulaciones puede llegar a suponer hasta 7.600 dólares al año".
Mientras tanto, como vemos, el coste está muy repartido. Muchos de los perjudicados (consumidores) ni siquiera saben que están pagando más por tal o cual servicio. Incluso si lo saben, probablemente no estarán directamente afectados en una cantidad muy elevada, por lo que será complicado que se alíen políticamente para acabar con la normativa que dio origen al privilegio.

Registros y licencias

Hay muchos tipos de restricciones para entrar en una profesión. Kleiner los divide en tres grandes grupos: registros, certificaciones y licencias. El primer grupo sólo exige que aquellos que quieran desarrollar su trabajo en un sector lo comuniquen a la administración (quizás con el pago de una tasa). En el caso de las certificaciones, lo que hace el poder poder público es realizar exámenes y dar un título a los que los aprueben. Eso no quiere decir que los demás no puedan ejercer en ese campo, pero el público sabrá que no tienen ese título estatal.
Por último, están las licencias, que son obligatorias. Las 186 profesiones de las que hablamos antes entran dentro de este campo. En realidad, registros y certificaciones hay a millares, pero tienen mucho menos impacto en lo que hace referencia a los mercados. Son una barrera (por dinero o tiempo) pero no imposibilitan a nadie que realmente quiera que ofrezca sus servicios a los clientes.
Sus defensores apuntan a que un sistema de licencias sirve para elevar la calidad de los servicios y para evitar el intrusismo profesional. En un trabajo de 2010 para EEUU y Reino Unido, Kleiner junto a Amy Humphris, de la London School of Economics y Maria Koumenta, de la Oxford Brookes Universit, no encontraban "ningún efecto positivo en la calidad de los servicios". Eso sí, los sueldos eran un 18% superiores en el país norteamericano y un 13% en el europeo respecto a ocupaciones similares pero sin barreras.
En lo que tiene que ver con los ingresos de los trabajadores de estas profesiones hay una cuestión paradójica. No todos resultan igualmente beneficiados. Cuando se impone una barrera de entrada, ésta favorece especialmente a los que ya están dentro. Normalmente, la nueva licencia tendrá un coste: tasas, pagar la academia o al preparador del examen, los años de espera mientras el candidato prepara la prueba, los estudios oficiales,... Luego, como ya se ha apuntado, el que apruebe tendrá un sueldo más elevado, pero a esas ganancias habrá que restarle esos gastos, por lo que el neto no será tan elevado.
De hecho, lo que se forma es un círculo vicioso. No hay más que imaginar la situación de un trabajador de uno de estos sectores: él soportó un coste elevado para acceder a su puesto y puede que incluso todavía esté pagando esos gastos. Muy probablemente, esperará recuperar parte de su inversión vendiendo su licencia (si hay un número cerrado) o formando a los candidatos. Por lo tanto, su oposición será fiera ante cualquier gobierno que trate de cambiar la regulación. Y es lógico, todos los incentivos le empujan en esa dirección. Es que el perjuicio económico para él y para sus compañeros podría ser muy elevado.
Del mismo modo, casi nunca se habla de los principales perjudicados: lasfamilias con menos poder adquisitivo. En este caso, los hogares de rentas bajas salen perdiendo por dos vías. Como consumidores, puede que no puedan pagar el sobreprecio derivado de las barreras de entrada (quizás acaben en el mercado negro). Como posibles candidatos, lo tendrán más difícil, porque quizás no tengan recursos para hacer frente a los gastos apuntados anteriormente para obtener una licencia.