Juan J. Molina

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martes, 18 de julio de 2017

UNTER DEN LINDEN, por Juan José Molina

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O lo que es lo mismo: Bajo los Tilos. Suena extraño que una ciudad como Berlín, en la que tanto ha pasado, tenga un nombre tan poético para su avenida principal, aunque cierto es, haciendo gala de la practicidad alemana que dicha avenida está jalonada de Tilos cuya flor desprende un agradable aroma cuando paseas por ella.
Berlín es una ciudad algo impersonal cuando la ojeas a primera vista, pero después, en las distancias cortas se hace querer. Junto a una arquitectura rectilínea y maciza, donde todas las ventanas están cortadas por un mismo patrón rectangular y alargado, repetitivo como el estribillo de una canción, puedes encontrar el contrapunto en unas avenidas anchas, apenas sin tráfico para una ciudad de tal envergadura donde ciclistas y conductores interpretan una convivencia cívica y rutinaria. Berlín, como Europa, está en obras. Los berlineses están levantando de las ruinas de una guerra la grandiosidad de un pasado imperial; destruido por las bombas o por la desidia de un régimen que confundía belleza arquitectónica con capitalismo explotador.
Dos días completos hemos pasado una delegación de letrados de casi toda España y unos pocos diputados trabajando allí. Hemos podido aprender de primera mano como funcionan el Bundestag y el Bundesrat, los homónimos del Congreso y el senado en España.
Para empezar, el Bundestag no es tan diferente en su funcionamiento formal respecto del Congreso español. Tienen Comisiones, Plenos y un reglamento que con ligeras variaciones se asemeja bastante al de nuestro parlamento; otra cosa es el día a día de sus Señorías que dista bastante de la forma en que afrontamos la acción política en nuestro país. Los alemanes antes de presentar una ley la consensuan hasta con los ujieres de la cámara, para ellos el choque de trenes que tanto nos gusta aquí, a ver quién la tiene más grande, no es una opción, en todo caso sería una consecuencia a evitar en cualquier caso. En lugar de pronunciar discursos, lo que suelen hacer los diputados es debatir entre bastidores para llegar a soluciones y consensos.
Los 630 diputado del Bundestag son elegidos por un sistema de doble votación, los candidatos que obtienen la mayoría de este primer voto son elegidos directamente en sus circunscripciones y pasan a formar parte de la Cámara. Con el segundo voto se eligen listas de partidos que se presentan en cada Lander y que finalmente determinan la fuerza necesaria para elegir  de entre sus miembros al Canciller o la Canciller  Federal.
Sus Señorías pueden utilizar los medios de transporte público gratis, tienen una asignación libre de impuestos para la cobertura de gastos que en la actualidad es de 4.300 €, con la cual sufragan por ejemplo los gastos correspondiente al despacho en la circunscripción electoral y la segunda residencia en Berlín. Con cargo a la asignación para el personal colaborador los diputados abonan los emolumentos de sus colaboradores (asistentes al diputado y personal de oficina) en Berlín y en la circunscripción electoral. Las percepciones de los diputados en función de su mandato, denominadas dietas están sujetas a tributación. El importe de las dietas se establece por ley. Desde 2015 asciende a alrededor de 9.000 € mensuales.
Dos tercios de los parlamentarios se declaran miembros de una de las dos iglesias cristianas alemanas, cuatro profesan la fe islámica. Todos tienen a su disposición un llamado espacio de recogimiento religioso en el edificio del Reichstag, que es un lugar silencioso, envuelto en un ambiente de quietud y discreta espiritualidad. Los jueves y viernes  de las semanas de sesiones  suenan puntualmente las campanas de la Catedral de Colonia en el Bundestag. El repique de campanas emitido por la megafonía invita a reunirse en el espacio de recogimiento. El espacio está deliberadamente concebido como un lugar de encuentro interreligioso, pero puede dotarse de una adscripción cristiana, judía o musulmana mediante la incorporación  de símbolos religiosos. Un borde de piedra en el suelo indica el este y permite al observador mirar, en ángulo recto al mismo, hacia Jerusalén y la Meca.
A pesar de que el Parlamento es un edificio moderno en su interior, las tradiciones por extrañas que parezcan siguen coexistiendo con las nuevas tecnologías; así por ejemplo, las votaciones se recuentan a ojo de buen cubero y cuando no hay acuerdo en los votos se recurre al “salto del carnero”. Todas sus Señorías tiene que salir de la sala y volver a entrar pero cada uno por la puerta que corresponda a su voto: hay una puerta para el sí, otra para el no y otra para la abstención.
Con respecto a las leyes, las llamadas de aprobación que afectan a los asuntos de los Estados Federales tienen que ser aprobadas por ambas cámaras o no pueden salir adelante. En cuanto al resto de leyes, llamadas leyes de oposición, aunque el Bundesrat se oponga, el Bundestag puede invalidar el veto. Cuando hay desacuerdo entre ambas cámaras en una ley se pone en marcha la Comisión Mixta formada por 32 representantes al 50% entre ambas cámaras.
El Bundesrat, como indica en el frontispicio de la entrada: es una institución eterna. Parece ser que estaba antes de la llegada de los alemanes y seguirá cuando ellos ya no estén, en fin, cosas de la “grandé” germánica. Esta Cámara sí que se parece al Senado español lo mismo que una castaña a un huevo. Lo primero es que sólo forman parte de ella los miembros de los gobiernos de los Landers y los designa el Presidente de cada región.  No hay, a diferencia de España elecciones directas al Bundesrat, se renuevan por completo con las elecciones locales de cada Lander. En Alemania la legislación está en el parlamento y la administración en los Landers, o lo que es lo mismo, en el Bundesrat aunque este también tiene algunas competencias legislativas. Los votos de las respectivas delegaciones de cada Lander son proporcionales a los habitantes del mismo. Todos los Lander tiene tres votos como mínimo, cuatro en caso de tener más de 2 millones de habitantes, cinco en caso de más de 6 millones y seis votos en caso de más de 7 millones de habitantes de una población total de 82,1 millón de Alemanes. Y además, las delegaciones tienen que votar obligatoriamente en bloque, lo cual obliga a buscar consensos. Cuando en un Lander hay un gobierno de coalición y los senadores son de distintos partidos o votan todos lo mismo u obligatoriamente el voto es de abstención.
El total de senadores es de 69 repartidos en 16 Landers, con lo que la mayoría está en 35, a estos se le suman miembros de los gobiernos de los 16 Estados hasta completar la cifra de 169 senadores.
El equilibrio, la solidaridad y la compensación es la norma que rige la financiación de la federación alemana. Los tres más ricos: Baden-Wurtemberg, Baviera y Hesse mantienen a los otros trece y nadie entiende por eso que alguien esté robando nada a nadie, que diferencia con la insolidaridad que se gastan algunos por nuestra querida España. Por cierto, Berlín es uno de los más pobres entre todos.
Ahora acaba de aprobarse una nueva ley en el Bundestag, una nueva forma de financiación según la cual lo que paga el estado pasa a ser competencia del estado, una especie de devolución de competencias y, pásmense, el Bundesrat ha estado de acuerdo y no se ha acabado el mundo. Dicha ley entrará en vigor en el 2020 y estará a prueba durante 10 años, al final de los cuales será evaluada su eficacia, los experimentos con gaseosa. A esto se le ha llamado por sus detractores como federalismo de chequera. La vía contraria defiende más autonomía fiscal incentivando un sistema más competitivo entre Landers y no ir a comer todos del pesebre central. Ni tanto, ni tan calvo pienso yo, quizás un mix entre ambas posturas podría ser lo más adecuado.
Si alguna vez tienen tiempo y ganas, vayan a Berlín, paseen su isla de los museos, vayan al puente de los espías y aspiren el perfume de los tilos de su gran avenida Unter Den Linden; no se arrepentirán.
 

  

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