Juan J. Molina

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sábado, 17 de enero de 2015

El Islamismo: ¿Una nueva versión del comunismo?, por HANA FISCHER


Más que extremismo religioso, el islamismo es una conveniente interpretación política del Corán; su parecido con los fundamentos comunistas resulta revelador

(Outside the belt way)
Al igual que los comunistas, el Estado Islámico personaliza la utopía de expandir el poderío político a todo el mundo. (Outside the belt way)
EnglishConsidero que el problema internacional que más preocupa actualmente, es el islamismo. Frecuentemente los medios de comunicación traen aterradoras noticias e imágenes de lo que está ocurriendo en Siria e Irak. Vastas zonas de esos países han sido controladas por el autodenominado Estado Islámico, con la manifiesta intención de imponer el Califato. Y, más recientemente, con las terribles masacres perpetuadas por ellos en Francia.
Esta situación que era impensable hace unas décadas atrás, exige un análisis a fondo de ese fenómeno. Un primer punto de reflexión ineludible, debe darse en torno a la teoría expuesta por Samuel Huntington en su influyente obra El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (1996). Según este autor, el fin de la Guerra Fría significaría el ocaso de las guerras por motivos ideológicos. Además, declinaría el dominio de Occidente sobre el resto del mundo. Su tesis central es:
El carácter tanto de las grandes divisiones de la humanidad como de la fuente dominante de conflicto será cultural. Las naciones-estado seguirán siendo los agentes más poderosos en los asuntos mundiales, pero en los principales conflictos políticos internacionales se enfrentarán naciones o grupos de civilizaciones distintas; el choque de civilizaciones dominará la política mundial.
Huntington expresa que el rasgo más relevante de una civilización, es su religión. En un mundo cambiante y globalizado, los estados-nación van perdiendo su carácter de fuente de identidad colectiva.
Es por esa razón que la religión parecería estar llenando esos vacíos, especialmente con los movimientos llamados “fundamentalistas” (que los hay de todas las religiones importantes), porque es un elemento de unión. De ese hecho concluye, que las religiones volverán a ser el elemento de fricción entre las civilizaciones. Incluso llevando a cruentas guerras, dado que “la religión estimula el resurgimiento de las identidades étnicas” que se sienten amenazadas por la secularización de las sociedades y la globalización.
Esta última tiende a igualar a las culturas disolviéndolas en la occidental (especialmente en la estadounidense). Y, en el caso del Islam, se agrega la creación del Estado de Israel en 1948. Esto ha provocado en el mundo musulmán una crisis, dado que se sienten expuestos a amenazas exteriores.
Luis de la Corte Ibáñez y Javier Jordán expresan en La yihad terrorista, que “los yihadistas creen o procuran difundir la idea de que Occidente e Israel son los principales culpables de todos los problemas de los países musulmanes”.
Tan influyente fue la obra de Huntington, que actualmente se tiende a observar al fenómeno del islamismo como un tema religioso. Pero, ¿realmente será así?
A nuestro entender, la religión es el camuflaje que utilizan los yihadistas actuales. Es por esa razón que aquellos que se quedan en la superficie de los asuntos humanos, pueden fácilmente ser llevados al error. A eso hay que agregarle que los propios líderes islámicos se encargan de enfatizar los aspectos religiosos de su movimiento. Nombran de forma continua a Mahoma y expresan que el único soberano es Alá.Afirman que para vivir en un mundo justo y pacífico hay que regirse por lashar’ia, que según sus creencias son las leyes creadas por Alá y enviadas a Mahoma por medio del arcángel Gabriel. Todas esas disposiciones están contenidas en el Corán, el libro sagrado del Islam.
Hay varios indicios que sugieren que el islamismo es en realidad un movimiento político y no religioso. Entre ellos podemos mencionar que sus padres intelectuales – Ibn Taymiyya [1] ,Hassan al-Banna , Abul A’la Maududi [2] y Sayyid Qutb— no eran clérigos [3] . Es más, consideraban a los sacerdotes como funcionales a la dominación occidental y por ende, despreciables. Por otra parte, sus propuestas son de índole política dado que versaban sobre soberanía, poder, autoridad, ley y comunidad. Su fin último es la instauración de un Estado Islámico. Además, no existe ninguna interpretación “correcta” del Corán. Por medio de laiytihad (libre interpretación), cualquier líder político lo suficientemente carismático puede afirmar que el gobernante de turno está actuando en contra del Corán y declarar contra él una yihad. En consecuencia, el iytihad entraña “un potencial revolucionario enorme”.
El islamismo podría ser considerado como un fenómeno contemporáneo, construido por intelectuales que reinterpretan el Islam. Y, dado que es un movimiento revolucionario, debemos discernir si podría ser considerado una versión del fascismo o del comunismo.
El comunismo, el fascismo y el islamismo se vitalizaron por la guerra. La Primera Guerra Mundial provocó la desaparición del califato otomano de Estambul [4]. La Segunda debilitó a las potencias imperialistas europeas, dando origen al proceso de descolonización. Ambos factores son claves para el surgimiento del islamismo.
Sin embargo, lo que separa al islamismo del fascismo, es que mientras el primero pretende ser un movimiento internacional —al igual que el comunismo— el fascismo es nacionalista.
Otro elemento que asemeja al islamismo con el comunismo, es que Lenin sostenía que el capitalismo conducía inexorablemente al imperialismo, y este a las continuas guerras. En forma análoga, los islamistas caracterizan al universo no musulmán como un mundo que tiende a guerrear sin cesar. En consecuencia, “la única forma de paz estable será la que derive de una sustitución del pluralismo religioso por la universalización del Islam”, como lo establecen de la Corte y Jordán.
Por otra parte, al igual que la “deskulakización” llevada a cabo en la URSS, los islamitas “eliminan” a los musulmanes que no quieran ajustarse a su visión del Islam.
En adición a todo lo anteriormente dicho, ni el comunismo ni el islamismo dejan lugar para la vida privada, ni siquiera la conciencia. El fascismo nunca pretendió llegar a esos extremos.
La utopía islamista pinta un futuro venturoso para toda la humanidad, una vez que los musulmanes gobiernen. Aseguran que un Estado fundado en los valores y principios del Islam, es la única vía para crear una sociedad perfecta. Pero la cruda realidad es que bajo su conducción, el supuesto “paraíso” se transforma en un infierno. También en eso se asemeja al comunismo.
En conclusión, más allá de las aparentes diferencias, el islamismo radical de nuestros tiempos podría ser considerado una nueva versión del comunismo.

Notas

[1] Taymiyya fue una de las primeras fuentes de autoridad del pensamiento islámico elaborado desde la Edad Media. Según De la Corte Ibáñez et al. fue la inspiración básica para muchos ideólogos del yihadismo del siglo XX.
[2] Fundador de la organización Yamaat-i-Islami concebida como un partido político de corte autoritario.
[3] Esta característica del islamismo lo acerca al comunismo y lo aleja del fascismo. Carlos Marx, Federico Engels y Lenin pueden ser considerados los padres intelectuales de comunismo, mientras que el fascismo no fue una teoría sino una acción.
[4] Además la desmembración del Imperio Turco que constituía un factor de unidad entre los musulmanes, y el reparto de sus territorios entre las potencias occidentales, especialmente Gran Bretaña y Francia.

miércoles, 14 de enero de 2015

Por qué ‘islam moderado’ es un oxímoron – Raimond Ibrahim

Se nos dice que existe un islam moderado y un islam extremista: el primero de ellos es bueno y verdadero, y es el que siguen la mayoría de los musulmanes; el segundo es un perverso sacrilegio practicado por una minoría manipuladoraEn este contexto, ¿cómo hace un creyente para moderar lo que la deidad y su portavoz han ordenado? Uno puede tratar de cumplir los mandamientos del islam o puede ignorarlos: algo más o algo menos no es islam, una palabra que significa “sumisión” (a las leyes, o sharia, de Alá)Podría argumentarse que si los musulmanes deben interpretar literalmente el versículo 9:29 del Corán, ¿por qué las naciones musulmanas de todo el mundo no declaran una yihad abierta contra todas las naciones no musulmanas, incluida Norteamérica? La razón última, naturalmente, es que no pueden, simplemente; no tienen capacidad para cumplir ese versículo (y la doctrina islámica permite a los musulmanes que pospongan sus obligaciones hasta que las circunstancias sean más oportunas)
Corán
En un momento en el que prolifera el terrorismo cometido en nombre del islam, se nos asegura continuamente, sobre todo por parte de las tres principales instituciones que desempeñan un papel dominante en la formación de la mentalidad occidental (es decir, los medios de comunicación, el mundo académico y el Gobierno), que la clase de islam que adoptan losradicales, los yihadistas, etc., no tiene nada que ver con el verdadero islam.
El verdadero islam, según nos dicen, está intrínsecamente desprovisto de cualquier cosa mala. A quienes hay que culpar es a los tarados que se apropian de él para sus propios fines.
Concretamente, se nos dice que existe un islam moderado y un islam extremista: el primero de ellos es bueno y verdadero, y es el que siguen la mayoría de los musulmanes; el segundo es un perverso sacrilegio practicado por una minoría manipuladora.
Pero ¿que significan, en definitiva, estos adjetivos duales, moderado y extremista, en el contexto del islam? ¿Son ambos alternativas iguales y viables en lo que respecta a cómo se entiende el islam? ¿Gozan ambas de legitimidad teológica? Esta última cuestión es particularmente importante, ya que el islam es, primordialmente, una forma de vida religiosa que se centra en las palabras de una deidad (Alá) y en las de su profeta (Mahoma), y se sabe que la importancia de ello no es percibida por las sociedades laicas.
Ambos términos, moderado y extremista, tienen que ver con el grado o, dicho de forma menos matemática, con el celo: con cuánto, o hasta qué punto, se practica o aplica algo. Como dice el diccionario Webster’s, moderado significa “que observa unos límites razonables” yextremista quiere decir “que llega a niveles elevados o exagerados”.
Por tanto, es una cuestión de hacer demasiado o demasiado poco.
El problema, sin embargo, es que el islam mayoritario presenta una forma de vida clarísima, basada en las enseñanzas del Corán y del Hadiz –el primero de ellos recoge lo que se supone que son las sagradas palabras de Alá; el segundo recoge el ejemplo (o suna, de ahí suníes) de su profeta, también conocido como “el hombre más perfecto” (al-insan al-kamil)–. De hecho, basándose en estas dos fuentes primarias, y según las enseñanzas normativas del islam, todo acto humano entra en una de estas cinco categorías: actos prohibidos, actos no recomendables, actos neutros, actos recomendables y actos obligatorios.
En este contexto, ¿cómo hace un creyente para moderar lo que la deidad y su portavoz han ordenado? Uno puede tratar de cumplir los mandamientos del islam o puede ignorarlos: algo más o algo menos no es islam, una palabra que significa sumisión (a las leyes, o sharia, de Alá).
La verdadera pregunta es, entonces, ¿qué es lo que ordenan Alá y su profeta a los musulmanes (“los que se someten”)? ¿Los radicales exageran sus órdenes? ¿O acaso los musulmanes moderados llegan simplemente a “unos límites razonables” –un eufemismo para no decir “negligencia”– cuando se trata de cumplir sus mandamientos?
En nuestra época, altamente secularizada, en la que se nos dice que las verdades religiosas son flexibles o simplemente inexistentes, y que cualquier interpretación o exégesis es válida, la decisiva cuestión de “qué ordena el islam” pierde toda su relevancia.
Por eso el Occidente moderno es incapaz de comprender el islam.
De hecho, recientemente, el líder de una mezquita keniata dijo que la matanza de Westgate, en la que unos pistoleros islamistas asesinaron a 67 personas, “estaba justificada”: “Por el Corán y por la religión islámica, Westgate estaba justificado al 100%”. Luego añadió: “El islam radical es una invención de la gente que no cree en el islam. No tenemos islam radical, no tenemos moderados, no tenemos extremistas. El islam es una religión que sigue el Corán y la Suna” [las cursivas son mías].
Nótese su idea de que “el islam radical es una invención de la gente que no cree en el islam”, una clara referencia al Occidente que acuñó el concepto islam radical. Irónicamente, el Occidente laico, que relega las verdades de fe al ámbito de la experiencia personal, se siente cualificado para decidir qué es radical en el islam y qué no lo es.
Tomemos un ejemplo. Alá ordena a los musulmanes:
Combatid a aquéllos de la gente del libro [judíos y cristianos] que no creen en Alá ni en el Último Día, ni prohiben lo que Alá y su Mensajero han prohibido, ni abrazan la religión de la verdad [es decir, el islam], hasta que paguen la yizia [tributo] con sumisión voluntaria y ellos mismos se sientan sometidos [Corán 9:29].
¿Cómo puede interpretarse que este versículo significa otra cosa aparte de lo que dice claramente? ¿Dónde está la ambigüedad, el espacio para la interpretación? Por supuesto, en el Corán hay otras enseñanzas y alusiones que, necesariamente, se prestan a las sutiles artes de la interpretación o ijtihad. Pero los mandatos del Corán 9:29 son completamente claros, ¿verdad?
De hecho, los seguidores de Mahoma en el siglo VII siguieron literalmente éste y otros versículos similares (como el 9:5), iniciando las primeras conquistas musulmanas que subyugaron a millones de cristianos y judíos, entre otros, y crearon el mundo islámico. Tal expansión yihadista prosiguió hasta que el islam fue vencido en el campo de batalla por un renacido Occidente, hace unos dos o tres siglos.
Las obras académicas occidentales, antes de que se estableciera la era del relativismo y de la corrección política, no confundían el significado de yihad. Así, en la Enciclopedia del Islam, una obra de autoridad, la entrada yihad afirma que
la difusión del islam mediante las armas es un deber religioso para los musulmanes en general (…) La yihad debe seguir librándose hasta que el mundo entero esté bajo el dominio del islam (…) El islam debe de ser completamente reformado antes de que la doctrina de la yihad [guerra para difundir el islam] pueda ser eliminada. El profesor Mayid Jaduri (1909-2007), experto estadounidense en ley islámica, tras definir la yihad como guerra, escribió que “la yihad (…) es considerada por todos los juristas, casi sin excepción, como una obligación colectiva de toda la comunidad musulmana”.
(Por lo que respecta al argumento de que la Biblia contiene versículos similares relativos a la guerra pero los judíos y los cristianos no están dispuestos a conquistar el mundo, así que ¿por qué decir que los musulmanes lo están?, véase el artículo “¿Son el judaísmo y el cristianismo tan violentos como el islam?”, para un detallado análisis de las semejanzas y las diferencias. Véase también “La yihad islámica y la doctrina de la derogación” para entender cómo los versículos más tolerantes del Corán han sido derogados por los más radicales, como el 9:29).
En resumen, ¿cómo puede moderar un musulmán sincero (por definición, uno que se ha sometido a las enseñanzas de Alá) versículos como el 9:29? ¿Cómo puede “observar unos límites razonables” en lo que respecta a estos claros mandamientos de combatir y subyugar a los no musulmanes?
¿La mayoría de los musulmanes no admite, como mínimo, que estas enseñanzas son ciertas y deben ser seguidas, aunque no se involucren personalmente en la yihad, al menos, no directamente (pero se les anima a que la apoyen indirectamente, por ejemplo económicamente o mediante la propaganda)?
Recientemente surgieron informaciones de que grupos islámicos de Siria estaban siguiendo al dedillo el versículo 9:29 del Corán: obligaban a minorías cristianas a pagar la yizia, es decir, dinero obtenido mediante extorsión, a cambio de sus vidas. De hecho, en todo el mundo islámico los cristianos y otras minorías son saqueados habitualmente por los musulmanes, que justifican sus acciones haciendo referencia al versículo antes citado.
Esos musulmanes, ¿están siendo extremistas si tomamos en consideración el mandato del versículo 9:29, que insta específicamente a tomar el dinero de cristianos y judíos, o simplemente están cumpliendo las inequívocas enseñanzas del islam?
Podría argumentarse que si los musulmanes deben interpretar literalmente el versículo 9:29 del Corán, ¿por qué las naciones musulmanas de todo el mundo no declaran una yihad abierta contra todas las naciones no musulmanas, incluido EEUU? La razón última, naturalmente, es que no pueden, simplemente; no tienen capacidad para cumplir ese versículo (y la doctrina islámica permite a los musulmanes que pospongan sus obligaciones hasta que las circunstancias sean más oportunas).
Indudablemente, sería una tontería o un suicidio que, por ejemplo, Arabia Saudí, cuna del islam, lanzara una proclama contra Occidente diciendo que o acepta el islam o paga la yizia o muere por la espada. Pero por que las naciones musulmanas no tengan actualmente la capacidad para hacer realidad el versículo 9:29 no significa que no reconozcan su veracidad, o que no traten de cumplirlo en otros lugares cuando pueden.
Un rápido repaso de la historia antes de que el meteórico ascenso del poder militar occidental permitiera poner en jaque al islam lo deja especialmente claro.
Conclusión: si el islam enseña X y un musulmán lo cumple, ¿de qué forma está siendo extremista? Parece más lógico decir que es el propio islam el que está siendo extremista. De manera análoga, si alguien que se dice musulmán no cumple los preceptos del islam –incluidos la oración, el ayuno, el pago del zakat, etc.–, ¿cómo está siendo un moderado? Parece más lógico decir que no es en absoluto musulmán; es decir, que no se está sometiendo a Alá, lo que es la misma definición de musulmán.

Es hora de reconocer que dicotomías como moderado y extremista son nociones inducidas culturalmente, estándares del Occidente moderno y laico, difícilmente aplicables a la doctrina del islam, y no absolutos universales reconocidos por toda la humanidad.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Un planeta con 4.200 religiones vivas e incalculables creencias ya extinguidas, por Manuel Ansede

Algunos especialistas predicen la desaparición de las religiones en muchos países, como ya ha ocurrido a lo largo de la historia con posiblemente miles de dogmas que se esfumaron tras provocar guerras, leyes y la sumisión de sus creyentes



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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, besa el manto de la Virgen del RocíoEl presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, besa el manto de la Virgen del Rocío / Hermandad Matriz

Si usted cree ciegamente en alguna de las 4.200 religiones que existen en el mundo, seguramente su fe merezca un hueco en uno de esos 4.200 cielos que habitualmente se contradicen unos a otros. Durante milenios, millones de personas han creído en dioses que hoy ni siquiera se recuerdan. Los humanos les rezaron, les erigieron templos e incluso mataron por ellos, pero hoy aquellos seres todopoderosos no existen. Tampoco existían entonces, pero ahora no existen ni en la memoria colectiva. Son religiones extinguidas.

La sumeria, florecida en lo que hoy es Irak, no es la única religión extinguida representada en la colección Schøyen. También aparecen amuletos dedicados a Enki, el dios del agua dulce en el que creían los asirios hace 2.800 años; papiros egipcios dedicados a Osiris hace más de 3.000 años, espejos de bronce con inscripciones dedicadas a dioses etruscos y rituales contra la migraña practicados por los sacerdotes babilónicos hace 4.000 años.
Un paseo por la mayor colección privada de manuscritos del mundo, con casi 14.000 piezas que se remontan a los 5.000 años de antigüedad, podría hacer temblar las convicciones de cualquier persona religiosa. Es la colección Schøyen, acumulada en Oslo por el empresario noruego Martin Schøyen. En uno de sus manuscritos, una tablilla de arcilla de hace 4.400 años, aparece una recopilación de dioses sumerios: Enlil, Ninlil, Enki, Nergal, Hendursanga, Inanna-Zabalam, Ninebgal, Inanna, Utu, Nanna. Lo fueron todo. Se legisló en su nombre. Sus historias, como las de todos los dioses, eran la Verdad revelada coma por coma y punto por punto. Y hoy no son nada.

Dogmas prehistóricos

Son cinco religiones extinguidas sin salir de la colección del empresario noruego, pero el número total de dogmas y evangelios desaparecidos es incalculable. En realidad, ni siquiera se sabe con certeza cuántas creencias diferentes siguen vivas. “Se puede afirmar con seguridad que nadie sabe con exactitud cuántas religiones hay, aunque la mejor estimación es 4.200”, señala el filósofo estadounidense Kenneth Shouler en su libro The Everything World’s Religions Book. Es la misma cifra que ofreceAdherents.com, una página web especializada en acumular datos de religiones actuales. Otros cientos habrían desaparecido, o incluso miles, si tenemos en cuenta que muchos paleoantropólogos sostienen que otras especies humanas, como losneandertales, tuvieron creencias religiosas cientos de miles de años antes que la nuestra. De aquellas especies quedan huesos fósiles. De sus religiones, ni eso.

Tablilla de arcilla de hace 4.400 años con un listado de dioses sumeriosAmpliar
Tablilla de arcilla de hace 4.400 años con un listado de dioses sumerios / Colección Schøyen
El profesor estadounidense Daniel Abramssaltó a los medios de comunicación en 2011, cuando su equipo vaticinó mediante modelos matemáticos la desaparición de las religiones a medio plazo en los nueve países que estudiaron. Eran Australia, Austria, Canadá, la República Checa, Finlandia, Irlanda, Países Bajos, Nueva Zelanda y Suiza, países en los que los censos disponían de datos de afiliación religiosa en el último siglo.
La tesis de Abrams, de la Universidad Northwestern, y sus colegas era sencilla y ya la habían aplicado para calcular el ritmo de desaparición de idiomas minoritarios. Los científicos parten de la base de que un grupo social con muchos miembros es más atractivo para un ciudadano, y de que un grupo social tiene un estatus y una utilidad. Por ejemplo, argumentaban, en Perú puede ser más útil y tener un estatus superior hablar español que quechua. Lo mismo estaría ocurriendo con las religiones en los países ricos, en los que las iglesias se vacían. UnEurobarómetro de 2010 mostraba que el 51% de los europeos cree en un dios, otro 26% cree en alguna clase de “espíritu o fuerza vital” y un 20% es ateo. El ateísmo es mayor en Francia (40%), República Checa (37%) y Suecia (34%), pero sigue siendo residual en países como Grecia (4%) y Rumanía (1%).

¿Agonizando?

“El hecho es que las personas sin afiliación religiosa constituyen el grupo religioso que más crece en cualquier parte del mundo donde hay datos disponibles. Y las personas sin afiliación ya son mayoría en varios lugares. Nuestro modelo sugiere que esta tendencia continuará”, explica Abrams.

«Nuestros nietos podrían ver La Meca convertida en El Mágico Reino de Alá de Walt Disney»


DANIEL DENNETT
Filósofo
¿Se podría calcular cuántas religiones se han extinguido a lo largo de la historia? “Es una pregunta difícil”, responde Abrams. “Debería ser posible obtener una estimación aproximada del orden de magnitud. El problema es que incluso esa estimación sería subjetiva, porque no hay una manera aceptada mundialmente para determinar si dos sistemas tienen suficientes elementos en común como para constituir una sola religión”, matiza. “Se parece bastante a intentar contar el número de especies que han vivido en algún momento en el planeta, pero es incluso más complicado”.

En su libro Romper el hechizo: la religión como un fenómeno natural, el filósofo estadounidense Daniel Dennett propugna la investigación científica de las religiones e intenta predecir su futuro. En una de sus hipótesis más radicales, el fenómeno religioso ya agoniza. “En este escenario, aunque puede haber algunas manifestaciones de resurgimiento locales y temporales, o incluso algunas catástrofes violentas, las grandes religiones del mundo pronto se extinguirían, como lo hacen cientos de religiones menores que se desvanecen antes de que los antropólogos puedan siquiera registrarlas”, reflexiona Dennett, codirector del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts (EEUU). En ese escenario extremo, “nuestros nietos vivirán la transformación de la Ciudad del Vaticano en el Museo Europeo del Catolicismo Romano, y la de La Meca en El Mágico Reino de Alá de Walt Disney”.

martes, 23 de septiembre de 2014

Asi nació el Coran, por Francisco Javier Tostado

Algunos pueden creer que Mahoma escribió en persona el libro sagrado pero no fue así. La transmisión de su doctrina fue oral y tras su muerte fue cuando adquirió forma de manuscrito. El Corán, data del califato de Uthman (644-656) y en él encontramos las revelaciones que tuvo Mahoma en La Meca y en Medina. Actualmente se sigue aprendiendo de memoria en las escuelas islámicas, una tradición que perdura desde hace más de 1300 años.
Mahoma y el nacimiento del Islam
Durante el siglo VI de nuestra Era, la península arábiga estaba dominada por grupos tribales (familiares) que conformaban los estados preislámicos. El territorio se encontraba bajo la influencia del imperio Sasánida y Bizantino, siendo los grandes centros comerciales y caravaneros, Yatrib (actual Medina) y La Meca, creando esta última una confederación de tribus entorno a la Kaaba (Piedra Negra).
Mahoma nació en el “año del Elefante” (570? 552?) y es considerado por la tradición islámica como descendiente directo de Ismael estando emparentado con la dinastía Quraysh y perteneciendo al clan Banu Hashim. Esta dinastía gobernaba la ciudad santa de La Meca desde hacía cinco generaciones y gracias a su influencia consiguió la importante misión de guardar la Kaaba, que ya por entonces atraía numerosos peregrinos para adorar en su interior a los 360 ídolos que se alojaban allí.
Mahoma pertenecía a una rama empobrecida de los Quraysh pero su suerte cambió tras su matrimonio con una viuda llamada Jadiya, al hacerse cargo de sus negocios. Pocos años después comenzó a retirarse a las cuevas de la zona para orar, siguiendo el ejemplo de los anacoretas, experimentando visiones en los que el ángel Gabriel le exhortaba a memorizar y recitar la palabra de Dios. Tardó un tiempo en comunicar estas experiencias a su mujer pero una vez lo hizo, ella le apoyó, iniciando su predicación. Su mensaje en La Meca era claro: solo hay un Dios, los otros ídolos de la Kaaba debían ser destruidos, el hombre debía prepararse para el Juicio Final y los ricos debían dar dinero a los pobres. Su tribu no tardó en repudiarle sufriendo varios intentos de asesinato y tras la muerte de Jadiya decidió trasladarse a Medina junto a sus seguidores, era el año 622. Este hecho se conoce como la Hégira, siendo esta fecha el primer año del calendario islámico. A partir de entonces Mahoma se convirtió en un líder religioso pero también político al unir a las distintas facciones familiares en torno a su idea. Un año después toda la ciudad de Medina le seguía y emprendió la guerra contra La Meca, que finalizaría en el año 628 entrando en la ciudad como peregrino pero imponiendo su autoridad religiosa. En 632, Mahoma volvió a peregrinar desde Medina a La Meca estableciendo así el rito y la ceremonia que ha sobrevivido hasta la actualidad. A su vuelta de ese viaje, enfermó y murió, era el 8 de junio del año 632.
La sucesión de Mahoma
Le sucedieron los califas ortodoxos -califa significaría algo así como sucesor- (632-661), por este orden: Abu Bakr (padre de la esposa favorita de Mahoma),Umar, Alí (primo de Mahoma) y Uthman.
Las normas del Islam
Se basan en el Corán y en la tradición que recoge las predicaciones de Mahoma. Al principio se escribió en árabe y está dividido en capítulos o azoras, en el que cada versículo es una unidad en sí mismo. La ley islámica se conoce como sharia, sustentándose en estos cinco pilares u obligaciones:
La confesión de la Fe (shahada) que dice: “confieso que no hay más dios que Dios y Mahoma es su Profeta”.
La oración (salat) cinco veces al día, en las horas estipuladas, siendo el viernes el día de la oración común. Dirigida a La Meca y postrados, se debe recitar las azoras.
Limosnas para lograr purificarse (zaqat).
El ayuno durante el mes del Ramadán (savn).
La peregrinación a La Meca durante el último mes del año musulmán y al menos una vez en la vida.