Juan J. Molina
Juan J. Molina
lunes, 8 de abril de 2019
jueves, 21 de marzo de 2019
lunes, 7 de enero de 2019
LAS ETIQUETAS, por J. J. Molina
El deporte de moda en la política de nuestro país es poner
etiquetas, no importa que no se tenga ni idea de lo que significan dichas
etiquetas o de si los etiquetados responden realmente al fondo de dicha
etiquetación. Una vez marcados, no cabe hablar de nada con los estigmatizados,
como en la mejor de las épocas del nacional socialismo sólo falta poner una
estrella cosida en la pechera como hacían con los judíos y así poder
reconocerlos con más facilidad. Una vez convertido en un proscrito, ya no cabe
hablar de propuestas o de programas, y no digamos compartir la mesa de un
parlamento o el gobierno. Lo realmente importante para algunos es atacar a los
adversarios directamente por lo que ellos pretenden que representen, sin tener
en cuenta, que ellos mismos también representan algo que a lo largo de la
historia ha podido ser peor que lo que le achacan a los etiquetados.
Por tener, todas las ideologías políticas tienen un pasado
que puede ser, en algunos casos, truculento, bochornoso y deleznable.
A caso, el marxismo
con sus variantes socialistas revolucionarias, el socialismo gremial fascista
de Italia, el repulsivo nacional socialismo alemán, o el socialismo volibariano
de Venezuela por nombrar unos pocos ¿no tienen nada por lo que avergonzarse?
Naciones sometidas a dictaduras proletarias ruinosas, sociedades sometidas a la
ruina material y miles de muertos, represaliados y exiliados ¿no son
suficientes para poner una etiqueta que supusiera la vergüenza de quienes la
portaran? Suficiente para aplicarles el mismo jarabe de cordón sanitario que
ellos pretenden administrar a sus contrincantes políticos.
Tampoco es de extrañar que aquellos que autocalifican de
izquierdas o de derechas, puedan entender el mecanismo de las democracias de
corte liberal como son todas las occidentales; cuyo fin principal no es aislar
o excluir al que piensa diferente, por mucho asquito que te de lo que piensen,
si no, muy al contrario buscar la forma de convivir respetando los derechos y
las libertades individuales y cumpliendo con los deberes que todo ciudadano
tiene.
Intentar incendiar las calles, llamar a las barricadas,
rodear o asaltar parlamentos, atacar e incumplir la ley y los mandatos
constitucionales, no aceptar los resultados de las elecciones democráticas y
todas las barbaridades que estamos escuchando de determinados líderes políticos
son síntomas de una grave enfermedad, se llama totalitarismo, disfrazado de una
falsa superioridad moral que justifica cualquier acción más o menos violenta o
subversiva.
Unos crean las etiquetas y los eslóganes y otros de manera
consciente o inconsciente hacen de altavoces quitándole, a los etiquetados
merecida o inmerecidamente, el derecho a hablar.
Un político canadiense llamado Michael Ignatieff, que había
vivido casi toda su vida fuera de Canadá, fue llamado por el partido liberal
para encabezar su candidatura en la primera década del 2000, un reputado
profesor de universidad con su vida resuelta que decidió embarcarse en un lío
de tal envergadura por puro idealismo, por ayudar a mejorar la vida de los
canadienses. El partido conservador, en el poder en aquel momento, acuñó dos
etiquetas para él: “Está de visita” y “No ha venido por ti”. Fueron
demoledoras, falsas pero eficientes, fuera donde fuera Ignatieff no podía
quitarse ese San Benito y perdió el derecho a hablar: era un extranjero en su
propio país.
En nuestro país ocurre lo mismo, mal de muchos consuelo de
tontos. La izquierda y la derecha se afanan en etiquetar al contrario y sobre
todo a Ciudadanos ya sea en la diestra o en la siniestra y por desgracia,
algunos se tragan los eslóganes sin masticar. La guerra, dicen que es la
continuación de la política de otra manera, pero la política no es la
continuación de la guerra, sino todo lo contrario, es la alternativa a la
guerra. Convertir al adversario político en un enemigo como hacen los
populistas de izquierda y derecha, es un salto cualitativo en las intenciones,
a un adversario se le derrota en las urnas pero se puede llegar a pactar con
él, a un enemigo no sólo hay que derrotarle, hay que destruirlo quitándole el
derecho a hablar y explicarse. La cuestión no es con quién pactas o llegas a
gobernar, si no para qué pactas o gobiernas, qué medidas y acuerdos son los que
vas a poner en práctica que puedan suponer una mejora en la vida de los
ciudadanos, lo demás, son sólo etiquetas y lenguaje belicista.
jueves, 13 de diciembre de 2018
ESTRASBURGO

ESTRASBURGO,
LA CIUDAD VIGÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS
Acabo de
volver de un viaje a Estrasburgo formando parte de una delegación de letrados
en cortes y parlamentarios con un objetivo: conocer el funcionamiento del
Consejo de Europa. Después de la visita vuelvo con el sabor agridulce de
comprobar cuan frágil es la democracia, pero también, cuanto hemos avanzado en
esta compleja y maravillosa Europa en mecanismos para proteger nuestros
derechos fundamentales. Me paro a pensar, y me asombro y me apeno al ver a esas
miles de personas, guiadas por líderes políticos absolutamente irresponsables,
que salen a las calles de nuestras ciudades a proclamar que no vivimos en
democracia, que hay que poner todo patas arribas en pos de un nuevo orden
paradisiaco; donde un maná milagroso se esparcirá por doquier dando toda clase
de servicios a propios y ajenos. La gente no tiene culpa de creerse los cuentos
de una arcadia feliz, pero los “Hamelins” toca flautas no tienen perdón porque
saben que la partitura es falsa.
Cuarenta
y siete países forman parte del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos
Humanos y de las Libertades Fundamentales que entró en vigor en 1953, más de
800 millones de personas, todos los países de Europa menos Bielorrusia. En una
Europa donde nos hemos matado con saña y creatividad, por fin, hay una
institución que vela porque eso no vuelva a ocurrir. El Consejo Europeo vela
por nuestros derechos más fundamentales: el derecho a la vida, el derecho a un
proceso equitativo, el derecho a la vida privada y familiar, la libertad de
expresión, la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, el derecho
al respeto a la propiedad. Prohíbe, sobre todo, la tortura y las penas o tratos
inhumanos o degradantes, la esclavitud y el trabajo forzado, la detención
arbitraria e ilegal y las discriminaciones en el disfrute de los derechos y
libertades reconocidos en el Convenio. Todos los países adheridos se
comprometen a proteger esos derechos y a someterse a las sentencias del
Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.
Cuarenta y siete jueces, uno por cada país, estudian, después de
admitir las demandas individuales, colectivas o de Estados, y sentencian
siguiendo el espíritu del convenio. Una corte a la que se puede apelar una vez
que has agotado todos los pasos en la justicia de tu país y creas que no se te
ha hecho justicia. Un tribunal abierto a los ciudadanos y gratuito, donde los
Estados cuando no respetan el Convenio, son condenados y deben resarcir o
restituir a los ciudadanos por los daños causados. España ha sido condenada en
algunas ocasiones y he de decir, puesto que así nos lo hicieron saber, que
nuestro país cumple de manera más que aceptable dichas sentencias.
La democracia se construye con mucho esfuerzo y demasiado a
menudo, con mucho sufrimiento. Vivimos en la parte del mundo más respetuosa con
la vida humana, no necesitamos salvadores, ni líderes carismáticos, ni viajes
revolucionarios a arcadias de felicidad. Sólo necesitamos creer en nosotros
mismos, respetar las leyes que nos hemos dado y conocer y profundizar en
nuestras instituciones, como el Consejo Europeo de derechos humanos, que vela
día y noche por nosotros y que trabaja sin descanso asesorando los procesos
consultivos de todos los miembros, mejorando las estructuras democráticas y
formando a las nuevas generaciones en valores de libertad y respeto.
Por lo demás, Estrasburgo es una ciudad encantadora que
recomiendo conocer. Un paseo por la Europa medieval donde la vida bulle en
miles de rostros de todo el mundo, una babel de lenguas que te enriquece en
todos los sentidos. Allá, lejos de nuestro país, nuestras cuitas nos persiguen
aunque quizás la distancia las atenúa. Allí pude hablar de manera sosegada con
otro compatriota, catalán e independentista supongo, al final eso no me quedó
claro. Y ambos encontramos puntos de entendimiento, cuando la sensatez se
adueña de los pensamientos el entendimiento se acomoda. No descubrimos la
pólvora, ni tampoco soluciones mágicas, tan sólo acordamos que las cosas hay
que hacerlas bien y nunca por las bravas. Que el “proces” es un error no tanto
en las aspiraciones, legítimas, como en las formas, absolutamente impropias de
unos dirigentes que parecen desconocer los fundamentos de los Estados de
Derecho y de la esencia democrática: el respeto a la legalidad vigente. Me
alegra que por encima de discrepancias dos españoles, que estamos tan lejos en
los objetivos, podamos estar tan cerca en la necesidad de la pureza de los
medios para alcanzarlos. Aunque sea allende las fronteras.
La barbarie terrorista acaba de golpear en esta bonita ciudad,
en el corazón de los derechos humanos se ha violentado el más humanos de los
derechos: el derecho a la vida. Podrán hacer daño, mucho daño, pero nunca conseguirán
sus objetivos, Europa, la democracia y la paz no podrán ser vencidas por los
bárbaros.
domingo, 11 de noviembre de 2018
NOTAS
TRAS LA LECTURA DE “SOBRE LA TIRANÍA” DE TIMOTHY SNYDER
El protagonista
de una novela de David Lodge dice que uno no sabe, cuando está haciendo el amor
por última vez, que está haciendo el amor por última vez. Algunos alemanes que
votaron al partido nazi en 1932 sin duda eran conscientes de que aquéllas
podrían ser las últimas elecciones sustancialmente libres por algún tiempo,
pero la mayoría no lo sabía.
La oligarquía
rusa que se consolidó tras las elecciones de 1990 sigue funcionando, y promueve
una política exterior diseñada para destruir la democracia en el resto del
mundo.
Es posible
que algún día te ofrezcan la oportunidad de exhibir símbolos de lealtad. Asegúrate
de que esos símbolos incluyen a tus conciudadanos en lugar de excluirlos.
Las SS
nacieron como una organización fuera de la ley, se convirtieron en una
organización que trascendía las leyes y acabaron siendo una organización que
anuló las leyes.
Churchill
dijo que la historia sería benévola con él porque pretendía escribirla él
mismo.
La posverdad
es el prefascismo.
Y sí,
es posible encontrar una conspiración en la red: la que te lleva a estar todo
el día conectado a internet, buscando conspiraciones.
“Si
el fundamento del sistema es la “vida en la mentira”-escribía Havel-, no es de
extrañar que “la vida en la verdad” sea su principal peligro”.
El más
inteligente de los nazis, el teórico jurídico Carl Schmitt, explicaba en
términos claros la esencia de la forma de gobernar del fascismo. El modo de
destruir todas las normas, explicaba, era centrarse en la idea de la excepción.
Un líder nazi desarma a sus oponentes por el procedimiento de convencer a la
gente de que el momento actual es excepcional, y después transformando el estado
de excepción en una emergencia permanente. Entonces los ciudadanos sacrifican
su libertad real en aras de una falsa seguridad.
Para
los tiranos, la lección del incendio del Reichstag consiste en que un momento
de conmoción hace posible una eternidad de sumisión.
Un nacionalista
nos anima a ser la peor versión de nosotros mismos, y después nos dice que
somos los mejores.
La democracia
fracasó en Europa en las décadas de 1920, 1930 y 1940, y hoy en día está fracasando
no sólo en gran parte de Europa sino en otros muchos lugares del mundo. Esa
historia y esa experiencia son las que nos revelan el sombrío espectro de
nuestros posibles futuros. Un nacionalista dirá que “eso no puede ocurrir aquí”,
lo que equivale al primer paso hacia el desastre. Un patriota dice que eso
podría ocurrir aquí, pero que lo impediremos.
Es lo
que se denomina una teología: una narración del tiempo que conduce a una meta
cierta y a menudo deseable. El comunismo también ofrecía una teología, ya que
prometía una utopía socialista inevitable. Cuando esa historia quedó hecha
añicos hace veinticinco años, nosotros sacamos una conclusión equivocada. En vez
de rechazar las teologías, nos imaginamos que nuestro propio cuento era verdad.
martes, 1 de mayo de 2018
LA SALUD, LO PRIMERO por J. J: Molina

“Si estás bueno del estómago, y no te duele ningún costado y
puedes andar con tus pies, ninguna otra cosa mejor te podrán añadir todas las
riquezas de los reyes”
Quinto Horacio Flaco
De entre todos los derechos que nos hemos dado, el del
acceso a la medicina es sin duda el más importe. Estamos haciendo un gran
esfuerzo económico para poder dar cobertura médica a toda la población de
nuestro país, sin ir más lejos en nuestra región supone casi el 50% del
presupuesto total anual. Cinco de cada diez euros los gastamos en mantener una
estructura
enorme en recursos humanos y materiales que a pesar de sus
deficiencias y limitaciones, consigue que podamos mantener unos niveles de
salud más que aceptables. Sin embargo, los problemas que se ciernen sobre
nuestro sistema sanitario no son ni pocos, ni baladíes.
Cada vez vivimos más años y a partir de ciertas edades
necesitamos más cuidados médicos y más medicación; los avances médicos cada vez
son más espectaculares pero también son espectacularmente costosos.
Necesitamos caminar hacia una sociedad más saludable donde
la prevención y los buenos hábitos de vida nos permitan conjurar la amenaza de
la insostenibilidad de nuestros sistemas de salud. Desde Ciudadanos estamos
intentando enfocar las propuestas sanitarias de nuestra región hacia ese
objetivo y es por ello que hemos propuesto un proyecto de Enfermería escolar
para desarrollar un plan de salud integral comenzando desde la escuela. Un plan
que nos permitirá tener en poco tiempo generaciones de ciudadanos más sanos y
concienciados de la importancia que tiene el cuidar de nuestro cuerpo para
poder tener una vida plena y feliz.
No se trata de un gasto, se trata de una inversión en salud
que nos va a permitir ahorrar muchísimo dinero en tratamientos médicos.
Al mismo tiempo creemos que es necesario invertir en la
atención primaria de una manera mucho más decidida, la prevención y la
detección temprana de patologías supondrían para miles de pacientes una
oportunidad valiosísima de evitar graves problemas de salud que podrían
condicionar su futuro. La medicina hospitalaria en muy necesaria pero debe ser
el segundo escalón al que se accede después de que los pacientes han sido
valorados por ese primer escalón que supone la atención primaria, que debe
estar mejor dotada de medios humanos y materiales.
La mejora en la financiación de nuestra sanidad es necesaria
pero junto a ella, es necesario también mejorar la eficiencia en el uso de los
recursos públicos de que disponemos. Una mayor tasa de ocupación de quirófanos,
la valoración del desempeño laboral con incentivos que premien el esfuerzo,
establecer protocolos de indicaciones para derivación a atención especializada,
de petición de pruebas diagnósticas y de inclusión en listas de espera que nos
permitan racionalizar las decisiones sobre qué pruebas son necesarias o qué
tratamiento es el más adecuado.
Derivaciones a la concertada justificadas cuando no se
puedan dar los servicios con los recursos propios y con vigilancia, seguimiento
y control de la calidad de las mismas.
Simplificar el mapa sanitario de una región que con una sola
provincia tiene nueve áreas con sus correspondientes estructuras burocráticas y
jerárquicas con todo el gasto que ello conlleva. Hacer de una vez por todas el
Plan general de recursos humanos de SMS que tras dieciséis años que tenemos las
competencias aún no se ha hecho, y que nos ha mantenido con una organización
heredada del antiguo INSALUD que en nada se parece a la realidad
socio-sanitaria de la Murcia del siglo XXI y que ha supuesto la existencia de
enormes diferencias entre las distintas áreas que conforman el mapa sanitario
de la región, diferencias que pueden llegar a suponer que los índices de supervivencia
en ella sean mayores o menores dependiendo del lugar donde residas.
Estas, entre otras son medidas que desde Ciudadanos creemos
que pueden servir para mejorar la calidad de la sanidad en nuestra región,
bajar la demora en las listas de espera, acabar con las diferencias en
prestaciones entre las distintas localidades de la región y en definitiva, como
manda la ley, hacer un mejor uso de los recursos públicos.
AL SOL QUE MÁS CALIENTA por J. J. Molina

Hace poco aprobamos en la Asamblea Regional, a propuesta de
Ciudadanos, una iniciativa para desarrollar el concepto de economía circular,
ya saben, las tres R: Reutilizar, reducir y reciclar. El calificativo circular
es aplicable a casi todo, por ejemplo a la arquitectura. Existe también una
arquitectura circular basada en la utilización de materiales propios de la
zona, mimetizada con el paisaje circundante, autoabastecida con energías
renovables y auto depurativa en sus procesos.
Una de las características de este tipo de construcción es su capacidad
de conservar el calor en invierno o de mantenerse frías en verano, dependiendo
de lo que fuera más importante en la zona en la que estuvieran. Para
conseguirlo echan mano de materiales, de posición respecto al sol o a la
orografía, de mayor o menor exposición al sol en su interior, etc. Recetas, en
muchas ocasiones, aprendidas de la experiencia de los moradores de esas tierras
a lo largo de los siglos. Sabiduría ancestral de la que echar mano para no caer
en los problemas que ya otros sufrieron y resolvieron y que durante años,
muchos años, todos los responsables de nuestros gobiernos han ignorado sin
despeinarse un pelo.
Ahora resulta que nuestros colegios son marmitas donde
cocerse lentamente en los largos y tórridos veranos o, en los inviernos de frío
húmedo, de ese que te cala hasta los huesos y no se achanta con bufandas;
nuestras aulas son neveras donde moldear futuros enfermos de reuma.
Nadie en tantos años se paró un momento a pensar que
determinado tipo de ladrillo se calienta más por su color, que tener en cuenta
la trayectoria del sol, la posición de las aulas, la forma y la cantidad de las
ventanas o el grosor de los muros era una cuestión a tener en cuenta, que una
pared blanca además de hermosa se calienta menos, que al salir al patio una
“miaja” de sombra es un tesoro en estas tierras, en fin; no vamos a pedir peras
al olmo, ni tampoco que nos volvamos más circulares que una esfera pero un poco
de sentido común nos hubiera venido como anillo al dedo.
El gobierno anda corriendo gastando en climatización como si
estos calores y estos fríos fueran un sarampión de niños, cuando en realidad
esta situación es el resultado de años de errores consecutivos y continuados en
el tiempo. Bien está que gasten para arreglar el desaguisado climatológico en
el que su falta de previsión nos ha metido.
Es maravilloso comprobar como nuestros Consejeros populares ya tenían
pensado hacer todo lo que nunca habían hecho (ni pensaban hacer) pero que
casualmente van a hacerlo justo cuando ya no tienen mayoría absoluta después de
20 años y además, coincidiendo casualmente con iniciativas de la oposición. Hay
que reconocer que en una cosa son muy buenos, en apropiarse de las ideas
ajenas.
Pues sí, más que les pese, la ola de climatizaciones que
estamos viendo en los centros escolares de la región nace de una iniciativa de
Ciudadanos aprobada en la Asamblea y los cinco millones de fondos propios de
los que hablan son también una de las partidas introducidas por mi partido en
los presupuestos generales de este año. Si no, de qué íbamos a estar hablando
de climatizaciones, hubieran seguido con sus políticas de parcheos una estufita
por aquí, un aire acondicionado por allá y un abanico de colores que también es
bonito.
No podemos seguir funcionando a salto de mata y con
improvisaciones, desde que empezó la legislatura venimos pidiendo un mapa de
infraestructuras en los centros para saber dónde y cómo hay que actuar primero,
hemos pedido lo mismo para el cambio de techumbres de fibrocemento para que
cada centro sepa al menos en que puesto está y cuando le va a tocar la
sustitución y fue Ciudadanos también quien pidió la auditoría sobre el estado
de climatización en los centros que ahora se está llevando a cabo.
Bien está lo que bien acaba, si el trabajo que hemos hecho
desde la oposición está sirviendo para que se empiecen a resolver los problemas
que arrastra nuestro sistema educativo nos damos por satisfechos pero, ojo,
estos del PP no hacen nada si no es porque no les queda más remedio y así, sin
ganas, las cosas no pueden salir bien.
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