Juan J. Molina

Juan J. Molina
Juan J. Molina

lunes, 25 de septiembre de 2017

10 afirmaciones que sustentan el soberanismo catalán y no son verdad

El independentismo catalán se sustenta en unas afirmaciones rotundas y repetidas a menudo. Van desde las creencias históricas (en 1714 hubo una guerra de secesión que acabó con Cataluña sojuzgada) hasta las económicas (España nos roba, fuera de España seríamos más ricos). Todas ellas son falsas. El PAÍS recoge y analiza hasta 10 de estos mitos y falsedades que no se sostienen con un estudio pormenorizado. No es cierto, por ejemplo, y así está reflejado en los tratados europeos, que una Cataluña independiente ingresaría automáticamente en la Unión Europea. Al contrario: debería recorrer un periplo institucional e internacional complejo y azaroso, con la ONU de por medio como etapa. Tampoco es cierto que el Estado de las Autonomías haya fracasado, que votar siempre sea democrático (las dictaduras también organizaron referendos) o que la consulta convocada para el 1 de octubre sea legal (es ilegal por su contenido, por su tramitación en el Parlamento catalán y conculca además disposiciones de la Comisión de Venecia del Consejo de Europa). Asímismo, no es cierto que Cataluña pueda separarse legalmente de España apelando al derecho de autodeterminación, ya que ese derecho se reserva a “pueblos sometidos a dominación colonial”. Tampoco es verdad que la Constitución votada en 1978 sea “hostil a los catalanes”.
El presidente de la Generalitat, Josep Tarradellas, en el acto de bienvenida tras 38 años de exilio, junto a Jordi Pujol.
El presidente de la Generalitat, Josep Tarradellas, en el acto de bienvenida tras 38 años de exilio, junto a Jordi Pujol.EUROPA PRESS

1. LA GUERRA DE 1714 FUE DE “SECESIÓN”

El relato independentista sostiene, basándose en la vieja historiografía romántica, que la guerra de sucesión española de principios del siglo XVIII fue una guerra de secesión, de independencia de Cataluña respecto de España. Un pueblo independiente y democrático, dice, “fue conquistado y sus libertades abolidas”. Al contrario que el pueblo estadounidense, que en 1773 se liberó del yugo colonial británico, Cataluña fue sometida, afirma (Give Catalonia its freedom to vote, The Independent, 10/10/2014).
No fue así. Al morir Carlos II El Hechizado (1700) sin descendencia directa, se desató una batalla europea por hacerse con la Corona de España. Los dos grandes candidatos eran Felipe V de Borbón (nieto de Luis XIV de Francia) y el archiduque Carlos de Austria. Los Borbones pretendían la hegemonía continental, aliando a España con Francia. Los austracistas contaban con el apoyo de Inglaterra —siempre aterrada ante un excesivo poder de una sola nación en el continente—, secundada por los Países Bajos.
Lo que pronto sería una cruenta guerra de monarquías también lo fue de proyectos: el librecambismo anglo-holandés frente al proteccionismo fisiócrata francés; la burguesía mercantil frente a la alianza de las aristocracias agrícola y cortesana; el vago proto-confederalismo de Viena frente a la centralización absolutista heredera del rey Sol; las periferias versus el centro de Europa.
Estas líneas divisorias acabaron encontrando partidarios, fieles y servidores en distintos lugares de la Península. Aunque fueron alianzas efímeras y variables, el reino de Castilla sintonizó más con el envite francés; el Principado de Cataluña, más mercantil, con las incitaciones austracistas.
Pero, al inicio, los catalanes acogieron al Borbón con entusiasmo, como ha historiado el gran especialista del momento, Joaquim Albareda (La guerra de sucessió i l’Onze de setembre, Empúries; y Política, economia i guerra, Barcelona 1700, Colecció La Ciutat del Born).
En efecto, ante las Cortes catalanas, reunidas en 1701 por vez primera desde 1599, ¡hacía un siglo! (lo que indica que el sistema funcionaba a poco gas), Felipe juró las Constituciones supervivientes de la Edad Media. Y otorgó un puerto franco a Barcelona, licencia para dos barcos anuales a América y otras libertades comerciales.
Pero, empujados por el síndrome antifrancés desde la reciente y frustrante anexión a Francia (entre 1640, cuando el incompetente canónigo/president Pau Claris entregó el Principado a Luis XIII, y 1652, cuando, desengañados de París, los catalanes volvieron a la Corona hispánica); por la invasión de manufacturas galas y por algunas medidas despóticas del virrey, cambiaron de bando y se entregaron al archiduque, que les abandonó para ir a Viena y coronarse emperador.
Se había desatado una guerra internacional doblada de guerra civil: francófilos contra austracistas. Y una guerra civil dentro de la guerra civil: las clases industriales e ilustradas, con los Borbones desde Mataró; los componentes más humildes de los gremios, formando la Coronela, una milicia austracista derrotada y pasada a fuego, en Barcelona.
No fue pues una guerra de una nación contra otra, ni de independencia, ni de secesión, ni patriótica, sino que las leyes y Constituciones catalanas antiguas se usaron por ambos bandos como reclamo, lema, anzuelo o coartada cambiante. Trajo desastres, pero no destruyó el Principado. El final de la guerra catapultó a Cataluña a la revolución económica: primero agrícola-mercantil y luego proto-industrial, como asegura el maestro Pierre Vilar en Catalunya en l’Espanya moderna (Ediciones 62).

2. LA CONSTITUCION DE 1978 ES HOSTIL A LOS CATALANES

Los independentistas sostienen que hay que superar la Constitución de 1978 porque es “hostil a los catalanes”. Y pretenden derogarla basándose en los 1,9 millones de votos a partidos independentistas (Junts pel Sí y la CUP) en las elecciones autonómicas (planteadas como plebiscitarias) de 2015: un 47,7% de los votantes. Pero la Constitución fue apoyada por 2,7 millones de catalanes, el 91,09% de los votantes en el referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978 (¡cerca del doble de los secesionistas de 2015!), dos puntos por encima de la media; la rechazaron un 4,26%, frente al 7,89% de la media, con una participación del 67,91%. Fue, junto a Andalucía, la comunidad que más respaldo dio a la Constitución.
Resulta pues obvio que la superación del marco constitucional actual requeriría, al menos, una mayoría concurrente equivalente a la de entonces.
Lo cierto es que la Constitución de 1978 no es la de un “Estado hostil” a los catalanes. Su organización autonómica no es una pantalla pasada, contra lo que pretende el secesionismo, sino una Constitución típica de un Estado profundamente descentralizado.
Al contrario que Francia o Italia, muy centralizados, España diseñó su Constitución tomando como modelo a la República Federal de Alemania, por tanto, en clave federal. Así, el artículo 2 “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.
A la Constitución se la conoce como la de los catalanes, por la influencia directa de los constituyentes Miquel Roca Junyent y Jordi Solé Tura, y la indirecta a través de los equipos de trabajo de otros de sus colegas (centristas y socialistas). Y porque su concepción y organización autonómica (Título VIII, concepto de “nacionalidades”) es tributaria tanto del empuje autonomista de la Cataluña del momento como del registrado en los años 30, plasmado en la Constitución republicana de 1931 y en el Estatut de 1932, que en buena medida inspiraron los textos de 1978 y 1979.
El que ahora algunos denominan despreciativamente “régimen de 1978” fundado sobre esa Constitución posibilitó una inédita (e históricamente excepcional) participación de los catalanes en la orientación de la política española, con su activa presencia en el Congreso y el Senado e innumerables organismos públicos.
Los padres de la Constitución; entre ellos, Miquel Roca, primero por la derecha, y Jordi Solé Tura, de espaldas.
Los padres de la Constitución; entre ellos, Miquel Roca, primero por la derecha, y Jordi Solé Tura, de espaldas.EFE
Lo hicieron sobre todo a través de sus partidos mayoritarios: los socialistas del PSC protagonizaron desde 1982 un notable desembarco en los Gobiernos de Felipe González; los nacionalistas (de CiU), entonces moderados, completaron casi todas las mayorías parlamentarias, votaron casi todas las leyes importantes y condicionaron a todos los Gobiernos, del PSOE y del PP.

3. LA AUTONOMÍA HA FRACASADO

Los independentistas dicen que los casi 40 años de autogobierno muestran su fracaso, que hay un proceso de “ahogo” de la autonomía y de recentralización y que, por tanto, hay que superar la autonomía e ir a la independencia.
En el desarrollo de la Constitución, el Estatut de 1979 (y su despliegue) estableció un sistema de autogobierno sin parangón en la historia de España. La oficialidad y el uso vehicular del idioma catalán permitieron su notable recuperación; se avanzó en la corresponsabilidad fiscal y en la recaudación de impuestos (pese a que el nacionalismo había rechazado al inicio de la democracia el sistema de concierto); se administraron las competencias básicas del Estado del bienestar (sanidad y educación), que fueron ampliándose a otras (prisiones, policía).
Y el aún más descentralizador Estatut de 2006 todavía profundizó en ese autogobierno. Incluso pese a que el Tribunal Constitucional lo recortó notablemente, en una polémica sentencia (2010) sobre un recurso del PP que marcó un antes y un después en la percepción sobre el (obstaculizado) encaje de lo catalán en lo español y sobre la (crecientemente radicalizada) política nacionalista, que consideró roto el subyacente pacto constitucional.
Aunque algunos de quienes más dicen lamentar lo que consideran la pérdida del Estatut, como Esquerra Republicana, habían hecho campaña en contra y habían pedido el voto negativo en el referéndum de 2006.
En cualquier caso, el tamaño del desengaño y la desafección fue superior al de la poda hecha en el texto: supresión de un artículo e incisos en otros 13 (sobre un total de 238) y reinterpretación de muchos otros. Pero su alcance cualitativo fue superior al cuantitativo: se descabezó la pretendida desconcentración del poder judicial y se laminaron competencias financieras importantes, así como aspectos simbólicos. En Cataluña se recibió lógicamente como un agravio que la legitimidad del tribunal primase sobre la voluntad popular ya expresada en el Congreso y en el referéndum previo a la sentencia.
Pese a esos reveses y a una panoplia de leyes recentralizadoras introducidas desde 2012 por el PP, el nivel de autogobierno alcanzado y consolidado en toda España (y singularmente en Cataluña) no constituye pues ni pantalla pasada ni motivo para pasarla. Al revés, incluso aunque pueda mejorarse, resulta formidable en términos comparativos internacionales: España es el séptimo país de la OCDE según el baremo del poder fiscal descentralizado; y el primero en intensidad de su descentralización entre 1995 y 2004 (Fiscal federalism, OECD, 2016).

4. ESPAÑA ES UN ESTADO AUTORITARIO

España es una democracia avanzada que goza del máximo grado de libertades y respeto por los derechos individuales y colectivos. Así lo certifican todas las instituciones internacionales de las que el país es parte así como todos los centros de estudios dedicados a evaluar la calidad de la democracia de los Estados.
Internamente, el Estado de derecho y la división de poderes están garantizados por los tribunales. Internacionalmente, España es signataria de todas las convenciones sobre derechos humanos y libertades políticas y civiles del sistema de Naciones Unidas, miembro del Consejo de Europa y sus convenios de protección de derechos. También es miembro de la Unión Europea y firmante de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE.
Toda la legislación nacional y las sentencias de sus tribunales están sometidas a los tribunales de Estrasburgo (Consejo de Europa) y Luxemburgo (Tribunal de Justicia de la UE). Como demuestran los casos de Hungría y Polonia, los Estados de la UE están sometidos a un estricto régimen de vigilancia por parte de las instituciones europeas para detectar cualquier desviación de poder, violación de derechos o ataque a las libertades o la separación de poderes.
Ni el Gobierno de la Generalitat ni ninguna entidad independentista ha recurrido a ninguna de estas instancias internacionales para denunciar ninguna violación de derechos ni el Estado español ha sido apercibido o condenado, dentro o fuera del país, por este tipo de hechos.
Freedom House concede a España la máxima puntuación en derechos políticos y civiles: 95/100, la misma que, por ejemplo, a Alemania. El Economist le otorga un 8,3 sobre 10 en su índice sobre democracia, un valor situado entre Francia (7,92) y Alemania (8,6). El Proyecto Politi IV, que mide el autoritarismo y la evolución de la democracia, sitúa a España en el máximo de democracia (10) desde 1982.
Más: en su informe de 2017 sobre derechos humanos, la organización Human Rights Watch ni hace mención a la presunta supresión de derechos en Cataluña ni menciona siquiera a Cataluña como un asunto específico.
Y aunque el Alto Comisionado de la OSCE para los Derechos de las Minorías, en su último informe sobre España, advirtió solo sobre la integración de los gitanos, ni en ese texto ni en su informe sobre derechos lingüísticos hizo ninguna mención condenatoria a España.

5. ESPAÑA NOS ROBA

Esta falsedad la puso en circulación la Generalitat de Artur Mas en 2012, al publicar un cálculo según el cual Cataluña estaría aportando 16.409 millones de euros al presupuesto común. El supuesto robo del 8,4% del PIB de Cataluña fue difundido por el expresidente Jordi Pujol: “Pagar en torno al 9% de su PIB por concepto de solidaridad, y con frecuencia más, se convierte en un expolio que perjudica gravemente a Cataluña y su gente”.
Ese cálculo es un desatino. El estudio nacionalista que en 1994 lanzó el concepto de “expolio” calculaba la balanza en el 7,56% del PIB, de los cuales la aportación a la solidaridad interregional justificaba 2,44 puntos. El trabajo, de Jordi Pons y Ramon Tremosa, cifraba pues el exceso de déficit en algo más de cinco puntos, no ya de nueve. Cifras menos lejanas a los déficits fiscales de los territorios más prósperos en los países federales, en torno al 3,85%.
En realidad, los nacionalistas catalanes defendieron en su propuesta de pacto fiscal de modelo a la vasca corregido (“concierto solidario”) una cuota de solidaridad del 4% del PIB (rebajada al 2% en algunas versiones), con lo cual el déficit fiscal excesivo no sería de ocho puntos, sino de cuatro. Pero la doble cifra tótem de 16.409 millones de euros (8,4% del PIB) fue la que se empleó para la propaganda. Y recibió muchas críticas, por desmesurada, ya que se estimó según uno de los dos métodos (y seis variantes) de cálculo científico de las balanzas (“flujo monetario”: territorio donde se produce el gasto público), menos indicado que su alternativa (“beneficio” a cada población, independientemente del lugar del gasto).
El economista Antoni Zabalza distinguió entre los ciclos económicos. En el libro Economia d’una Espanya plurinacional,calculó que si en tiempos de bonanza el déficit catalán oscilaba en torno al 8%, en fases de crisis era muy inferior o se convertía incluso en superávit. En parecida línea, Josep Borrell y Joan Llorach, en su libro Las cuentas y los cuentos de la independencia,recogían una estimación de la Generalitat según la cual el desbalance para Cataluña alcanzaría en 2015 solamente 3.228 millones de euros: esto es, solo un 1,6% de su PIB.
Artur Mas firma el decreto de convocatoria del 9-N el 27 de septiembre de 2014.
Artur Mas firma el decreto de convocatoria del 9-N el 27 de septiembre de 2014.AFP
Así que tras haberse convertido en “verdad oficial del procés”, el fervor sobre el mito de los 16.460 millones perdidos se fue mitigando en el ámbito de mayor cultura económica.
En realidad, hay un cierto consenso en que Cataluña contribuye según sus capacidades y riqueza lo que le corresponde; pero recibe mucha menor inversión que la adecuada para el peso de su PIB y de su población en ambos parámetros globales: de 2011 a 2015 la inversión estatal presupuestada para toda España bajó un 36,6%, por un 57,9% en Cataluña; y la ejecutada fue aún mucho peor. Esta es una de las vías aptas para corregir las disfunciones —que no expolio—, de la situación actual. En cualquier caso, las balanzas oficiales del Gobierno para 2014 indicaban que Cataluña no era la primera comunidad contribuyente neta (déficit fiscal de 9.892 millones, el 5,02% del PIB) sino la segunda, tras Madrid (19.205 millones negativos, un 9,8% de su PIB).
Siempre que esos niveles de desbalance no estrangulen el crecimiento de los territorios más prósperos, su mayor contribución neta deriva del principio de progresividad (a mayor riqueza, más fiscalidad), como pasa con los individuos.
Además, el déficit fiscal compensa su superávit comercial (la ocupación industrial de las regiones menos desarrolladas): así ocurre en la UE, entre Norte y Sur. Cuando los “contribuyentes netos” europeos se han rebelado y han exigido pagar menos al presupuesto común, las autoridades catalanas no han hecho causa común con ellos. ¡Se trata de lo mismo!

6. SOLOS SEREMOS MÁS RICOS

La tesis de que los catalanes en solitario serían más ricos tiene mucho de ensoñación.
Cierto que ya conforman, con Madrid, País Vasco y Baleares, una de las comunidades españolas más prósperas.
Cierto también que han mantenido y aumentado su nivel comparativo europeo —en términos de prosperidad, medida en PIB per cápita— con regiones muy avanzadas, como la francesa Rhône-Alpes, la italiana Lombardía y la alemana Baden-Wurtemberg, con las que conforman el cuarteto conocido como “los cuatro motores”.
Y cierto que, por lo menos hasta el inicio de la Gran Recesión, se defendieron mejor que estas. Lo hicieron, significativamente, formando parte de España, de la economía española, de eso que el secesionismo denomina el Estado español, al que considera un Estado ajeno, enemigo u hostil: en su seno, Cataluña no ha dejado de progresar.
El caso es que la versión radicalizada del nacionalismo pinta un escenario rosa en caso de separación, ignorando o minimizando los costes directos de la misma. Amén de los indirectos: la pérdida de las sinergias económicas y los estímulos intelectuales obtenidos por pertenecer al amplio espacio económico europeo, líder mundial en comercio, ayuda al desarrollo y modelo social avanzado.
Así, los publicistas secesionistas propagan que, con la independencia, Cataluña sería mucho más rica que actualmente. Aumentaría su PIB y su empleo, y mejoraría su capacidad de endeudamiento, las pensiones y los servicios sociales.
Lo sostiene, aunque con un abanico muy amplio de escenarios y cifras concretas, un grupo de economistas (Colectivo Wilson); bastantes de los autores del libro Preguntes i respostes sobre l'impacte econòmic de la independència (Col.legi d’Economistes, 2014), y el número 2016/1 de la Revista de Catalunya.
Frente a esta posición, un escenario negro. El Ministerio de Economía asegura que la secesión reduciría el PIB entre un 25% y un 30%, hasta 63.000 millones de euros. Un estudio del Ministerio de Exteriores menos trágico cifra el impacto negativo para Cataluña en 36.999 millones, cerca del 19% de su PIB (Consecuencias económicas de una hipotética independencia de Cataluña, 17/2/2014).
Entre un escenario glorioso y otro catastrófico, los datos y estudios comparativos indican que Cataluña afrontaría una fortísima crisis (que afectaría también al conjunto de España), probablemente cercana a la causada por la Gran Recesión, que redujo entre 2008 y 2013 la riqueza española, medida en PIB, en un 9,2% entre 2008 y 2013.
Algunas comparaciones internacionales pueden ofrecernos pistas, aunque sus contextos difieran. Ciñéndose solamente al impacto en el PIB de la reducción y encarecimiento del comercio interno, el quinto estudio oficial británico sobre la independencia de Escocia calcula que esta perdería un 4% de su PIB, lo que traducido al tamaño catalán equivaldría a perder el 3%, reconoce la Revista de Catalunya.
El precedente de la partición de Checoslovaquia (1993) prohíbe minimizar el revés comercial de las rupturas (incluso pactadas, como fue aquella). Desde entonces hasta 2011 las exportaciones checas a Eslovaquia bajaron del 22% al 9% y las de sentido inverso, del 42% al 15% (La fábrica de España, EL PAÍS, 22/11/2012). Y la separación de Eslovenia retrajo sus exportaciones totales un 23,5% en 1992, y un 5,5% su PIB, según un estudio de la Cámara de Barcelona (El sector empresarial a Catalunya i Espanya, 5/6/2014).
Ese trabajo, menos militante que los oficialistas, calcula que, solo por el efecto de la caída del comercio, el PIB catalán podría reducirse hasta el 5,7% (y un mínimo del 1,1%), mientras que el perjuicio de la secesión catalana para el resto de España alcanzaría un signo negativo máximo del 1,4%.
Entre otras razones, porque la dependencia de las exportaciones de Cataluña al mercado español (que ella tanto contribuyó a crear), cercanas a un tercio de su total, es muy superior a la inversa; y porque su saldo positivo (22.685 millones en 2011) compensa el saldo negativo de la balanza comercial catalana con el extranjero (15.325 millones).
Claro está que un impacto adverso de 5,7 puntos (o de 3 puntos en la comparativa con Escocia) no es equiparable a los nueve puntos perdidos por la economía española durante la Gran Recesión.
Pero, atención, esas cifras se circunscriben a los estrictos efectos de la evolución comercial, el elemento hasta ahora más explorado. Y, además, en el caso catalán las estimaciones se remiten a un escenario de una separación idílica, sin interrumpir su adscripción a la UE, algo denegado por los Tratados y por las autoridades comunitarias.
Queda pues por añadir otros flujos adversos: de inversión exterior (hasta ahora positiva), de turismo, de facilidad de endeudamiento exterior, y la mencionada pérdida de los efectos positivos de la pertenencia a un gran espacio económico integrado. Cataluña podría pues ser económicamente viable por sí sola (lo es Uruguay). Pero lejos de convertirse en un paraíso inmediato —quizá también de un infierno letal—, se abocaría a un azaroso y dramático purgatorio.

7. TENEMOS DERECHO A SEPARARNOS

Es falso que, contra lo que sustenta la suspendida ley del referéndum en su exposición de motivos, Cataluña tenga el “derecho imprescriptible e inalienable a la autodeterminación” (y, más aún, en un sentido “favorable a la independencia”), que habría sido reconocido por el derecho internacional. Sucede lo contrario.
La normativa de Naciones Unidas (Carta fundacional de 1945, resoluciones 1514 y 2625 de la Asamblea General, Pacto Internacional de Derechos Civiles) reconoce el derecho de autodeterminación pero en sentido interno: como un derecho de los pueblos a que sus ciudadanos puedan realizarse políticamente, votar en elecciones democráticas y participar en las instituciones.
Los diputados de la oposición, encabezados por Inés Arrimadas (Ciudadanos), abandonan el pleno del Parlament en el que se aprobó la ley del referéndum de independencia, el pasado 6 de septiembre.
Los diputados de la oposición, encabezados por Inés Arrimadas (Ciudadanos), abandonan el pleno del Parlament en el que se aprobó la ley del referéndum de independencia, el pasado 6 de septiembre.MASSIMILIANO MINOCRI
Solo en situaciones muy específicas este derecho a la autonomía dentro del Estado se puede convertir en autodeterminación externa, frente al Estado, y por tanto, a la secesión. Esas excepciones se circunscriben a la “situación particular de los pueblos sometidos a dominación colonial o a otras formas de dominación u ocupación extranjeras” (Resolución 50/6 de la ONU).
Pero, además, ese derecho es concurrente con el principio de “integridad de los Estados”. Es más, puede ceder la primacía ante este último porque el reconocimiento de la autodeterminación externa para “nada (…) autoriza o fomenta acción alguna encaminada a quebrantar o menoscabar, total o parcialmente, la integridad territorial o política de Estados soberanos”: ¿qué Estados quedan protegidos de secesiones? Aquellos “que se conduzcan de conformidad con el principio de la igualdad de derechos (…) y estén, por tanto, dotados de un Gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio”, remata la 50/6. En resumen, las democracias.
Y en el caso que nos ocupa, la democracia española ha sido construida con la decisiva aportación de los catalanes (desde su participación en la ponencia de la Constitución de 1978); ha ofrecido cauce para que hayan participado en 38 convocatorias electorales de distinto nivel de gobernanza (local, autonómico, estatal y europeo, y en cuatro referendos legales, el de la Constitución, los de los Estatutos de 1979 y 2006 y el del Tratado Constitucional de la UE); y para que participen en las instituciones del Estado. No están sometidos a un yugo colonial, dictatorial ni militar.
En casos aún más excepcionales se habla de “secesión remedial”, como último remedio para cesar una masiva vulneración de los derechos humanos y las libertades democráticas. Pero estos casos extremos deben ser convalidados por el Consejo de Seguridad de la ONU, como ocurrió en Kosovo, que además respetó en su declaración de independencia el Marco Constitucional interno —con mayúsculas—, administrado bajo tutela de una misión de la ONU. Además de que su jefe recomendó específicamente la independencia de Kosovo respecto de Serbia al Consejo de Seguridad, lo que este aceptó.
Otros Estados han surgido por sucesión o desintegración/implosión (de la URSS o de Yugoslavia), pero de ahí no se deriva un derecho genérico a la secesión. Escocia, Canadá y Montenegro han celebrado referendos de autodeterminación, pero conforme a su ordenamiento y con autorización del Gobierno central y del Parlamento, nunca de forma unilateral. El caso de Sudán del Sur es parecido.
La Constitución Española no contempla —como ninguna otra de Europa ni de prácticamente ningún país— el derecho de un territorio a desgajarse. Una modificación del statu quo requeriría una reforma constitucional por el procedimiento agravado, que exige entre otras cosas aprobación por mayoría de dos tercios en Congreso y Senado y que la reforma se apruebe en referéndum por todos los españoles. Existe, eso sí, la posibilidad de consultar directamente a los ciudadanos sobre “decisiones de especial trascendencia”, pero entonces el referéndum debe convocarlo el Gobierno, es solo consultivo y no vinculante y deben tener derecho a votar en él todos los españoles (art. 92 de la Constitución).
Además, la doctrina mayoritaria y la jurisprudencia del Tribunal Constitucional exceptúan de la posibilidad de someter a referéndum todas las cuestiones que contradigan la unidad nacional e integridad territorial recogidas en el artículo 2. Referendos contrarios a normas constitucionales similares, como sucedió con las de Ucrania en el caso de la secesión de Crimea, han sido radicalmente desautorizados por el Consejo Europeo, la Asamblea General de la ONU y la Comisión de Venecia del Consejo de Europa.

8. NO SALDRÍAMOS DE LA UE

No es cierto que una Cataluña independiente seguiría formando parte de la Unión Europea, como pretende el secesionismo.
Desde 2004, los sucesivos presidentes de la Comisión Europea (que es la guardiana e intérprete en primera instancia de los Tratados), Romano Prodi, Jose Manuel Durão Barroso y Jean-Claude Juncker, han sostenido idéntica tesis, con escasísimas variaciones en su formulación: “Si un territorio de un Estado miembro deja de ser parte de este Estado porque ese territorio se convierte en un Estado independiente, los Tratados no pueden seguir aplicándose a esa parte del territorio. Y la nueva región independiente se convierte, por efecto de su independencia, en un país tercero”. Ese nuevo Estado deberá “pedir nuevamente el ingreso” si desea ser miembro.
Esta definición deriva directamente de la textualidad del Tratado de la Unión Europea (TUE). Su artículo 52 menciona, uno por uno y por su nombre completo, los 28 Estados miembros de la Unión. No aparece el de Cataluña, de manera que su adscripción a la Europa comunitaria deriva del hecho de formar parte del Reino de España. No es que Cataluña se abocase a su expulsión del club comunitario; es que se autoexcluiría del mismo.
Pero, además, el TUE, en su título I (el de carácter más constitucional), obliga a todos en su artículo 1.2 a respetar el orden constitucional de cada Estado miembro y su integridad territorial, en los siguientes términos: “La Unión respetará la igualdad de los Estados miembros ante los Tratados, así como su identidad nacional, inherente a las estructuras constitucionales de éstos (...) y respetará las funciones esenciales del Estado, especialmente las que tiene por objeto garantizar su integridad territorial”. No es un asunto de legislación derivada, ni reglamentaria, ni opcional, sino de orden constitucional.
Así que, en caso de que Cataluña se constituyese en un Estado independiente y desease adherirse a la UE, ello no sería automático, sino que debería presentar su candidatura a tal efecto, según establece el artículo 49 del TUE, que debería ser validada por los 28 Estados miembros, incluida España, algo de suyo complicado, más aún si la separación fuese unilateral.
Pero para ser candidato deben cumplirse los dos requisitos básicos fijados por ese artículo. El primero es ser “un Estado europeo”; el segundo, ser “un Estado que respete los valores” democráticos proclamados en el artículo 2, como recordaba en un artículo del prestigioso exjurisconsulto del Consejo Europeo, Jean Claude Piris (Cataluña y la Unión Europea, EL PAíS, 29/8/2015).
En el supuesto de que esos valores se cumpliesen, habría que acreditar también que el país constituye “un Estado europeo”. Y para constituir un Estado hay que obtener el reconocimiento internacional. Como acabó reconociendo Artur Mas el pasado 25 de marzo, “si no te reconoce nadie, las independencias son un desastre”.
Y la vía indiscutible para ese reconocimiento es la ONU, la pertenencia a la misma. Para que la ONU admita un nuevo Estado debe recomendarlo primero el Consejo de Seguridad (entre cuyos miembros permanentes con derecho a veto figura Francia, nada inclinada a favorecer rupturas territoriales y sensibilizada por cuestiones como la de Córcega o sus propios territorios catalanes); y luego aprobarlo la Asamblea General por una mayoría de dos tercios.
La minimización política de esos obstáculos aludiendo a la importancia capital de Cataluña para Europa y la imperiosa necesidad que esta tiene de aquella contrasta con el unanimismo de los Gobiernos e instituciones europeas en contra de la fragmentación; con la problemática que suscitaría el precedente de una secesión para muchos Estados miembros que experimentan tensiones centrífugas domésticas; y con el propio objetivo fundacional de la actual UE de reconciliar a los europeos sobre bases como el mantenimiento inalterado de las fronteras internas establecidas tras la Segunda Guerra Mundial.
Y frente al recurso a una pretendida “ampliación interna” relativa a la presunta conservación por los catalanes de su condición de ciudadanos europeos, la Comisión ha dejado bien establecido que solo las personas que tengan nacionalidad de un Estado miembro son ciudadanos de la UE, según el artículo 20 del TFUE (C(2022) 3689 final, 30/5/2012).
El premio de consolación sería la permanencia en el euro. “En cualquier caso, Cataluña va a estar en el euro… hay países que no están en la UE y tienen euro, Cataluña lo tendrá si quiere”, manifestó Mas en septiembre de 2013. No es así. Estar en el euro es formar parte de la unión monetaria, y en ella solo se admiten a los Estados miembros de la UE.
El sucedáneo sería emplear el euro: crear una moneda propia y pegarla a la europea, pero ese mecanismo, el currency board,exige un acuerdo previo por unanimidad (art. 219.1 del TUE) de los 28. Y aunque es el sistema usado por Mónaco, San Marino, el Vaticano y Andorra, “no es adecuado para las economías diversificadas”, según el FMI. Un sucedáneo del sucedáneo sería emplearlo sin acuerdo, lo que los expertos consideran contrario al Tratado. Y privaría también a las entidades bancarias de Cataluña del paraguas de financiación masiva que despliega el BCE, que en el mejor de los casos (contar con filiales en la eurozona) solo les podría adjudicar apoyos simbólicos, como los otorgados a las de terceros países.

9. EL REFERÉNDUM DEL 1-0 ES LEGAL

La votación convocada para el 1 de octubre es legal, sostiene el Govern. Falso. Y su vicepresidente, Oriol Junqueras, riza el rizo añadiendo que el Código Penal no prohíbe votar. Es engañoso.
Para que una convocatoria electoral sea legal debe ampararse en la ley. Y la Constitución otorga la competencia exclusiva para llamar a referendos en asuntos “de especial trascendencia” a las Cortes y al Gobierno. El 1-O ha sido convocado de forma unilateral,por decreto de la Generalitat.
Las dos leyes de desconexión, la de referéndum, del 6 de septiembre, y la de “transitoriedad y fundacional” de la república catalana, de 8 de septiembre, son ilegales.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, recibe a la Coronela y los Miquelets en la Diada de 2016.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, recibe a la Coronela y los Miquelets en la Diada de 2016.Albert Garcia
Lo son, primero, por cuestión de procedimiento. Fueron votadas en el Parlament sin la mayoría de dos tercios que exige el Estatut para su reforma, según su artículo 222 (y suponen mucho más que una mera reforma); en virtud de un cambio del Reglamento de la cámara que quebrantó los derechos de los diputados (y de los votantes); e incumpliendo un requisito esencial del procedimiento legislativo, la solicitud de dictamen previo al Consell de Garanties Estatutàries, el equivalente catalán del Tribunal Constitucional en el control de legalidad de las normas autonómicas.
Tras haber emitido varios dictámenes contrarios a distintas piezas normativas del procés (entre ellos sobre la propia reforma del reglamento parlamentario), el mismo 6 de septiembre, dicho Consell, reunido de urgencia en pleno, emitió un acuerdo remitido a la Cámara recordando “el carácter preceptivo” de su dictamen, que la Mesa ignoró. Defecto de forma que es de fondo, al anular garantías imprescindibles en el proceso de elaboración de una ley. Un aviso de ilegalidad concomitante fue emitido por los letrados de la Cámara.
Además, la ley del referéndum es ilegal por su contenido. Una ley ordinaria no puede autoproclamar (artículo 3.2) que “prevalece jerárquicamente” sobre el Estatut y la Constitución; no puede contradecir a la Constitución (artículo 92: competencia estatal y carácter consultivo de los referendos); y no puede establecer (artículo 19) una autoridad electoral —la Sindicatura— por mayoría absoluta, cuando una ley electoral exige mayoría reforzada de dos tercios (artículo 56 del Estatut).
Y conculca las principales disposiciones de la Comisión de Venecia del Consejo de Europa: disponer de una normativa electoral desde un año antes, sin cambiarla (ha sido menos de un mes); entablar previamente “serias negociaciones entre todos los actores”; prohibir “el uso de fondos públicos por parte de las autoridades con fines de campaña” (lo que viola la radiotelevisión oficial).
En cuanto a la ley de transitoriedad, se trata de un texto con pretensión de Constitución interina que entraría en vigor a los dos días de celebrado el referéndum (presunción de hechos consumados) y sin haberse votado en un referéndum constituyente: “Cataluña se constituye en una República” (artículo 1); la “soberanía nacional radica en el pueblo de Cataluña” (artículo 2); y “mientras no se apruebe la Constitución de la República, esta ley es la norma suprema del ordenamiento jurídico catalán” (artículo 3).
La norma dibuja y prefigura un Estado autoritario que acabaría con el Estado de derecho, pues cancela la separación de poderes y la independencia del poder judicial: el presidente del Tribunal Supremo sería elegido por el presidente de la República (y primer ministro); y todos los cargos judiciales, por una comisión mixta en la que el Gobierno dispondría de mayoría absoluta, erosionando el derecho fundamental de los ciudadanos a la tutela judicial (artículo 65 y siguientes), en sintonía con la evolución dictatorial de Polonia. Y el próximo Parlament, que en teoría tendría funciones constituyentes, carecería de ellas pues debería obedecer un mandato previo vinculante dictado por un “proceso de participación ciudadana” (artículo 85 y siguientes) previsiblemente hegemonizado por las entidades de agitación soberanista.
Estas leyes, suspendidas por el Constitucional, exhiben una ilegalidad de origen por cuanto derivan de otras anteriores, anuladas por el mismo, siempre por unanimidad. Así, la Sentencia del TC STC 42/2014 (25 de marzo) anuló la resolución parlamentaria 5/X (23 de enero de 2013) que aprobó la soberanía de Cataluña: porque el soberano es el pueblo español de manera “exclusiva e indivisible” (artículo 1.2 de la Constitución).
En la STC 103/2008 de 11 de septiembre estableció que si la pregunta del referéndum afectaba al orden constitucional, el único referéndum posible es el previsto en los procedimientos de reforma de la Constitución. La STC 31/2015 de 25 de febrero insistió en ello. De manera que “ni la Generalitat ni el Estado pueden convocar un referéndum o una consulta popular que pueda afectar al orden constitucional”, como lo sería “preguntar sobre la independencia de Cataluña”, como ha escrito el letrado mayor del Parlament, Antoni Bayona. La más reciente STC del 10 de mayo de 2017 abunda en ello.
La STC 259/2015, del 2 de diciembre, declaró inconstitucional la resolución 1/XI del Parlament, de 9 de noviembre de 2015, en que este reclamaba un Estado catalán independiente, proponía leyes de desconexión y un “proceso constituyente no subordinado”, sin supeditarse a las resoluciones del propio TC. El tribunal rechazó ese texto como un “acto fundacional” del proceso de independencia y estableció que en un Estado democrático no pueden contraponerse legitimidad democrática y legalidad constitucional.
Una panoplia de resoluciones derivadas (como interlocutorias) del TC desarrolla y detalla esa doctrina en cada paso que se ha imprimido al procés soberanista: de manera que el marco normativo del referéndum es ilegal a los ojos de la ley, y también de la jurisprudencia.
Adicionalmente, el Código Penal es obvio que no prohíbe votar, pero sí castiga la desobediencia, la prevaricación y la malversación de fondos en procesos electorales que hayan sido legalmente prohibidos.

10. VOTAR SIEMPRE ES DEMOCRÁTICO

“Referéndum es democracia”, es el principal lema de la campaña secesionista para el 1-O, que se despliega con diversas variantes.
Formulado así, sin matices, el principio es equívoco y por tanto induce al error. Es cierto que las consultas referendarias como mecanismo de “democracia directa” pueden constituir un buen complemento de la democracia representativa. Y así sucede frecuentemente en algunos países muy concretos, de pequeña dimensión, vida política local muy intensa y gran tradición (constitucionalizada) en votaciones sobre cualquier asunto, como Suiza.
Pero también los referendos han sido empleados por las peores dictaduras. Los ocupantes nazis de Austria hicieron ratificar el Anchluss (anexión) al Tercer Reich de Adolf Hitler por esa vía, el 10 de abril de 1938. Entre otros detalles, la casilla del sí duplicaba el tamaño de la del no. Resultado: 99,73% a favor.
El franquismo rubricó de igual forma su Ley Orgánica del Estado el 13 de diciembre de 1966, sin libertad para discrepar ni existencia de partidos ni de derecho democrático alguno. Resultado: 95% de votos favorables, que en algunas mesas electorales llegaron a superar el 100% de los electores (procedimiento conocido como pucherazo: añadir papeletas con un puchero).
Además, defender que la única solución al (muy mejorable) encaje de Cataluña en España es un referéndum de independencia carece de sentido: esta reivindicación no figuraba en el programa electoral de Junts pel Sí, el principal grupo secesionista (Convergència y Esquerra) para las elecciones plebiscitarias del 27-S, por considerar ya válida a todos los efectos la deficiente consulta del 9-N de 2014. No se votó entonces en favor de ese ni de ningún referéndum. No hay pues mandato electoral para su celebración, sino solo un intento de captar a ciudadanos votantes de otros partidos y partidarios de una consulta pactada (esta no lo es).
Para que un referéndum sea democrático debe celebrarse en un régimen democrático y ateniéndose al marco constitucional. “Celebrar un referéndum que es inconstitucional contraviene en todo caso los estándares europeos”, dictaminó el Consejo de Europa (Comisión de Venecia, que supervisa los referendos en el continente) en el caso del referéndum separatista de Crimea respecto de Ucrania (dictamen 762/2014).
Oriol Junqueras y Carles Puigdemont abandonan una sesión del Parlament.
Oriol Junqueras y Carles Puigdemont abandonan una sesión del Parlament.Albert Garcia
Y es que el uso de referendos debe “cumplir con el sistema legal como un todo, especialmente las reglas de procedimiento (…)”. “Los referendos no pueden celebrarse si la Constitución o una ley conforme a ella no los autoriza”, obliga el Código de Buenas Prácticas del organismo (documento 371/2006). Y el artículo 2 de la Constitución de Ucrania establece que su soberanía “se extiende a su entero territorio”, que es “un Estado unitario” y que su frontera “es indivisible e inviolable”.
El presidente de la Comisión de Venecia advirtió el 2 de junio en carta al de la Generalitat que cualquier referéndum debía ser pactado con el Gobierno y llevarse “a cabo en pleno cumplimiento con la Constitución”, lo que en este caso no ocurre porque la (suspendida por el Constitucional) ley catalana del referéndum se sitúa por encima y al margen de la Constitución, y del Estatut.
Es falso asimismo que la exclusión del recurso a referéndum en asuntos de soberanía sea propio de “democracias de (presunta) baja calidad”, como alega el Govern. Todas las democracias avanzadas de la Europa continental excluyen asimismo la convocatoria de referendos de secesión. Los dos episodios más recientes al respecto son Italia y Alemania.
La Corte Costituzionale italiana (sentencia del 29/4/2015) dictaminó que la soberanía de todos sus ciudadanos “es un valor de la República unitaria que ninguna reforma puede cambiar sin destruir la propia identidad de Italia”. Y que atentar contra ese imperativo implica “subversiones institucionales radicalmente incompatibles con los principios fundamentales de unidad e indivisibilidad de la República”. Y ello porque “la unidad de la República es uno de los elementos tan esenciales del ordenamiento constitucional que está sustraído incluso al poder de revisión de la Constitución”. Una restricción que no opera en España, puesto que todos los artículos de su Constitución pueden reformarse.
En igual sentido y de forma mucho más escueta, ante una petición de referéndum independentista para Baviera, el Tribunal Constitucional alemán resolvió denegarla el 16 de diciembre de 2016 puesto que “no hay” ningún “espacio para aspiraciones secesionistas de un Estado federado en el marco de la Constitución: violan el orden constitucional”. Y es que en la República Federal, “como Estado nacional cuyo poder constituyente reside en el pueblo alemán, los Estados federados no son dueños de la Constitución”.
Así que los referendos de secesión no son democracia (europea).
Fuente: https://politica.elpais.com/politica/2017/09/24/actualidad/1506244170_596874.amp.html

martes, 5 de septiembre de 2017

Culto (que no peaje necesario) al fracaso por JAVIER ONGAY

Está en la ciudad sueca de Helsingborg y para un Emprendedor debería ser lugar de peregrinación; algo así como el estadio de Maracaná para un amante del fútbol o Graceland para un roquero. Se trata del Museo del fracaso. Su carta de presentación afirma, sencillamente, que “aprender es la única forma de convertir un fracaso en un éxito.” Allí se exponen “cadáveres” de la innovación y restos de prometedoras estrategias empresariales tales como la bicicleta de plástico, la lasaña de Colgate, los Bic femeninos y otras curiosidades.
Apple, paradigma de empresa de éxito, acumula sonoros fiascos como el Macintosh TVdel que apenas vendió 10.000 unidades, algo parecido a lo que ocurrió con el 20th Anniversary Mac, o su consola de videojuegos Pippin o esa maravilla del diseño (y nada más) que fue el Power Mac G4 Cube. La primera empresa creada por Bill Gates, Traf-O-Data, dedicada a recopilar datos de tráfico, no brilló por su éxito. Hasta Walt Disney fue despedido en sus inicios por su falta de creatividad y tampoco prosperó con su primera iniciativa empresarial, Laugh-O-Gram Studio.
En la empresa, como en la vida, el riesgo a fracasar es omnipresente y la confirmación fáctica de tal riesgo frecuente.
El fracaso es siempre consecuencia de un error, que generalmente es propio y a veces derivado de cambios circunstanciales imprevistos para los que no estábamos preparados; el error, en cualquier caso y aunque sea ajeno, también cuando son las circunstancias las que se equivocan, existe y nos afecta,
Fracasar no pasaría de ser algo anecdótico si no produjera, entre otras, dos consecuencias que nos alteran profundamente: la dolorosa frustración de unas expectativas insatisfechas y la no menos punzante evidencia de nuestras propias limitaciones. …Y eso duele. No voy, por tanto, a caer en el recurso tan manido por los gurús de la motivación de convertir el fracaso en algo bueno per se. Estrellarse, en cualquier ámbito de la vida, nunca es bueno, como tampoco lo es la enfermedad, ni la pobreza extrema, ni el dolor sea del tipo que sea. No nos confundamos: una cosa es ser inteligentes y maduros para asumir e intentar revertir lo que, inevitable o no, nos hace sufrir, y otra ser gilipollas (con perdón). Por tanto, no conviene aspirar al fracaso como ideal ni tan siquiera terapéutico, pero sí es recomendable aceptarlo como realidad cuando menos enriquecedora.
El fracaso productivo
En palabras del experto en comunicación y reputación Miguel Del Fresno: “Existe una cierta corriente de opinión que tiende a proponer el fracaso empresarial y, por tanto, personal casi como una necesidad (…) La idea ingenua subyacente es la de que el fracaso es necesario y bueno en sí mismo y, además, es una suerte de acelerador para el éxito”. No es así, como decíamos, si bien un fracaso empresarial, en el imaginario contable, no debería por inercia incluirse en el pasivo sino en el activo, siempre que exista la capacidad de extraer las enseñanzas oportunas. El mismo autor nos da unas magníficas pautas para ello: dotes analíticas, inteligencia, autocrítica y capacidad para el aprendizaje. Mejor evitar, por tanto, la tentación de olvidar, como si una organización pudiera eludir las cicatrices que su propia evolución le va dejando. Muy al contrario, un revés empresarial ha de ser objeto de estudio para encontrar causas, responsables y tratamiento que evite recaídas futuras.
En este proceso, la honestidad y autocrítica son básicas. Es verdad que la tendencia es socializar los infortunios repartiendo culpabilidades, pero semejante estrategia de autodefensa por parte de los equipos directivos demuestra muy poca inteligencia. Claro que para que la autocrítica surja como natural hace falta que el error se asuma como posibilidad inherente también a las decisiones empresariales por parte de toda la organización.
Como sabe cualquier empresario avezado y ya curtido, un Emprendedor debería ejercitarse desde el principio, hasta incluirlo en su propio ADN profesional, en una virtud: la tolerancia a la incertidumbre. Y, en mi opinión, la sociedad en la que estamos tendría por su parte que sustituir la mirada de lástima ante quien ha sucumbido en su objetivo de negocio por la de admiración … por haberlo intentado. En esto, la cultura emprendedora norteamericana nos da una lección hasta el punto de que es normal mencionar en el curriculum los “proyectos fallidos” porque, en ese primer filtro, se sabe que tal dato de la biografía del aspirante puede tener un importante valor positivo. Aquí oscilamos entre las condolencias al perdedor y la crítica feroz al triunfador.
El tropiezo como oportunidad
Fracasar no es el ideal, ni tan siquiera es bueno por mucho que de ello se deriven enseñanzas útiles. Que aprendamos a reconocer y valorar tales enseñanzas no significa que tengamos que adquirirlas a base de bofetones. Pero las hay, sin duda, y me permitiré destacar algunos valores que los infortunios incluyen, ocurran en el inicio o en el devenir posterior de la empresa.
1º/ Tomar conciencia de la realidad. La ilusión es un motor imprescindible ante cualquier nuevo proyecto, pero, a veces, los hechos nos enfrentan a la excesiva distancia que puede haber entre las expectativas y lo que en realidad se ha logrado. Tener los pies en lo que vemos, tenemos y podemos es siempre un ejercicio saludable para que, en el futuro, el prometedor horizonte al que aspiramos no se inunde de nubarrones de frustración.
2º/ Reajustar equilibrios entre arrojo y prudencia. El fracaso puede llegar también tanto por exceso como por defecto de alguno de tales rasgos en la forma de desarrollar el proyecto. Compensar los frenos y aceleradores de nuestra forma de ser de manera más equilibrada y efectiva nos viene de la mano de las segundas oportunidades.
3º/ Conocer aún mejor las debilidades y fortalezas propias y del proyecto. Es la gran enseñanza que, de hecho, incluye todas las demás posibles. Todo plan de negocio incluye una estrategia de Marketing que, a su vez, se suele apoyar en un análisis DAFO. Se trata de aplicar los mismos conceptos para descubrir dónde y por qué han sobresalido las fragilidades o/y, en su caso, se ha demostrado mayor robustez.
4º/ Volver a la casilla de salida. Puede parecer un contrasentido, pero regresar al principio, tras concluir que habíamos iniciado un camino sin salida, significa tener de nuevo ante nosotros todas las opciones. El concepto japonés “IKIGAI” (razón de vivir), aplicado al Emprendedor y a cualquier innovación que se introduzca en la empresa incluye cuatro preguntas cuya respuesta clarifica bastante las iniciales incertidumbres. Estas son: qué te gusta hacer, qué eres bueno haciendo, qué necesita la sociedad y qué te puede pagar el mercado. Esos son los tacos de salida de nuestra nueva carrera y tener la oportunidad de poder apoyarnos de nuevo en ellos no deja de ser una gran oportunidad para volver a empezar.
… Y, aunque no sea una virtud intrínseca al fracaso, permítaseme que, como terapia, recomiende de nuevo un cierto sentido del humor. Relativizar los errores ayuda a situarlos en su justa posición. Quizá algunos no tengan ya solución y dejen una muesca permanente en la organización, pero, salvo tales excepciones, casi todos admiten correcciones. Por tanto, tras la autocrítica, no viene mal esbozar una sonrisa y, continuación, recopilar, analizar y sacar conclusiones.
Se llama “Fuckup Nights” y se define como un movimiento global para compartir historias de fracaso profesional sobre negocios que se han ido al traste, socios que no resultaron la mejor compañía o productos destinados al olvido. Al estilo TEDx, pero con un aire más casual, organizan charlas por todo el mundo en las que ejecutivos, emprendedores, empresarios cuentan su particular y “enriquecedor” fracaso. Toda una lección para entender que, puestos en tal tesitura, ni somos los únicos ni tan siquiera nos cabe el honor de haber sido los más zoquetes.
Fuente: https://www.sintetia.com/culto-que-no-peaje-necesario-al-fracaso/

jueves, 10 de agosto de 2017

Antonio Escohotado después de tantos años | El Estado Mental


Hace un tiempo, para los padres de los jóvenes muertos por sobredosis Antonio Escohotado debía de ser una especie de enviado de Satanás, el defensor de la muerte. Se veía en muchos programas de televisión, ellos gritándole y él manteniendo la calma, esperando a que llegara su turno para explicar su punto de vista. Era entonces conocido, básicamente, como estudioso y defensor de las drogas: hablaba del placer que podía proporcionar el cabal uso del éxtasis, la cocaína, el peyote o la heroína mientras sus compañeros de tertulia se revolvían en sus asientos. Era el siglo pasado. En este, el filósofo dejó de acudir a los platós de televisión. Se fue a vivir al lejano oriente y luego se encerró a escribir Los enemigos del comercio, una trilogía de la que hasta ahora se han editado sus dos primeras entregas y que han levantado nuevas ampollas a personas muy distintas de las que discutían con él en las cadenas privadas de los años 90. Muy dylaniano este septuagenario: ha probado muchas más drogas que tú y no siente la más mínima inclinación por complacer a nadie que se haya imaginado tener afinidad con él. Algunos lo consideran un reaccionario. Para otros es la misma encarnación de la contracultura que, para sorpresa de aquellos que la concebían como un concepto estático, ahora le tocaba ser liberal y lucir bigote.
Trece años atrás, este periodista sin carrera de periodista tenía 28 años y el filósofo –sin carrera de filósofo, según leo en Wikipedia: sólo terminó Derecho– 61. Rolling Stone publicó una décima parte de esta entrevista considerando que las otras nueve eran prescindibles. Ahora cualquier medio lo consideraría así al margen de su contenido: en la mayoría de redacciones, cualquier texto que tenga un mes de vida, carece de valor. Sin embargo, como algunos de nosotros pensamos que gran parte del mal que nos aturde tiene que ver con la falta de perspectiva, la velocidad y la sobreinformación, y como es una pena que los medios acostumbren a forjar su labor sobre la elipsis de los trabajos ajenos, os dejamos esta charla que tuvo lugar en primavera de 2002, menos de un año después de que cayeran las torres gemelas. Él acababa de volver del trópico después de 60 semanas y perfilaba el texto de su aventura para Anagrama antes de ponerse manos a la obra con su monumental Historia moral de la propiedad, que aún está en proceso. Comprobamos con este material inédito cómo este hombre, que muchos quisimos ver como un padre –aunque él nos detestara como hijos–, calentaba motores antes de tocarle los cojones a gran parte de sus lectores habituales.
Hace unos días hablé con Antonio Escohotado por correo electrónico de mis intenciones de publicar en EEM la conversación completa que mantuvimos entonces. Él quiso echarle un vistazo a la antigualla y yo le envié el texto. Siendo él bastante crítico con aquellos que abjuran de cambiar de opinión por considerarlo una traición a sus principios, y considerando como considera la inteligencia algo maleable, fluido y en continuo cambio, he aprovechado para pedirle que matice lo dicho entonces, y también para hacerle alguna pregunta en torno al fenómeno Podemos, dos detalles que dotarán de vigencia a este refrito que en realidad nunca fue cocinado del todo. Reestructuro la entrevista entonces entre lo respondido en primavera de 2002 –y recién matizado– y lo respondido en este invierno de 2015.

PRIMAVERA DE 2002

En el barrio de Escohotado, muy cerca de la Gran Vía de Madrid, las putas miran la tarde sostenida mientras los niños se suben a los toboganes. No sé si es la norma, pero se han convocado en la plaza dos coches patrulla con nueve policías. Hablan con dos senegaleses. Un yonqui se ha acercado a ellos con un litro de cerveza embutido en una bolsa que alza como un trofeo: «¡No he bebido!», les grita sonriendo. Luego se sienta, prende un cigarrillo y echa algún trago furtivo. Escohotado vive cerca, en una casa llena de madera, una mujer joven y guapa, y una niña de tres años que camina por la casa ensayando el lenguaje que acaba de aprender y que reinventa a su manera. Antonio Escohotado llega después que yo, con dos cartones de tabaco y sin la horquilla para la guitarra española que necesita. Sirve cerveza y ofrece cigarrillos, menos a su hija Claudia, que se ha acercado a él para decirle algo con demasiada saliva y obtener un beso.
¿Te sientes identificado con Timothy Leary?
No. Leary fue más un hombre espectáculo. A mí también me ha tocado ser un poco hombre espectáculo, pero básicamente lo que he hecho son libros. Él hacía propaganda de la LSD, los hongos psilocibios, la mescalina… Fue un gran agitador, un revolucionario de la vertiente sesentayochista de los Estados Unidos, que no tiene nada que ver con el mayo del 68 francés.
¿Has probado 142 drogas?
Eso dicen, pero me alegro que me lo preguntes porque lo que quizá haya es 142 fármacos reseñados en Aprendiendo de las drogas. No son 142 drogas diferentes, y algunas no las probé, así es que no exageremos…
Pero en el libro hablas desde la experiencia de consumo en dosis crecientes.
Claro, pero neurolépticos menciono cinco o seis, de marca. Y sólo he probado uno, el haloperidol. A ojo de buen cubero, de las 142 si pones 50 vamos bien.
De todas ellas, ¿cuál te aleja más de la realidad?
He tomado muchas que te alejan de la realidad, o al menos que te llevan a una realidad aparte, como diría Castaneda. Por ejemplo la ketamina, lleva a unos terrenos de extrañeza profunda. Por eso es tan peligroso su uso es sitios como los afterhours. Es una substancia muy fuerte, y si no la tomas con alguien que te eche una mano puedes tener un tropezón y caerte, yo qué sé, a un pozo. Es muy incapacitante desde el punto de vista de nuestros reflejos. (Llega su hija Claudia, de tres años. Se acerca a Antonio y le da un beso.) «¡Me ha dado un beso! ¡Qué buena, que me ha dado un beso!» (Claudia va hacia su madre y le cuenta con una voz minúscula que le ha dado un beso). «Esta niña es una castigadora, suele negarse a los cariños…»
¿A qué se debe la fiebre del éxtasis?
A que es una droga extraordinaria para relacionarse y comunicarse sentimentalmente. Como todo, tiene su lado circunstancial, de moda. Lo que no entiendo –quizá porque ya soy un carroza– es que la droga más extraordinaria que se ha descubierto para sincerarse se tome con un fondo de música atronadora, en un ambiente de marcha destroyer que propende a la sobredosis, anulando los mejores efectos en beneficio de unos más anfetamínicos, más como si te metieras una gran raya de cocaína… ¿Por qué se toma así?, no lo sé. Ahora bien, se toma porque no había una droga comparable.
La llaman la droga del amor.
Sí, la llaman así, y tiene mucho sentido. También la han etiquetado como afrodisíaco, pero no es cierto porque retrasa o imposibilita el orgasmo, tanto el femenino como el masculino. No es nada genital pero sí tremendamente amorosa, gentil… una droga para ligar, no para follar.
¿Y cuál es la droga para follar?
Hay varias. El cáñamo tiene prestigios no infundados en esa materia porque presta sensaciones desacostumbradas, y quizá prolongue el orgasmo. Pero hay otras de la familia del éxtasis –descubiertas por Alexander Shulgin, el mismo químico que descubrió el éxtasis– capaces de provocar más orgasmos y más intensos, como la 2C-B. Y hay bastantes más, pero de qué sirve soltar nombres como bromodimetoxifenetilamina…
Y conseguir eso será difícil.
No creas. Se estuvo vendiendo en las smart shops holandesas hasta hace poco. España acaba de meterla en lista IV. Eso está muy bien. Si la 2C-B está allí significa que se puede producir y vender con receta. Ya es algo. Ten en cuenta que el éxtasis, la heroína o el cáñamo están en lista I, que agrupa drogas carentes –supuestamente– de uso médico, que no se pueden producir ni recetar, que están fuera del mercado. Voy a echarme una clara. ¿Quieres?
Sí. (Sirve cerveza). Si el cáñamo relaja y tranquiliza ¿por qué no se legaliza?
Desde que el señor Corcuera se inventara aquella inconstitucional ley, que por cierto sigue vigente, se han dado cuenta de que es una forma de saquear al personal con multas. Pero en España hay una legalización de facto.
¿Fumas a diario?
Muchos fuman coreográficamente, es decir, como se fuma tabaco. Eso lo hice en tiempos, pero ya no me gusta. Primero que no fumo hachís del moro hace más de quince años porque es un asco. Pero un poco antes de cenar o un poco después fumo un poco de marihuana. Para poder colocarme, porque si fumas a todas horas creas tolerancia y no puedes colocarte. Lo que manda el moro es básicamente polvo de cáñamo y henna con aceite de palma. Ya son muy malas las plantas que se cultivan en Ketama, y encima la elaboración es un fraude completo… Quien fuma eso solo puede quedarse aturdido, adormecido. Curiosamente, a parte de nuestra juventud le das hachís afgano o una buena hierba y reacciona con sensaciones de desagrado, porque fuma coreográficamente.
¿Qué piensas del cultivo hidropónico, con luz artificial y sistema de riego automático?
El error se paga mucho más caro que a cielo abierto. Una maceta de geranio puedes dejar de regarla unos días, y seguirá viva. Pero una planta hidropónica, si no la cuidas bien, si le pones un poco más de nitrógeno, de potasio o de fósforo se te muere en pocas horas… Como es alta tecnología, el rendimiento es mayor y también el riesgo de quemar la planta. Hay momentos en que crece diez centímetros diarios. Te sientas un par de horas delante de ella y ves cómo sube. Es prodigioso si usas la luz correcta, la semilla correcta y los nutrientes correctos… Será una marihuana superior a todo el hachís que hayas fumado. Y o bien la vendes o te la fumas. Los equipos son hoy baratos, en comparación con lo que costaban hace algunos años. Dones de la libre competencia.
¿Estamos peor que con Hipócrates, se han demonizado las drogas lo suficiente para no avanzar en la liberalización del consumo?
No te creas, en tiempos de Hipócrates había relativamente pocas substancias disponibles. Los griegos conocían sobre todo combinaciones, pero hoy hay muchas más. Es como desplazarte en carreta de bueyes o en un BMW: vas evidentemente mejor en el coche, si lo que quieres es ir rápido, sin ruido… El campo de las drogas psicoactivas es uno de los terrenos donde el progreso se ha manifestado de manera más visible. Quizá la prohibición no sea sino la primera asimilación del enorme arsenal de sustancias que la química de síntesis pone a disposición del ser humano.
¿Y la heroína, la gran droga tabú de la sociedad occidental?
Su efecto es muy sutil, y hay que tomarla 6 o 7 veces antes de orientarse. De buenas a primeras bien puedes no notar nada, o vomitar. En ese caso toca tumbarse un rato en alguna habitación sin luz ni ruido, porque si no lo haces persistirá mareo acompañado por dolor de cabeza, y basta estar inmóvil en esas condiciones para entrar en una agradable duermevela, donde sueñas despierto. El gran secreto del opio y sus derivados es reducir un tercio el ritmo cardiaco, digestivo y respiratorio, algo que se experimenta como plus de energía y serenidad, defendiendo de catarros y gripes por ejemplo También hay efectos secundarios como el estreñimiento, dada la ralentización del metabolismo, pero cualquier análisis desapasionado de estos analgésicos tropieza con el hecho de que a la heroína le tocó la china de gran monstruo, príncipe de las tinieblas…
¿Y eso que se dice de «coge tu mejor orgasmo, multiplícalo por mil y ni siquiera andarás cerca»?
Falso. Eso viene de Burroughs, es la mitología del yonki. La exageración nace del uso de los opiáceos a partir de la prohibición, que se consolida a finales de los años 30, cuando empiezan a consumirlo grandes intérpretes de jazz, o el mismo Burroughs. De ahí la fama de superorgásmica e irresistiblemente peligrosa… que toma el rábano por las hojas. Solo está claro es que es un extraordinario euforizante, y quizá la mejor droga para sobrellevar los achaques de la ancianidad.
Por eso William Burroughs seguía siendo yonki a los ochenta y tantos años.
Dicen que lo dejó al final, y que se hizo alcohólico… Luego oí que se mantuvo hasta el final en metadona.
Se tergiversó mucho lo que dijiste de Bin Laden en el Vagamundo.
Sí… Hace poco me mandó Quintero las tres entrevistas, y comprobé lo que dije: Bin Laden es un gran héroe en el sentido griego de la palabra, es decir, un protagonista. Salvo que se descubra que no tuvo nada que ver con los atentados de las Torres Gemelas, será uno de los grandes nombres de la historia contemporánea. Bastante más que George Bush, a quien se llevará el olvido como a tantos otros presidentes norteamericanos. El rapto de los cuatro aviones es tan misterioso todavía… pero sus autores ingresan con grandes letras en los anales, siendo sin duda gentuza, carniceros repugnantes. Macbeth marca la historia del teatro, sin dejar de ser un asesino. Por no hablar de Atila o Hitler.
Para mucha más gente de lo que parece es un héroe no solo por protagonista. Es difícil aceptar la prepotencia norteamericana en algunos casos.
Por supuesto, a los americanos convendría frenarles, para evitar que listillos como Cheney les conviertan en Al Capone del planeta entero. Eso no altera que sean el imperio más benévolo con mucho de los conocidos, a quien se detesta casi siempre por mezquindad. Bin Laden se propuso subvertir la situación en Arabia, que tiene un 27% de la producción de petróleo actual, cosa que se dice pronto, y es justo que lo haga con una familia real saudita que lleva un siglo matándose de puertas adentro, subvenciona el wahabismo como cualquier usufructuario de La Meca y se mueve en jumbos privados, dando  propinas de mil dólares a aparcacoches mientras el nivel de vida de su país se estanca o empeora. Porque los sauditas –por no hablar de los iraníes, los iraquíes o los argelinos– no le ven el fruto a su petróleo como los noruegos, sin perjuicio de que la responsabilidad sea suya: no podemos ir nosotros a sacarles las castañas del fuego. Lo trágico del asunto es que Bin Laden no quiere subvertir esos regímenes para instaurar un reino de libertades y civismo, sino para retroceder al siglo XIII-XIV y el brote fundamentalista de Algazel que propone convertir al pensamiento en lacayo de la fe. ¿Qué buena salida tiene esa gente? Pues aparentemente ninguna. Porque quienes están masacrando a esos pueblos son sus oligarquías, no los americanos. Y ellos prefieren odiar a los americanos, que tan sólo rebañan un poco del plato, por no ponerse a liquidar a sus propios líderes y al barbárico anacronismo.
Estuviste en la cárcel cuatro veces.
Sí, todas por drogas. Dos veces por cultivo de marihuana y otras dos por tráfico de cocaína, aunque fuese por un mismo sumario. En un caso estuve de preventivo tres meses, que ya es una barbaridad tener a un tío de preventivo ese tiempo. Luego me condenaron a dos años y cumplí un año en el penal de Cuenca, donde lo pasé fenomenal. Lo recuerdo como uno de los puntos más altos de mi vida.
¿Qué año era?
El 89. Todo el 89. Desde diciembre del 88 hasta diciembre del 89. Cuando me dieron el segundo grado tampoco quería salir el fin de semana. Estaba encantado redactando Historia general de las drogas. Había entrado con dos maletas llenas de fichas. Encontré a un director que me concedió incomunicación para no tener que aguantar a nadie y poder escribir. Me dejaron entrar un pequeño ordenador y no hice otra cosa que leer y escribir. Era un pulso con la policía y la sociedad, y me gustaba ir ganando, aunque en otros planos me guste perder. Me he peleado físicamente tres veces y las tres me han zurrado. Eso parece más noble que lo contrario, porque «la derrota es botín de almas bien nacidas», en palabras del Quijote. Pero en Cuenca debía ganar. Lo que me pasó con la policía se llama hoy «delito provocado», y supone sobreseimiento para el metido en la trama de entrapment. Una semana después de mi sentencia, dictada por la Audiencia de Palma, la de Córdoba resolvió un caso calcado entendiendo que el animus delicti se suplantaba, y ese criterio es hoy nuestra doctrina legal. Pude haber recurrido la sentencia, y probablemente habría ganado, pero era la ocasión ideal para unas vacaciones humildes aunque pagadas, recibiendo la comida por debajo de la puerta, solo, sin salir al patio, escribiendo y leyendo. Algunos pensaban que había perdido la cabeza, pero yo sabía que por primera vez la tenía en su sitio.
¿Eres consciente de que, de alguna forma, eres el padre de una generación?
No sé de qué generación. Veo que hay gente joven que me hace caso… Doy una conferencia en Orense o Castellón de la Plana, y gente entre 18 y 25 años puede ser el 80 % del público, lo cual me responsabiliza y me hace decir, cojones, Antonio ¿qué está pasando? Cuando me puse a estudiar con mínimo detalle el tinglado económico, poco antes de escribir Caos y Orden, comprendí que defraudaría a la parte de esa juventud que espera simplismo ideológico, con recetas como más gasto social y un impuesto sobre las grandes fortunas. Los amigos más jóvenes dijeron: «¡Antonio, si te burlas de los antiglobales estás acabado!, ¡antiglobales son la mayoría de los que te leen!». Pues qué le vamos a hacer. No hay color si la elección es perder el respeto de algunos o enajenar el que uno se tiene.
Sí, había escuchado que estabas estudiando mucha economía y que te considerabas del lado del neoliberalismo.
Uff. Cuando no es un formalismo académico, la teoría económica estudia el nexo entre medios y fines, registrando aquellos casos donde una acción desemboca en resultados no pretendidos. Por ejemplo, Jesús se pregunta en cierto momento qué merito tendrá prestar cuando hay garantías de recobrar el crédito, aunque dicha actitud no es el medio idóneo para promover una financiación de la pequeña y mediana empresa; también Marx creyó que nacionalizar convierte al empleado en copropietario, aunque eso condenase a un poder adquisitivo permanentemente inferior al de los «esclavos del sueldo». El liberal se ciñe a los medios, evitando la arrogancia de mandar sobre procesos económicos hipercomplejos, porque –como dijo Bacon– solo nos acercamos a controlar la naturaleza obedeciéndola. Los usos mercantiles son frutos de una inteligencia tan impersonal como no caprichosa, y la historia enseña que los reiterados intentos de militarizar la economía sabotean cualquier esperanza de desahogo. No he conocido a nadie que sepa definir la diferencia entre neo y ultraliberal, pero quienes denuncian esos fantasmas bastante tienen con reponerse de un régimen que implosionó solito, tras devastar al mundo inaugurando su era totalitaria. A la posición razonable –el culto oficial de la libertad– deben llamarla pensamiento único, porque todavía no se enteraron de qué va la diferencia entre liberales.
¿Y de qué va?
Unos confían en las bondades de privatizar todo, y otros combinan libertad con instituciones como la seguridad social o los bancos centrales. Puedes optar por Keynes y por Hayek, el uno abrumadoramente seguido entre los años 40 y los 80, y el otro de entonces acá. Ambos son hombres sabios y pragmáticos, en las antípodas del demagogo analfabeto que sigue hablando de una teoría económica marxista. Hasta leer detenidamente El Capital no me di cuenta de que es lo contrario de una investigación: en vez de estudiar esto o lo otro, acumula miles de páginas al servicio de una idea fija, que finalmente es Monsieur Le Capital como forma atea de Satán. Tan genérico es su análisis del mundo industrializado que ni una sola vez menciona la palabra «empresario», porque todos los malos se concentran en la vaguedad del «capitalista». Siete décadas después de publicarlo el mayor país del planeta lo convierte en verdad revelada, suponiendo que el fabricante/inventor puede ser sustituido por gerentes de empresas nacionalizadas, y así le fue. Creerlo es un acto de fe y de grandiosa ignorancia.
¿Pero eso es un disparate hoy día, o ha sido un disparate siempre?
La industria a gran escala estaba empezando a instalarse cuando Marx lanzó su Manifiesto, gracias a instituciones como la propiedad intelectual, el papel moneda y el propio fabricante/inventor, cuyos planes de democratizar tal o cual artículo exigen créditos descomunales, y el disparate es insistir en el simplismo.
¿Pero no nos faltará perspectiva para entenderlo?, es decir, ¿no se tratará de que esa ciencia de la historia de Marx en la que el feudalismo sigue al esclavismo, el capitalismo al feudalismo y el socialismo al capitalismo…
Sí, algo que le enseñó Hegel, mi maestro inicial…
…va a concluirse más tarde de lo que se creía?
No es cierto que el derecho sea una superestructura y que las relaciones de producción sean la infraestructura. El derecho es la infraestructura del desarrollo. Pero el derecho, no la legislación, en el sentido del par de normas que señala Hume como permanentes y universales: Uno, que la propiedad ni se pierde ni se gana por violencia o fraude; dos, que los pactos se cumplen, y en caso contrario quien cumplió será indemnizado. Allí donde se cumplen estas dos reglas tienes un país rico. En otro caso pueden sobrar materias primas, territorios feraces y hasta algún genio, pero el país es pobre. Pongámonos a producir, almacenar y distribuir sin empresarios, montemos un mundo de empleados exclusivamente: la gigantesca burocracia y el mesiánico líder ligado a ese monstruo no evitarán que esa mano de obra llegue, se siente en su mesa o banco de taller y quiera cada año trabajar menos y cobrar más. La economía política no admite voluntarismos. ¡El mundo es más duro que una nuez! ¿Para qué beber si mearemos gran parte? Bueno, pues así está la cosa. Podría sonar más razonable no beber y no mear. Se impone una visión lo bastante compleja y realista del mundo. La glorificación de victimismo ya está en el Sermón de la Montaña –con aquello de poner primeros a los últimos– y es un discurso de resentimiento y guerra civil. Añádase la bobada de que el que el rico lo es porque roba al pobre, cuando en una sociedad industrial son los ricos quienes dan de comer a los pobres. ¿A quién roban Bill Gates o Henry Ford? Crean ingentes cantidades de empleo, ponen más barato lo que antes era más caro y esa utilidad que ofrecen la premia el cuerpo social comprando sus productos y haciéndoles ricos.
Sí, pero Bill Gates ahora va a comprar satélites para adueñarse de Internet, satélites que sólo se puede permitir él. Es como una especie de Doctor No, de Dios monopolizador. Y qué regulará los precios entonces, sino su voluntad.
Pues haces mal en pensar eso. Gates, o Ford, o el señor Birome, que descubrió el bolígrafo y fue el hombre más rico de la tierra durante un tiempo, o el noruego que descubrió el tetrabrik… Todos ellos son benefactores sociales. Cualquier inventor destacado que tenga mano para fabricar su hallazgo va a adquirir posiciones de monopolio. Pero ese monopolio dura poco. Le está pasando a Gates, le pasó a Ford y al señor Birome. Es absurdo confundir economía política con teología dogmática. Ya está bien de profesar la fe del cabrero cuando surge Internet. ¿Dónde hubo un sindicato rico dispuesto a subvencionar a otro sindicato pobre? Pasemos de los sermones a las investigaciones. San Agustín y San Marx nos dicen que es una maldad querer comprar barato y vender caro. ¿Dónde iremos comprando caro y vendiendo barato?
Pero tú una vez fuiste creyente.
Le perdí el respeto a la religión prontísimo, aunque me interesó mucho la filosofía de la religión. En el colegio me quisieron expulsar dos veces por monstruo blasfemo, con planes de meter sapos en el sagrario.
Yo me refería a otro tipo de credo. Al marxista.
Sí, pero porque había que atacar a Franco y la única facción que parecía capaz de hacerle daño era el PC. Efectivamente, me integré en una célula, repartía Nuestra Bandera y Mundo Obrero, iba a algunas manifestaciones a recibir porrazos… Pero desde el principio, aunque no hubiese estudiado economía, ya me parecía todo aquello de una tosquedad dantesca. A mis camaradas les parecía un «esteticista» y cuando empezaron las drogas, el sexo y el rock & rollme convertí en un decadente vicioso.
Entonces aquí acaba el proceso de la descripción y evolución de sociedades. El capitalismo es el punto de llegada.
Creí que tras la caída del Muro vendría algún periodo anodino, pero todo vuelve a calentarse y de fin de la historia nada. Iberoamérica es un polvorín, como Asia; África está desapareciendo desde el punto de vista de la población humana, y la situación en el mundo próspero se ha hecho más volátil en proporción al desarrollo de la ingeniería financiera, que miente cuando propone dominar el riesgo con algoritmos como el de Black y Scholes. Le dedico a eso un par de capítulos en Caos y orden. Como antes separamos Iglesia y Estado, procede ahora separar economía y clase política, porque ese contubernio es muy peligroso para la estabilidad del dinero. Van a pasar cosas, esperemos que no tan terribles como las del siglo XX.
Habría que hablar mucho…
Mogollón.
… estoy de acuerdo contigo, pero no puedo evitar hacer distinciones morales en función del progreso de los pueblos. Por ejemplo, muchos países musulmanes están anclados en medioevo (para entendernos con ojos occidentales) y hay cosas terribles como el burka…
La venta de las mujeres…
… sí, sí, pero a lo que me refiero es que el progreso, de alguna manera, obliga moralmente. Estados Unidos es el país más desarrollado, la capital del imperio y creo que es normal que se le exija más responsabilidad. Si vemos cómo estaba occidente en la época medieval…
Pues quemando brujas…
… pues por eso, estábamos como ellos ahora. Es como si occidente tuviese la obligación moral de la edad, es el hermano mayor que ya ha pasado por la pubertad (ha tenido su Ilustración) y no puede responder nunca con las mismas armas que el adolescente. Y lo hace. Y por eso, aunque el grado de estupidez o de barbarie sea menor, parece más reprochable.
Por una parte que no se inmiscuya, por otra, que lo haga con serena ecuanimidad. Eso manda la pelota al tejado ajeno. A Occidente le costó cinco siglos de sangre, sudor y lágrimas, con tesituras tan patéticas como España queriendo aplastar a los Países Bajos durante ochenta años, cuando eran el único foco de industria, ciencia y libertades. Las zonas atrasadas deben salir de ello por sí mismas, probablemente aprovechando el aprendizaje de sus emigrantes. Y, por supuesto, no toleraremos que vengan a nuestros territorios con costumbres como cortarles el clítoris a sus hijas o lesionar a sus esposas. Podemos y debemos exigir reciprocidad, que en su tierra nos toleren como nosotros a ellos en la nuestra. Do ut des, la regla romana, significa «doy para que des, doy porque diste».
Para ti el mal de la sociedad reside en la falta de entusiasmo.
Más bien es el mal de los intelectuales, que finalmente representan a gentuza como inquisidores o comisarios del pueblo, da igual que sean leninistas o nazis, velando por la pureza ideológica de grupos y personas… La sociedad que dejó de creer en los obispos comenzó a creer en los intelectuales que aún tenían cierta talla, como Sartre. Pero hoy hemos llegado a intelectuales tipo Baudrillard, por ejemplo, y los que seguirán, de pensamiento débil, posmodernos, pajilleros mentales que protestan y protestan básicamente porque les hacen menos caso cada vez. Se extinguirán, y me alegro. No son científicos, ni exploradores, ni aventureros, ni vividores. Son simplemente dogmáticos vestidos de no dogmáticos.
He leído que para ti uno de los problemas de esta sociedad es que dice sí a la tradición y sí a la vanguardia.
No puedo haber dicho eso, porque pienso que todo el trabajo del pensamiento –que es el de la ciencia– es en poder decir sí a lo que nuestros antecesores afirmaron con fundamento, y sí a todo aquello que, por prejuicio, ignorancia o debilidad dijeron no.
Creo que recordar que el énfasis estaba en la incondicionalidad de los síes. En la falta de criterio.
Creo que la obra del espíritu es conseguir que el sí se amplíe. O lo has leído mal o estaba mal escrito. Cuando se integran tradición y vanguardia la tradición deja de ser un tópico rancio, y la vanguardia deja de ser una especie de banderita relamida. Se engranará la voluntad de seguir adelante –la evolución– con la realidad inmediata.
¿Qué piensas de lo de Racionero? 
No me parece una acusación de plagio que haya una coincidencia de título con otro libro.
¿Y lo del Nobel de Garzón?
¿Nobel de Garzón?, pues no lo sabía… De la paz, imagino. Me cae bien Garzón, salvo cuando se pone pantalón corto y botas para jugar el partido anual antidroga. El Nobel de literatura está tan desprestigiado que hoy por hoy es casi ofensivo recibirlo. Hubo cinco escritores magistrales por encima de todos, que se quedaron curiosamente sin premio: Proust, Kafka, Joyce, Borges y Jünger. Es un poco como esos programas de pseudodebate y gallinero en la tele, donde tantos chillan para tomar la palabra y no soltarla. Algunos solo van cobrando, y otros pondrán dinero de su bolsillo por aparecer. En mi caso, cierto cóctel de hormonas llevó a perder más tiempo del debido vengando la represión sexual, pero nunca dejó de ser prioritario estudiar esto o lo otro. Luego aparecieron las drogas para añadirle pimienta al plato. No firmo vivir cien años, ni tengo aguante para soportar una vida mala. De hecho, voy renovando el botiquín de venenos elegantes para no mendigar un rato más de mal rato cuando llegue, porque hasta ahora la salud y el ánimo me preservaron de humillaciones. Creo que lo más sano fue amar el contacto de primera mano con las cosas, y preferir investigarlas a enjuiciarlas. Como de cerca nunca son lo que parecen de lejos, estudiar lleva a cambiar continuamente de idea, descubriendo qué equivocado andaba uno.
Dicen que antes de los treinta años hay grandes matemáticos y poetas. Y que a partir de los treinta surgen los grandes novelistas y filósofos.
Lógico, porque los matemáticos –y los poetas hasta cierto punto también– están tratando con elementos y substancias simples. Pero la novela o la filosofía, las ciencias humanas, tratan con substancias complejas. Y esa complejidad es el resultado de la acumulación de estratos temporales. Antes tenía más memoria y capacidad estructurante, pero no tenía capacidad para ver lo uno, lo otro y lo demás, como dijo Platón. Lo demás viene con la edad. Antes estás en la elementalidad de lo uno o lo otro, o uno o cero, como en los sistemas binarios. Para captar el matiz es necesario ser como el búho, que solo despliega sus alas al caer la tarde. Metido en este barrio urbano de mala muerte, para multiplicar el espacio doméstico duermo cuando los demás se mueven y despierto poco antes de que se vayan a dormir. Así tengo tiempo para leer, pensar o tocarme las narices.
A mí me ocurre algo parecido, prefiero la noche, pero todo el mundo me habla de los biorritmos y de que es mejor vivir de día.
Sí, pero eso es cuestión de creértelo o no creértelo. ¿Tú estás casado?
No.
¿Y vives solo o con alguien?
Solo.
Entonces es muy distinto. Si vives con alguien y sobre todo con niños, hay tal algarabía que debes protegerte. Podría hacerlo al revés, levantarme a las cuatro de la mañana y trabajar hasta que se levantaran los demás… Tengo seis hijos y todos salvo uno se han criado a mi alrededor, de modo que he tenido que inventar métodos para sobrevivir: antifaces, tapones de cera, pastillas para dormir cuando se ponen pesados…
Llega su mujer con su hija de la calle. Le explica a Antonio que ha sido tan mala que donde han estado le han pedido que vuelva otro día sin la niña. Claudia, de tres años, habla desde otra habitación con frases que salen distorsionadas de su boca y que se distorsionan aún más por el pasillo. Antonio Escohotado escucha y le responde: «Pégale. Pégale dos hostias». Pero no parece importarle demasiado, la llama con vehemencia para regañarle y cuando Claudia acepta escucharle, Escohotado la abraza y deja que le ponga una toalla en la cabeza mientras le explica cosas que solo ella es capaz de comprender.

INVIERNO DE 2015

Como liberal convencido en este siglo de pensamiento único, ¿crees que estamos en un momento fértil para que proliferen las utopías?
Hay que acordarse de Ortega y La rebelión de las masas: que la sociedad-masa es el producto de una bonanza económica, donde a la tecnificación se añade un progreso sustancial en igualdad jurídica, es decir, en que ya no hay castas y las clases sociales son posiciones totalmente móviles. En esa sociedad bendecida por ambas cosas surgen individuos y grupos menos diferenciados que antes, y caprichosos de alguna manera, como corresponde ser a los niños mimados de la historia. No se trata de condiciones materiales sino de «actitud», en este caso una personalidad que ha perdido el eje interno: el deber es para ella una necesidad que acosa desde fuera, de la cual intenta librarse cultivando utopías, «ese pontificar sobre todas partes desde ninguna». Ortega ve en ello no solo memez sino inmoralidad, porque la utopía niega lo que el mundo físico tiene de profundidad insondable, de sorpresa y de pormenor, optando por exigirle en vez de exigirse. Para cambiar una realidad inadecuada lo más insensato es agravarla imponiendo esquemas maniqueos, tras de los cuales late siempre la misma depuración eugenésica. La eugenesia es siempre genocida.
¿Qué te parece lo de Podemos?
Habrá que darles cuerda, como dicen los chinos, y ver qué hacen con ella, pues el contubernio llamado Estado autonómico les ha puesto las cosas a huevo. Salvo el millón o millón y medio de nomenklatura, el país está tan profundamente indignado, que bien se puede llevar un buen mordisco electoral, y vendrá bien cualquier zurra a esa pandilla, que por lo demás –aquí y en todos los países donde la moralidad sigue siendo cutánea– es el peaje pagado por la democracia. A principios de los noventa me granjeé críticas con artículos sobre el Gal y el latrocinio contemporáneo del Quinto Centenario, y salvo error, estos señores sacaron de ahí su idea de la «casta». Me escandalizaba entonces que el servicio público hubiese pasado tan rápidamente de obligación a profesión, y encima una profesión transmitida de padres a hijos. El final de la servidumbre coincidió con el fin de las castas o estamentos, gracias a las cuales conocer la familia de cada individuo permitía pronosticar su rango social. Esa ley de la cuna fue lo abolido al pasar de las sociedades estamentales a las clasistas, donde todos subimos o bajamos continuamente en ingresos y consideración. La incoherencia llamada sociedad sin clases es una sociedad inmóvil, coagulada porque así lo manda algún putsch orquestado por pobres de espíritu, y no es casualidad que esas llamadas democracias populares se conviertan en monarquías como las instaladas en Cuba, Corea del norte o Venezuela, presididas por un redentor ateo elevado a los altares. El comunismo es el gobierno conservador por excelencia, y España un país afecto al esquema cliente-cacique, sembrado de capillas mafiosas, como todos aquellos donde la ética profesional no desahució al espectro del trabajo como maldición. Esa mezcla de paletería y barbarie sigue llamando a exigir del prójimo cosas que cada cual no se exige a sí mismo, como por ejemplo comprar y vender en B.
¿Consideras a Pablo Iglesias un ejemplo de esos “hombres débiles nacidos al amparo de la bonanza económica y la igualdad jurídica, que rechazan el deber y abrazan utopías”?
Excelente definición momentánea. Habrá sin duda oportunidad de confirmarla o descartarla.
¿A quién vas a votar?
Votaré a Ciutadans, que ahora se llama Movimiento Ciudadano. Su líder empieza teniendo un excelente inglés, condición curiosamente omitida por todos los primeros mandatarios españoles desde Franco, aunque cumplida también por Sánchez y Aguirre.
Para muchos de nosotros el modo en que se ha gestado esta crisis nos hace ver este sistema como algo despiadado. Los mismos bancos que vendieron la basura financiera que hizo quebrar a sus inversores e inició la bola de nieve que debilitó las economías fueron los que luego hicieron préstamos a los gobiernos con la condición de recortar el gasto social y los salarios, asegurándose así de que se les devolvía «su» dinero. ¿Es esa la prueba de que el capitalismo funciona?
Dos capítulos de Caos y orden se dedican a la ingeniería financiera, examinando el ejemplo de LTCM [Long-Term Capital Management, fondo de inversión libre de carácter especulativo cuyas millonarias pérdidas hicieron intervenir a la Reserva Federal de los Estados Unidos en 1998] como agujero negro derivado de pretender que es posible obtener los frutos del riesgo sin arriesgar. Esto, que en teoría es poco coherente, resulta refutado en la práctica por algunos herederos de LTCM; pero sería banal imaginar que dicho cebo desaparecerá por el fracaso, pues no solo tropezamos a menudo con la misma piedra. Mientras haya accionistas dispuestos a cambiar de Ceo por un desaprensivo que promete dividendos espectacularmente superiores, y mientras haya aspirantes a domar matemáticamente el riesgo, el esquema recurrirá.  Lo pertinente es saber –y podemos averiguarlo sin sombra de duda– si lo que Greenspan llama era de la exuberancia irracional ha supuesto en la última década un retroceso en la renta global, nacional y per cápita.
El otro día te vi en Youtube, en una conferencia que diste recientemente. Me consta que sigues consumiendo drogas y parece que envejeces bastante bien. Supongo que aún no te has puesto en serio con la heroína. ¿Lo harás?
Llevo un diario minucioso sobre dieta farmacológica y otras intimidades desde 1984. Si lo publicara en vida sería no solo impúdico sino un serio estímulo para que una turba gris incendiase nuestra casa. Pero el texto sorprenderá, informará y dará de sobra para que mi descendencia mejore su poder adquisitivo algún tiempo. No me puedo quejar para nada de los resultados hasta ahora, y cuando venga lo inevitable me iré sin haber pasado por análisis y hospitales, tras dos décadas sin una febrícula o un catarro, gripes, depresiones o siquiera desfallecimientos. Hipócrates, Galeno y Sydenham tenían razón en su criterio sobre el opio como tónico insuperado hasta hoy. Naturalmente, requiere mesura y elegancia –amor propio– para rendir sus dones, machacando al tragón ansioso, que ya acelerará su fin olvidando la carga impuesta al aparato digestivo, y peleándose con la hermana gravedad en cada tramo de escalones. Los ricos de espíritu se conseguirán para el resto del camino un botiquín de eutanásicos dulces, asegurándose lo que el antiguo llamaba mors tempestiva, oportuna. Y mientras tanto a vivir, dando rienda suelta al deber/placer del conocimiento.